Capítulo 17 #2
Las palabras golpearon a Fiona con una fuerza inesperada.
¿Debería explorar esto más profundamente?
¿Debería preguntar si Rowan pensaba en Fernando cuando tocaba?
¿Si se preguntaba cómo habría sido crecer con un padre músico?
¿Cómo abordar algo tan delicado sin arriesgarse a lastimar a su hija o crear expectativas emocionales que no podía cumplir?
—¿Te gusta esa sensación? —preguntó, eligiendo la duda más segura.
—Sí. Me hace sentir completa. Como si hubiera encontrado algo que no sabía que estaba buscando.
Fiona asintió, guardando silencio por un momento mientras consideraba todo lo que había escuchado. Luego miró a Rory, que había estado observando la conversación con expresión pensativa.
—¿Tú la has escuchado tocar?
—Sí —admitió Rory—. Es realmente buena, mamá. No solo está tocando acordes al azar. Está creando música real.
La conversación fue interrumpida por el sonido de Moira limpiando la cocina, recordándoles que estaban en un espacio compartido donde la privacidad era relativa.
Fiona miró hacia donde su madre trabajaba, luego hacia Cormac, que seguía durmiendo en su sillón, ajeno a las complejidades familiares que se desarrollaban a pocos metros de él.
—Rory —dijo en voz baja—, ¿podrías ayudarme con algo en mi habitación?
Fue una petición que ambos entendieron como código para necesitamos hablar en privado . Rory asintió y se puso de pie.
—Rowan, quédate aquí —añadió Fiona—. Volveremos en unos minutos y terminaremos de hablar sobre el bajo.
Una vez en la privacidad relativa de su habitación, Fiona cerró la puerta y se volvió hacia su hijo mayor. Rory estaba de pie junto a la ventana, ligeramente tenso, porque sabía de sobra que estaba a punto de tener una de esas conversaciones que definían momentos importantes.
—¿Hace cuánto que sabes sobre la guitarra?
—Algunos meses —admitió Rory—. La empecé a escuchar practicar en las tardes al volver de la floristería. Tú estabas aún en el trabajo y los abuelos ocupados con los asuntos del cine. Al principio pensé que solo estaba... ya sabes, jugando, pero después me di cuenta de que estaba aprendiendo.
—¿Y no pensaste en decírmelo?
Rory vaciló y Fiona vio en sus ojos la misma expresión que había tenido cuando era pequeño y trataba de decidir si confesar alguna travesura menor.
—Pensé que tal vez debía venir de ella. Parecía algo personal. Como si necesitara tiempo para entender lo que significaba antes de compartirlo.
Fiona sintió una punzada de orgullo, mezclada con la certeza de que sus hijos estaban creciendo más rápido de lo que a veces estaba preparada para aceptar. Una sombra en la expresión de Rory le dio a entender que aquella no sería la única conversación difícil que tendrían.
—Rory —dijo, adoptando el tono más casual que pudo—, ya que estamos hablando… ¿Cómo van las cosas contigo? Con Emily.
Vio cómo el rostro de su hijo se transformaba, pasando de la cautela a algo más complejo. Era evidente que había llegado el momento de una conversación que había estado evitando.
—Van bien.
—Rory —Fiona se sentó en el borde de su cama, adoptando una postura que invitaba a la confidencia—, eres mi hijo y te amo, pero también eres un joven de diecinueve años en una relación seria con una chica que obviamente amas. No soy ciega.
El silencio que siguió estuvo cargado de significado. Rory se quedó inmóvil junto a la ventana y Fiona pudo ver cómo procesaba la manera directa en que había abordado el tema.
—Mamá... —comenzó, luego se detuvo.
—No necesitas darme detalles —continuó Fiona—, pero necesito saber que estás siendo responsable. Que ambos están tomando precauciones.
Rory se volvió para mirarla y en sus ojos había vergüenza y alivio.
—Sí. Estamos siendo cuidadosos. Te doy mi palabra de que nos estamos cuidando.
—Bien —Fiona asintió—. ¿Los Harper ya lo saben?
Rory lanzó una risita por lo bajo, sorprendiendo a Fiona.
—Los Harper viven en otro planeta, especialmente la madre de Emily. Al principio creímos que lo notaría en un segundo, pero… ¡Pero no tienen ni idea!
—No lo aseguraría, cariño. —Rory estudió el rostro de su madre y le pareció la mujer más sabia sobre la tierra en ese instante—.
Lucas es muy intuitivo y Claire… Claire es lo suficientemente entrometida para identificar hasta lo inentendible.
Quizás lo que tú juzgas como desconocimiento sea astucia o negación.
—Explícate.
—Prefieren no darse por enterados para que ustedes no estén prevenidos, ¿entiendes?
—Rory lo consideró con una expresión muy seria—.
O prefieren hacerse los idiotas porque no saben cómo manejar el hecho de que su hija ya es una mujer sexualmente activa —Fiona suspiró—.
Aunque si yo fuese la madre de Emily, agradecería que haya pasado justo así y no en Berkeley, en manos de quién sabe qué depravado con ínfulas de galán universitario…
—Rory se atemorizó al instante. ¿Estaba su novia en peligro en ese lugar?
