Capítulo 11 #6
—¡Lo sé! —admitió con desolación—. ¡Lo sé!
¡Fiona! ¡Yo también estoy encantado con la idea de que Rory y Emily vivan lo que sienten!
Me di cuenta hace meses y le aseguré a mi hija que tenía mi bendición.
Su hijo, Fiona, no solo es un gran muchacho, muy especialmente tiene valores que hoy en día parecen extintos.
—Los sentimientos de mis hijos son puros —dijo en tono quedo—, se lo puedo asegurar.
No hay malicia en ellos. Es cierto, no puedo evitar que la vida los lastime —las lágrimas seguían cayendo por sus mejillas—.
Ya lo hizo, de hecho, apartándolos de su padre y dejando un vacío en sus mentes y en sus corazones, pero no permitiré, escúchelo bien, Lucas, no permitiré que Claire Harper lo humille de ninguna manera.
—Tiene mi palabra de que no lo hará.
Fiona escrutó su rostro por segundos.
—No se comprometa con algo que no puede controlar, Lucas. —El sujeto la miró pasmado—. Usted no puede hacerse responsable del comportamiento de una persona adulta, que al igual que yo es madre y que odiaría que alguien más lastime o menosprecie a sus hijas, así que…
—Puede que tenga razón —dijo avergonzado—. No puedo empeñar mi palabra por Claire, pero puedo hablar por mí, ¿no?
—Eso suena más razonable.
—Bien, tiene mi palabra de que defenderé la relación de ellos dos y la haré respetar en casa.
—¿Y las niñas? —Volvieron a verse a los ojos—.
¿Dónde deja a las niñas? Rowan aún está encerrada en su cuarto porque no la llevé a los cuentos esta tarde.
Me preguntó mil veces por qué estaba haciendo eso.
Me preguntó mil veces si la estaba castigando por algo, si la estaba reprendiendo porque el recital de ayer no le salió bien —se le quebró la voz—.
¡El recital de ayer! —Volvió a alzar un poco la voz y se moderó en el acto—.
¡Nunca, nunca me había sentido tan orgullosa de mi pequeña como ayer y ella hoy, entre lágrimas y sollozos, pensaba que me había defraudado y que por eso no la llevaba a los cuentos!
—¿Qué le dijo, Fiona? ¿Qué excusa le dio ?
—Que estaba demasiado agotada y que tenía informes que preparar para la ordenanza municipal.
Dígame, Lucas. ¿Qué otra cosa podía decirle?
¿Cómo podía explicarle a mi hija que es bueno distanciarse de su mejor amiga porque su madre no la aprueba?
¿Cómo le digo a mi Rowie que la madre de Indie la considera inadecuada porque no es una de las alumnas de esa escuela de señoritas?
—Pierda cuidado, Fiona —le tomó el brazo y ella miró su mano frunciendo un poco el ceño—.
Pierda cuidado. Mañana traeré a las niñas a eso de las 11 de la mañana, ¿le parece?
—Ella lo consideró—. Rowan e Indie jugarán o tocarán juntas, como suelen hacerlo y Emily…
Emily podrá hablar con Rory para disculparse por la brusquedad de ayer.
—Si eso no será un problema en casa, Lucas…
—De la situación en casa me encargo yo, Fiona —se miraron a los ojos—. Así tenga que ser el muro de contención entre mi esposa y mis hijas, de eso me encargo yo…
—Quiero que sepa que no me agrada nada de esto, Lucas. No quiero mentiras, malentendidos ni engaños que a la larga solo terminen dañando a mis hijos.
—Nada de eso —le sonrió para tranquilizarla—. ¿Tenemos un trato? —Le extendió la mano. Ella se la estrechó.
—Tenemos un trato.
—¡Ahora debo correr a la tienda! —Fiona entrecerró los ojos—. ¡Tengo a dos niñas en casa muy deprimidas y les prometí que les haría una pizza para animarlas!
