No nacemos monstruos (288 Harmony Road 1) Capítulo 8 #6
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Capítulo 8 #6

—Solo si traes la ropa indicada —aseguró con una sonrisa.

—¡Dalo por hecho! —Lo miró complacida.

—Aunque no sé cómo harás para que tu madre te deje ausentarte de casa cada sábado —dijo en tono suave, pensativo.

—¿Solo limpias el teatro los sábados ?

—Los sábados y los domingos hago la limpieza profunda. El resto de los días es solo trapear un poco el suelo, sacudir aquí o allá… —Alzó los hombros con un gesto desenfadado—. Ya sabes… No es que nos visite mucha gente tampoco.

Finalmente Indie apareció, seguida de Rowan. Emily notó en el acto que llevaba en sus manos la fotografía que le había regalado Pops, como si se tratase de una reliquia.

—¡Aquí estás! —fingió la hermana, como si ella no estuviera cruzando los dedos para que la niña se tardara un poco más de lo debido. Solo así se podía fascinar en los ojos castaños de Rory, en su nariz puntiaguda, en sus centenares de pecas rojizas.

—¡Emily! —Le bastó verle la cara para saber que ya traía una de las suyas en mente. La nena le hizo señas para que se inclinara un poco y, una vez la hermana mayor la obedeció, se dispuso a hablarle al oído a los susurros—: ¿Tienes algo de dinero?

La chica miró confundida a la pequeña y reparó un par de segundos en el rostro de los hermanos Gallagher que las miraban con curiosidad.

—¿Para qué? —susurró, pero ya todos estaban al tanto de lo que esas dos cuchicheaban.

Índigo bajó los ojos y miró la foto con preocupación.

Emily intuyó que tal vez quería un marco para proteger el preciado regalo de Pops—.

¡Ah, claro! —Frunció los labios con desazón—.

Lo siento, Indie, pero no creo tener dinero suficiente como para eso…

—Yo sí —les aseguró Rory con una sonrisa— y sé exactamente dónde podemos encontrar un marco bueno, bonito y barato para esa foto que llevas allí. En la tienda de la señora Morrison hay muchas opciones. Pops siempre los compra ahí. ¿Qué dicen? ¿Las llevo en mi camioneta de camino a la librería?

Jamás las hermanas Harper se negarían a esa proposición. En menos de cinco minutos estaban ya en el lugar deseado y los dos adolescentes, seguidos de las niñas, entraron a la hermosa tienda de regalos.

—No vayan a romper nada —advirtió Emily a las pequeñas al ver cuántos objetos de cristal estaban allí. Lo menos que quería era meterse en problemas.

Mientras las nenas se acercaban a la vitrina donde la dueña de la tienda exponía los marcos para fotos, Rory y Emily se quedaron un poco rezagados sin perder de vista a sus hermanitas.

Rowan parecía aconsejar a Índigo acerca de cuál de todos esos podía ser el indicado y por qué, en el preciso momento en el que el celular de la chica de 16 sonó y vio que tenía un mensaje de su madre: «¿Dónde están?

¡Les dije que las quería aquí de inmediato!

La comida se enfría, así que no me hagan ir por ustedes porque no les gustará».

—Oh, mierda… —musitó nerviosa y el chico lo notó en el acto.

—¿Pasa algo?

—Mamá, está molesta. Creo que aún sigue enojada con nosotras.

Rory miró a las niñas. Parecían, como era usual en ellas, en su propio mundo. Por suerte, la señora Morrison se acercó a ayudar y, posiblemente, a agilizar las cosas. Índigo puso ante sus ojos su preciada foto, ella la felicitó por tan singular imagen y le aseguró que tenía el marco perfecto.

—¿Por qué está enojada con ustedes? —Miró a Emily de soslayo. Sus ojos estaban clavados en la pantalla del celular, pensando si responder o no.

—Creo que no le gusta que pasemos tanto tiempo en el teatro.

El chico suspiró con desazón. No sería la primera persona de Willowbrook en juzgar mal a la familia Gallagher, eso lo sabía de sobra.

¿Acaso no le habían dicho ya alguna que otra cosa en la calle o en la tienda del señor Whiterspoon?

Con una delicadeza suprema puso su palma sobre la pantalla del celular de Emily y susurró:

—No respondas —le señaló con un gesto de su rostro que ya Índigo se encaminaba a la caja registradora—. En menos de dos minutos estarán en la librería como si nada, lo prometo —avanzó para reunirse con las niñas al instante.

La pequeña Harper vio cómo Rory sacaba la billetera de su bolsillo posterior y pagaba a la señora Morrison el importe de trece dólares por el marco que llevaría a casa para poner en él su preciada foto.

—Te devolveré el dinero —musitó Indie un poco avergonzada—. Lo prometo.

—No es necesario, chiquilla —le guiñó el ojo—. Basta con que cuides bien de esa postal, ¿no es verdad?

Salieron de allí agradeciendo a la señora Morrison sus atenciones y, efectivamente, dos minutos más tarde, la bicicleta de Emily pasaba por la puerta de cristal de la librería como si nada.

Para suerte de las chicas, la madre estaba ocupada con un par de clientes y se limitaron a colarse ante el mostrador, saludar y desaparecer al fondo de la tienda sin más.

Ninguna de las Harper estaba de ánimos como para conversar con Claire.

