No nacemos monstruos (288 Harmony Road 1) Capítulo 8 #8
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Capítulo 8 #8

—Pero la has estado vaciando durante el año.

—¡Te juro que no, papá! Es solo por esta vez.

—Bien… Ya sé que debes dinero, a quién y por qué. —Indie la miró abismada y Lucas le guiñó el ojo con una picardía suprema—. Emily me puso al corriente.

—¡Emily!

—Pero… —Le tomó la rodilla con afecto y ella lo miró a los ojos en el acto—.

Está todo bien, será nuestro secreto —le pasó de nuevo la alcancía y con un gesto de su cabeza señaló el dinero sobre la cama—.

Devuelve ese dinero a la señora PiggyPop , te prometo que yo me entenderé con Rory la próxima semana.

—Gracias, papá. —Avergonzada, devolvió cada centavo, además del billete, a su alcancía. Pensó algunos minutos mientras aquel hombre la observaba, reparando en el golpe en su frente—. Hablando de secretos… —Lucas la miró con atención—. ¿Te puedo contar uno?

—¡Todos! —aseguró con una sonrisa espléndida—. Ya sabes que los secretos son mi especialidad.

—Tengo meses montando La valse d’Amélie. —Lucas no lo podía creer.

—¿Hablas en serio, Indie? ¿Por qué no nos lo habías contado?

—Porque mamá solo quiere que toque lo que la hermana Margaret me ordena — el sujeto la miró muy serio—. Solo me permite improvisar en los cuentacuentos o cuando entretengo a los niños en la tarde, pero… Fuera de eso… ¡El piano no se toca si no es para practicar lo que la monja loca me ordena!

—Hay que mejorar eso cuanto antes —dijo más para sí mismo, con una expresión insondable.

—Ya tengo la melodía casi dominada —le aseguró—. Por eso Emily y yo hemos llegado algunas veces tarde, porque me quedo un poco más en el colegio usando el piano del salón de música para practicar.

—Me parece grandioso y quiero escucharla cuanto antes…

—No puedes.

Lucas se sorprendió.

—¿Ah, no?

—No.

—¿Por qué? —Le sonrió—. ¿Y si te lo pido como tu más ferviente admirador?

Se puso de pie de un salto, tomó una hoja en blanco que estaba sobre el escritorio donde la niña hacía sus tareas, un creyón de cera de cualquier color e, histriónico como nunca gracias a sus habilidades natas de narrador de cuentos, se encimó sobre ella fingiendo suplicar por un autógrafo.

Indie se partió de risa, le siguió el juego firmando la hoja con graciosa arrogancia y rechazándolo con sofisticada frialdad.

—Porque no, porque es un secreto.

—Háblame de ese secreto —le pidió de rodillas sobre el suelo a causa de su dramatización.

—Quiero hacer un dúo con Rowan…

—Ajá. —La idea le encantó en el acto.

—Pero para hacer un dúo, hay que ensayar.

—Muy cierto.

—Quiero que juntas toquemos esa melodía porque a finales de marzo Rowie cumple un año desde que empezó a tocar el contrabajo y también es el aniversario de nuestra amistad.

—Qué lindo, Indie —admitió enternecido.

—Pero mamá no me dejará hacer algo así ni que le prometa tocar las sinfonías de Beethoven para Navidad —Lucas rio con suavidad—. Mamá odia que vayamos al teatro. A veces creo que odia a Rowan, todo lo que tenga que ver con los Gallagher…

—No pienses eso —dijo excusando la injustificada actitud de Claire.

—Así que… Le prometí a Rowan que buscaría un plan para ensayar algunos días, pero… Pero…

—¿Esto es importante para ti?

—¡Mucho!

—Bien, hagamos un trato —se miraron a los ojos—. Yo te secundaré en esto, pero a cambio tendrás que hacer varias cosas por mí… ¡O por ambos!

—¡Lo que quieras, papá!

—Primero: me dejarás escuchar esa versión tuya de La valse d’Amélie . Tómalo como un preestreno o como un ensayo general.

—¡Está bien! —Se alzó de hombros despreocupada.

—Segundo: no descuidarás tus estudios…

—¡Jamás! —Fue solemne e hizo reír al padre.

—Bien, tenemos un trato y un secreto tú y yo .

Estrecharon las manos en el preciso momento en el que Claire, con un inconfundible gesto de irritable confusión, llegó a la puerta de la habitación un poco desorientada.

—¡Ah! —musitó con reproche—. Así que aquí estás… Me dejaste sola allá abajo y tuve que hacerme cargo de todo… Cerré la tienda por algunos minutos para…

—Yo también me hice cargo de todo aquí arriba —le aclaró con serenidad, interrumpiéndola—. El almuerzo ya está en el horno y me encargué de recibir a las niñas luego de que estuvieran en la casa de los Gallagher.

Claire miró a la señora PiggyPop sobre la cama y frunció el ceño.

—¿Qué hace ahí tu alcancía, Indie? —Miró a la niña con severidad—. ¡No la habrás estado vaciando! ¿Verdad?

—No —dijeron padre e hija al unísono y él continuó—: No, Claire.

Estábamos pesando a la señora PiggyPop para hacernos una idea de cuán generosa será este año para Navidad.

Ahora… —Se puso de pie y comenzó a avanzar hacia la puerta—.

Considerando que aún le faltan unos veinte minutos al pollo y que puedo pedirle a Emily que le eche un vistazo, volvamos a la tienda.

Te echaré una mano mientras llega la hora de comer.

Índigo miró a sus padres bajar por la escalera de caracol. En el último segundo, Lucas le guiñó el ojo con picardía y ella supo que tenía un secreto compartido con su padre. ¡Por primera vez estaban compartiendo una travesura!