No nacemos monstruos (288 Harmony Road 1) Capítulo 11 #5
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Capítulo 11 #5

Claire observaba toda esa escena desde su asiento, sintiendo que era una espectadora de la vida de su propia hija.

Los otros padres se acercaban a felicitar a Indie y Rowan, a sus propios hijos, desde luego.

Abernathy había tomado a Rowan de los hombros y le hablaba con una emoción evidente, los otros maestros rodeaban a Aria para felicitarla por su trabajo extraordinario.

Y ella estaba allí, sola en su silla, reconociendo que su hija había encontrado en otra mujer lo que ella no había sabido darle: la libertad de ser quien realmente era.

Cuando se puso de pie y se acercó a Indie, su hija la recibió con una sonrisa que era genuina, pero distante.

—¿Te gustó, mamá?

—Estuvo… hermoso —logró decir Claire, aunque las palabras se sintieron insuficientes.

—La señorita Sinclair dice que podríamos tocar esta pieza en el recital de primavera del conservatorio. ¿No es fantástico?

—Sí —murmuró Claire—. Fantástico.

Mientras veía a Indie correr de vuelta hacia Aria para seguir hablando de música, Claire comprendió con una claridad brutal que había ganado una batalla inexistente y había perdido a su hija en el proceso.

El recital había sido un triunfo absoluto para Indie y Rowan, para Claire, había sido la confirmación de que algunas cosas, una vez rotas, no se pueden reparar simplemente reconociendo que estuvieron mal .

V

Alzó sus ojos grises con pereza y vio, en el reloj que estaba en lo alto de la caramelería, que eran las 21:11.

La última función de ese sábado había entrado ya y, dudando que alguien más se acercara en un buen rato a pedir algo de comer o de beber, se encargó de reponer algunas de las golosinas para el día siguiente.

A un lado de la venta de snacks y caramelos había un depósito pequeño donde almacenaban todo lo necesario, así que tan entendida como era en los dulces que tenían más salida, fue directamente a la estantería por las cajas selladas que necesitaba y volvió al mostrador para reponerlos.

Su grito, así como el susto que se dio nomás salir, fue casi ridículo.

Atajó lo mejor que pudo las cajas que llevaba en las manos y, una vez las puso en un mueble que estaba a un lado, se tomó el pecho con la mano.

—¡Lucas! —dijo con el último aliento que le había dejado el sobresalto—. ¡Usted de verdad quiere matarme!

—¡Discúlpeme, Fiona! —Reía, había presenciado la escena y no podía negarse que había sido divertida y adorable—. No pensé que la asustaría de esa manera.

—¿Qué hace aquí, Lucas? —Le respondió tras segundos de reponerse con un tono que sonó a reproche—. Es tarde y dudo que se haya acercado hasta el cine dejando a su familia sola para probar un hot dog .

—Podría —le dijo tratando de sonar casual y de restarle tensión a esa conversación—, pero la verdadera razón por la que estoy aquí es porque le debo una disculpa, Fiona. —Se miraron a los ojos—. Una genuina disculpa.

—No sé de qué habla —recuperó sus cajas de golosinas, las puso sobre el mostrador, le quitó el papel que las envolvía y comenzó a reponer en el exhibidor los dulces que faltaban.

—No se haga la desentendida. —Intentó verla a los ojos, pero los de ella estaban concentrados en lo que hacía—. Es elegante, noble y conciliador de su parte que intente disimularlo, Fiona, pero ayer me di cuenta de la manera en la que mi esposa la ofendió y… ¡Y necesitaba hablar con usted!

—No es que sea algo nuevo, Lucas —dijo tras respirar hondo y su voz se quebró tan sutilmente que solo un hombre tan intuitivo como él podría haberlo notado—. Estoy acostumbrada a que otras personas no consideren suficientes a mis hijos…

—¡No diga eso! —Lucas sintió una punzada en el pecho—. ¡No diga eso, por favor! Rory y Rowan son dos niños maravillosos, increíbles…

—Aprecio que lo vea… —Por fin alzó sus ojos, entendiendo que en la mirada de Lucas había algo más importante que en los chocolatines de la caramelería—.

Agradezco que lo vea y sé que es sincero en lo que dice.

Sé que no intenta agradarme o adularme solo por salir del paso y componer la situación, porque usted, Lucas, es un hombre distinto —se lo dijo con emoción—.

Es un sujeto especial, con la cualidad de entender que lo esencial no está a la vista de todos…

— Lo esencial es invisible a los ojos , dijo Saint-Exupéry.

—Sí. De esa frase estaba hablando precisamente…

Pero no todo el mundo piensa como usted y es evidente que su esposa hace parte de ese grupo.

No crea que recién lo descubrí ayer, no.

—Lucas la miró pasmado—. Puede que parezca nerviosa, torpe y despistada la mayor parte del tiempo, pero soy madre, ¿entiende?

Soy madre y desde hace diez años, no solo soy madre de esos dos, también he tenido que suplir el abismo que nos dejó mi esposo cuando…

—¿Se marchó? ¿Desapareció? ¿Murió?—. ¡Cuando ya n o estuvo más con nosotros!

Y ser madre, Lucas, ser este tipo de madre que soy, puede transformarme en una fiera si es necesario.