Una vez arriba, escucharon ruidos en la cocina y supieron que el que se encargaba del almuerzo ese sábado era su padre.

Emily sintió un poco de desazón al notar que la comida ni siquiera estaba lista y que su madre, deliberadamente, le había mentido con el único propósito de presionarlas.

Índigo, por su parte, sí que se emocionó al ver que Lucas preparaba su especialidad: pollo al horno con miel, mostaza y papas rústicas.

—¡Mi comida favorita! —gritó mientras él lo llevaba al horno.

—Así es —alzó sus ojos y vio la expresión de sus hijas. Índigo parecía estar tan feliz como siempre, no así Emily. Suspiró pensativo.

—¡Mira! —Índigo alzó ante los ojos atónitos de su padre su nuevo bien preciado: la foto de Amélie .

—¡Vaya! —Tomó con cuidado el marco con la postal para detallarla—. Es una imagen preciosa.

—¡Es una película!

—Sí, claro… El fabuloso destino de Amélie Poulain —alzó los ojos soñador, sonriendo.

—El señor Gallagher la puso en su cine hace años.

—Seguro. En la misma época en la que la vi por primera vez.

Emily e Índigo abrieron la boca al mismo tiempo, abismadas.

—¡Papá! —dijo la adolescente incrédula—. ¿Viste esa película en el cine del señor Gallagher?

—¿Y en qué otro? —Se alzó de hombros con una sonrisa radiante—. El único cine en Willowbrook donde puedes ver cosas que valgan la pena es ese —le echó un vistazo al pollo y revisó la temperatura del horno—. Recuerdo que Emily tenía unos diez años en ese momento…

—¿Por qué no nos dijiste que habías ido al cine viejo, papá? —Emily lo miró con el ceño fruncido.

—No habíamos tenido la oportunidad de hablar de eso —explicó despreocupado—, pero sí.

En mi juventud fui mucho por ese lugar. Era el típico chico bohemio y desgarbado, con perfil de intelectual, que iba a un lugar como ese a conectar con ideas formidables.

Amélie , por ejemplo, me enseñó a ver el arte y la manera de contar historias de otra forma.

No conocía a los Gallagher hasta ahora, eso sí se los puedo asegurar —reparó de nuevo en Indie—. Y bien… ¿Qué harás con tu nuevo tesoro?

—¡Lo pondré sobre el piano y cada vez que vea la foto pensaré que su música es arte!

Lucas arqueó las cejas con sorpresa y tanto él como su hija mayor vieron a la pequeña salir como en trance de la cocina, sin bajar sus ojos de la imagen.

El padre aprovechó que se habían quedado a solas y retuvo a Emily un instante más, deteniéndola en el preciso momento en el que la chica estaba por retirarse a su habitación.

—¡Hey! —La chica puso sus ojos en él enseguida—. ¿Estás bien?

—Es raro… —Suspiró desconsolada.

—¿Quieres hablar conmigo?

—Estoy enojada, es todo —admitió, esperando que Claire no apareciera de un momento a otro—. Se supone que teníamos permiso para estar un rato más en el cine, pero mamá llamó de pronto para ordenarme que volviéramos. Después, cuando estábamos de camino a la librería, escribió en un tono…

—¿Cómo? —indagó el padre.

—Con amenazas. Dijo algo de que la comida se enfriaba y que si tenía que ir por nosotras, lo íbamos a pasar mal o algo así…

—Giró la cabeza para asegurarse de que ambos estaban solos, se acercó un poco más a Lucas y fue honestísima con él—: Nos distrajimos un poco de camino acá porque Indie se empeñó en comprar un marco para su foto —ella susurraba, mientras él la miraba con atención.

Su expresión era dulce y estudiaba cada gesto del rostro de su hija—.

No te mentiré, papá… El hermano de la amiguita de Indie…

—Rory —añadió en el acto con una sonrisa suave—. Rory Luna, el chico pelirrojo que nos ayuda a repartir las galletas en los cuentacuentos y que trabaja a veces con el señor Whiterspoon.

—Sí, él. Él se ofreció a traernos. Bueno… —corrigió, un poco nerviosa y Lucas la miraba con expresión afable—. Primero se ofreció a llevarnos a la tienda de la señora Morrison, le obsequió el marco para la foto a Indie y después nos trajo a la casa.

—Bien —susurró complacido.

—Pero… Pero me molestó un poco que mamá mintiera con el almuerzo y todo eso…

—Alzó la mirada y sus ojos se humedecieron.

Lucas frunció los labios apenas, preocupado—.

¡No estábamos haciendo nada malo, papá, lo juro!

Sé que los Gallagher no son mis abuelos, pero…

—Sollozó un poco e intentó componerse—, aun así son todos tan gentiles con nosotras…

Nos invitaron a tomar el té, Indie tocó el piano como nunca y…

—Lucas entrecerró los ojos con suavidad—, y el señor Gallagher le dijo cosas muy interesantes de las fotos de esas películas, de la música de esa fulana Amélie , del arte…

¡De romper normas para hacer cosas nuevas!

—Emily miró a los ojos de su padre, aunque apenas si podía distinguir su rostro por las lágrimas—.

¿Eso está bien, papá? Porque te lo juro que sonó asombroso, pero…

¿Está bien romper normas para crear cosas diferentes?