Capítulo 15 #8
Cuando volvió a este mundo, cuando aterrizó en Albuquerque como posiblemente lo estaban haciendo muchos de los globos del festival, estaba recostada del cuerpo de Rory, tendida sobre su pecho.
Abrió los ojos despacio y le sorprendió ver que la luz dorada que se filtraba por las cortinas de lino seguía allí.
Prestó atención a su cuerpo. Nunca había estado tan en el presente como en ese preciso instante.
Sí, desde luego que se sintió distinta, en especial porque se enorgullecía de ella.
Se enorgullecía de haber seguido el impulso de su corazón al involucrarse y enamorarse de Rory; se enorgullecía de haber aceptado esta propuesta y desde luego se sentía en un estado único de plenitud al constatar que ya no era una niña.
Había abierto ante ella una puerta que, una vez la cruzas, no puedes volver atrás y había dado los pasos firmes y necesarios para aceptar esta nueva realidad.
Ni siquiera podía con la satisfacción que le producía pensar de qué forma vería ahora a las chicas de la escuela con sus patéticas experiencias, sabiéndose absolutamente amada, absolutamente hermosa…
¡Afortunada! Disfrutó unos minutos más de esta sensación.
—¿Qué hora es? —musitó Emily con una dulzura apacible, como si acabara de despertar de un sueño.
—Un poco más de las cinco —respondió él con la misma suavidad. Tenía los ojos cerrados.
—¿Tan temprano? —No lo podía creer.
—Me parece que sí. ¿Quieres que volvamos a la feria, mi amor?
—No. —Ni siquiera lo pensó—. Quiero que nos quedemos aquí hasta el último minuto.
Rory abrió los ojos con un dejo de sorpresa y miró en los de ella el brillo de la determinación.
—¿Estás segura de que quieres perderte el Night Glow ?
—Lo veremos el próximo año. —Lo dijo con una seguridad que lo dejó un poco pasmado.
—¿Es una promesa?
—Es más que una promesa —lo besó con suavidad—. Es un juramento.
—En octubre del próximo año ya estarás en California, Emily —la mirada de ella se ensombreció un poco—. Y yo… Yo habré logrado la transferencia a UNM y ya estaré estudiando aquí.
—¿Y? —dijo con una ligera aspereza—. Berkeley está a mil ochocientos kilómetros, no a cien años luz de acá.
—Solo comento…
Ella prefirió pensar en otra cosa. No arruinaría un momento así por esa maldita universidad que lo mismo la seducía que la amargaba.
Valiéndose de la cordura que tenían ahora luego de haberse amado por primera vez, decidió ir por los detalles, así que intentó memorizar cada peca, la textura de la piel de Rory, la redondez y fuerza de sus hombros.
Comenzó a besar cada recoveco con sus labios suaves, mientras él volvía a cerrar los ojos y se entregaba por entero a su dulzura.
Paulatinamente, Emily fue cobrando bríos sobre el cuerpo de su novio y de los besos tímidos pasó a caricias más osadas, a mordiscos suaves, a recorridos que hizo como si su lengua fuese un trineo sobre su piel.
—¿Cómo te sientes con todo esto? —La voz de él parecía provenir de otro universo.
—Ridículamente feliz —admitió sin detener sus avances.
—¿No te arrepientes de nada?
—Sí. —Se miraron a los ojos. En los de él había una pizca de temor, pero la risa pícara de ella lo calmó un poco—. Me arrepiento de no haberlo hecho antes. —Ambos rieron con ganas.
—No digas tonterías —la besó—. Esta primera vez merecía ser así, mi amor. Se merecía ser perfecta…
—¡Y lo fue! —reflexionó—. Bueno… No ha dejado de serlo.
—Parece que no —comentó, reparando en sus profusas caricias.
—Vas a pensar que estoy loca… —susurró. Él estaba un poco en trance.
—¿Por qué ?
—Porque justo ahora no puedo con la idea de que alguien más te tenga —lo dijo con un dejo de amargura—. No puedo con la idea de que seas de otra que no sea yo.
—Ay, Emily…
Lo vio flexionar su brazo izquierdo y cubrir su rostro con su mano grande. Ella frunció el ceño ante su actitud.
—¿Qué…?
—Emily… —Él la apretó un poco por la cintura, pegándola más contra su cuerpo—.
¿Cómo crees que puedo sentirme yo? —Se miraron a los ojos—.
Es difícil pensar en las promesas. Es difícil hablar de siempres o de nuncas , porque no tenemos control sobre nada.
En octubre del próximo año nuestros caminos habrán tomado vías distintas y no sabemos a dónde nos llevarán…
—¡Pero nos amamos, Rory! —Lo dijo con pasión—. ¿O lo dudas? Después de todo lo que pasó ahora mismo, ¿lo dudas?
—Nunca lo he dudado, Em. No se trata de dudas. Se trata de hechos.
—¿Hechos?
—Sí. Es un hecho que para el otoño del próximo año ya estarás en California y yo entre Albuquerque y Willowbrook.
—Pero para eso aún falta casi un año… —Acarició su pecho.
—Sí —concedió mirando con curiosidad la expresión de Emily.
—Y ahora, justo ahora, estamos aquí, en el mismo lugar, desnudos. —Las caricias, que primero se paseaban por su pecho, comenzaron a precipitarse hasta su abdomen y de ahí, a un terreno que ella sentía, con plenitud de derechos, que era solo suyo.
—Buen punto… —susurró él entrecerrando los ojos al sentir las osadas caricias de Emily.
—No quiero hablar de Berkeley, Rory —fue insistente, fue curiosa, fue consecuente en el propósito de revivir la magnífica magnitud de su pasión para volver a disfrutar del placer y de las experiencias que ella le proveía—.
Esta mañana te dije que no era un día para hablar de eso y no me preocuparé por esa maldita universidad hasta que llegue el momento, ¿entiendes?
—Sí —el monosílabo apenas se coló por sus labios. Las intenciones de Emily estaban rindiendo sus frutos y ella ya lo sentía entre sus propias manos.
—Nos quedan al menos unas cuatro horas en Albuquerque y las vamos a aprovechar. ¿Estás de acuerdo?
Pero no esperó su respuesta, lo besó con un travieso coraje emergiendo de sus labios y en minutos estaban explorando otras posibilidades, recreando la calma y la ternura del principio, para ponerla a prueba sobre los nuevos horizontes que les brindaban sus propios cuerpos y sus sentimientos.