No nacemos monstruos (288 Harmony Road 1) Capítulo 8 #5
22%

Capítulo 8 #5

—¡Vaya! —dijo Fiona por encima de la música, las palmas y las risas, con un gesto hermoso—. Parece que estamos de fiesta por acá.

—¡Rowan! —Indie gritó emocionada al girar la cabeza y notar que su mejor amiga había llegado. Se levantó del piano de un salto y corrió hacia ella—. ¡Rowan, tengo una idea loca!

Todos miraron a la pequeña con una sonrisa. Ya sabían de sobra que cuando Indie Harper tenía una idea loca , algo mágico estaba por suceder.

No postergaron más la merienda y acompañaron los panecillos de Moira con miel de trébol, mermelada, mantequilla o corned beef , como de hecho los prefería Pops, especialmente si la que lo había preparado era su esposa.

Las Harper se sintieron acogidas por esa familia calurosa, especialmente Emily, que sentada junto a Rory y sintiendo la pierna de él rozar apenas la suya, se felicitó mil veces por su resolución de quedarse a acompañar a la pequeña.

Con el final de la comida llegaron las responsabilidades.

Cormac debía prepararlo todo para las funciones de esa tarde, Moira y Fiona estaban dispuestas a levantar la mesa y asear todo y el chico de diecisiete años…

—Debo hacerme cargo del teatro —anunció desperezándose.

—¿Sí? —Emily lo miró con curiosidad mientras los adultos se ponían de pie y comentaban entre ellos cosas casuales.

—Sí —la miró sonriéndole—. Debo hacer el aseo.

—¿Qué? —Casi se desmaya y él rio—. ¿Tú solo te encargas de limpiar todo eso?

—Me temo que sí —miró de soslayo a su abuelo, que se alejaba con su caja debajo del brazo—. Necesito un aumento de sueldo…

—Holgazán —masculló Pops en broma, haciendo que Rory soltara una increíble carcajada—.

A tu edad hacía el doble y no recibía ni un penique —enfatizó—: ¡Ni uno!

Mis abuelos y mis padres me hacían tragar el discurso de que se trataba del negocio de la familia, de que algún día todo sería mío y… ¡Ya ves!

—Pops, pasarán al menos cuarenta años para que heredemos el cine y lo sabes…

—¡Pues ponte a trabajar desde ya, jovencito! ¡Y no te quejes más! —Desapareció, risueño, dejando una estela de humo a su paso proveniente de su pipa.

—¿Quieres que te ayude? —Emily se puso a la orden de inmediato y Rory la miró, esta vez muy serio.

—No. ¿Cómo se te ocurre? —Rio—. No, no, nada de eso. No pondré a una de nuestras invitadas a limpiar —se puso de pie.

—¿Al menos puedo acompañarte? —Lo miró con un dejo de esperanza.

—¡Claro! —Le extendió la mano para ayudarla a ponerse de pie—. Me encantaría, de hecho.

Ambos adolescentes le anunciaron a Fiona que bajarían al teatro y desaparecieron por la puerta de la buhardilla mientras Rowan e Indie le daban las últimas probadas a su merienda. Habían permanecido más bien en silencio, pero eso no sería así por demasiado tiempo:

—¿Sabes de qué me di cuenta? —dijo Indie de pronto, girándose para mirar a su amiga—. En algunos meses será tu primer año con el contrabajo.

Rowan parpadeó, sorprendida.

—¿Mi primer…? —Hizo cuentas mentalmente—. ¡Es verdad! No me había dado cuenta.

—Es como un aniversario —Indie sonrió, los ojos brillándole con una idea recién nacida—. Deberíamos celebrarlo de alguna manera especial… ¿No crees?

—¿Especial cómo? —Rowan ladeó la cabeza, pero algo en el tono de Indie le hizo sospechar.

En lugar de responder, la niña a su lado se puso de pie, sacudió sus manos llenas de migas sobre el plato, se limpió la boca con una servilleta limpia y giró hacia el piano, donde tocó una melodía simple, deliberadamente incompleta. Era hermosa, pero le faltaba algo.

—¿Sabes qué me dijo una vez mi papá? —Sus dedos seguían moviéndose sobre las teclas—. Que la música clásica es como una conversación elegante —tocó unas notas agudas, cristalinas—. El piano dice hola … —Las notas subieron, como una pregunta musical—. ¿Y sabes qué voz necesita para responder?

Rowan sintió un vuelco en el estómago. Ya sabía hacia dónde iba todo eso.

—Indie…

—Una voz grave, cálida. Una voz que venga desde abajo y abrace todo lo que dice el piano… ¡Como un elefante !

—¡Indie, no! —Rowan se puso de pie de un salto—. ¿Estás loca? ¡Apenas puedo tocar escalas sin sonar como un gato herido!

Pero Indie no se inmutó. Sus manos siguieron en el teclado, creando esa melodía incompleta que parecía suspirar esperando una respuesta.

—Además —continuó Rowan flexionando uno de sus brazos sobre su pecho y jugando con las costuras de la manga contraria de su suéter, como si se sintiera de un momento a otro desamparada—, tú tocas como…

como si fueras mayor. Como si hubieras nacido para eso.

Yo solo soy una niña que arrastra un instrumento gigante por ese conservatorio viejo.

—¿Sabes lo que es realmente loco? —Indie se levantó del piano y caminó hacia ella—. Que pienses que importa cómo sonamos por separado —se detuvo frente a Rowan, firme—. No se trata de sonar correcta, Rowie. Se trata de sonar como tú —se encogió de hombros—. Yo solo quiero escucharte a ti.

—¡Ya lo sabes! ¡Me ayudas a estudiar todo el tiempo!

