Capítulo 14
I
Se escabulló escaleras abajo, tomó con agilidad del mueble de la librería, el mismo en el que estaba la máquina de café, la llavecita que abría el buzón de la correspondencia, en un par de zancadas llegó a la trastienda y salió a la calle por la portezuela metálica de la cochera.
Allí, a un costado de la fachada de la librería, estaba una cajuela chata, de color rojo, donde el encargado de la correspondencia depositaba los sobres.
La abrió con agilidad, como lo había hecho por días, y entre las facturas usuales, los catálogos de libros y una carta del banco, Emily vio un sobre con el logo de la Universidad de Nuevo México que hizo que su corazón se acelerara.
Dejó todo como estaba para que Claire no sospechara nada, cerró la caja metálica, escondió el sobre a sus espaldas, metiéndolo por dentro de la elástica de su short y disimulándolo con la camiseta holgada que llevaba y volvió a entrar a la librería a través de la puerta estrecha de la cochera.
Devolvió la llave del buzón al lugar del que la había tomado y apenas puso un pie en el primer escalón para subir y encerrarse en su habitación, oyó la voz de Claire arriba:
—¡Niñas! ¡Es hora de levantarse!
El corazón de la chica de diecisiete años dio un salto en su pecho.
Esperó algunos segundos, escuchó desde ahí cómo los pasos de su madre se dirigían hacia el ala derecha del piso superior y reconoció el inconfundible sonido que hacían las bisagras de la puerta de la pequeña oficina contable.
Era su oportunidad. Subió, comprobó una vez arriba que su madre estaba de espaldas al pasillo, inclinada sobre su mesa de trabajo, hurgando entre sus papeles, y como si la vida se le fuera en ello, se coló en su habitación como un ninja.
Una vez dentro, se aseguró de pasar el cerrojo, sacó el sobre de la UNM de su espalda y al ponerlo ante sus ojos, se dio cuenta de cómo le temblaban las manos.
Lo apretó con una fuerza descomunal contra su pecho y cerró sus ojos con fervor.
—Por favor, por favor… ¡Por favor!
Se sentó en el escritorio de su habitación, abrió la misiva con torpeza y vio, a través de sus lágrimas, cómo en términos protocolares la institución la felicitaba por haber sido admitida.
¡Admitida! Soltó la carta, dejó caer su espalda sobre el respaldo de la silla, como si se desmayara encima de ese mueble, cubrió su rostro con ambas manos y dio gracias al cielo.
Sintió una oleada de alivio y felicidad genuina.
UNM era lo que había planeado: una excelente universidad, lo suficientemente cerca como para volver a casa cada día o los fines de semana, en caso de que no fuese tan simple trasladarse; lo suficientemente cerca como para que su relación con Rory no solo sobreviviera, sino que floreciera.
—¡Gracias! —murmuró entre sollozos cuando un nuevo grito de Claire al fondo llamándolas para que salieran de la cama se escuchó, pero ya no le importaba—. ¡Gracias!
Cuando recobró la calma, escondió el sobre de la universidad en la última gaveta de su biblioteca, debajo de cientos de papeles, y supo que solo la primera parte de esa odisea estaba cubierta.
Aún faltaba que llegara la respuesta de Berkeley y ese, ese era un sobre que tenía que interceptar a como dé lugar, porque de caer esa misiva en las manos de Claire, todos los planes que había trazado en su mente para su futuro se trastocarían por completo.
Ese sobre, el sobre que tanto temía, llegó tres días después, pero Emily no había encontrado el valor para abrirlo hasta esa mañana.
Sentada en el borde de su cama, con los pies descalzos sobre el suelo de madera y el cabello recogido en una cola alta para combatir el calor, sostenía en las manos lo que podría ser la otra cara de su futuro.
Sí, es cierto que le apostaba todo a la UNM, porque solo así podría seguir con Rory, pero siendo muy honesta y con el intachable desempeño académico que había tenido hasta ese momento, desde luego que le daría satisfacción ser admitida en una universidad como aquella.
Se le hizo un nudo en el pecho. ¿Lo descartaría?
El logo de la Universidad de California en Berkeley brillaba en la esquina superior izquierda y justo debajo, en letras más pequeñas pero igualmente intimidantes, las palabras que había estado evitando: Office of Undergraduate Admissions .
El primer sobre, el de la Universidad de Nuevo México, ya estaba abierto y escondido en su biblioteca. Sabía que UNM siempre había sido su plan seguro. El plan que le permitiría quedarse cerca de casa, cerca de Rory, cerca de todo lo que conocía.
Berkeley era diferente. Berkeley había sido el sueño que su consejera académica había plantado en su cabeza cuando estaba en undécimo grado, cuando sus calificaciones y su puntaje en el SAT habían demostrado que tenía opciones que iban más allá de lo que ella misma había imaginado.
«Con tu expediente académico, Emily, podrías aplicar a cualquier universidad del país», le había dicho la señora Peterson. «¿Has considerado la costa oeste?»
