No nacemos monstruos (288 Harmony Road 1) Capítulo 14 #5
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Capítulo 14 #5

—Honestamente... creo que empezó siendo por ella. Quería ser digno de ella, quería poder seguirla a donde fuera. Pero en algún momento del camino... No sé. Empezó a gustarme la sensación de entender cosas que antes no entendía. De resolver problemas. De... de ser mejor de lo que era antes.

—Eso es tuyo, Rory —Fiona apretó su mano—. Eso que acabas de describir, esa satisfacción, ese crecimiento... ¡Eso es tuyo por completo!

—Pero no es suficiente para Berkeley.

—Tal vez Berkeley no sea lo importante —dijo con suavidad—.

No quiero sonar como una mediocre. Sabes bien que tu padre fue un hombre sin estudios superiores y yo seguí el mismo plan que tú te estás trazando ahora.

Fernando fue un sujeto excepcional que no necesitaba saber quién era Aristóteles para hablar con la sabiduría de un filósofo y yo…

Sí, desde luego que me deprimí cuando supe que mi destino era el community college , pero hice de eso una oportunidad y logré conseguir un título al que ahora le debo mi cargo en el ayuntamiento, pero…

Volviendo a Berkeley… Sí, puede que sea una de las mejores del país, pero también dependerá de la perspectiva que tienes para tu vida…

Si quieres ser reconocido, si quieres impresionar, si quieres acceder a ciertas cosas y a cierto estilo de vida, desde luego que un nombre te ayudará a que se abran las puertas, pero…

¿Qué si lo importante no es lo que diga una universidad de ti, sino lo que eres tú como persona?

Tal vez lo fundamental sea descubrir qué es lo que quieres hacer con tu vida, más allá de Emily, independientemente de cualquier otra persona.

Rory la miró con una esperanza opacada por el escepticismo.

—¿Y si lo que quiero es estar con ella?

—Entonces esperarás —respondió Fiona sin dudar— y mientras esperas, construirás una vida que sea tuya. Y si al final resulta que sus caminos se vuelven a encontrar, será porque ambos eligieron estar juntos, no porque uno de ustedes sacrificó sus sueños por el otro.

—¿Y si no se vuelven a encontrar?

Fiona miró a su hijo, viendo en él tanto al niño que había criado como al hombre en el que se estaba convirtiendo, y sintió orgullo, pero a su vez un dolor que la abrumó.

—Entonces habrás vivido una vida auténtica y habrás amado a alguien lo suficientemente bien como para dejarla ser quien está destinada a ser. No hay nada pequeño en eso, mi amor. No hay nada que no sea suficiente en eso .

Rory asintió, como si estuviera comenzando a entender algo que había estado fuera de su alcance durante meses.

—Me duele —admitió.

—Lo sé —Fiona sintió sus propias lágrimas comenzando a formarse en sus ojos— y me duele a mí también, porque sé que una parte de este dolor viene de cosas que no pude darte —su voz se quebró—, pero Rory, mírame...

Él alzó los ojos hacia ella. Ambos lloraban.

—Eres extraordinario tal y como eres. No porque puedas o no puedas ir a Berkeley, sino porque tienes un corazón que ama sin condiciones y una mente que crece cada día. Cualquier futuro que construyas, cualquier camino que elijas, va a ser suficiente porque va a ser tuyo.

Rory sonrió y, aunque sus ojos aún estaban húmedos, su expresión tenía algo distinto. Algo que se parecía a la paz.

—Te amo, mamá.

—Y yo te amo a ti, mi niño valiente.

Se quedaron allí sentados mientras el restaurante se vaciaba a su alrededor, madre e hijo compartiendo el peso de las verdades difíciles y la promesa silenciosa de que, sin importar lo que viniera después, lo enfrentarían juntos.

Cuando abrió la puerta de la buhardilla, con el corazón aún diminuto en su pecho, Fiona se sorprendió de ver a Rowan sentada en el sillón en medio de la penumbra.

La luz que entraba por el tragaluz del techo, proveniente en parte de la marquesina del cine, aún encendida, bañaba parte de su rostro y de su inconfundible cabello incandescente.

Eran casi las 12 de la noche y Moira y Pops ya dormían, no así la niña.

—¡Rowan! —La madre se tomó el pecho y dio un paso hacia atrás, cayendo sobre el torso fuerte de su hijo, que la atajó entre risas suaves—.

¡Me quieres matar de un infarto, por Dios!

—Volvió a abrir los ojos y encendió la luz de la sala.

La niña estaba inmóvil y los miraba fijamente—. ¡No me digas que ahora eres sonámbula!

—No —aseguró con la parquedad que la caracterizaba. La vio ponerse de pie de un saltito.

—Me siento como si viviésemos con Annabelle [57] —aseguró el hermano riendo y cerró muy bien la puerta de la buhardilla.

—No es gracioso, Rory —aseguró ella muy seria.

—¡Rowan! —continuó la mamá riñéndole a los susurros—. ¡Ya es casi la medianoche! ¿Puedes decirme por qué estás despierta si los abuelos ya duermen?

—Porque me preocupé. Le pregunté a la abuela si estaban bien y me dijo —imitó la voz cantarina de Moira—: «Sí, sí, cariño, vete a la camita» pero no le creí ni media palabra.