—No, no —cabeceó y su cabello negro abanicó a un lado y al otro sobre sus hombros—. Esa no eres tú .

—¿Ah no? —Comenzó a enfadarse—. ¿Y quién es? ¿La niña vampiro del teatro?

—¡La niña vampiro del teatro no tendría miedo porque tocaría como le dé la gana!

Esa última frase hizo reflexionar a Rowan por algunos segundos.

—Pero… ¿Y si lo arruino? —La voz de la nena se hizo pequeña—. ¿Y si sueno horrible y ya no quieres tocar conmigo nunca más?

Indie regresó al piano y tocó la misma melodía, pero esta vez se detuvo en la mitad, dejando las notas colgando en el aire como una pregunta sin respuesta.

—¿Oyes eso? —preguntó en el silencio que siguió—. Está incompleto. No es que esté mal, es que le falta su otra mitad.

Rowan, sin darse cuenta, había empezado a marcar el ritmo con el pie. Indie lo notó y sonrió.

—Además, no es para nadie más. Es solo para nosotras. Para celebrar que conociste a tu elefante y que yo conocí a mi mejor amiga.

Hubo un momento de silencio. Rowan miraba hacia la puerta entreabierta de su habitación, donde el estuche del contrabajo descansaba contra la pared como un centinela familiar.

—¿De verdad crees que podríamos hacer algo bonito? —preguntó, con una voz que era mitad esperanza, mitad terror.

—No bonito —Indie extendió sus manos hacia ella en un gesto teatral—. Nuestro . Algo que sea tuyo y mío.

Rowan miró esas manos extendidas por un largo momento. Luego, las tomó.

—Está bien —susurró—. Pero ensayamos en secreto. Hasta que estemos listas.

—¿Aquí? ¿Después de mis clases?

—¿Después de tus clases? —Palideció—. Índigo, tu mamá se enojará.

—No si me invento una buena excusa. —Tocó en un santiamén la Sonatina Nro.1 de Clementi, que ya parecía cosa del pasado. La tenía dominada. Fiona y Moira, en la cocina, asomaron un poco la cabeza, abismadas por el talento de la chiquilla.

—¿Qué excusa, Indie? —En el fondo de su corazón, no quería meter en problemas a su amiga.

—Una —dijo evasiva sin dejar de tocar—. Entonces… ¿Aquí? ¿Después de mis clases?

—Aquí —suspiró mortificada—. Después de tus clases.

—¿Y lo presentamos en tu aniversario?

Rowan asintió, todavía asustada, pero ya decidida.

—En mi aniversario. Sí.

Indie no pudo contenerse más. Ante los ojos verdes abismados de su amiga, corrió hacia la habitación de Rowan y regresó arrastrando el estuche del contrabajo .

—Solo para ver cómo suena —dijo, jadeando un poco por el peso—. Una vez. Ahora.

Rowan rio a pesar de sus nervios.

—Está bien, pero si mis abuelos llaman a la policía por molestar, fue tu idea.

Mientras Rowan sacaba su contrabajo del estuche, Indie regresó al piano.

La pequeña Gallagher fue por una de las sillas del comedor, la colocó en la posición deseada e Indie vio un poco boquiabierta cómo sacó de su bolsillo su cinta púrpura de raso, la misma que le había dado meses atrás durante su primera práctica juntas.

Se ató el cabello con agilidad, asumió la posición y miró a los ojos de su compañera.

La primera vez que intentaron tocar juntas esa mañana fue torpe, descoordinado, lleno de pausas y risitas nerviosas.

Pero cuando encontraron ese primer momento donde sus instrumentos se abrazaron, el piano haciendo una pregunta que el contrabajo respondió con gravedad cálida, ambas sintieron que algo mágico acababa de nacer.

Emily las encontró así media hora después, cuando subió a buscar a Indie para regresar a casa. Las dos niñas estaban sentadas en el suelo junto a sus instrumentos, planeando en susurros su gran secreto musical.

—¿Todo bien aquí arriba? —preguntó la hermana mayor.

—Todo perfecto —respondió Indie, intercambiando una mirada cómplice con Rowan—. Solo estamos practicando.

—Mamá llamó —explicó con gesto de desánimo—. Dice que debemos volver en el acto para el almuerzo y para encargarnos de nuestros deberes —a Indie no le hizo nada de gracia la idea. Ya se imaginaba estudiando matemáticas o historia por lo que restaba de día—. Además, es tarde de cuentacuentos.

—¡Es cierto! —Miró de inmediato a su amiga. Había una esperanza después de todo—. ¿Irás?

—Puedo pedirle a mamá que me lleve, como siempre…

—¡Genial!

Emily sonrió al ver a esas dos a pesar de su desilusión.

—Bien, pequeña —puntualizó Emily con voz suave—, tenemos que irnos.

—Cinco minutos más —pidió Indie.

—Cinco minutos más —repitió Rowan.

Emily las miró con detenimiento por algunos segundos. Cinco minutos más para ellas serían cinco minutos más para sí misma. Al menos podría despedirse de Rory, que se había quedado con su ruidosa aspiradora aseando cada una de las butacas de la sala de cine.

—Bien. Nos vemos en la entrada del teatro. No tardes —se retiró, dejándolas a solas con su secreto recién nacido y la promesa de algo hermoso por venir.

Conversaba con Rory en el vestíbulo mientras él tenía su brazo recostado del palo de la mopa con la que trapearía el piso hasta dejarlo impecable una vez las chicas Harper se fueran.

—¿Me dejarás ayudarte la próxima vez? —insistió Emily con una sonrisa mientras esperaba a su hermanita, que ya se había tomado diez minutos en lugar de cinco.