No nacemos monstruos (288 Harmony Road 1) Capítulo 12 #3
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Capítulo 12 #3

Antes de que pudiera responder, la puerta de la librería se abrió con el familiar tintineo de la campana.

Rory Luna entró con pasos decididos, la espalda recta y la cabeza en alto, mientras Emily lo miraba nerviosa de pie en la acera.

Llevaba puesto su mejor pantalón y una camisa azul claro que su madre le había regalado en su último cumpleaños, acompañada de una corbata que la misma Emily le ayudó a anudar.

Se había peinado cuidadosamente y no había rastro del delantal de trabajo que llevaba, ya que decidió pasar antes por el Harmony para cambiarse, considerando la importancia de la situación .

Se detuvo a unos pasos del mostrador, miró a Claire a los ojos y con una voz clara y firme, dijo:

—Buenas tardes, señora Harper. Señor Harper. —Hizo una pequeña inclinación de cabeza hacia cada uno—. Mi nombre es Rory Luna Gallagher y vengo a presentarme formalmente ante ustedes.

Claire lo miró con sorpresa y desdén. Lucas permaneció en silencio, pero su postura sugería que estaba atento a cada palabra que se iba a decir.

—No creo que sea necesario que te presentes —dijo Claire, cuán fría podía ser—. Ya sabemos de sobra quién eres.

—Con todo respeto, señora Harper —Rory mantuvo su tono respetuoso pero firme—, no creo que lo sepan. No realmente.

Se acercó un paso más, sin intimidarse por la expresión hostil de Claire.

—Estoy aquí porque amo a su hija. La amo con cada fibra de mi ser y quiero que ustedes lo sepan. No en secreto, no a escondidas, sino de frente y con la verdad.

—Muchacho —Claire cruzó los brazos sobre el pecho—, no sé qué te habrá dicho Emily, pero...

—Emily no me pidió que viniera —la interrumpió Rory educadamente—. Vine porque es lo correcto. Porque si voy a amar a su hija como ella se merece ser amada, entonces ustedes tienen derecho a saber quién soy.

Lucas se acercó, fascinado por la serenidad del joven que tenía frente a él.

—Mi nombre es Rory Luna Gallagher —continuó—.

Tengo dieciocho años y en cinco meses cumplo diecinueve.

Estudio por la mañana, trabajo en la floristería de la señora Wolfe algunas tardes, en la tienda del señor Whiterspoon otras y los fines de semana ayudo en el cine de mi familia.

Hace poco comencé mis estudios de Administración de Empresas en el community college .

Hizo una pausa, mirando a Claire.

—No vengo de una familia rica. Mi madre es viuda y trabaja en el ayuntamiento para mantenernos a mi hermana, a mí y apoyar a mis abuelos.

Mi abuelo maneja el teatro más viejo de la ciudad, que tal vez no sea rentable, pero ha traído cultura y alegría a Willowbrook durante décadas.

Vivimos modestamente, pero vivimos con honor.

Claire abrió la boca para decir algo, pero Rory continuó con la misma voz serena y determinada.

—Amo a Emily desde hace más de un año. La respeto, la admiro y haría cualquier cosa por protegerla y hacerla feliz.

Apoyo sus planes de ir a la universidad.

De hecho, la he alentado a aplicar a las mejores escuelas, incluso si eso significa que tendremos que estar separados por un tiempo —se dirigió a Claire—.

Sé que usted piensa que no soy suficiente para ella y tal vez tenga razón.

Emily es extraordinaria, brillante, hermosa y es digna de todo lo bueno que el mundo pueda ofrecerle, pero también sé que la amo con pureza y verdad y que nunca haré nada que la lastime o que interfiera con sus sueños.

Lucas sintió que algo se movía en su pecho. Había una dignidad en este joven que era imposible ignorar.

—No estoy aquí para pedirles permiso —continuó Rory—.

Emily y yo somos lo suficientemente grandes para tomar nuestras propias decisiones, pero estoy aquí para asegurarles que sus temores sobre mí son infundados.

No voy a alejarla de ustedes. No voy a impedir que cumpla sus metas y no voy a permitir que nadie la trate con menos respeto del que se merece —miró a Claire, y aunque su voz seguía siendo respetuosa, había acero en ella—: Incluyendo a su propia madre.

El silencio que siguió fue absoluto. Claire se había quedado sin palabras, no porque estuviera de acuerdo con él, sino porque la manera en que había hablado, la dignidad con la que se había presentado, había hecho imposible cualquier respuesta que no fuera igualmente digna.

Lucas fue el primero en romper el silencio.

—Rory —dijo—, ¿puedo preguntarte algo?

—Por supuesto, señor Harper.

—¿Qué planes tienes para el futuro? No solo para los próximos meses, sino para los próximos años.

Rory no dudó.

—Quiero terminar mis estudios en Administración de Empresas porque algún día me gustaría tener mi propio negocio.

Tal vez en floricultura, tal vez en algo relacionado con el entretenimiento como mi abuelo, ya que en algunos años sé que tendré que hacerme cargo de las responsabilidades del cine.

Quiero ser alguien de quien Emily pueda estar orgullosa, alguien que pueda cuidarla de la manera que se merece cuando ella esté lista para eso.