—. Y Emily... ¿Cómo está manejando todo esto?
La presión universitaria, las decisiones sobre el futuro...
Fue entonces cuando vio algo en la expresión de Rory que la alarmó. Algo más profundo, más doloroso.
—Ese es el problema —admitió, alejándose de la ventana y sentándose en la silla del escritorio a horcajadas—. La fecha límite para responder a Berkeley es en tres semanas. Y creo... creo que ya sabe lo que va a decidir.
Fiona sintió que algo se contraía en su pecho. La comprensión de que los cambios que había estado anticipando estaban a punto de volverse muy reales y muy inmediatos fue amargamente dolorosa.
—¿Y cómo te sientes al respecto?
—Aterrado —confesó Rory y había una honestidad brutal en su voz—. Aterrado y orgulloso y destrozado todo al mismo tiempo, porque sé que debe irse. Sé que Berkeley es donde debe estar, pero también sé que cuando se vaya, todo va a cambiar.
—¿Han hablado sobre lo que eso significa para ustedes?
—Tratamos de hacerlo —Rory pasó las manos por su cabello rojizo en un gesto de frustración—, pero cada vez que empezamos a hablar de ello, terminamos... —Se detuvo, sonrojándose.
—Terminan evitando la conversación con otras cosas —completó Fiona, sonriendo con un dejo de picardía.
—Sí. Es más fácil estar juntos en el presente que planificar para un futuro que sabemos que va a doler.
Fiona lo miró durante un largo momento, viendo en su hijo mayor todas las complejidades del amor joven: la intensidad, la generosidad, el terror a la pérdida.
—Rory, ¿puedo darte un consejo que tal vez no quieras escuchar?
Él asintió.
—Ya sabes que el amor verdadero a veces significa dejar ir y si amas a Emily, entonces la decisión que tomes sobre cómo manejar su partida va a definir qué tipo de hombre eres.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que puedes elegir entre ser el novio que la hace sentir culpable por seguir sus sueños, o puedes ser el hombre que la ama lo suficiente como para celebrar su éxito, incluso cuando te duele.
Rory la miró con una expresión de gratitud y dolor.
—¿Cómo haces que duela menos?
—No puedes, pero puedes elegir hacer que importe. Puedes elegir que el dolor signifique algo hermoso en lugar de algo destructivo.
Se quedaron en silencio por un momento, cada uno procesando el peso de la conversación. Finalmente, Rory se puso de pie.
—Gracias, mamá —la miró a los ojos y le sonrió—. De verdad te amo.
—Y yo a ti, chico guapo —le extendió las manos y se las tomaron con amor—. Una última cosa: sean discretos, ¿sí?
—¡Sí! —Le aseguró con aplomo.
—En parte, la dignidad de Emily está en tus manos. —Rory la miró con una expresión muy seria—. No la pongas en situaciones que puedan comprometerla o lastimarla solo por un momento de placer, ¿de acuerdo?
—Entendido.
Fiona también se puso de pie.
—Deberíamos volver con Rowan —dijo—. Todavía no hemos resuelto el asunto del bajo.
Rory asintió, pero cuando se dirigían hacia la puerta, ella lo detuvo.
—Rory, una cosa más. Sobre Rowan y la guitarra... ¿Crees que debería hablar con ella sobre su papá? ¿Sobre lo que puede estar sintiendo cuando toca su instrumento?
Rory consideró la pregunta.
—Creo que tal vez deberías dejar que ella venga a ti cuando esté lista, pero también creo que debería saber que está bien sentir lo que sea que esté sintiendo.
Era un consejo sabio viniendo de su hijo de diecinueve años y Fiona se sintió sorprendida por la madurez emocional que tanto Rory como Rowan habían desarrollado, a menudo sin su guía directa.
Cuando regresaron a la sala principal, encontraron a Rowan donde la habían dejado, pero ahora tenía una expresión ansiosa que sugería que había estado reflexionando sobre todas las implicaciones de su petición.
—¿Y bien? —preguntó cuando se acercaron .
Fiona se sentó frente a su hija, consciente de que lo que dijera a continuación tendría ramificaciones que iban más allá del simple cumplimiento de un deseo de cumpleaños.
—Rowan, sobre el bajo eléctrico... —comenzó, eligiendo sus palabras—.
No puedo prometerte nada todavía. Necesito investigar precios, opciones, tal vez explorar la posibilidad de conseguir uno usado —vio cómo la esperanza se encendía en los ojos de su hija—, pero —continuó— necesito que entiendas que esto sería una inversión importante para nuestra familia y también necesito que sepas que está bien que toques la guitarra de tu papá. Está bien que explores esa conexión.
Rowan parpadeó, no esperando que la conversación tomara esa dirección.
—¿No estás molesta?
—No estoy molesta —aseguró Fiona—. Si te la di, fue por algo, ¿no?
Aunque confieso que no imaginé que aprenderías a tocarla tan pronto.
Sin embargo, me gustaría que sintieras que puedes hablar conmigo sobre lo que sientes cuando tocas su música.
Sobre si tienes preguntas sobre él, sobre lo que era como músico.
Rowan asintió y Fiona pudo ver que había abierto una puerta emocional que su hija no había estado segura de cómo cruzar sola.