—Lucas —lo frenó antes de que se marchara—. Dos cosas: gracias por venir a disculparse, lo aprecio mucho —él asintió con su cabeza— y tenga mucho cuidado. Si me permite la imprudencia, su esposa debería ser su aliada y la de sus hijas. No una enemiga a burlar o a vencer.
El sujeto se quedó por instantes anclado al suelo.
Emily subió las escaleras hacia el cuarto de proyección con el corazón latiéndole tan fuerte que temía que Rory pudiera escucharlo desde arriba.
Llevaba un trapo en una mano y una botella de limpiador en la otra que le había dado Moira, como si esos objetos pudieran darle el valor que necesitaba para la conversación que sabía que debían tener.
Encontró a Rory organizando las latas de películas en las estanterías del cuarto de proyección. La luz suspendía el polvo en el aire como pequeñas estrellas. Él no levantó la vista. Seguía ordenando, meticuloso, como si el acto de poner cada cosa en su lugar pudiera ordenar algo dentro de sí mismo.
—¿Necesitas ayuda? —preguntó desde el umbral, su voz sonaba más tímida de lo que había planeado.
Rory se volvió hacia ella y Emily sintió una punzada al ver que su sonrisa no era efusiva.
—Claro —respondió, señalando hacia una pila de latas que esperaba en el suelo—. Estas van en la sección de los años cuarenta. Están organizadas por década.
Emily se acercó y comenzó a leer las etiquetas: Casablanca , Brief Encounter , The Best Years of Our Lives, Letter from an Unknown Woman .
Nombres que había escuchado mencionar a Cormac mil veces, historias que habían moldeado la vida de esta familia de una manera que ella apenas comenzaba a entender .
—El viernes… —comenzó, pero las palabras se le atoraron en la garganta.
—El viernes fue un día increíble —dijo Rory, colocando una lata en su lugar—. Rowan e Indie estuvieron extraordinarias. Tu padre se veía tan orgulloso…
—Rory. —Su voz sonó más firme esta vez—. Sabes que no estoy hablando de eso.
Él se detuvo con una lata de Roman Holiday suspendida en sus manos. La colocó despacio en la estantería antes de voltearse para mirarla completamente.
—¿De qué estás hablando entonces?
Emily dejó las latas que había estado sosteniendo y se sentó en el pequeño banco que Cormac usaba cuando trabajaba con el proyector. Rory se quedó de pie, apoyado contra la estantería, esperando.
—Estoy hablando de cuando… de cuando tú… —Respiró hondo—. De cuando me tomaste la mano y yo la retiré.
—Ah. Eso.
La casualidad en su tono la lastimó más de lo que había esperado.
—No fue porque no quisiera, Rory. Tienes que entenderlo.
—¿Entonces por qué fue?
La pregunta era simple, directa, pero Emily se sintió como si estuviera caminando por un campo minado. ¿Cómo explicarle sin sonar como si estuviera traicionando a su madre? ¿Cómo hacerle entender sin que pareciera que se avergonzaba de él?
—Es complicado —murmuró.
—¿Complicado cómo? —Rory se acercó un paso—.
Emily, llevamos meses haciendo esto. Meses fingiendo que no pasa nada cuando obviamente sí pasa.
Meses esperando el momento correcto, el lugar correcto, la excusa correcta y el viernes, cuando…
Cuando por fin me atreví a tomarte la mano, la retiraste como si te hubiera quemado.
—¡No fue así!
—¿Entonces cómo fue?
Emily se puso de pie, sintiendo que necesitaba moverse, hacer algo con las manos que habían empezado a temblar.
—Mi madre… —Comenzó, y vio cómo la expresión de Rory se endurecía—. Mi madre tiene ciertas expectativas sobre mí.
—¿Qué tipo de expectativas?
—Expectativas sobre con quién debería… Con quién debería pasar mi tiempo.
Rory se quedó en silencio por un momento, procesando las palabras. Cuando habló, su voz tenía un filo que Emily no había escuchado antes.
—¿Estás diciendo que tu madre no me aprueba?
—¡No es eso! —Dudó y sus ojos bailaron de un lado a otro con desconcierto—. No exactamente.