Capítulo 12
I
Emily se detuvo en la entrada de la librería Harper, con la mochila del colegio aún colgando de su hombro y el corazón latiéndole tan fuerte que podía escucharlo por encima del murmullo de voces que venía del interior.
Sus padres estaban en plena conversación, emocionados por algo, y por un momento consideró la posibilidad de subir a su habitación y posponer lo inevitable, pero había tomado una decisión esa mañana en el colegio, mientras fingía prestar atención a la clase de historia y en realidad pensaba en Rory.
Había decidido que ya no podía seguir viviendo a medias, escondiendo la parte más importante de su vida como si fuera algo vergonzoso.
Respiró hondo y empujó la puerta.
—¡Emily! —Lucas alzó la vista desde una caja de libros que tenía entre las manos—. ¡Justo a tiempo! Ven a ver esto. Llegó una primera edición de Cómo matar a un ruiseñor que está en condiciones increíbles, y…
—Papá —lo interrumpió—. Mamá.
Algo en su tono hizo que ambos padres la miraran con atención. Claire, que había estado revisando la factura correspondiente a esa caja, alzó los ojos con una expresión preocupada.
—¿Todo bien, cariño? —preguntó Lucas.
Emily no respondió. En cambio, caminó hasta la puerta de entrada, pasó el cerrojo con un clic definitivo y volteó el cartel de «ABIERTO» para que mostrara «CERRADO» hacia la calle.
—Emily —Claire se puso de pie—, ¿qué estás haciendo? Aún no es hora de cerrar, y…
—Necesito hablar con ustedes —dijo Emily, volteándose para enfrentarlos—. Y tiene que ser en privado.
Los padres intercambiaron una mirada. Lucas dejó el libro que tenía en las manos sobre el mostrador y Claire, saliendo de detrás del mueble, se acercó un paso hacia su hija.
—¿Pasó algo en el colegio? —preguntó Claire—. ¿Tuviste problemas con…?
—No tiene que ver con el colegio. —Emily se quitó la mochila y la dejó junto a una de las estanterías—. ¿Podemos… podemos sentarnos en la sala?
Lucas y Claire se miraron. Emily había cerrado la librería, y su postura, la determinación de su voz, les decía que esto era importante.
—Por supuesto —dijo Lucas—. Vamos arriba.
Subieron las escaleras en silencio, Emily adelante y sus padres siguiéndola, sosteniendo curiosidad creciente y aprensión. Una vez en la sala, la chica tomó asiento en el sofá individual, mientras Lucas y Claire se acomodaron en el sofá principal, uno junto al otro, esperando.
Emily los miró por un momento, juntando valor. Sus manos temblaban, así que las entrelazó en su regazo.
—Hay algo que debo decirles —comenzó, su voz sonaba más firme de lo que se sentía—. Algo que debería haberles dicho hace tiempo, pero… tenía miedo.
—Emily —Claire se inclinó hacia delante—, sabes que puedes decirnos cualquier cosa.
—¿En serio? —Emily la miró a los ojos—. ¿Cualquier cosa?
Lucas sintió un presentimiento. La manera en que Emily había hecho esa pregunta le hizo intuir que lo que venía no sería fácil de escuchar.
—Estoy saliendo con alguien —dijo Emily de una vez, como si se arrancase una curita del brazo—. He estado saliendo con alguien durante meses y… y estoy enamorada de él.
Claire parpadeó varias veces, como si necesitara procesar las palabras.
—¿Estás…? —Casi se ríe, pero lo contuvo—. Emily, tienes diecisiete años —los había cumplido hace un mes—. No puedes estar…
—Sí puedo —interrumpió Emily, encontrando una fuerza en su voz que no sabía que tenía—. Sí estoy enamorada y él de mí.
—¿Quién es? —preguntó Lucas, fingiendo desconocimiento y manejando un tono cuidadosamente neutral.
Emily respiró hondo.
—Rory Luna.
El silencio que siguió fue tan denso que la chica pudo escuchar el tic-tac del Kit-Cat Klock en la librería. Claire se había quedado inmóvil, y Lucas… Lucas no parecía sorprendido.
—¿Rory Luna? —Claire encontró su voz—. ¿El… el hijo de Fiona?
—Sí.
—Emily —Claire se puso de pie—, eso es ridículo. Tú no estás enamorada. Eres una adolescente con hormonas alteradas que cree que…
—No me digas lo que siento. —Ella también se puso de pie, enfrentando a su madre—. No me digas que lo que siento no es real.
—¡Es que no lo es! —Claire alzó la voz—. ¡Emily, por favor! ¡Tienes diecisiete años! ¡En unos meses irás a la universidad! ¡No puedes enredarte con… con…!
—¿Con qué? —La voz de Emily se volvió peligrosa—. ¿Con él? ¿Qué tiene de malo Rory?
Claire abrió la boca para responder, pero Lucas intervino.
—Claire —dijo en tono de advertencia.
—No, Lucas —la esposa se volvió hacia él—. No voy a quedarme callada mientras nuestra hija arruina su futuro por… por un capricho adolescente con un chico que…
—¿Que qué? —Emily dio un paso hacia su madre—. Termina la frase, mamá. Un chico que ¿qué?
—Un chico que no tiene futuro, Emily —dijo la madre sin titubear—. Un chico que va a trabajar en tiendas y floristerías toda su vida mientras tú podrías estar estudiando, creciendo, conociendo gente que vale la pena.
Emily sintió como si le hubieran dado una bofetada.
—¿Gente que vale la pena? —repitió—. ¿Estás diciendo que Rory no vale la pena?
