Capítulo 11 #7
—¿Entonces qué es exactamente , Emily? —La frustración en su voz hizo que Emily sintiera que se le llenaban los ojos de lágrimas. Esto no estaba saliendo como había planeado.
—Mi madre… mi madre no me permite tener novios —las palabras salieron de su boca acompañadas de un suspiro derrotado.
Rory la miró por un momento y luego una sonrisa amarga se dibujó en sus labios.
—¿No te permite tener novios, Emily? —Su voz era peligrosamente tranquila—. ¿O no te permite que estés conmigo ?
La pregunta la golpeó como un puñetazo en el estómago. Emily abrió la boca para responder, pero no salieron palabras .
—Porque hay una diferencia, ¿sabes? —continuó Rory—. Una cosa es que tu madre piense que eres muy joven para tener novio. Otra muy distinta es que piense que yo no soy lo suficientemente bueno para ti.
—¡Rory, no!
—¿No qué, Emily? —Estaba indignado, pero más que eso, estaba dolido—.
¿No es cierto? Porque desde mi perspectiva, parece bastante claro.
Tu madre no tiene problema con que vengas aquí una vez más que otra.
No tiene problema con que ayude en la librería los sábados.
No tiene problema con que seas amiga de Rowan.
¡Pero Dios nos libre de que alguien nos vea tomados de la mano!
Emily sintió que las lágrimas comenzaban a rodar por sus mejillas.
—No es justo que digas eso.
—¿No es justo? —Rory se acercó más, y ella pudo ver el dolor en sus ojos—. ¿Sabes lo que no es justo, Emily? No es justo que me hagas sentir como si fuera algo de lo que avergonzarse. No es justo que actúes como si lo que sentimos fuera algo que hay que esconder.
—¡Yo no me avergüenzo de ti!
—¿Entonces por qué retiraste la mano?
—¡Porque tengo miedo!
Las palabras salieron más fuertes de lo que había pretendido, llenando el pequeño espacio del cuarto de proyección. Rory se quedó inmóvil, mirándola.
—¿Miedo de qué?
—Miedo de… —Emily se limpió las lágrimas con el dorso de la mano—. Miedo de decepcionar a mi madre. Miedo de causar más problemas en casa cuando ya hay tantos. Miedo de… miedo de no ser valiente para luchar por lo que quiero.
La honestidad en su voz pareció desarmar algo en Rory. Su expresión se suavizó y dio un paso hacia ella.
—Emily…
—Mi padre lo sabe desde hace meses… Desde ese sábado en el que nos llevaste a comprar el marco para la fotografía de Indie.
—Tu padre —confirmó Rory— me dio a entender el viernes antes del recital que aprueba lo nuestro, así como lo hacen mi madre, mi familia, Em…
—Sí, pero yo… —Balbuceó muerta de nervios—. Yo aún no he encontrado la manera de hacer que mi madre entienda que tú… —Lo miró a los ojos—. ¡Que tú eres especial! ¡Que no eres solo cualquier chico ! ¡Que eres tú!
Rory se acercó más, hasta que estuvo tan cerca como para tocar su rostro con suavidad.
—¿Y qué vamos a hacer entonces? —preguntó en voz baja—. ¿Vamos a seguir fingiendo? ¿Vamos a seguir esperando a que tu madre decida que estoy bien para ti?
Emily cubrió la mano de él con la suya, manteniéndola contra su mejilla.
—No lo sé —admitió—. Pero sé que no quiero perderte por mi cobardía.
—No vas a perderme —dijo él, su voz más suave ahora—. Pero necesito saber que esto es real para ti. Necesito saber que no soy algo que vas a esconder para siempre.
—Es real —susurró ella—. Es lo más real que he sentido en mi vida.
Se miraron en silencio por un momento, rodeados por décadas de historias guardadas en latas de metal, en ese espacio donde Cormac había enseñado a su nieto que las mejores historias eran las que se contaban con el corazón.
—Entonces encontraremos la manera. No sé cómo, pero la encontraremos .
Emily asintió, sintiendo que algo se relajaba en su pecho por primera vez en días.
—¿Puedo… puedo tomarte la mano ahora? —preguntó él con una sonrisa pequeña pero genuina.
Emily se echó a reír a través de las lágrimas.
—Puedes hacer más que eso —susurró.
Y cuando Rory se inclinó para besarla, rodeados por las historias de amor inmortalizadas en celuloide, Emily supo que ella también estaba escribiendo una historia que valdría la pena contar. Una historia que tendría obstáculos y complicaciones, pero que sería suya.
El beso fue suave al principio, tentativo, como si ambos temieran que el momento fuera demasiado frágil para sostenerlo. Pero luego Emily se acercó más, Rory la rodeó con sus brazos y fue como si todas las semanas de contención y cautela se disolvieran en ese momento perfecto.
Cuando se separaron, ambos estaban sonriendo.
—¿Sabes qué? —dijo Emily, aún en sus brazos—. Creo que puedo ser más valiente de lo que pensaba.
—Yo siempre lo supe —respondió Rory, besando su frente—. Solo necesitabas tiempo para darte cuenta.
Desde abajo llegó el sonido de risas y supieron en un segundo que las niñas estaban en el gran balcón del teatro, recordándoles que había un mundo más allá de ese cuarto lleno de sueños y posibilidades; sin embargo, por ahora, ellos dos tenían esto.
Tenían la promesa de que lucharían por lo que habían encontrado, sin importar cuánto tardara el mundo en entender que algunas historias de amor valen cualquier complicación, y en el cuarto donde se guardaban todas las grandes historias, comenzaron a escribir la suya.