Capítulo 14 #2
—Bueno, por ejemplo, hemos estado investigando un poco sobre los programas de literatura en diferentes universidades. Sabemos que esa es tu área de interés y queríamos mostrarte algunas opciones que tal vez no habías considerado.
Sacó una carpeta que Emily no había notado antes y la abrió sobre la mesa de centro a pocos centímetros de ellas.
Índigo, que ya estaba llegando a esa etapa adolescente en que prefería permanecer en silencio observando a los adultos y exasperándose por cuanto decían y hacían, puso sus traviesos ojos verdes en el manojo de hojas que había reunido su madre y alzó la mirada hasta dar con la expresión incrédula de su hermana.
Dentro había folletos, páginas impresas de sitios web universitarios y lo que parecían ser artículos de revistas académicas.
El descrédito era tan genuino en el rostro de la joven que su boca se había abierto un poco sin querer.
—Oh, oh… —musitó Indie en tono imperceptible, pero Claire volvió la mirada hacia ella al instante.
—¡Índigo! —dijo la madre en un momento en el que la chica de doce jamás imaginó que algo más podría robarle la atención de todos esos papeles que tenía atesorados en la carpeta—.
Ve a cambiarte ahora mismo y deja ese chocolate caliente.
Deberías estar comiendo algo sólido en lugar de tomar algo dulce tan temprano por la mañana.
La chica la ignoró y la madre, indignada, pero consciente de que tenía cosas más importantes de qué hablar, volvió a poner su atención en Emily:
—Mira esto —Claire señaló uno de los folletos—.
El programa de Literatura Comparada en Berkeley tiene una reputación increíble.
Y aquí —pasó a otra página— está el departamento de Escritura Creativa en Stanford —miró su perfil con una sonrisa de suficiencia radiante—.
¿Sabías que algunos de los escritores más importantes del país han salido de esos programas?
Emily sintió como si el aire se hubiera vuelto más denso.
Pensó en las cartas escondidas en su habitación y sintió un calor leve subiéndole a las mejillas.
Indie entrecerró los ojos al notar cómo la hermana se ruborizaba, pero prefirió beber un nuevo sorbo de chocolate, con o sin la aprobación de Claire.
—Mamá... —comenzó, pero la mujer a su lado continuó con un entusiasmo que parecía forzado.
—Y lo que te muestro no es solo académico, Emily. ¡Es la experiencia completa! Conocer gente de todo el mundo, estar expuesta a diferentes formas de pensar, tener oportunidades que no existen en...
—En lugares como Nuevo México —puntualizó Emily y las palabras salieron más secas de lo que había pretendido.
El silencio que siguió fue pesado. Indie miró la cara de sus padres, la de su hermana y supo que aquello era serio. Lucas se aclaró la garganta.
—Emily, nadie está diciendo que UNM no sea una buena universidad. Lo es. Pero también es importante que consideres todas tus opciones.
—¿Todas mis opciones? —Emily sintió una chispa de la irritación que había aprendido a suprimir durante estos meses de tregua—. ¿O las opciones que ustedes aprueban?
—Eso no es justo —dijo Claire y Emily vio un destello de la defensividad que había caracterizado sus discusiones anteriores—. Solo queremos lo mejor para ti.
—¿Y quién decide qué es lo mejor para mí?
Lucas levantó una mano, adoptando el papel de mediador que había perfeccionado durante los últimos meses.
—Emily, cálmate. Nadie está tomando decisiones por ti. Solo estamos ofreciéndote perspectiva.
—¿Perspectiva? —Emily se puso de pie, alejándose del sofá—. ¿O están tratando de convencerme de que me vaya lo más lejos posible de Rory?
Y ahí estaba. El tema que habían estado evitando durante ocho meses había salido a la superficie. Claire se tensó visiblemente.
—Esto no tiene que ver con Rory —masculló haciendo un esfuerzo por sonar neutral.
—¿En serio? —Emily cruzó los brazos—. Porque es muy curioso que toda esta conversación sobre opciones y perspectiva involucre universidades que están a miles de kilómetros de distancia.
—Emily —Lucas se levantó también—, tu relación con Rory es importante para ti y entendemos eso. Pero también tienes que pensar en tu futuro a largo plazo.
—¿Y Rory no es parte de mi futuro a largo plazo?
Índigo reflexionó en silencio con su taza de chocolate muy cerca de sus labios. Aunque no entendía mucho de lo que se discutía, tomó partido en el acto. ¿Qué sentiría ella si intentaran alejarla de Rowan? No le haría nada de gracia, lo tenía clarísimo a pesar de sus doce años.
La pregunta siguió colgando en el aire. Emily vio a sus padres intercambiar otra de esas miradas cargadas de significado, el tipo de comunicación silenciosa que desarrollan las parejas después de años de matrimonio.
—Cariño —dijo Claire, suavizando su tono—, tienes diecisiete años. Es natural que sientas que lo que tienes con Rory es para siempre, pero...
—Pero no lo es —masculló—. ¿Eso es lo que quieres decir?
—Lo que quiero decir es que eres muy joven para estar tomando decisiones que podrían limitar tus oportunidades basándote en una relación.
Emily se sentía frustrada, verdaderamente frustrada, y esa emoción, escalando por su pecho, la llevó a sofocarse en segundos.
