Capítulo 5
I
—¿Clases de música? —Supo de inmediato que Índigo Harper estaba detrás de esa idea.
—Sí —dijo con una vocecita imperceptible mientras la abuela la miraba con admiración y curiosidad.
Rowan lanzó aquella petición durante el desayuno de ese lunes, un par de días después de haber conocido la librería de los Harper y haber jugado por horas ante el piano en compañía de la pequeña niña ocurrente que se había convertido en su primera gran amiga de la forma más inesperada.
—¿Y por qué no? —intervino Moira encantada, mirando a Cormac que sonreía mientras masticaba sus alimentos, y a su hija, un poco perpleja—. Después de todo, la señorita Rayburn sugirió algo de eso, ¿no? Danza, pintura, música… ¡Da igual, siempre que sea una actividad en la que ella pueda expresarse!
—Pues sí… —musitó la hija pensativa.
—Además —añadió el abuelo en voz baja—, te recuerdo que Luna tenía un talento natural para la música —la mirada de su hija se ensombreció en un tris al escuchar a su padre hacer alusión a Fernando—.
No me extrañaría en lo más mínimo que la nena haya heredado algo de eso, así que…
—Le dio un par de palmaditas en su mano, en parte para intentar recomponerla luego del recuerdo del marido desaparecido—, no lo descartes.
Rowan miraba a todos los adultos expectante, creyendo intuir cuanto se platicaba. ¿Qué quería decir todo aquello? ¿La madre la complacería, o no?
—De acuerdo —musitó y una sonrisa como pocas le iluminó la carita a esa chiquilla—. Te prometo que iré al conservatorio de la ciudad a pedir información, pero… ¡Haremos un trato tú y yo!
La niña la miró atenta. También los abuelos repararon en Fiona.
—¡Nada de problemas en la escuela! Si quieres tomar clases de música, lo harás, claro que sí, pero si ocurre algo con alguno de tus maestros o recibo una nueva llamada de la señorita Rayburn…
—¡No, no, no! —Se adelantó de inmediato sacudiendo su cabecita—. ¡Tienes mi palabra, no volverá a ocurrir nada malo! ¡Lo prometo!
—Eso espero —sonrió con satisfacción.
A cinco cuadras de allí o un poco menos, Claire Harper ignoraba por completo cómo su hija menor había impactado en la pequeña Gallagher.
Esa tarde de lunes, sobre el mostrador de la librería, apelaba a su delicadeza y buen gusto para envolver el recetario de cocina que un hombre había decidido regalar a su hermana en su cumpleaños.
Para culminar toda su labor, Claire se inclinó ante el mueble sobre el que trabajaba, tomó un sticker con el logo de la librería de debajo del mesón y lo usó para sujetar el papel decorativo.
Acto seguido puso el obsequio en una bolsa kraft y, mirando al cliente, satisfecho, le entregó su paquete y le deseó un buen día.
Apenas el individuo se retiró, vio a Indie de rodillas husmeando con insistencia en uno de los libreros. Revolvía todos los tomos, muy seria.
—Hey… —La niña reparó en la madre enseguida—. ¿Qué buscas con tanta insistencia?
—Yo… —Intentó ganar tiempo para inventarse una buena excusa y la madre lo notó en el acto.
—La verdad, Indie —sonrió—, no quiero una de tus historias.
—Estoy buscando ese libro, ya sabes… —Miró al suelo apenada.
— The Midnight Club ? —Claire arqueó la ceja.
—¡Ese!
—No lo tenemos —se dio la media vuelta para ordenar un poco el mesón tras la última venta.
—¿Cómo no? —Se levantó del suelo como un resorte, decepcionada—. ¡Pero eso es imposible! —Caminó hasta el mesón y, subiendo los pies al travesaño de uno de los taburetes, miró por encima del mostrador a la mamá—. ¡Lo necesito con urgencia!
—No me digas —después de todo, nunca creyó que fuese un libro que una niña de nueve años debería leer.
—¡Rowan y yo creamos un club!
