No nacemos monstruos (288 Harmony Road 1) Capítulo 14 #3
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Capítulo 14 #3

Indie había estado observando el intercambio con los ojos muy abiertos, girando la cabeza entre Emily y sus padres como si la situación se convirtiera ahora en un partido de tenis intenso. ¿No se supone que todos deberían estar felices por el logro de su hermana?

—¿No pueden estar felices porque me aceptaron en dos universidades excelentes? —preguntó Emily—. ¿Por qué tiene que convertirse en una discusión sobre Rory?

—Porque —dijo la madre, y su cuidadoso control se resquebrajó—, porque en primer lugar tú no dejas de mencionarlo y, en segundo lugar, tienes diecisiete años y una oportunidad que la mayoría de las personas solo pueden soñar y parece que estás dispuesta a rechazarla por un chico.

—No es solo un chico . Es Rory. Y para tu información, él fue quien me alentó a aplicar a Berkeley en primer lugar —Claire frunció el ceño con suavidad—. Él fue quien se quedó despierto conmigo hasta las tres de la mañana ayudándome con mi ensayo de aplicación.

Claire parpadeó, sorprendida por esa información.

—¿Él... él te alentó a aplicar?

—Sí —Emily cruzó los brazos—. Porque me conoce lo suficientemente bien como para saber que podría arrepentirme de no intentarlo, incluso si eso significa que tendríamos que estar separados por un tiempo.

Lucas y Claire volvieron a mirarse a los ojos.

—Emily —dijo Lucas cuidadosamente—, ¿eso significa que estás considerando Berkeley?

Emily los miró a ambos, luego a Indie, quien la observaba con fascinación mezclada con preocupación.

—Significa que estoy considerando todas mis opciones, pero lo voy a hacer sin presión de nadie. ¡Ni de ustedes, ni de Rory, ni de nadie más !

—Por supuesto —dijo Claire rápidamente—. Solo queremos que tengas toda la información...

—Lo que quieren es que elija Berkeley —interrumpió Emily—. Admítanlo. —El silencio que siguió confirmó lo que Emily ya sabía—. ¿Saben qué? —dijo, dirigiéndose hacia su habitación—. Necesito aire fresco y necesito hablar con alguien que me apoya sin condiciones.

—Emily, espera... —comenzó Lucas.

Pero Emily ya estaba saliendo de la sala, dejando a sus padres con las cartas de aceptación sobre la mesa y el peso de todo lo que no habían logrado decir correctamente. Se encerró en su habitación para cambiarse de ropa y ponerse los zapatos.

Indie, que había permanecido en silencio durante la mayor parte del tiempo, por fin habló:

—¿Por qué no pueden estar felices por ella y ya?

—Se puso de pie, dejó la taza en la mesa—.

Creo que Emily lo único que quería es que la felicitaran y ya…

—Los miró a ambos a la cara con desaprobación—.

¿Se dieron cuenta de que ninguno, salvo yo, la felicitó por su logro?

—Era una pregunta simple, hecha con la honestidad directa de una niña de doce años, pero cortó el aire de esa habitación como un cuchillo.

II

La floristería de la señora Wolfe tenía las persianas bajadas y el letrero de «CERRADO» colgando de la puerta, pero Emily sabía que Rory estaría adentro.

Durante las dos últimas semanas, él había asumido la responsabilidad completa del inventario anual, una tarea que la propietaria había delegado en él con una confianza que hablaba tanto de la madurez del muchacho como de la necesidad económica de la mujer de ausentarse para cuidar a su madre enferma en Santa Fe.

Emily tocó el vidrio con los nudillos, apenas tres golpecitos suaves que resonaron en el interior silencioso. A través de las rendijas de las persianas pudo ver movimiento entre las sombras y segundos después, la silueta familiar de Rory se acercó a la puerta.

Cuando abrió, lo primero que ella notó fue que tenía un poco de tierra bajo las uñas y una mancha en el antebrazo izquierdo.

Llevaba una camiseta gris que se le adhería al torso por el sudor del trabajo matutino y su cabello rojizo estaba revuelto de tal forma que sugería horas de concentración intensa.

—Em —dijo, y en esa sola sílaba Emily escuchó alivio, sorpresa y algo que no pudo identificar del todo—. ¿Qué haces aquí tan temprano?

Ella no respondió. En cambio, se acercó y lo abrazó con una intensidad que lo tomó desprevenido, enterrando la cara en su pecho y respirando ese aroma que era tan propio de él y que despertaba en ella mil emociones, acompañadas además de uno que otro estremecimiento.

—¡Hey! —Se avergonzó en un segundo, pero no la rechazó—. ¡Estoy hecho un asco, qué vergüenza! —Pero a ella eso la tenía muy sin cuidado.

—Necesitaba verte —murmuró contra su camisa—. Necesitaba estar contigo.

Rory cerró la puerta a sus espaldas y la envolvió en sus brazos, sintiendo cómo temblaba contra él. La forma en que lo había abrazado le dijo que había pasado algo importante.

—¿Qué pasó? —preguntó, apartándose lo suficiente para poder verle la cara .

Emily alzó la vista hacia él y Rory vio en sus ojos esa mezcla de emoción y aprensión que conocía bien. Era la misma expresión que había tenido cuando le confesó por primera vez que lo amaba: felicidad genuina teñida de incertidumbre sobre las consecuencias.

