Capítulo 10 #5
Rowan se quedó en silencio por un momento, sus mejillas sonrosándose.
—El sonido que hace Indie cuando encuentra algo hermoso —murmuró—. Como… como un pequeño suspiro feliz.
Indie se volvió hacia ella, sorprendida, y le apretó la mano.
—¿Saben qué tienen en común todos esos sonidos? —continuó Aria—. Que ninguno de ellos está escrito en una partitura, pero todos ustedes los reconocerían inmediatamente, en cualquier lugar, porque significan algo especial para ustedes.
Se puso de pie con ese movimiento fluido que parecía agua.
—Eso es lo que vamos a hacer aquí. No vamos a tocar música que está escrita en papel. Vamos a tocar música que está escrita en sus corazones y para eso, lo primero que necesitamos hacer es escucharnos.
Caminó hacia el piano y se sentó en la banqueta.
—Voy a tocar algo muy simple —puso las manos sobre las teclas—. Quiero que cierren los ojos y solo escuchen. No piensen en notas o acordes o teoría. Solo escuchen la conversación.
Tocó una melodía simple, apenas cuatro compases, pero la manera en que sus dedos tocaban las teclas hacía que cada nota pareciera tener peso y significado. Cuando terminó, el silencio que siguió fue denso, cargado de posibilidades.
—¿Qué escucharon? —preguntó.
—Una pregunta —dijo Indie, sin abrir los ojos aún.
—¿Qué tipo de pregunta?
—Como… como cuando alguien llega a casa y pregunta: ¿Cómo estuvo tu día? Pero de verdad quiere saber.
Aria sonrió.
—Perfecto. Ahora, ¿quién quiere responder a esa pregunta?
Rowan abrió los ojos, miró a Indie, luego al contrabajo que descansaba contra la pared. Sin decir palabra, se puso de pie y caminó hacia su instrumento.
—¿Puedo? —preguntó, su voz apenas un susurro.
—Es tu conversación —respondió Aria—. Puedes decir lo que necesites decir.
Rowan sacó su contrabajo del estuche con los movimientos cuidadosos que había perfeccionado a lo largo de los meses. Se sentó en una silla a un costado, respiró hondo y tocó sus tres notas de siempre: do, la, re.
—¿Las notas que mejor te salen? —preguntó Aria.
Rowan asintió.
—Son mi forma de decir: «Hola, soy yo, estoy aquí».
—Entonces di hola .
Rowan cerró los ojos y tocó sus tres notas, pero esta vez de modo diferente. No como un ejercicio o una práctica, sino como una presentación genuina. Las notas resonaron en el espacio abierto del estudio, graves y cálidas.
Sin previo aviso, Indie se acercó al piano. No había hablado con Rowan, no habían planeado nada, pero se sentó en la banqueta y esperó. Cuando las notas del contrabajo se desvanecieron, ella respondió con la misma melodía que Aria había tocado, pero más suave, más tentativa.
Era como si estuviera diciendo: «Hola, yo también estoy aquí. ¿Quieres jugar?»
Rowan abrió los ojos y miró a su amiga. Luego, sin pensarlo demasiado, tocó una nota larga y profunda, como diciendo: «Sí, quiero jugar. ¿Qué jugamos?»
Lo que siguió no fue música en el sentido tradicional.
Era lo que Aria había prometido: una conversación.
El piano hacía preguntas que el contrabajo respondía.
A veces se interrumpían, a veces se quedaban en silencio esperando que el otro hablara.
Hubo momentos de confusión musical, lugares donde no sabían qué decir, pero siguieron intentando.
Los otros niños escuchaban en silencio absoluto, fascinados por lo que estaba sucediendo. Desde la puerta, Lucas y Cormac (que había olvidado por completo que debía volver al cine) se miraron.
Cuando las dos niñas dejaron que sus instrumentos se quedaran en silencio, el estudio estaba cargado de una energía diferente. Algo había cambiado. No solo en la música, sino en las propias niñas.
—¿Saben lo que acaban de hacer? —preguntó Aria después de unos segundos.
Indie y Rowan se miraron, sin palabras.
—Acaban de descubrir lo que significa ser músicos. De verdad.
Rowan miró su contrabajo como si lo viera por primera vez.
—¿Eso fue música de verdad?
—Fue su música —respondió Aria—. La más real que existe .
Indie se bajó de la banqueta del piano y corrió hacia Rowan, abrazándola con tanta fuerza que casi la tira de la silla.
—¡Lo hicimos! —susurró—. ¡Realmente lo hicimos!
—Y esto —dijo Aria dirigiéndose a todo el grupo—, es solo el comienzo.
Desde la puerta, Lucas sintió que algo se asentaba en su pecho. Esta había sido la decisión correcta. Sin lugar a dudas, la decisión correcta.
Cuando la clase terminó una hora y media después, Indie y Rowan salieron del estudio caminando diferente. La postura de sus hombros, cómo llevaban al elefante , hablaba de una nueva confianza.
—¿Cómo estuvo? —preguntó Fiona, que había cumplido su promesa de ir a recogerlas, mientras Rowan guardaba su contrabajo con ayuda de su madre en la parte posterior de la camioneta de Pops.
—Mamá —Rowan la miró con ojos brillantes—, creo que por fin entiendo para qué sirve el elefante .
—¿Y bien? —Quiso saber ella mientras las ayudaba a subir al auto—. ¿Volverán el jueves?
Indie se descolgó la mochila del hombro mientras se acomodaba en el asiento.
—Señora Gallagher —dijo con una gravedad deliberada, apenas contenida—, creo que mi papá acaba de cambiarme la vida.