Capítulo 12 #4
—Y en todos esos años ha perfeccionado la receta de sus palomitas —añadió la tía Rosie orgullosa. Reparó en el señor Harper—. ¿Le servimos algo ?
—¿Tienen algo fuerte? —susurró un poco desanimado—. ¿Como un buen escocés?
—Lo siento, vaquero. —Fiona sirvió con presteza un recipiente de copos de maíz mediano y lo deslizó sobre el mostrador hasta que Lucas lo atajó con su mano riendo, como si parodiaran la escena de una cantina en un western —. Tendrá que conformarse con esto. Va por la casa.
—No esperaba menos de usted… —Se metió algunas palomitas a la boca. Estaban tan increíbles como siempre y lo animaron un poco.
—Estoy enterada de todo. —Fiona se acercó a Lucas encimándose sobre el mostrador mientras miraba su perfil acongojado—.
Estaba en casa cuando Rory llegó a cambiarse para ir a hablar con ustedes y, al ver a mi muchacho nervioso y preocupado, le hice un par de preguntas y me contó, brevemente, que Emily en un ataque de valentía se enfrentó a Claire —se miraron a los ojos.
La tía Rosie, en su mundo, limpiaba el mueble y ordenaba un poco tras la faena—.
Permanecí atenta a su regreso y respiré hondo cuando lo vi volver más tranquilo.
Entonces terminó de contarme todo, pero sé que se ahorró detalles para no herirme…
—Fiona esculpió el rostro de Lucas Harper, su barba oscura, poblada y prolija, con sus ojos—.
No sé por qué intuyo que viene de nuevo a disculparse por las barbaridades que su esposa pudo haber dicho de mi muchacho.
—No exactamente, Fiona. Necesitaba salir de casa, tomar un poco de aire fresco…
Estaba conduciendo hacia las afueras de Willowbrook y pensé que la única persona con la que puedo hablar en estos momentos es usted y decidí cambiar de rumbo…
—La miró y ella vio en sus ojos una tristeza honda—.
Lo menos que imaginé es que el cine estaría a reventar esta noche…
—Tenemos un ciclo. Hoy proyectamos la primera película de The Godfather , mañana la segunda y así, hasta el sábado… Siempre, siempre es un éxito tremendo, así que sabemos que tendremos trabajo de sobra por estos días.
—¿La molesto? —Se avergonzó un poco—. Puedo volver a la carretera…
—No sea tonto —se incorporó y caminó hasta la máquina de café, sirviéndose un capuccino—. ¿Le ofrezco un café?
Lucas asintió y Fiona no tardó en servir otro. Salió con las dos bebidas en sus manos y cabeceando un poco señaló una mesita para que el sujeto se acercara y se sentara a conversar con ella.
—Tenemos unos minutos de descanso —le aseguró alzando la mirada hasta el reloj—. La función comenzó hace diez minutos, así que nadie vendrá por golosinas en un rato. Hay tiempo de sobra para hablar de eso que le preocupa.
—No sé ni por dónde empezar —reconoció—. Cuando estaba monologando en mi cabeza de camino para acá, sonaba mejor, pero ahora todo me parece absurdo.
—Si quiere mi opinión, los chicos nos dieron una tremenda lección a todos hoy.
—Indiscutiblemente.
—No sé si se aman, en el sentido adulto del sentimiento, pero es la forma más genuina que tienen de expresar y definir lo que están sintiendo y más aún, de defenderlo.
—Tiene toda la razón.
—Emily me dejó sorprendida. Nos tomó a todos por sorpresa al apostar por la verdad y encarar a su madre.
—¿Puedo confesarle algo? —Volvieron a verse a los ojos. Lucas sonreía como un niño de ocho años—. En el primer instante, me llevé el susto de mi vida… Por un mo mento creí que iba a anunciarnos que estaba embarazada…
—¡Embarazada, Lucas Harper! —soltó con una carcajada genuina que hizo dar un salto a la tía Rosie y hasta la empujó a reír aunque no estuviese en contexto—. ¿Pero qué cree que le he enseñado yo a mi hijo?
—¡No, Fiona! ¡No se ofenda! —Ella seguía riendo con frescura.
—¡No estoy ofendida para nada! Pierda cuidado…
—Bebió un sorbo de su café—. No, Lucas, nuestros chicos no están embarazados.
En primer lugar, mi muchacho sabe desde hace mucho que debe cuidarse y a su vez, cuidar a su pareja.
En segundo lugar, Rory no es ese tipo de chicos, al menos no con Emily.
Sé que con Emily siente cosas que no había experimentado con ninguna otra muchacha y si existe la inquietud de acercarse a ella de esa manera, que no lo dudo, lo hará en el momento oportuno y se asegurará de que tenga significado para ambos, de eso estoy casi segura.
—Una vez Emily nos dijo lo que tenía que confesarnos supe que no, que mi temor inicial no tenía sentido, pero… Pero me tranquiliza que usted me lo aclare.
—Entonces, ¿de qué va su preocupación? —Volvió a beber de su vasito—. ¿Lo que siente que debe decir y no encuentra cómo?
—Se trata de Claire, Fiona —bajó la mirada apesadumbrado—. Justo ahora no me preocupa Emily, mucho menos Indie… La que me preocupa es Claire.
Fiona recostó su espalda en la silla y lo miró.
—La razón por la que todo el monólogo en mi cabeza comenzó a sonar absurdo una vez llegué aquí, es porque no quisiera traicionar la confianza que le debo, la lealtad que le debo, diciendo todo lo que necesito decir, pero… ¡Pero es muy difícil justificar sus actitudes de un año para acá!
—Quizás si va a terapia, si paga una sesión con un buen psicólogo, esa sensación de que está exponiendo a su esposa, ventilando sus problemas familiares, desaparezca y usted pueda desahogarse sin culpa.