No nacemos monstruos (288 Harmony Road 1) Capítulo 15 #5
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Capítulo 15 #5

—Espero que sí —murmuró Claire, regresando a su caja abierta—. Porque una vez que cumples dieciocho, estas conversaciones se vuelven académicas. Ya no va a importar lo que yo piense.

Hubo algo en la forma en que lo dijo, una resignación mezclada con dolor, que hizo que Emily sintiera una punzada de algo que podría haber sido culpa.

Cuando salieron de la librería veinte minutos después para tomarse algo en una cafetería de la esquina, Emily tenía sentimientos encontrados. Habían conseguido el permiso, pero había costado algo que aún no sabía cómo evaluar.

—¿Estás bien? —preguntó Rory mientras caminaban.

—No estoy segura —respondió Emily—. Siento como si acabara de ganar una batalla, pero también como si hubiera perdido algo importante en el proceso.

—¿Te arrepientes?

Emily se detuvo y lo miró. Pensó en los globos que se elevarían el sábado por la mañana, en el momento que habían estado esperando, en las decisiones que la aguardaban sobre Berkeley y su futuro.

—No. No me arrepiento. Pero creo que después del sábado, las cosas van a ser diferentes. No solo entre nosotros, sino en general.

Rory asintió, entendiendo lo que quería decir.

—¿Estás lista para eso?

Emily pensó en los dos días que la separaban de sus dieciocho años, en el festival que los esperaba, en el amor que sentía por Rory y en la certeza de que, pasara lo que pasara, no quería seguir viviendo en el limbo entre ser niña y ser adulta.

—Mamá dijo hace un momento que una vez que cruzas ciertas líneas, no puedes volver atrás —lo miró fijamente—. Y yo quiero cruzar todas las líneas que sean necesarias contigo, de tu mano, así que sí. Sí —puntualizó—. Estoy lista.

Ese sábado, el despertador sonó a las 4:30, pero Emily ya estaba despierta.

Había pasado la noche en un estado de vigilia nerviosa, alternando entre la emoción y una especie de anticipación que le hacía imposible relajarse.

Cuando escuchó el suave toque en la puerta pequeña de la cochera a las cinco, su corazón comenzó a latir como si fuera la primera vez que veía a Rory.

Se había vestido con cuidado: jeans cómodos, una camiseta suave y una chaqueta ligera para el frío matutino del desierto.

Rory la esperaba en la acera, con el auto de su madre estacionado frente a la fachada de la librería.

Llevaba en sus manos dos vasos térmicos con café humeante y esa sonrisa que hacía que Emily sintiera que todo era posible.

Esa mañana él contaba con una energía diferente que estaba por encima de la mera expectativa de ver globos aerostáticos.

—Buenos días, adulta —murmuró, besándola antes de ofrecerle uno de los vasos.

—Buenos días —respondió ella, sintiendo cómo el café la despertaba no más de tomar un sorbo—. ¿Estás seguro de que quieres hacer esto?

—Más seguro de lo que he estado de cualquier cosa en mi vida.

El viaje a Albuquerque transcurrió en medio de una conversación susurrada y silencios cómodos.

Rory conducía con cuidado por la vía casi a oscuras mientras Emily observaba cómo el paisaje del desierto se transformaba con las primeras luces del amanecer.

Había algo mágico en estar despiertos cuando el resto del mundo dormía, como si fueran los únicos habitantes de un universo que estaba siendo creado para ellos.

Llegaron al campo de lanzamiento justo cuando el cielo comenzaba a teñirse de rosa y dorado.

El espectáculo que los recibió fue más impresionante de lo que Emily había imaginado: cientos de personas moviéndose con propósito silencioso en la penumbra, equipos de globos aerostáticos preparando sus enormes fundas de colores, el sonido rítmico de los quemadores llenando el aire con pequeñas explosiones de llama que iluminaban rostros concentrados.

—Es como un ritual —susurró Emily, tomando la mano de Rory mientras caminaban entre los equipos de preparación.

—Eso es exactamente lo que es —respondió él—. Un ritual de elevación.

Encontraron un lugar en una pequeña colina que ofrecía una vista panorámica del campo de lanzamiento.

Rory había traído una manta, que extendió sobre la hierba húmeda de rocío y un termo más grande de café que había preparado en casa y que complementaba los vasos que habían vaciado durante el viaje.

Lo que siguió fue uno de esos momentos que Emily supo que recordaría por el resto de su vida.

Cuando el sol apareció en el horizonte, los globos comenzaron a elevarse uno por uno, como flores gigantes floreciendo en cámara lenta contra el cielo del amanecer.

Había algo casi espiritual en la manera en que se alzaban, silenciosos, excepto por el ocasional rugido de sus quemadores, transformando el paisaje en algo que pertenecía más a un sueño que a la realidad.

Emily se recostó contra Rory, sintiendo su calor a través de la ropa mientras observaban cómo el cielo se llenaba de color y forma.

