No nacemos monstruos (288 Harmony Road 1) Capítulo 8 #2
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Capítulo 8 #2

—Quizás —dijo haciendo memoria. De un tiempo para acá, y con el pretexto de acompañar a la hermana la mayoría de las veces o de toparse por azar con el chico Gallagher, se había hecho muy asidua a las funciones del cine.

Tal vez por eso le sonaba conocida—. ¿Por qué la estás montando en secreto? —Indie la miró con una mueca cómica.

—Ya sabes cómo es mamá —suspiró desanimada mientras la hermana miraba con atención su perfil. Bajaban las escaleras y sus pasos se escuchaban por los pasillos del colegio desierto—. Es perfecta cuando se trata de quitarnos la diversión.

—No lo digas así —intentó ser conciliadora, aunque en el fondo de su corazón entendía las tribulaciones de Indie.

¿Acaso a ella no le habían prohibido acercarse a los chicos luego del incidente con Dorian Cole?

Pensó en Rory Luna con desazón. ¿Seguiría allí entregando las flores?

—. Solo lo hace por tu bien… Por el bien de las dos, Indie.

—¿Por mi bien? —masculló incrédula y permaneció en silencio.

Emily vio cómo deslizaba la punta de sus dedos por el pasamanos de bronce de esa escalera, dejando sobre esa superficie pulimentada una sombra de sus huellas.

La niña suspiró—. A veces creo que a mamá solo le importa que yo repita todo como un loro y…

—Vio a su hermana de soslayo—. No sé si lo notan o no, pero yo no tengo plumas…

—Indie… —La chica esbozó una sonrisa, conmovida.

—Ustedes no lo entienden, Emily, pero yo siento la música distinto. Es más que un montón de ejercicios mecánicos y estúpidos sobre una hoja de cuaderno con garabatos de la hermana Margaret que se parecen a sus gritos.

—¿Por eso te escondes para ensayar?

—¡Claro! —Casi lo gritó, pero ya estaban atravesando el patio que conducía a la capilla e hicieron silencio por respeto y comedimiento—.

¡Y no me escondo, tonta! —susurró con cautela—.

Esconderse de la hermana Margaret es imposible.

Desde hace un tiempo me deja quedarme algunos minutos más después de la clase, para que practique un poco, ya sabes…

Sin embargo, Emily no parecía escucharla.

Reparó de inmediato en la fachada de la capilla y vio que ya Rory no estaba allí, tampoco la hermana Grace.

La puerta del templo estaba cerrada y la chica de dieciséis años suspiró con desánimo.

Como si no hubiese tenido suficiente ya por esa tarde, de nuevo había desperdiciado una oportunidad para intercambiar al menos un par de palabras con el pelirrojo.

Aceleró un poco el paso, sorprendiendo a Indie, que, sin embargo, la siguió.

Se despidieron por ese día del portero del colegio al pasar frente a su caseta.

Quizás eran, oficialmente, las dos últimas alumnas que faltaban por irse aquella tarde.

Al salir a la calle, los ojos de Emily se iluminaron al ver, muchos metros más allá, cerca de la esquina siguiente, la camioneta vieja de Rory.

Ambas hermanas contemplaron el hallazgo con una sonrisa bonita en los labios y como si lo hubiesen acordado, apuraron el paso.

No tardaron en ver al hermano de Rowan con el capó de su Econoline levantado, husmeando en el motor.

—¡Rory! —Al principio la expresión de la hermana mayor fue de júbilo, pero al notar que quizás había problemas con el vehículo, se preocupó—. ¿Todo bien?

Ambas echaron la mirada a la cajuela del motor. Lo que sea que estuviese mal allí, no lo notarían a simple vista ni aunque lo quisieran.

—¡Todo bien, claro que sí! —musitó él con una expresión de absoluta picardía—. ¡Solo estoy fingiendo para despistar al portero! —Miró a las hermanas Harper y ellas estaban a punto de soltar la carcajada—. ¡Pronto! ¡Suban a la van! ¡Las llevo a casa!

Emily dirigió la mirada hacia la puerta del colegio, angustiada, pero Indie fue más sagaz:

—¡Ahora! —Con la puerta del copiloto ya abierta, prácticamente empujó a la hermana dentro, permitiéndole además sentarse junto al chico Gallagher mientras ella ocupaba la ventanilla.

Se pusieron en marcha en segundos y se esfumaron sin despertar sospechas.

—Y bien… —prosiguió Rory con una de sus habituales sonrisas, esas que parecían una ola que rompe sin previo aviso—. ¿Cómo te fue en la clase de música, Indie?

—¡De maravilla! —lanzó, de mejor humor, haciendo reír al que conducía—. ¿Sabes que en unos meses Rowie cumple un año desde que comenzó a tocar el contrabajo?

—¿Tan pronto? —dijeron los dos adolescentes al mismo tiempo.

—¡Sí! —Sonrió satisfecha—. Estoy preparando una sorpresa para ella…

—¿No me digas? —Emily la miró de arriba abajo, sin obviar por eso el codo de Rory al volante, rozando con su brazo—. ¿Para eso es la canción que estás preparando?

—¡Ajá! —Miraba al frente con una expresión radiante—. Quiero tenerla dominada para proponerle que la montemos a dúo.

—¡Mierda! —Emily no se inhibió con esa palabrota que hizo reír a los que la acompañaban—. ¿Y crees que Rowan pueda con eso? ¡Indie! ¡Tú tocas el piano desde los seis años!