—¿Y si Emily decide estudiar lejos?

—Entonces la apoyaré por completo. Esperaré. Trabajaré en mí mismo para ser mejor y si al final del camino ella decide que quiere algo diferente, que quiere a alguien diferente, entonces la dejaré ir porque su felicidad es más importante que la mía.

Lucas asintió. Claire seguía en silencio, pero algo en su expresión había cambiado.

—Gracias por venir a hablar con nosotros —dijo Lucas—. Se necesita valor para hacer lo que acabas de hacer.

—No se necesita valor para defender lo que amas, señor Harper —respondió Rory—. Se necesita valor para dejarlo ir y espero nunca tener que ser tan valiente.

Se dirigió hacia la puerta, pero antes de salir, se volvió una vez más hacia Claire.

—Señora Harper, sé que no soy lo que usted imaginó para Emily, pero le prometo que la amo lo suficiente como para no conformarme con ser menos de lo que ella se merece y espero que algún día eso sea lo justo para usted también.

Con eso, salió de la librería, dejando la puerta abierta para que entrara el aire fresco de la tarde.

A través del cristal, pudieron verlo acercarse a su camioneta, donde Emily lo esperaba.

Abrió la puerta posterior de la van, bajó de ella la bicicleta de la chica, se la entregó, la besó en la mano antes de despedirse por esa tarde, un gesto que fue tan tierno y respetuoso que incluso Claire no pudo encontrar nada objetable en él.

Cuando la Econoline se alejó, Emily giró sobre sus talones, volvió a entrar en la tienda de sus padres, cerró la puerta a sus espaldas y en absoluto silencio, como si quisiera que Claire no la notara, recogió la mochila que había dejado tirada a un lado de uno de los estantes.

Devolvió su bicicleta a la trastienda y subió a su habitación, mientras sus padres siguieron con sus ojos hasta el más mínimo de sus movimientos.

Emily estaba de vuelta en casa con el corazón en calma.

Debía bañarse, cambiarse, comer algo y encargarse de sus deberes.

Lucas se volvió hacia su esposa.

—¿Todavía piensas que no es suficiente para ella?

Claire no respondió. Se quedó mirando por la ventana, viendo desaparecer la camioneta en la distancia por esa larga avenida.

—No es eso —murmuró—. No es que no sea suficiente.

—¿Entonces qué es? —dijo frunciendo el ceño con suavidad.

Claire se volvió hacia él y Lucas vio algo en sus ojos que no había visto en mucho tiempo: vulnerabilidad real.

—Es que tengo miedo de perderla —admitió—. Primero Indie con esa maestra, ahora Emily con él. Siento como si mis propias hijas me estuvieran eligiendo a mí en último lugar.

Lucas se acercó a ella y la tomó entre sus brazos.

—Claire, nadie te está reemplazando, pero tienes que dejar que crezcan. Tienes que dejar que sean felices a su manera, no a la tuya.

Claire se quedó en sus brazos, sintiéndose más perdida de lo que había estado en años, preguntándose cuándo había comenzado a convertirse en el tipo de madre de la que sus hijas querían huir.

IV

Fiona y la tía Rosie atendían a más de una docena de personas esa noche de jueves.

La segunda función estaba por empezar y muchos de los asistentes a esa proyección de un ciclo dedicado a The Godfather querían asegurarse de tener sus golosinas antes de que iniciara el film.

A pesar de que estaban bastante atareadas, la hija de los Gallagher alzó un poco sus ojos grises y vio que en la esquina izquierda del mostrador, agazapado como si no quisiera estorbar, mucho menos ser notado, estaba la silueta de Lucas Harper.

Se sorprendió por un instante, pero al siguiente supo por qué había ido al cine esa noche.

Le hizo un gesto con su mano para pedirle un poco de paciencia, él la tranquilizó con otro asegurándole que esperaría y vio, con un asombro genuino, cómo Fiona se encimaba un poco sobre la tía Rosie, quien tomaba los pedidos y cobraba por ellos, para ver los tickets con las órdenes, girar sobre sus talones, tomar entre sus dedos hasta tres y cuatro recipientes de cartón para los copos de maíz y servirlos en segundos.

Del lado derecho del mostrador tenía al menos unas seis bandejas y en cada una de ellas iba depositando lo que correspondía a cada cliente.

Lucas vio, abismado, cómo Fiona iba deslizando los vasos en la máquina dispensadora de bebidas para que varios de ellos se llenaran simultáneamente; cómo se coordinaba entre los minutos que se tomaba la cocción de las palomitas para aprovechar esos instantes y servir al menos un par de hot dogs y unos nachos con queso y, así…

con esa maestría, con ese conocimiento pleno de la rutina, despachar varias órdenes al mismo tiempo.

Tras una jornada demandante, la caramelería volvía a estar vacía luego de que atendieran unos cincuenta o sesenta pedidos. Fiona se sirvió un vaso de agua y se refrescaba mientras Lucas al fin se acercaba a ellas.

—¡Vaya! —Su sonrisa era tan genuina como siempre—. Da gusto verla trabajar, Fiona.

—Ayudo con la caramelería desde que tenía catorce años, Lucas —le aclaró, dejándolo asombrado.