Capítulo 9 #7
—¿Sabe qué? Tiene razón en algo: Indie sí es desafiante. Cuestiona, explora, busca maneras nuevas de expresarse y durante meses he pensado que eso era un problema que necesitaba ser solucionado. Pero me he dado cuenta de algo: no es un problema. Es un regalo.
—Señor Harper…
—Un regalo que usted ha estado tratando de empacar en una caja demasiado pequeña.
La hermana Margaret se irguió, su postura volviéndose aún más rígida.
—Si no está satisfecho con la formación que recibe Indie aquí, es libre de buscar instrucción en otro lugar.
—Tiene razón. —Lucas recogió la nota del piano y se la guardó en el bolsillo—. Por eso Indie no volverá la próxima semana.
—¿Perdón?
—Mi hija no será más su alumna, hermana Margaret. He encontrado un lugar donde su creatividad es vista como un activo, no como un defecto que necesita ser corregido.
Por primera vez en la conversación, la monja pareció sorprendida.
—Señor Harper, si retira a Indie de este programa, estará saboteando su futuro musical. No hay muchos profesores en esta ciudad con mi nivel de experiencia y credenciales .
—Tiene razón. No hay muchos profesores con su nivel de experiencia, pero resulta que no estoy buscando experiencia. Estoy buscando sabiduría y hay una diferencia enorme entre las dos.
La monja apretó la mandíbula. Lucas se dirigió hacia la puerta, pero se detuvo con la mano en la manija.
—Una cosa más, hermana Margaret. La próxima vez que tenga comentarios sobre el trabajo de un estudiante, le sugiero que hable directamente con los padres en lugar de dejar notas pasivo-agresivas escondidas entre las partituras. Es más profesional.
—Señor Harper, está cometiendo un error…
—Sí —Lucas abrió la puerta—. Mi error fue permitir que esto continuara tanto tiempo.
Salió del aula sin mirar atrás, pero pudo sentir los ojos de la hermana Margaret siguiéndolo hasta que desapareció por el corredor.
En la furgoneta, Indie estaba sentada en el asiento amplio del pasajero junto a Emily, las manos dobladas en su regazo, mirando por la ventana hacia el jardín del convento. La pequeña lloraba y la adolescente la consolaba, acariciando su cabecita.
—¿Qué está pasando, Emily? ¿Qué está pasando?
—Alzó la mirada y vio el rostro de la chica a su lado lo mejor que pudo a través de sus lágrimas—.
Yo no hice nada, te lo juro. La semana pasada tenía Andaluza [48] dominada…
He hecho todos los ejercicios como me los pide la hermana Margaret, como me los pide mamá, pero…
Pero… El miércoles la monja volvió al salón de música de pronto y me encontró ensayando la canción de Amélie —Emily lo sabía de sobra, le había dado una reprimenda tal, que la niña salió llorando del colegio y apenas pudo contenerse antes de llegar a la librería, para que Claire no lo notara.
Vio a Lucas salir del colegio, despedirse con amabilidad del portero y escondió su rostro en el pecho de su hermana.
El padre subió a la furgoneta con una sonrisa de satisfacción y una vez allí, pidiéndole a su hija mayor las llaves del vehículo, reparó en la forma en la que la niña se agazapaba y miró a los ojos a Emily, que solo se limitó a alzarle los hombros con suavidad.
—¡Hey! —dijo tomando su hombro con suavidad—. ¿Estás bien?
—¿Papá? —Sacó un poco la cara de donde la tenía. Emily miraba todo nerviosa.
—¿Sí, mi amor?
—¿Estoy en problemas?
Lucas se volvió mejor para mirarla. Su hija tenía esa expresión que había comenzado a reconocer demasiado bien: la de alguien que se preparaba para ser castigada por algo que no entendía.
—No, Indie. No estás en problemas. Para nada.
—¿Entonces por qué viniste a hablar con la hermana Margaret?
Lucas arrancó el auto y comenzó a conducir hacia la salida de esa calle ciega.
—Porque quería asegurarme de que entendiera algo muy importante.
—¿Qué cosa?
—Que eres extraordinaria exactamente como eres —las niñas abrieron un poco la boca, abismadas— y que cualquier lugar donde tengas que esconder esa extraordinariedad para encajar no es el lugar correcto para ti.
Indie no respondió, pero Lucas vio en el espejo retrovisor que había girado la cabeza para mirarlo.
—¿Ya no voy a tomar clases con la hermana Margaret?
—No más, mi amor.
No lo podía creer. Se quedó pasmada.
—¿Y mamá está de acuerdo?
Lucas respiró profundo. Esa era la pregunta que había estado evitando desde que salió de la oficina de Claire la noche anterior.
—Tu mamá y yo tenemos ideas diferentes sobre lo que es mejor para ti, pero en esto, yo tomo la decisión.
Indie asintió, como si estuviera procesando información muy compleja.
—¿Papá?
—¿Sí?
—¿Puedo tocar La valse d’Amélie en casa ahora?
Lucas sintió que algo se aflojaba en su pecho, algo que había estado tenso durante meses sin que se diera cuenta.
—Puedes tocar La valse d’Amélie donde quieras, cuando quieras, Indie. Es tu música ahora.
Escuchó a su hija reírse. Reírse mientras lloraba. Una risa pequeña, casi tímida, pero genuina. Emily la abrazó más fuerte y besó su cabeza una y otra vez. Lucas sintió que había hecho algo correcto.