—Confía en mí —le dijo con una suficiencia que crecía en ella con el atisbo de la adolescencia—. Rowie y yo les daremos a todos una sorpresa.

Emily y Rory se vieron a los ojos con una expresión graciosa, sosteniendo sus miradas tal vez un segundo más de lo debido.

Indie sonreía con el rostro vuelto hacia la ventana, pero algo en su tono, en su seguridad, les quedó dando vueltas a ambos mucho después de que se bajaran de la van aquella tarde de finales de enero.

II

Apenas terminó de interpretar Andaluza , Lucas aplaudió mientras Claire no parpadeaba.

—Entonces —dijo la chica cerrando con cuidado la tapa del piano de la librería—, ¿puedo ir al Harmony Theatre?

—Debes admitir que se lo merece, Claire —la mujer no reparó en su marido—. Lo que acaba de tocar es maravilloso.

—¿La hermana Margaret ya escuchó eso?

—Sí —la hija se alzó de hombros—. Ayer.

—¿Y cuál fue su opinión?

—Me felicitó —sonrió, pero Claire parecía inflexible.

—¿Qué sigue ahora?

—No lo sé —replicó con llaneza—. Supongo que la semana que viene me dirá con qué me torturará ahora —hizo reír a su padre, no así a mamá.

—¿Y no hay nada más productivo que debas hacer en lugar de ir a meterte en ese teatro viejo? —Se cruzó de brazos, incómoda.

—¡Mamá! —lloriqueó.

—Claire, Claire —intervino Lucas, que para ese momento ya volvía a sus quehaceres detrás del mostrador de la librería—, los acuerdos son los acuerdos…

—Bien, bien —masculló acorralada por el recordatorio del marido—. Aunque no me parece justo que hagas perder a Emily su tiempo también, ¿o es que olvidas que ella tendrá que llevarte a ese lugar y luego ir por ti?

La chica de 16 alzó la mirada con un respingo, a pesar de estar distraída acomodando unos libros en los anaqueles. Estaba muy dispuesta a acompañar a Indie al teatro solo por el deseo de tentar a la suerte y propiciar un encuentro casual con Rory.

—Puedo ir sola —sugirió—, ya tengo casi 11 y el teatro está a menos de cinco cuadras…

—No abuses de mi paciencia —advirtió la madre con un ánimo intransitable aquella mañana.

—Puedo llevarla yo —propuso el padre mirando con el ceño fruncido el perfil de su esposa. No entendía qué le provocaba semejante actitud—. Me tomará solo cinco minutos…

—No te preocupes, papá —Emily estaba más que interesada en colaborar—, yo me encargo.

—¡Vaya! —replicó Claire mirándola con atención—. ¿Quién lo diría? ¿No se supone que odiabas ir a ese lugar?

La adolescente balbuceó un poco y vio a su padre, confundida.

—No… —Intentó sonreír, aunque la expresión de Claire era de piedra y la incomodaba—. ¡Desde luego que no! Además, la señora Moira es una abuelita maravillosa… ¡Es tan adorable!

—Te recuerdo que tus abuelos, tus verdaderos abuelos, están en Santa Fe, Emily.

—¡Claire! —Lucas la atajó. Incluso salió de detrás del mueble y la tomó con suavidad por el codo.

Los padres se vieron a los ojos y la expresión de él, antes risueña, ahora era severa.

Ella lo contempló por segundos sin desviar ni por un momento la mirada—.

Niñas —dijo por fin él, reparando despacio en el rostro de las dos chicas, visiblemente confundidas—.

Pueden ir al teatro. Nos vemos más tarde, tengan mucho cuidado, por favor.

En un denso silencio, Indie subió por su mochila, Emily fue hasta la trastienda para sacar su bicicleta y minutos más tarde, cuando Lucas y Claire ya estaban solos en el establecimiento, él no pudo contenerse un segundo más:

—Y bien… ¿Qué es todo esto? —exigió—. Has estado tratando a las niñas con hostilidad toda la mañana. ¿A qué se debe?

—No me gusta que Indie siga perdiendo el tiempo en ese lugar, con esa niña —masculló—. Desde que conoció a esa jovencita, se ha ido alejando de todos sus amigos. Ya no comparte con los niños que vienen a la librería como antes, ya no la veo rodearse de sus amigas del colegio…

—No sé de qué hablas —la contradijo—. Indie sigue siendo tan amable y carismática como siempre, con la única diferencia de que ahora su amiga, su mejor amiga , es la niña de los Gallagher.

Sí, pasa más tiempo con ella, tiene mayor afinidad con ella, pero no se ha apartado, mucho menos ha rechazado a otros niños y me consta.

Te recuerdo que mientras tú estás de acá para allá los sábados en la tarde, yo estoy allí, con ella, durante toda la función del cuentacuentos.

—Claire se sobó la cara con desconcierto al escuchar a su marido hablarle de ese modo—.

Por otro lado, me parece que te estás extralimitando con la severidad… —Volvieron a verse a los ojos.

—¿Cómo?

—El piano —señaló el instrumento—. Para Indie es un vehículo de diversión, un medio de expresión, su forma de hacer arte…

—¿Y? —replicó desafiante.

—Que tú y esa lunática, la supuesta hermana Margaret, lo están convirtiendo en un mecanismo de tortura.

—¡Lucas, por favor…! —Rio, desacreditando sus palabras en el acto.