No nacemos monstruos (288 Harmony Road 1) Capítulo 14 #7
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Capítulo 14 #7

Era su quinta tarde en el tejado cuando la conversación que había estado esperándolas encontró su momento.

El sol de julio se inclinaba hacia el horizonte, tiñendo el cielo de Willowbrook con tonos dorados y rosados que hacían que todo el pueblo pareciera estar hecho de miel cristalizada.

Las nubes se movían perezosas sobre sus cabezas, como barcos navegando en un océano invertido.

Indie y Rowan habían establecido un ritual: subían con una manta que habían «tomado prestada» permanentemente de la sala de Moira, una pequeña canasta con galletas que Rowan había salvado del desayuno y el libro que cualquiera de las dos estuviera leyendo en ese momento.

Hoy era Las Crónicas de Narnia [60] , que Indie había elegido porque le parecía apropiado leer sobre mundos mágicos mientras estaban en su propio territorio encantado, pero ninguna de las dos había podido concentrarse en la lectura.

El aire de esa tarde estaba cargado de una electricidad sutil que hacía que cada palabra pareciera importante, cada silencio cargado de posibilidad.

Indie estaba sentada con las piernas cruzadas, jugando distraídamente con la llave de la luna creciente que ahora llevaba atada una cinta rosa que la pequeña Gallagher le había puesto para no perderla.

Rowan yacía bocarriba con las manos entrelazadas detrás de la cabeza, pero sus ojos no seguían las nubes como era su costumbre, sino que observaban el perfil de su amiga contra el fondo dorado del atardecer.

—¿Sabes qué es lo más extraño? —dijo Indie de repente, rompiendo un silencio que había durado varios minutos.

—¿Qué? —preguntó agradecida de que alguien hubiera encontrado las palabras para comenzar la conversación que ambas habían estado sintiendo aproximarse.

—Que encontrar esta puerta cambió algo en mí. No solo me dio un lugar especial para venir, sino que me hizo sentir... diferente. Como si hubiera descubierto que tengo poderes mágicos que no sabía que tenía.

Rowan se incorporó hasta quedar sentada, estudiando la expresión pensativa de Indie.

—¿Qué tipo de poderes?

—El poder de encontrar cosas perdidas. El poder de hacer que lo imposible sea posible. El poder de... —Hizo una pausa, buscando las palabras correctas— de crear mundos nuevos cuando el mundo viejo no es suficiente.

Era una declaración profunda para una niña de doce años, pero en el tejado del Harmony Theatre, con el pueblo entero extendiéndose debajo de ellas como evidencia de todo lo que habían conquistado, sonaba razonable.

—Yo también me siento diferente —admitió—. Pero no solo por encontrar la puerta. Me siento diferente desde... Desde que te conocí. Como si hubiera estado viviendo en blanco y negro y de repente alguien hubiera inventado el color.

Indie se volvió hacia ella con una sonrisa que hizo que todo el atardecer palideciera en comparación.

—Esa es la descripción más hermosa que he escuchado en mi vida.

—¿En serio?

—En serio, y también es exactamente como me siento yo.

Se miraron durante un momento que se extendió más de lo usual y en esa mirada había un reconocimiento mutuo de algo que ninguna de las dos sabía cómo nombrar, pero que ambas sentían con perfecta claridad.

—Indie, ¿alguna vez piensas en lo que va a pasar cuando seamos mayores?

La pregunta flotó entre ellas como una de las nubes que navegaban sobre sus cabezas. Indie dejó de jugar con la llave y la sostuvo contra su pecho, como si fuera un talismán contra las incertidumbres del futuro.

—A veces, pero cuando lo hago, siempre te imagino ahí conmigo.

—¿Incluso si vamos a universidades diferentes?

Inevitablemente, cada una de ellas pensó en sus hermanos mayores.

—Incluso si vamos a universidades en planetas diferentes.

Rowan rio, pero su expresión conservaba seriedad.

—¿Has pensado en lo que está pasando con Emily y Rory?

El cambio de tema fue súbito, pero no inesperado. Ambas habían estado notando las tensiones que se acumulaban en sus familias, las conversaciones susurradas, las miradas preocupadas, la forma en que los adultos parecían estar manejando algún tipo de crisis invisible.

—Un poco —admitió Indie—. Emily ha estado extraña. Nerviosa. Y ayer escuché a mis padres discutiendo sobre universidades y distancias y cosas que no entendí por completo.

—En mi casa también —dijo Rowan—. Mamá ha estado triste, aunque trata de disimularlo. Y Rory... Rory parece como si estuviera cargando algo muy pesado y no supiera dónde ponerlo.

—¿Crees que van a tener que separarse?

—Creo que sí.

La respuesta fue simple pero definitiva y ambas sintieron cómo algo frío se instalaba en el aire dorado de la tarde.

—Eso me asusta —confesó Indie—. No por ellos, aunque me da pena que puedan estar tristes. Me asusta porque... porque si puede pasarles a ellos, ¿podría pasarnos a nosotras también?