Había globos tradicionales en rojo y amarillo, pero también creaciones fantásticas: una ballena azul, un castillo medieval, formas geométricas que desafiaban la gravedad con elegancia imposible.

—¿En qué estás pensando? —preguntó Rory, sintiendo cómo Emily se tensaba contra él.

—En que esto es hermoso y en que no quiero que termine.

Había allí una tristeza apenas perceptible. Rory entendió que no se refería solo al festival.

—Em, hay algo de lo que necesitamos hablar.

Ella se volvió para mirarlo, descubrió en sus ojos una seriedad que solo podía anunciar algo: estaban a punto de abordar territorio emocional complejo.

—¿Sobre qué?

—Sobre Berkeley. Sobre lo que va a pasar cuando tengas que decidir.

Emily sintió que algo se contraía en su pecho. Habían estado evitando esta conversación durante semanas, posponiendo lo inevitable con la esperanza de que tal vez el tiempo haría que la decisión fuera más fácil.

—No quiero hablar de Berkeley ahora —dijo—. No aquí. No hoy.

—Precisamente por eso tenemos que hablar —respondió con gentileza—. Porque si no lo hacemos ahora, cuando estamos siendo honestos el uno con el otro, nunca lo vamos a hacer.

Emily cerró los ojos, sintiendo cómo las lágrimas comenzaban a acumularse en ellos.

—¿Qué quieres que diga? ¿Que estoy considerando irme a mil ochocientos kilómetros de distancia? ¿Que una parte de mí se pregunta qué pasaría si acepto esa beca?

—Quiero que me digas la verdad. Toda la verdad .

Emily abrió los ojos y lo miró, viendo en su rostro cómo el amor y el dolor se daban cita y eso le partió el corazón.

—La verdad es que te amo más de lo que sabía que era posible amar a alguien.

La verdad es que no puedo imaginar mi vida sin ti.

Pero también es verdad que Berkeley es… Berkeley es todo lo que nunca creí que podría tener.

Es la oportunidad de estudiar con los mejores escritores del país, de conocer gente de todo el mundo, de convertirme en alguien que tal vez ni siquiera sé que puedo ser.

—¿Y eso te asusta o te emociona?

—Ambas cosas —admitió ella—. Me asusta porque significa dejarte. Me emociona porque podría ser extraordinario.

Rory asintió, como si hubiera estado esperando esa respuesta.

—¿Sabes lo que me asusta a mí? —preguntó.

—¿Qué?

—Que no vayas. Que te quedes por mí y que algún día, tal vez en cinco años, tal vez en diez, me mires y te des cuenta de que escogiste la opción segura en lugar de la extraordinaria y que en ese momento ya sea demasiado tarde.

Emily sintió que las lágrimas se derramaron por sus mejillas.

—¿Me estás diciendo que debo irme?

—Te estoy diciendo que te amo lo suficiente como para querer que seas la mejor versión de ti misma, incluso si eso significa que tengo que dejarte ir.

Era la conversación que ambos habían estado temiendo y posponiendo, y estaba sucediendo contra el telón de fondo más hermoso que Emily podía imaginar.

Los globos continuaban elevándose, transformando el cielo en un caleidoscopio de colores, mientras ella sentía que su propio mundo se fracturaba en posibilidades incompatibles.

—¿Y qué hay de nosotros? —preguntó—. ¿Qué hay de esto?

Rory la miró con una intensidad que hizo que Emily sintiera que podía ver su alma.

—Esto —dijo, haciendo un gesto que los abarcaba a ambos, el momento, el amor que había entre ellos— esto es real. Es lo más real que he tenido en mi vida y precisamente porque es real, quiero que lo celebremos de la manera correcta.

—¿Qué quieres decir?

—Quiero decir que deseo amarte al completo. Quiero que sepas lo que es ser amada de la manera que mereces y luego, si tienes que irte, al menos sabrás que lo que tuvimos fue hermoso e íntegro.

Emily lo miró durante un largo momento, entendiendo lo que él había estado planeando, por qué había elegido este día, este lugar, este momento.

—¿Ya tienes todo organizado?

—Tengo una habitación reservada en un bed and breakfast en Old Town . Es pequeño, privado, hermoso. Podemos ir cuando estés lista o podemos quedarnos aquí todo el día y regresar a casa esta noche. Tú decides.

La elección que le ofrecía era perfecta en su simplicidad: ella tenía todo el control, toda la agencia, toda la responsabilidad de decidir qué tan lejos quería llevar este día.

Emily miró los globos que continuaban elevándose, pensó en las conversaciones que habían tenido durante el último año, en las promesas que se habían hecho, en el amor que sentía por el joven que estaba dispuesto a dejarla ir si eso era lo mejor para ella.

—Después del festival. Quiero ver todo esto contigo primero. Y luego... luego quiero ir a ese lugar que encontraste .

Rory sonrió y era una sonrisa que contenía tanto alivio como anticipación.

—¿Estás segura?

—Más segura de lo que he estado de cualquier cosa en mi vida —aseguró, usando sus mismas palabras.