Presto mucha atención a mis hijos. Me preocupo por ellos, velo porque estén bien, porque no les falte nada, porque no les hagan daño y…

¡Claro que he notado las displicencias de su esposa!

¡Claro que he notado cómo Claire subestima la genuina conexión que tienen las niñas!

¡Claro que he notado cómo esa mujer mira con un dejo de desprecio a mi hijo por vestir como viste o por llevar el cabello desordenado, aun y cuando cada sábado está allí, echando una mano con las galletas, con la limpieza de la sección infantil o con cualquier otra cosa que sea necesaria, porque sí…

! ¡Porque puede que los Gallagher seamos conocidos en esta ciudad como los excéntricos del cine viejo, pero le diré que sí somos los Gallagher!

—Lucas estaba boquiabierto—. ¡Incondicionales!

¡Únicos! ¡Solidarios! ¡Amorosos y…! ¡No se deje engañar, Lucas!

¡No se deje engañar! ¡Puede que nos veamos como una familia sacada de una caricatura, pero somos gente con principios y con una formación intelectual intachable!

¡Este cine, este cine que usted ve aquí y que mi padre sostiene con la única fuerza que le brinda su pasión, no solo es parte de nuestra historia, de quiénes somos, también nos ha enseñado mucho más de la vida que a cualquier persona que esté allá afuera vistiendo mejor que nosotros o conduciendo un auto último modelo, como en el que se pasea su esposa por las calles de la ciudad fingiendo ser una celebridad solo porque gerencia la librería más famosa de Willowbrook!

Lucas no sabía qué decir y vio, por la forma en la que Fiona movió sus ojos y cambió su expresión, que no estaban solos.

Harper volteó despacio y allí, a varios pasos de la caramelería, boquiabiertas y abismadas, estaban Moira y la tía Rosie, que habían escuchado parte de lo que esa mujer le había dicho, en especial porque sin querer y movida por su emoción, había alzado la voz.

—Está bien… —Las tranquilizó Fiona sobándose un poco la frente con la punta de sus dedos—. Está bien, mamá, tía Rosie, es solo… Es solo…

—¡Un malentendido! —La secundó Lucas—. No está ocurriendo nada, lo prometemos.

Moira vio a Lucas Harper frunciendo el ceño con desconfianza y miró de nuevo a los ojos de su hija, que le cabeceó un sí para que volviera a ocuparse de sus asuntos por lo que quedaba de noche. Cuando estuvieron solos de nuevo, Fiona estaba ligeramente colorada.

—Lo siento, Lucas —dijo bajando la voz—, creo que yo…

—Usted solo dijo la verdad, Fiona. Todo, todo lo que me ha dicho, es cierto y yo, insisto: le debo una enorme disculpa.

Ayer casi se me cayó la cara de vergüenza cuando Claire dijo lo que dijo y noté que lo había escuchado, y era imprudente excusarme en ese momento, con todas las emociones del recital de las niñas, pero hoy…

Hoy, cuando llegó la hora de los cuentacuentos y notamos que no irían… Entendí cuánto la habíamos ofendido.

—Su esposa, Lucas —aclaró—. Cuánto me había ofendido su esposa . Como le dije antes, usted es diferente. No tengo nada que reprocharle.

—Los echamos mucho de menos —le confesó con una mirada inclasificable—. Indie de verdad se sintió morir y Emily…

—Ese es otro asunto, Lucas. —El gesto de Fiona se volvió aún más sombrío y Lucas respiró hondo creyendo leer sus reflexiones—.

¿Cree que no sé lo que está pasando entre mi hijo y su hija?

—Se miraron por segundos—. ¿Cree que ignoro que Rory está ilusionado con Emily como nunca lo había estado con ninguna otra chica?

No sé si para mi suerte o mi desgracia, no son solo Rowan e Índigo las que parecen haberse encontrado de nuevo tras buscarse después de mil vidas.

También mi hijo está hipnotizado con la suya y…

—Cerró los ojos con dolor—. Y no respondo de mí si los prejuicios de su esposa le rompen el corazón a mi muchacho, porque ayer vi, con mucha inquietud, con mucha tristeza, cómo Emily lo rechazó con discreción por miedo a que Claire los viera tan cerca, tomados de la mano.

—Así que eso fue lo que pasó… —susurró Lucas, intrigando un poco a Fiona—. Por eso Emily lloraba, por eso llegó a casa desconsolada.

—No me malinterprete —aclaró y Lucas volvió a verla a los ojos—. Emily es una niña maravillosa. Es cierto que al principio, hace un año, parecía un poco perdida…

—Es influenciable, insegura… —aclaró y Fiona lo entendió—. ¡Ella no tiene ni una pizca de la personalidad de Indie!

—¡Pero es dulce y amorosa! ¡Es considerada!

—Lucas vio devastado cómo una lágrima se deslizó por la mejilla de Fiona, casi sin querer—.

¡Mis padres la adoran y ella a ellos! ¡Nosotros, que ya hemos comentado en secreto la situación, estaríamos dichosos de que esos dos se dieran la oportunidad de tener una relación y hasta cruzaríamos los dedos porque todo les salga bonito, el tiempo que tenga que durar, pero…

! ¡Pero sabemos muy bien que Claire lastimará a los chicos!