Y Claire, por supuesto, ante semejante perspectiva, se aferró a esa posibilidad como un náufrago a un salvavidas, pero claro…
En ese momento, Rory no estaba en su vida de la forma en la que estaba ahora.
El hijo de Fiona Gallagher se estaba esforzando como nunca en los estudios.
Era un plan de ambos encontrarse en la UNM.
Si Rory conseguía tener un desempeño académico intachable en el community college , podría optar al Opportunity Scholarship [56] y acabar sus estudios en Albuquerque, junto a ella.
Recordó todos los momentos que habían dedicado a estudiar, especialmente matemáticas, que era una de las asignaturas que peor se le daba, y cómo fue testigo, con orgullo, de la sorpresiva y notable evolución de las calificaciones de su novio. Sonrió con suavidad y nostalgia.
Emily respiró hondo y rasgó el sobre de Berkeley con cuidado, como si la manera en que lo abriera pudiera influir en su contenido. Sus ojos escanearon las primeras líneas:
Querida señorita Harper, es con gran placer que le informamos de su aceptación en la Universidad de California, Berkeley…
Se quedó inmóvil por un momento, releyendo esas palabras una y otra vez hasta que perdieron significado y se convirtieron solo en símbolos sobre papel.
Había sido aceptada. En Berkeley. En una de las universidades más prestigiosas del país, a mil ochocientos kilómetros de distancia de Willowbrook; a mil ochocientos kilómetros de distancia de Rory.
El sonido de pasos en la escalera la sacó de su estupor. Reconoció el ritmo familiar de las pisadas de su padre, seguido por el taconeo más ligero de su madre. Se apresuró a doblar la carta y esconderla debajo de la almohada justo cuando escuchó la voz de Lucas desde el pasillo.
—¿Emily? ¿Ya estás despierta?
—Sí, papá —respondió, esperando que su voz sonara más normal de lo que se sentía—. Pasa.
Lucas asomó la cabeza por la puerta, seguido por Claire, que parecía bastante risueña esa mañana. La chica suplicaba a los cielos que no se le notase nada.
—Buenos días, cariño —dijo la madre con voz cantarina. Emily, en su drama personal, sintió que se mofaba de ella—. ¿Dormiste bien?
—Sí —se las arregló para sonreír—. Gracias por preguntar.
Hubo un momento de silencio incómodo, el tipo de silencio que había caracterizado las interacciones familiares durante los últimos meses. La tensión de tres personas que habían aprendido a evitar ciertos temas para mantener la paz.
—Emily —Lucas se sentó en la silla del escritorio, inclinándose hacia delante en su modo de conversación seria —, tu madre y yo queríamos hablar contigo sobre algo… ¿Te parece bien si nos sentamos un momento en la sala antes de tomar el desayuno?
Emily sintió que el estómago se le contraía. Por un momento irracional, pensó que de alguna manera habían descubierto las cartas de aceptación universitaria, pero eso era imposible. Había recogido el correo ella misma durante las últimas semanas.
—¿De qué quieren hablar?
—Solo ven a conversar un poco con nosotros… —dijo el padre poniéndose de pie—. ¿Te parece?
Ambos salieron de la habitación y la chica sentía que temblaba un poco. ¿Había llegado la hora de anunciarles los resultados? Respiró hondo y se puso de pie.
Cuando llegó al salón, vio a Lucas sentado en un sofá, a Indie en otro, aún con el pijama puesto, las piernas subidas sobre el mueble y bebiendo a sorbos una taza de chocolate caliente y a Claire al fondo, buscando y rebuscando en su pequeña oficina.
La joven arqueó un poco los ojos y con un suspiro de hastío, se dejó caer en el sofá.
Segundos más tarde, Claire se acercó y se sentó en el borde del mueble, junto a Emily.
Su expresión era cuidadosamente neutral, pero la hija mayor podía ver la tensión en la forma en que sostenía los hombros .
—Queremos hablar contigo sobre tus planes para el próximo año —dijo Claire.
—Mamá, las vacaciones empezaron hace semanas y…
—Sabemos que ya aplicaste a varias universidades —la ignoró—, y con las cartas de aceptación llegando...
—Queremos asegurarnos de que tengas toda la información que necesitas para tomar la mejor decisión —continuó Lucas—. Sin presiones de ningún tipo.
Emily los miró a ambos, tratando de descifrar el subtexto de esa conversación.
Durante los últimos ocho meses, sus padres habían mantenido una tregua cuidadosa respecto al tema de Rory y su futuro académico.
Claire había dejado de hacer comentarios despectivos sobre ese muchacho y Lucas había evitado mencionar lo orgulloso que estaba de la madurez que el hijo de Fiona había demostrado, pero la hija sabía que ese trato tácito era frágil, construido sobre la base de temas no discutidos y sentimientos no expresados.
—¿Qué tipo de información? —preguntó con cautela.
Claire intercambió una mirada rápida con Lucas antes de continuar.