—Estoy diciendo que tú vales más que conformarte con el primer chico que te presta atención.
—¡Claire! —Lucas se puso de pie—. ¡Ya basta !
—No me voy a callar, Lucas. Alguien tiene que hacerla entrar en razón y, por lo visto, no serás precisamente tú.
—Rory no es el primer chico que me presta atención —aclaró la hija con lágrimas comenzando a acumularse en sus ojos—. Es el chico que me ama . Que me respeta. Que me hace sentir como si fuera la persona más importante del mundo.
—Emily, cariño —Claire suavizó un poco el tono—, eso es lo que todos los chicos dicen cuando quieren…
—¡No! —gritó—. ¡No reduzcas lo que tenemos a algo sucio y manipulador! Rory nunca… él jamás me presionaría para nada. Me cuida. Me protege. Me hace reír y yo lo amo, mamá. Lo amo con todo mi corazón.
—Estás confundiendo gratitud con amor —dijo Claire alzando los hombros—. Es normal que te sientas agradecida con alguien que es amable contigo, pero eso no es…
—¡No me digas lo que siento! —Emily estaba llorando ahora, pero su voz seguía firme—. ¡Tú no sabes nada sobre lo que siento! ¡No sabes nada sobre él!
—Sé lo suficiente —respondió Claire con frialdad—. Sé que es un chico sin educación superior, sin ambiciones reales, sin…
—¡Es el chico más noble que he conocido en mi vida! —Emily gritó—. ¡Es gentil, inteligente y trabajador y…!
—Emily —Lucas intervino, su voz cargada de una emoción que hizo que ambas mujeres lo miraran—. Cálmate. Siéntate.
La chica lo miró con ojos llorosos, pero obedeció. Claire también se sentó, pero mantuvo una postura rígida. Estaba furiosa.
—Ahora —Lucas se sentó entre las dos—, vamos a hablar de esto como una familia. Sin gritos, sin insultos.
—No estaba insultando —protestó Claire—. Estaba siendo realista.
—Estabas siendo cruel —corrigió Lucas, y Claire lo miró sorprendida— y no te voy a permitir que hables así de Rory Luna, porque es un muchacho excepcional.
—¿Tú sabías esto? —Claire se volvió hacia él con los ojos entrecerrados—. ¿Sabías que estaban… saliendo?
—Lo sospeché —admitió Lucas. A fin de cuentas, no estaba mintiendo, esa era la más absoluta verdad. Que lo vislumbrara hace más de un año atrás no lo hacía una mentira— y cuando me di cuenta, le dije a Emily que tenía mi aprobación.
El silencio que siguió fue absoluto. Claire miró a Lucas como si no lo conociera.
—¿Le diste tu aprobación? —susurró, experimentando cómo un sentimiento amargo se forma en tu pecho—. ¿Sin consultarme?
—Como tú diste tu aprobación a las clases de Indie con la hermana Margaret sin consultarme —respondió Lucas.
—¡Vas a volver con esa maldita mierda! —gritó sin medirse—. ¡Eso era diferente! ¡Eso era educación! ¡No lanzar a nuestra hija a los brazos de cualquier pervertido!
—¡Rory no es un pervertido! —contraatacó Emily y se contuvo cuando su padre tomó con amor su mano y la miró a los ojos.
Lucas volvió a poner su atención en su esposa.
—Y aquello era poner a nuestra hija bajo la tutela de una psicópata maltratadora dos veces por semana… Sí, aquello para ti era educación y esto se trata del corazón de nuestra hija, de sus sentimientos —Lucas se volvió hacia Emily—. Emily, ¿eres feliz con Rory?
—Más feliz de lo que he sido en mi vida —respondió sin dudarlo.
—¿Te trata bien ?
Claire soltó un chasquido de burla, pero no dijo nada.
—Mejor de lo que merezco.
—¿Y tus planes para la universidad? ¿Él los apoya?
—Completamente. Dice que sería egoísta pedirme que no fuera solo para quedarse conmigo.
Lucas asintió y se volvió hacia Claire, con la expresión más amarga que le había visto en su vida.
—Entonces no veo cuál es el problema.
Claire los miró a ambos como si hubieran perdido la razón.
—El problema, Lucas, es que nuestra hija de diecisiete años está tirando su vida por la borda por un… por un…
—Cuidado con lo que vas a decir —advirtió Lucas, su tono más serio de lo que Emily lo había escuchado jamás.
Claire cerró la boca, pero sus ojos brillaban de furia.
—No estoy tirando mi vida por la borda —dijo Emily en voz baja—. Estoy viviendo mi vida. Por primera vez en mucho tiempo, estoy realmente viviendo.
—Tienes diecisiete años —repitió Claire—. No sabes lo que es vivir.
—Sé lo que es amar y ser amada —respondió Emily— y si eso no es vivir, no sé qué es.
Claire se puso de pie.
—No puedo más con esto —anunció—. Emily, esto tiene que terminar. Ahora mismo.
—No —Emily también se puso de pie—. No va a terminar. Lo amo, mamá, y él me ama y nada de lo que digas va a cambiar eso.
—Ya veremos —murmuró Claire. Su tono hizo que tanto Lucas como Emily la miraran con alarma, pero antes de que cualquiera de los dos pudiera preguntar qué quería decir con eso, la chica se dirigió hacia las escaleras.
—Me voy —anunció—. No puedo estar aquí ahora mismo.
—¡Emily, espera! —Lucas se puso de pie—. ¡No te vayas así! Podemos hablar de esto…