—¿Una relación? ¿Es eso lo que piensas que tengo con Rory? ¿Una relación que va a limitar mis oportunidades?
—¿Ah, no? —Claire había puesto su mejor empeño en ser conciliadora, pero la hija se lo estaba poniendo cuesta arriba—. ¿Y qué es entonces si no? —Se cruzó de brazos y allí estaba ya su cinismo haciendo de las suyas—. ¿Se casaron en secreto? ¿Hicieron un pacto de sangre?
—Claire —la contuvo Lucas a tiempo al ver cómo el rostro de Emily se transfiguraba en indignación con cada mofa de la madre.
Hasta Indie sintió un poco de rabia a su manera.
La mujer calló y suspiró con hastío, y el padre intentó retomar el hilo sorteando con elegancia las imprudencias—: Emily... —Pero ella no lo dejó continuar.
—¿Saben qué? Tienen razón en algo. ¡Sí, llegaron cartas de las universidades! —Claire alzó los ojos abismados al instante—. De hecho, llegaron varias.
Se dio la media vuelta y en un par de zancadas ya estaba en su habitación.
Lanzó la almohada a un extremo y tomó el sobre de Berkeley, para después agacharse ante su biblioteca y sacar de la última gaveta la misiva que había llegado de la UNM días atrás.
Volvió a donde la esperaban Lucas y Claire y agitó sobre su cabeza las dos cartas.
Sus padres la observaron con expresiones que iban de la sorpresa a la aprensión.
—Me aceptaron en UNM —dijo, sosteniendo la primera carta—. Con beca parcial por mérito académico.
La reacción fue inmediata. Lucas sonrió y Claire, a pesar de sus reservas sobre las implicaciones geográficas de esa aceptación, no pudo evitar mostrar orgullo maternal.
—Emily, eso es maravilloso —dijo el padre—. UNM tiene un programa de literatura excelente.
—Y está cerca —añadió Claire, aunque su tono sugería que eso era tanto una ventaja como una complicación.
Indie aplaudió con entusiasmo.
—¡Emily, felicitaciones! ¡Mi hermana va a ir a la universidad! —exclamó Indie emocionada—. ¿Podré visitarte en los dormitorios? ¿Tendré una hermana universitaria cool?
Emily rio, sintiendo que parte de la tensión se disipaba.
—Por supuesto que podrás visitarme —aunque no tenía muy clara la opción de la residencia, después de todo Albuquerque estaba a una hora de distancia.
Entonces recordó la segunda carta y la tensión regresó.
Se debatía entre decirlo u ocultarlo. Respiró hondo y decidió ser franca—: Y también me aceptaron en Berkeley —dijo rápidamente, como si las palabras pudieran doler menos si las decía más aprisa—. Con beca parcial.
El silencio que siguió fue diferente al anterior. Este estaba cargado de significado, de implicaciones. De posibilidades, y no necesariamente para la principal implicada.
Claire se puso de pie con tanta fuerza que el sofá se fue un poco hacia atrás.
—¿Berkeley? —Su voz subió una octava—. ¿La Universidad de California en Berkeley?
—Sí.
—Emily, eso es... eso es increíble. —Claire se acercó, extendiendo las manos hacia las cartas—. ¿Puedo verlas?
Emily le entregó las cartas, observando cómo los ojos de su madre se iluminaban mientras leía. Era la misma expresión que Claire ponía cuando descubría un libro raro en perfectas condiciones para la librería: avaricia pura, mezclada con posibilidad infinita.
— Distinguished faculty... prestigious program... California's flagship public university... —murmuró Claire, leyendo en voz alta—. Emily, esto es lo que habíamos esperado cuando aplicaste .
—¿Habíamos? —Emily sintió que una chispa se encendía en su pecho—. Yo apliqué porque la señora Peterson dijo que debería hacerlo. No porque fuera mi primera opción.
Claire alzó la vista de las cartas.
—¿No es tu primera opción? Emily, esta es una de las universidades más prestigiosas del país. Las oportunidades que tendrías allí...
—Están a mil ochocientos kilómetros de distancia —terminó Emily.
Y allí estaba de nuevo el elefante abriéndose paso en una cristalería, estallando sin remedio la tensión entre la madre y la hija, que parecía no tener fin esa mañana. Lucas se aclaró la garganta, entendiendo que de nuevo debía intervenir.
—Emily, entendemos que la distancia es un factor importante...
—¿Un factor? —Emily lo miró con desdén, sorprendiéndolo—. ¿Es eso lo que piensan que es Rory para mí? ¿Un factor en mis decisiones académicas?
Indie volvió a fruncir el ceño, mientras Claire dejaba las cartas sobre la mesa, encima de todos los papeles informativos que había recopilado en todo ese tiempo.
—Cariño, nadie está minimizando tus sentimientos por Rory, pero también tienes que pensar prácticamente. Eres muy joven para estar limitando tus opciones por una… —Suspiró y escogió las palabras adecuadas—: por tu noviazgo.
—No estoy limitando mis opciones —la chica estaba desbordada y ni siquiera pasaban de las 9:00—. Estoy tomando decisiones basadas en lo que quiero para mi vida y lo que quiero incluye a Rory.