Era la pregunta que habían estado evitando durante semanas, la que se escondía detrás de cada momento perfecto que pasaban juntas, la que convertía cada despedida en algo desesperado.

Rowan se acercó más, reduciendo la distancia entre ellas hasta que pudo ver las pequeñas motas doradas en los ojos verdes de Indie, las que siempre aparecían cuando estaba emocionada o preocupada.

—¿Sabes en qué somos diferentes de Emily y Rory? —preguntó.

—¿En qué?

—En que ellos son hermanos nuestros, pero nosotras somos nosotras.

Indie frunció el ceño, procesando la lógica de esa declaración.

—Explícame eso.

—Emily y Rory se aman, pero su amor depende de las decisiones de otras personas. De dónde Emily decide ir a la universidad, de si Rory puede seguirla, de lo que nuestros padres aprueban o desaprueban. Su amor está... condicionado por todos.

—¿Y el nuestro no?

—¿Nuestro qué?

La pregunta salió antes de que Rowan pudiera censurarse y ambas se dieron cuenta de que habían llegado al borde de algo que había estado creciendo entre ellas durante meses, pero que nunca habían nombrado.

—Nuestro... Lo que sea que esto sea —dijo Indie, haciendo un gesto que las abarcaba a ambas, al tejado, al atardecer, a todo lo que habían construido juntas.

—¿Qué crees que es?

Indie consideró la pregunta con la seriedad de alguien que entiende que su respuesta podría cambiarlo todo.

—Creo que es amor, pero no como el de Emily y Rory. Ni como el de mis padres. Es algo... diferente. Algo que es solo nuestro.

Rowan sintió que algo se liberaba en su pecho, como si hubiera estado conteniendo el aliento durante meses sin darse cuenta.

—Sí —dijo—. Es exactamente eso.

—¿Y no te asusta?

—¿Debería asustarme?

—No lo sé. Todo el mundo siempre habla del amor como si fuera complicado y doloroso y lleno de drama, pero esto... Esto se siente como lo más natural del mundo.

—Porque es lo más natural del mundo —dijo Rowan con una convicción que la sorprendió—. Al menos para nosotras.

Se quedaron allí sentadas, con las manos casi tocándose sobre la manta, observando cómo el sol se acercaba al horizonte y pintaba el cielo con colores que no tenían nombres.

—Indie —dijo después de un largo silencio—, quiero hacerte una promesa.

—¿Qué tipo de promesa?

—El tipo de promesa que es real. No como cuando los niños prometen ser mejores amigos para siempre y lo olvidan en una semana. Una promesa que importa.

Indie se enderezó, sintiendo la solemnidad del momento.

—Estoy escuchando.

—Prometo que, sin importar lo que pase, sin importar a dónde nos lleve la vida, sin importar quién trate de decirnos que lo que tenemos no es real o no es importante, siempre encontraré la manera de volver a ti.

Indie sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas, pero eran lágrimas de felicidad, de reconocimiento, de gratitud por haber encontrado a alguien que entendía lo que ella sentía.

—Yo también te prometo eso —dijo, extendiendo su mano hacia Rowan—. Y prometo algo más.

—¿Qué?

—Prometo que nunca dejaré que nadie me convenza de que lo que sentimos es solo una fase, o algo que vamos a superar, o algo menos importante que el amor de los adultos. Prometo que voy a proteger esto con todo lo que tengo.

Entrelazaron sus dedos sobre la manta, sellando promesas que no entendían por completo, pero que sabían que eran absolutamente verdaderas.

—¿Crees que somos demasiado jóvenes para hacer este tipo de promesas? —preguntó Rowan.

—¿Crees que el corazón tiene edad?

—No.

—Entonces no somos demasiado jóvenes para nada.

El sol tocó el horizonte, convirtiendo todo Willowbrook en un cuadro dorado.

Desde su posición privilegiada en el tejado del teatro, Indie y Rowan podían ver las luces que comenzaban a encenderse en las casas, las familias que se reunían para la cena, el mundo que continuaba su rutina sin saber que dos niñas habían acabado de redefinir las reglas del amor en un tejado secreto.

—Rowie —dijo mientras observaban el paisaje que se transformaba de día en noche—, ¿alguna vez has sentido que tu corazón es demasiado pequeño para contener todo lo que sientes?

Rowan sonrió en la luz dorada del atardecer.

—Todos los días desde que te conocí.

—¿Y sabes qué es lo más increíble?

—¿Qué?

—Que cada día parece crecer un poco más, como si estuviera aprendiendo a expandirse para hacerte espacio.

—El mío también.

Y allí, en su reino secreto entre las nubes, con la llave de la luna creciente brillando contra el pecho de Indie y la promesa de proteger su amor resonando entre ellas como una melodía sagrada, dos niñas de doce años juraron fidelidad a un futuro que aún no sabían que tendrían que luchar por construir, pero en ese momento, con el mundo entero extendiéndose debajo de ellas como un mapa de posibilidades infinitas, todo parecía no solo posible, sino inevitable.