Capítulo 7 #4
Moira supo que no podía retener más a las chicas Harper fuera de casa, así que presta subió a buscar a Indie.
Entró en la buhardilla y notó con curiosidad que el contrabajo estaba reclinado contra el piano y que el banquillo del otro instrumento estaba vacío.
Supuso que el par de pequeñas había terminado ya por esa tarde y se dirigió a la habitación de la nieta, donde de hecho las encontró, dormidas sobre la cama.
Estaban muy cerca la una de la otra y sus manos casi parecían entrelazadas por azar.
—¡Ah, vaya! —Se puso la mano en el pecho, enternecida—. Debí imaginarlo… Trabajaron muy duro esta tarde, deben estar agotadas, después de todo son solo unas niñas.
Sintió pena de despertarlas.
Abajo, frente a la fachada del Harmony Theatre, Emily esperaba inquieta cuando el estruendo de un escape que se queja la hizo dar un salto.
A sus espaldas, Rory había detenido su camioneta, regresaba de una productiva tarde de trabajo .
El chirrido inconfundible de la puerta del conductor le indicó que el chico bajaba de esa Econoline vieja y un segundo más tarde vio al pelirrojo sacarse de la cabeza una cachucha, revolver un poco su cabello y caminar hacia el interior del viejo cine.
Esta vez vestía un overol de jean y debajo de él, una camiseta de un amarillo muy intenso. Unos Converse color verde completaban su atuendo y Emily volvía a reír, encantada por su genuino mal gusto.
—¡Hey! —Rory la divisó en una esquina del hall y no la pasó por alto—.
Me parece que te conozco —bromeó y ya la jovencita continuaba riendo—.
Eres la chica de la librería, ¿no? —Ella asintió, limitándose a mover la cabeza—.
Me han hablado de ti —se detuvo ante ella, cruzando sus brazos y sonriendo—.
Dicen que eres muy buena recomendando libros, envolviéndolos y…
Haciendo descuentos… —Fingió pensar—. No, espera —Emily ya reía con ganas—. Eso último no .
—Lo siento —replicó sonrojándose—, eso último no puedo hacerlo, a menos que papá o mamá estén allí para autorizarme…
—Solo bromeo —reparó en sus mejillas coloradas—. Sé de sobra que no es tu responsabilidad… Y bien… —Descruzó sus brazos y esta vez metió sus manos en los bolsillos posteriores de su overol—. Nos encontramos dos veces en menos de una semana… Nos estamos persiguiendo, ¿o…?
—¡Vine a buscar a Indie! —explicó de inmediato—. Tenía algo así como un ensayo con tu hermanita.
—Entiendo —se rascó detrás de la cabeza y volvió a quitarse la cachucha. Emily vio con curiosidad y encanto cómo su cabello se revolvía naturalmente. Era tan genuino como todo en él—. Por cierto, tengo que darte las gracias por la recomendación…
—¿De verdad? —Su alegría fue genuina y expansiva.
—¡Total! —La sonrisa de Rory era como una ola que no avisa de su llegada—. La abuela amó su regalo. Con el dinero que me sobró pude mandar a hacer un buen arreglo de flores con la señora Wolfe y quedó fascinada… ¡Gracias!
En ese preciso momento escucharon los cuchicheos de la abuela y vieron a la mujer aproximarse, seguida de dos niñas que aún parecían somnolientas. Les sorprendió notar que Indie estaba más callada que de costumbre y que no paraba de bostezar.
—Así que aquí estás —le dijo Emily con una sonrisa de medio lado. Su hermana solo se lanzó con ternura contra ella, rodeando con sus brazos su cintura y hundiendo en su abdomen su rostro—. Vaya… —La chica alzó la mirada sorprendida—. Me pregunto si de verdad aprovecharon la tarde.
—Absolutamente —ratificó la abuela, que también tomaba por los hombros a Rowan, la sacudía y la apretaba contra su cuerpo—. Trabajaron tan duro que se quedaron dormidas.
—¡Pues a despertarse! —La instó Emily dándole un par de golpecitos en la espalda—. De lo contrario, te caerás de la bicicleta.
—Nada de eso —Rory intervino, dejando a la joven ante él un poco perpleja—.
Si no les importa que mi camioneta huela a aceite viejo y que escuchemos algo de música que parece de otro tiempo, las llevo a la librería.
—Emily estuvo a punto de replicarle, pero él la detuvo—.
Y por la bicicleta ni te preocupes, cabe de sobra en la parte de atrás de la van.
Las niñas se despidieron con un abrazo leve y las hermanas Harper subieron risueñas en la Econoline que, para sorpresa de las dos, no, no olía a aceite viejo, por el contrario, tenía un aroma muy intenso a lavanda.
—¡Delicioso! —admitió Emily mientras ya avanzaban hacia la librería.
—Debería hacer repartos de la floristería más a menudo —rio— al menos ya no tendría que preocuparme por el olor a grasa.
En la radio sonaba Samba Pa Ti [36] . La canción había comenzado a reproducirse aleatoriamente en el viejo equipo de audio de esa camioneta de comienzos de los 80.
Para Emily o para Indie habría sido imposible creerlo, pero la melodía estaba grabada en una cinta magnética.
Su sonido era rugoso, de baja calidad, pero con mucha personalidad.
—¿Qué es eso? —preguntó Indie, esta vez más despierta.
—¿Qué? —Rory bajó un poco la mirada para contemplarla, sentada a su lado—.
¿Lo que suena? —Se echó a reír con su habitual desenfado—.
Algo tan viejo que te apuesto que ni siquiera nuestros padres lo conocieron —exageraba, desde luego—, pero me gusta…
¡Me gusta mucho! —Volvió a ver a Indie y le guiñó el ojo con picardía—.
Tal vez algún día Rowie llegue a tener tanto talento que pueda tocarla en el bajo… ¡O en la guitarra!
E Indie, sumida por completo en la música, no lo dudó ni por un momento.