Capítulo 17 #5
No obstante, lo que molestó a Lucas fue la manera en que el hombre miraba a Fiona. No era nada inapropiado, pero había una atención, una intensidad en su forma de escucharla que hizo que el librero sintiera algo incómodo revolviéndose en su estómago.
—… Así que el próximo paso sería coordinar con el departamento de desarrollo histórico del estado —estaba diciendo Fiona mientras consultaba algo en su carpeta—. Puedo tener esos formularios listos para mañana por la mañana.
—Perfecto —respondió el hombre, y su voz tenía un acento del este que sonaba cultivado sin ser pretencioso—. ¿Estaría disponible para una reunión de seguimiento a finales de la semana? Me gustaría revisar los detalles financieros con usted antes de presentar la propuesta completa al consejo.
Lucas vio cómo Fiona asentía, pero también notó algo más sutil: la manera en que ella se había enderezado apenas, una postura que usaba para demostrar su comprobada eficiencia. No cabía duda de que se trataba de una mujer excepcional.
—¿Lucas? —Reparó por descuido en él, al desviar un poco la mirada de los ojos oscuros de Daniel Ashford.
La voz de Fiona lo sacó de sus observaciones. Ambos se habían vuelto hacia él y Lucas se dio cuenta de que había estado parado en el umbral de la recepción durante varios segundos, con una expresión que revelaba más de lo que pretendía.
—Fiona —dijo, acercándose con lo que esperaba fuera una sonrisa casual—. Esperaba poder hablar con usted cuando tuviera un momento.
—Por supuesto —respondió ella y Lucas notó que su manera de hablar era diferente, una formalidad que no usaba con él—. Lucas, le presento a Daniel Ashford. Daniel, este es Lucas Harper, dueño de la Librería Harper.
Daniel se acercó con una sonrisa genuina y extendió una mano que Lucas notó firme al instante.
—Señor Harper, un placer conocerlo. He estado admirando el centro histórico de Willowbrook y su librería es el tipo de negocio que hace que una comunidad tenga carácter auténtico.
Lucas podía haberse sentido halagado, pero en lugar de eso solo intensificó esa sensación incómoda que había comenzado cuando vio al hombre con Fiona.
—Gracias —respondió, devolviendo el apretón de manos—. ¿Es usted nuevo en el área?
—Daniel es el consultor en preservación patrimonial que está evaluando el teatro de mi padre —explicó Fiona y Lucas notó cómo su voz se animaba cuando hablaba del proyecto—. Ha estado haciendo un trabajo extraordinario identificando opciones para mantener el Harmony operativo.
—Ah —Lucas sintió que algo se relajaba en su pecho—. ¿Y cómo va esa evaluación?
—Muy prometedora —respondió Daniel—. El teatro de los Gallagher es un tesoro arquitectónico auténtico. Con las inversiones correctas, podría convertirse en el ancla de un verdadero renacimiento cultural para toda esta área.
Había pasión en su voz cuando hablaba del proyecto, una intensidad que hizo que Lucas entendiera por qué Fiona parecía tan entusiasmada. Este hombre no se trataba simplemente de un consultor haciendo una evaluación rutinaria; se preocupaba de corazón por preservar lugares que dejaban huella.
—Bueno —dijo Daniel, consultando su reloj—, debería irme. Tengo una conferencia telefónica con el departamento estatal en una hora. Fiona, gracias por toda su ayuda con la documentación y señor Harper, fue un placer conocerlo.
Mientras Daniel se alejaba hacia la salida, Lucas se quedó parado junto a Fiona, consciente de que algo había cambiado en la atmósfera, pero no estaba seguro de qué.
—Parece un hombre competente.
—Lo es —hubo algo en su tono que hizo que Lucas la mirara con detenimiento—. Es exactamente lo que papá necesitaba. Alguien que entiende que el teatro no es solo un edificio viejo, sino algo que vale la pena salvar.
Lucas asintió, tratando de identificar por qué esa respuesta lo había hecho sentir inquieto.
—¿Tiene tiempo para tomar un café? —preguntó, recordando por qué había venido en primer lugar—. Hay algo de lo que me gustaría hablar con usted.
Fiona lo miró con atención completa, una actitud que, sin dudas, él había llegado a valorar durante los últimos meses .
—Por supuesto. ¿Está todo bien? —Lo analizó con sus ojos grises—. Se ve preocupado.
—Estoy bien —mintió Lucas—. Solo necesito la perspectiva de alguien con más experiencia criando adolescentes que yo.
Era una explicación que estaba cerca de la verdad como para no sentirse del todo deshonesta, pero que no revelaba nada sobre las complejidades reales de lo que lo estaba manteniendo despierto por las noches.
La cafetería Rosita’s estaba a dos cuadras del ayuntamiento, en una de las esquinas del centro que había logrado mantener su carácter local a pesar de la presión creciente de las cadenas comerciales.
