No nacemos monstruos (288 Harmony Road 1) Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

Fiona miraba a Lucas deleitarse con su hot dog .

Por un momento le pareció un niño, o mejor dicho, un adolescente.

Aprovechó la oportunidad para detallar al sujeto sentado ante ella, comprobar cuánto tenían de su padre las niñas y sonreír apenas con timidez.

Pensó en Fernando Luna y en cuál de sus hijos había heredado la mayoría de sus rasgos.

Rory, sin dudas. Rowan se parecía más a ella cuando era pequeña.

Nomás pensar en su hijo fue como invocarlo, porque lo vio salir por la puerta del fondo, la que conducía al balcón, y caminar desenfadado hacia la caramelería.

—¿La molesto, señora? —Le dijo en tono juguetón y ella le correspondió con un gesto hermoso en el acto. Si había alguien en el mundo capaz de hacerla feliz, ese era su maravilloso muchacho.

—Sí, dígame, joven… ¿Qué se le ofrece?

—Un par de hot dogs , dos bebidas medianas, dos pequeñas y tres palomitas de maíz.

—¡Rory! —soltó abismada poniéndose de pie. Dejó a Lucas terminar en paz su comida—. ¿No te parece que es demasiado?

—No es para mí. El balcón se llenó de pronto con unas chicas muy especiales…

—¡Cierto! —Volviendo junto a Rosie, que atendía diligente a una pareja joven, Fiona se dispuso a servir todo lo que le había pedido su hijo, depositando todos los alimentos en dos bandejas.

Miró las bebidas y todo lo demás con gesto pensativo—.

Es mucho, Rory. Harás un desastre allá arriba —alzó la mirada y Lucas ya casi terminaba su hot dog —.

Te acompañaré para ayudarte con todo esto —pero antes le anunció al padre de las Harper—: Vuelvo en un momento, Lucas…

—Él volteó a verla en el acto—. Nuestras niñas tienen un poco de hambre…

Cinco minutos más tarde, Fiona estaba de vuelta en la caramelería trayendo consigo las dos bandejas vacías. Lucas, satisfecho y feliz, la esperaba mientras comía con agrado las palomitas. Ella volvió a ocupar el asiento de antes y le comentó, risueña:

—Justo a tiempo para el comienzo de la película… —Lo miró a los ojos—. Bien, señor Harper… Desde que mi madre me llamó para decirme que le urgía hablar conmigo, no he dejado de pensar en eso, así que dígame de una vez qué es eso que quiere proponerme.

—Tiene que ver con las niñas… —Se acomodó un poco en la silla, encimándose so bre la mesita—. Verá, Fiona, espero no haberme extralimitado, pero… Le confieso que Indie ha estado teniendo problemas serios con su maestra de piano.

—La temible hermana Margaret, ¿no es cierto? —Lucas cabeceó afirmativamente—. La que ella llama la monja loca .

—La misma. Yo no había tenido la oportunidad de ver el camino que estaban tomando las cosas con la educación musical de la niña sino hasta el sábado, cuando Emily me puso más al corriente de la situación y la misma Indie me habló de su proyecto con La valse d’Amélie .

—Se les metió en la cabeza que harán un dúo y el sábado estuvieron improvisando un poco en casa.

—Eso supe. Hasta ahí creí que todo estaba bien, que mi hija podía combinar perfectamente su formación musical con otras improvisaciones felices, como las que hace durante los cuentacuentos, pero el miércoles mientras estaba en Albuquerque, Emily me comentó que Indie había salido llorando de su práctica de piano y esa noche descubrí algunas notas muy inconvenientes en sus partituras —procedió a mostrárselas a Fiona, que se indignó de inmediato.

—¡Pero esta mujer…! —balbuceó—. ¡Esta mujer es una vieja bruja!

—Nunca mejor dicho —suspiró—. Supe de un taller de jazz infantil que está organizando el conservatorio de música, el mismo al que asiste Rowan y… Y ayer estuve por allá pidiendo información. Incluso pude entrevistarme con la que lo impartirá. Aria Sinclair, ¿la conoce?

—Me temo que no. Hasta ahora solo conozco a la señora Blackwood y al señor Abernathy.

—Bien. Lo que esa mujer me planteó me pareció maravilloso para nuestras pequeñas y… Fiona, discúlpeme, pero… Pero fui impulsivo e inscribí también a su hija en este taller.

La pelirroja abrió la boca despacio, quedándose verdaderamente pasmada.

—¡No lo tome a mal! ¡Sentí que era lo mejor! ¡Indie ya no volverá a tomar clases con esa monja problemática y Rowan…! ¡Hasta donde sé, Rowan ha estado teniendo dificultades con el contrabajo, así que sentí que ellas amarían hacer esto juntas…!

—Eso es indiscutible —dijo por fin como si acabara de aterrizar en su cuerpo sobre aquella silla—. Cualquier cosa que las ponga a hacer juntas, lo amarán, pero… ¿Cuándo comienza ese taller? ¿Qué día, a qué hora y…? ¡Y lo más importante, señor Harper…!

—¡Llámeme Lucas, por favor! —Sonrió—. Sentiré que me odia menos por meterla en este lío si me llama Lucas.

Fiona rio como si la risa se le hubiese quedado trabada entre los labios. Ambos se echaron a reír, aligerando las cosas.

—¿Cuánto pagó por ese taller, Lucas?

Él se aclaró un poco la garganta y respondió todas sus preguntas:

—Martes y jueves, de cinco a seis y media…

—Bien —Fiona reflexionó y eso no coincidía con ninguna otra actividad de la niña, considerando que sus clases de contrabajo eran los miércoles, viernes y sábados.