—Llegaron las cartas.

El estómago de Rory se contrajo, pero mantuvo su expresión cuidadosamente neutral.

—¿Las dos?

—Las dos.

Él asintió, tomándola de la mano y guiándola hacia el interior de la floristería.

El espacio se sentía diferente con las luces encendidas, pero sin clientes: más íntimo, más privado.

Las flores parecían más vibrantes en la penumbra filtrada y el aire estaba saturado del aroma embriagador de jazmín, rosas y lavanda.

Emily se fijó en lo que Rory había estado haciendo.

Las mesas de trabajo estaban cubiertas de hojas de inventario, una calculadora grande y pequeñas montañas de etiquetas organizadas por color y temporada.

Había transformado el caos habitual de la floristería en un sistema meticuloso de conteo y categorización que habría impresionado a cualquier contador profesional.

—¿Hiciste todo esto tú solo? —preguntó, momentáneamente distraída de su drama personal por la evidencia del trabajo de Rory.

Él siguió su mirada y se encogió de hombros, restándole importancia, como siempre hacía.

—La señora Wolfe necesitaba que estuviera terminado antes de que regrese el viernes. No es tan complicado cuando le encuentras el sistema.

Emily sintió una punzada de orgullo mezclada con algo más complejo. Ahí estaba Rory, a los diecinueve años, manejando responsabilidades que muchos adultos encontrarían abrumadoras y lo hacía con una competencia tan natural que parecía no darse cuenta de lo excepcional que era.

—Siéntate —dijo él, acercándole una silla que había colocado junto a la mesa principal—. Cuéntame.

Emily se sentó, viéndolo acomodarse frente a ella. Sus manos descansaban entrelazadas sobre la mesa, rodeadas de gladiolos y girasoles.

Él la miraba sin distracción, completamente presente.

—UNM me aceptó —comenzó y vio cómo la cara de Rory se iluminaba.

—Em, eso es increíble —su sonrisa era genuina, sin reservas—. ¡Felicidades! ¿Con beca?

—Parcial. Por mérito académico.

—Por supuesto que sí —dijo él, y había tanto orgullo en su voz que Emily sintió que el corazón se le hinchaba—. ¿Estás feliz?

—Sí —fue honesta—. Es lo que habíamos planeado. Estaré cerca, tú podrás venir conmigo cuando consigas la transferencia...

—Cuando la consiga —repitió Rory y aunque su tono era seguro, Emily notó cómo sus dedos se tensaron sobre la mesa.

—Y Berkeley también me aceptó.

Tal y como sucedió cuando lo anunció a sus padres, las palabras salieron más rápido de lo que había planeado, como si hubieran estado presionando contra sus labios esperando el momento de escape. Rory se quedó inmóvil por un segundo que se sintió eterno .

—Berkeley —repitió y su voz sonó plana.

—Con beca parcial también.

Emily lo observó, buscando señales de lo que estaba pensando. Durante el último año había aprendido a leer sus expresiones como un mapa emocional, pero en este momento, Rory parecía estar trabajando para mantener su rostro neutral.

—Eso es... eso es increíble, Em —aunque las palabras eran las correctas, algo en su tono había cambiado—. Berkeley es... Dios, es una de las mejores universidades del país.

—Lo sé.

—¿Cómo te sientes al respecto?

Emily se inclinó hacia delante, necesitando que él entendiera la complejidad de lo que estaba sintiendo.

—Confundida. Emocionada. Aterrada. Todo al mismo tiempo.

Rory asintió, tomando una de las etiquetas de la mesa y dándole vueltas entre los dedos mientras procesaba la información.

—¿Qué dijeron tus padres?

Emily soltó una risa amarga.

—Mi madre prácticamente se desmayó de la emoción. Mi padre trató de ser diplomático y terminé gritándoles y saliendo de la casa porque se suponía que era un momento feliz y lo convirtieron en otra discusión sobre ti.

Los ojos de Rory se oscurecieron.

—¿Sobre mí?

—Sobre cómo estoy limitando mis oportunidades por nuestra relación. Sobre cómo soy muy joven para tomar decisiones basadas en...

—En mí —terminó él, su voz más quieta ahora.

Emily se dio cuenta de que había dicho algo equivocado, aunque no estaba segura de qué exactamente.

—Rory, tú sabes que no es así. Tú sabes que lo que tenemos no es una limitación, es...

—¿Es qué? —preguntó él, dejando la etiqueta sobre la mesa y mirándola—. Emily, sé honesta conmigo. ¿Estás considerando Berkeley?

La pregunta se quedó suspendida entre ellos como una cuerda tensa. Emily sintió que estaba caminando por un campo minado emocional donde cada palabra podría detonar algo que no estaba preparada para manejar.

—No lo sé —admitió—. Quiero decir que no, que por supuesto que voy a ir a UNM, que ese siempre fue el plan, pero...

—Pero es Berkeley —dijo Rory y había una comprensión en su voz que la asustó.

—Pero es Berkeley —confirmó ella—. Y una parte de mí, una parte muy pequeña, se pregunta qué pasaría si...

No terminó la frase, sin embargo, no necesitaba hacerlo. Rory entendía lo que no estaba diciendo.