—La expresión de Rowan fue divertidísima y Fiona y Rory tuvieron que hacer un esfuerzo para no soltar una carcajada e interrumpir el sueño de los abuelos—.

Mi abuela miente muy mal, lo saben, ¿verdad?

Fiona y Rory se miraron a los ojos.

—Tienes que reconocer que es cierto, mamá.

—Bueno, pues ya estamos aquí. —Fiona tomó la mano de su hijo y se miraron a los ojos—.

Tuve una cita con este apuesto jovencito —le besó los nudillos con amor y él se sonrojó.

Aunque se había aseado bien antes de salir de la floristería, aún no se había dado una merecida ducha—. Lo llevé a comerse una hamburguesa.

—¿Y yo? —protestó cruzándose de brazos—. A mí también podían haberme llevado a esa cita, ¿no?

—El viernes —le dijo Rory inclinándose un poco para verla a los ojos.

Estaba tan alto ya, que le llevaba varias cabezas a la pequeña, aunque ella no era precisamente una chica de baja estatura para su edad—.

Te prometo que el viernes, cuando la señora Wolfe me pague por la auditoría, las llevaré a las dos a cenar. ¿Qué me dices?

—Trato. —Se estrecharon las manos.

—Bien… —aseguró el chico desperezándose—. Estoy muerto. Voy a tomar un baño y a la cama… Mamá —se volvió hacia ella y la besó en la mejilla—. Gracias —volvieron a verse—. Te amo.

—Te amo, mi Juanito. Descansa.

Lo vieron entrar a la habitación y cerrar la puerta con sigilo. Fiona avanzó hasta la cocina con Rowan siguiéndole los pasos muy de cerca.

—¿No deberías ir a dormir tú también? —sugirió la madre—. Ya estamos en casa, así que no hay nada de qué preocuparse. —Madre e hija se miraron, los ojos de Rowan estaban entrecerrados—. ¿O quieres un vaso de leche caliente para que concilies el sueño? Yo me tomaré un té.

Giró sobre sus talones y se dispuso a preparar ambas bebidas con la mayor discreción posible. Rowan seguía observando a su madre, especialmente su perfil, a pesar de que estaba concentrada en lo que hacía.

—A ti y a Rory les pasa algo —Fiona dio un respingo—. Tú estuviste llorando y, no estoy muy segura, pero me parece que Rory también.

—¿Llorando? —Intentó disimular, fingiendo una risa despreocupada—. ¿De dónde sacas eso?

—Cuando lloras se te hacen unos rosetones muy extraños en las mejillas y en la punta de la nariz.

—La niña se señaló su propio rostro con sus dedos.

Fiona no se lo creía. ¿Era cierto eso?—.

En especial cuando lloras mucho, así que no me engañas.

¿Por qué lloraban? —Se vieron a los ojos, la madre boquiabierta—. ¿Estaban pensando en papá?

—No —balbuceó, sintiéndose superada por una chiquilla de once—. No, no, mi amor. No.

—¿Pasó algo con Rory? —Fiona enmudeció por un par de segundos—. ¡Ah! —lanzó, con un gesto triunfal—. ¡Pasó algo con Emily!

—Rowie… —Intentó evitarla y se giró para ver la leche que ya había puesto al fuego, pero fue testigo, con frustración, de cómo el líquido hervía ante sus ojos y se derramaba sobre la estufa sin remedio—. Maldición…

—¿Los padres de Indie no quieren que Emily sea su novia?

—No, Rowan —ya se inclinaba sobre la estufa con un paño para limpiar. Sirvió lo que quedó en la cacerola en una taza y puso la bebida humeante sobre la mesada, ante su hija—. Deja de andar inventando cosas… —Pero la chica notó cómo sus ojos brillaban otra vez.

—El abuelo siempre dice que no se puede llorar sobre la leche derramada —rio con un dejo de picardía.

—Te gusta hacerte la graciosa, ¿no es verdad?

—diciendo esto, se sentó frente a la niña con su taza de té.

Bajó la mirada al líquido ambarino, jugó un poco con la bolsa de la infusión y confesó—: No, no se trata de que los padres de Emily se opongan a que Rory sea su novio…

Se trata de que en poco tiempo la hermana de Indie tendrá que irse a la universidad …

—¡Pero Rory irá con ella! —dijo sonriendo—. ¡Ha estado estudiando como nunca para ir a la universidad con ella!

—No, mi amor —su voz sonó triste y cansada—. Lamentablemente, Emily irá a una universidad a la que Rory… —Se le hizo un nudo en la garganta—. A la que Rory no puede ir.

—Podría estudiar aún más si no trabajara tanto.

—No se trata solo de eso.

—¿Y de qué se trata?

Fiona no soportó más y volvió a llorar. Hundió su rostro entre sus manos y la niña bajó de inmediato del taburete, se puso de pie a su lado y la abrazó con fuerza.

—Lo sabía —dijo con su característico tono de sabelotodo—. Estuviste llorando y él también —se quedó pensativa—. Te prometo que comenzaré a estudiar desde ahora para ir a la misma universidad a la que vaya Indie y así no te haré llorar en unos años, ¿vale?

Fiona rio entre lágrimas, se incorporó, giró en la silla y tomó a su niña entre sus brazos. La nena hundió su rostro en su pecho.

—Perdóname, Rowie —Fiona volvió a quebrarse—. Perdónenme.