—Y con respecto al monto… De momento solo las inscribí. Solo había ocho cupos y no podía correr el riesgo de que su chica quedase por fuera.

—Pues eso habrá tenido un precio, que me dirá ahora mismo para yo devolverle el dinero .

—¿Y si lo toma como un obsequio de mi parte? —Le sonrió—. Después de todo, yo fui el que ocasionó todo esto.

—No —meneó la cabeza, inflexible—. No puedo aceptarlo. Ya usted ha tenido muchos gestos con Rowie, incluso conmigo. En esto no puedo complacerlo.

—De acuerdo —concedió y sacándose la billetera del bolsillo, tomó de ella un papel color rosa ligeramente tiznado en las esquinas—. Aquí está la ficha de inscripción de la niña y allí están todos los datos.

—Gracias —revisó con detenimiento todo mientras él la miraba expectante.

—Dígame al menos que no le ocasiono un problema grave con todo esto…

—No lo creo —le sonrió y volvió a bajar sus ojos hasta la cifra—. Sí, es una inversión extra, pero por suerte, no es descabellada.

—Tal vez me hicieron un descuento por las dos niñas —rieron.

—Y con respecto a los días y al horario… Le viene bien. Claro —alzó sus ojos grises con una expresión cómica y Lucas la miró sonriendo—. Rowie pasará cinco días en el conservatorio. Espero que le quede tiempo suficiente para estudiar.

—Estoy seguro de que así será… ¡Y no se preocupe! —Le tomó el brazo suavemente—. Nos apoyaremos en esto, ¿sabe?

—¿A qué se refiere?

—Hablo de llevar y buscar a las niñas. Yo podría hacerme cargo de…

—Llévelas usted, que yo las recogeré al salir del trabajo.

—¡Espléndido! ¿Tenemos un trato? —Le extendió la mano.

—Aún no —se puso de pie y lo dejó un poco confundido—. Déjeme ir por mi cartera y una vez le haya devuelto su dinero, tendremos un trato.

—Está bien… —Alzó los hombros—. Me parece razonable, pero antes tengo que pedirle una última cosa como parte del trato.

—¿Sí?

—Démosle la sorpresa a las niñas. De verdad, quiero ver sus caras cuando vean que comparten juntas una clase en el conservatorio.

Fiona ni siquiera podía imaginar ese momento.

II

Lucas estacionó la furgoneta en la cochera con el buen humor intacto.

Emily e Índigo venían riéndose en voz baja, comentando sus escenas favoritas de Cinema Paradiso , aún envueltas en esa magia que solo el cine podía crear.

Eran casi las nueve de la noche, pero ninguno de los tres sentía el cansancio; la película los había dejado en ese estado de euforia emocional que hace que el tiempo parezca irrelevante.

—Papá —susurró Indie mientras se bajaba de la furgoneta—, ¿de verdad viste esa película en ese cine cuando eras joven?

—Claro, pequeña. —Lucas cerró la puerta del vehículo con cuidado, tratando de no hacer ruido—. Pero ahora a dormir, que es muy tarde para hablar de mi época bohemia.

Emily bostezó y se estiró como un gato.

—¡Valió la pena! —dijo con la ilusión preciosa que te dejan las historias que rozan el alma—. Esa película fue…

Se detuvo en seco. Las tres cabezas se volvieron hacia la trastienda de la librería, donde Claire estaba de pie en el umbral de la puerta que conectaba con la cochera.

Tenía los brazos cruzados y una expresión que Lucas reconoció inmediatamente: esa mezcla de reproche, decepción y una frialdad calculada que ella usaba cuando quería que todos se sintieran culpables por haber sido felices sin ella.

La magia se desvaneció como humo.

—Hola, mamá —murmuró Emily, la primera en reaccionar. Su voz había perdido toda la alegría que tenía segundos antes.

—Hola —respondió Claire sin moverse del umbral, como un centinela guardando la entrada—. ¿Se divirtieron?

La pregunta flotó en el aire como una acusación. Indie se acercó a Lucas, tomándolo de la mano.

—La película estuvo increíble, mami —dijo con una sonrisa nerviosa—. Era sobre un niño que…

—Es muy tarde para historias, Índigo —la cortó Claire sin apartar la mirada de Lucas—. Vayan a tomar una ducha, lavarse los dientes y directo a la cama.

Emily tomó a Indie de la otra mano.

—Vamos —le susurró.

Las niñas se dirigieron hacia la puerta de la trastienda, pero Claire no se movió para dejarlas pasar fácilmente. Tuvieron que esquivarla y Lucas notó cómo Indie alzó la mirada hacia su madre con una expresión de confusión.

—Buenas noches, papá. —Emily le lanzó una mirada de advertencia antes de desaparecer por las escaleras que conducían al segundo piso.

—Buenas noches, princesas —respondió Lucas, pero su voz ya había perdido la calidez.

Claire esperó hasta que el sonido de los pasos se desvaneció en el piso superior. Luego entró en la cochera y cerró la puerta tras de sí con un golpe seco que resonó en el espacio cerrado.

—¿Se divirtieron? —repitió, pero esta vez sin ningún intento de cortesía.

—Las niñas necesitaban eso, Claire. Ha sido una semana difícil para Indie y...

—¿Una semana difícil? —Su risa fue corta y sin humor—. ¿Y tu solución es mantenerlas despiertas hasta las nueve de la noche en ese cine destartalado?