Los empleados municipales venían para almorzar y ahí las conversaciones serias se podían tener sin interrupciones, especialmente a media tarde, cuando la multitud del almuerzo había desaparecido.
Lucas y Fiona se sentaron en una mesa junto a la ventana, con tazas de café humeante entre ellos. La presencia de aquella mujer tenía algo que desarmaba al librero, que le permitía bajar la guardia como casi nunca lo hacía en otros lugares o con otras personas.
—¿Cómo está Emily? —preguntó Fiona después de que hubieran pasado los primeros minutos en charla casual sobre el clima y los desafíos habituales de manejar negocios locales—. Rory menciona que está bajo mucha presión con las decisiones universitarias.
Era el tema que había esperado evitar, pero también sabía que era inevitable.
—Está navegando opciones. Ya sabe cómo son los adolescentes. Un día está segura de lo que quiere, al siguiente está cuestionando todo.
Fiona asintió comprensiva, pero Lucas notó algo en su expresión que sugería que sabía que él estaba siendo vago.
—¿Y cómo está manejando eso como padre? Debe ser difícil verla lidiar con decisiones tan importantes.
—Es complicado —admitió Lucas—. En especial cuando sabes que las decisiones que tomen ahora van a afectar no solo su futuro, sino también las relaciones que han construido.
—¿Se refiere a su relación con Rory? —Fiona entrecerró los ojos con suavidad.
Lucas vaciló y ella pudo ver cómo su expresión se volvía incómoda. Evitaba sus ojos y eso le dijo que aquel sujeto estaba lidiando con aspectos de la relación de su hija que tal vez prefería no examinar demasiado de cerca.
—Es solo que son muy jóvenes y, cuando eres joven, es fácil tomar decisiones basadas en emociones intensas en lugar de consideraciones prácticas.
Fiona lo estudió por un momento, entendiendo lo que no estaba diciendo. Lucas sabía que Emily y Rory tenían una relación seria, pero su manera de abordar el tema sugería que había aspectos de esa seriedad que él prefería mantener en la periferia de su conciencia parental.
—Entiendo —dijo, eligiendo no presionar en territorio que lo hacía sentir incómodo.
Así que Lucas Harper ignoraba o prefería ignorar la relación que estaban sosteniendo sus hijos para ese momento.
Era una suerte que, a diferencia de la familia de Emily, ella sí tuviera las agallas para hablarle a su hijo sin evasiones.
Sintió que la responsabilidad estaba sobre sus hombros y pensó hasta qué punto sería favorable hablar con la chica de mujer a mujer.
No tenía que ser adivina para imaginar que Claire no debía haber abordado esa charla hasta ahora.
Pensó en Rowan y antes de obnubilarse en los posibles sentimientos de su hija, recordó que tenía ante ella a un hombre que había ido a buscarla al ayuntamiento para conversar—.
Es difícil ver a nuestros hijos crecer, sobre todo cuando sabemos que están tomando decisiones que los afectarán por el resto de sus vidas.
Lucas asintió, aliviado de que la conversación no hubiera profundizado en direcciones que no estaba preparado para explorar.
—Sí, y cuando hay factores económicos involucrados... —Se detuvo, como si se diera cuenta de que había revelado más de lo que pretendía.
—¿Factores económicos?
—Berkeley es... Es una oportunidad extraordinaria para Emily —dijo cuidadosamente—. Pero incluso con la beca parcial, es una carga financiera considerable y con los gastos de la librería, y ayudando con otros compromisos educativos... —Su voz se desvaneció.
—He estado investigando —aseguró y lo dejó un poco sorprendido—. No se ría de mí, Lucas, por favor…
—¿Reírme de usted? —Le sonrió a medias con un gesto hermoso, aun y cuando esa tarde Lucas Harper parecía otro hombre.
—Sí, sí. No se ría de mí por querer soñar, pero…
Al ver cómo afecta a mi hijo la inminente partida de la suya, investigué las opciones en Berkeley y para los estudiantes fuera de California, las cosas son francamente cuesta arriba.
Casi treinta y dos mil dólares anuales solo en gastos académicos, sin mencionar la manutención.
Para que nuestros hijos puedan estar bien allá, deberíamos invertir al menos cuarenta mil dólares anuales en ellos.
—Emily consiguió una beca parcial por méritos académicos —musitó. Su expresión era la de un globo desinflado—, pero aun con la ayuda, la inversión es considerable.
—Y está Indie —señaló y vio a Lucas sumirse aún más en su conflicto—.
No solo asiste a uno de los mejores colegios de la ciudad, también están los gastos del conservatorio…
No es de extrañar que venga al ayuntamiento pidiendo mi ayuda con ese panorama financiero —rio con suavidad—. Yo también estaría desesperada.
—No tiene idea, Fiona. —La mirada de él, puesta en la nada, le hizo entender que no, no podía tener ni la menor idea. Sentía que había algo más por encima de la manutención de las niñas.
—Entiendo que Emily ingresó también en UNM.
—Sí.