—¡Ah, vaya! —Ya parecía entenderlo todo.
—¡Y para estar en el club hay que tener el libro! Rowan ya tiene el suyo, se lo devolví, ahora yo necesito el mío.
—¿Y por qué no crearon el club de Winnie-the-Pooh [20] , por ejemplo?
—¡Mamá! —rezongó indignada—. ¡ Pooh es para niños como Tommy!
—Pues lo siento, cariño —se dio la vuelta—. No tenemos el libro que buscas y, si quieres mi consejo, tampoco me parece adecuado que un par de niñas de nueve años lean semejante cosa.
—¡Ay! —Se tomó la carita entre las manos.
—¡No me molesta la idea del club! De hecho, ¡me encanta! Pero propongo que pongan como condición otro libro… —Con un gesto juguetón, la madre vio cómo la hija se halaba hacia abajo la carita, exasperada—. ¿Qué dices?
—Tendría que decidirlo con Rowan —masculló con cara de pocos amigos.
—¿Y qué me dices de los otros integrantes del club?
—No hay otros —la miró con una expresión graciosa, como si no se pudiera creer que la madre sugiriera algo tan absurdo como eso—. En el club solo somos Rowan y yo.
—¡Vaya! —bromeó Claire—. Que no se diga que no es un club muy exclusivo .
—Entonces… —La madre vio la picardía dibujada en el rostro de la nena—. ¿No hay manera de conseguir ese libro tan importante, mamá?
—¡No! —dijo con desenfado—. Te puedo ayudar con muchos otros, perfectos para niñas de nueve, pero ese… —Hizo un gesto gracioso mientras Indie ponía cara de piedra—. Ese me parece que no.
—¿De qué libro hablamos? —Quiso saber Lucas, quien ya bajaba por las escaleras del fondo.
—¡Papá! —Indie corrió hacia él y Claire ya imaginaba la escena que se avecinaba, intentando inclinar la balanza a su favor a fuerza de suplicarle al padre—. ¡Te tengo una gran noticia!
—¿De verdad? —Lucas cruzó una mirada fugaz con Claire y eso le bastó para intuir que su pequeña saldría con una de las suyas de un momento a otro.
—Rowan y yo… —Lo tomó de la mano y comenzó a caminar a su lado, esquivando los libreros a su paso. Alzó la mirada y vio el perfil de aquel hombre—. Recuerdas a Rowan, ¿verdad?
—La niña vampiro del teatro, que no es vampiro… Sí, claro, la recuerdo.
—Bien, Rowan y yo creamos un club.
—¡Oh! —Se sentó en uno de los taburetes. Claire los miraba sonreída, con el rostro apoyado en su mano—. ¡Grandioso, Indie!
—No me tomes el pelo, papá —masculló con expresión intransitable e hizo a Lucas lanzar una carcajada de las buenas.
—¡Mi amor! —Apretó su rostro con suavidad entre sus manos—. ¡Te estoy hablando muy en serio! ¡Me encanta que tengas a una nueva amiga y que además formaran un club! A ver… —Le sacudió un poco las manos entre las suyas—. Háblame de ese club, ¿en qué consiste?
—En tener un libro.
Lucas miró de soslayo a Claire, quien le guiñó el ojo con disimulo.
—Entiendo… —pensó—. ¿Es algo similar a un club de lectura?
—Puede ser… —La nena alzó los ojos, reflexionando.
—Y si es un club de lectura, ¿por qué van a limitarse a un libro? —Lucas se aclaró la garganta—. Te diré, Indie, sé de clubes de lectura porque a lo largo de mi vida he estado en varios…
—¿Sí…? —Índigo frunció un poco la nariz, intuyendo una posible perorata.
—Y por lo general los clubes de lectura tienen libros distintos cada mes.
—Pero por algo se empieza, ¿no?
— Touche —musitó la madre, consciente de que su hija menor era «de armas tomar».
—Tienes toda la razón —concedió el padre, esta vez más serio—. En este caso, ¿con qué libro quieren comenzar?
—El libro aquel de la otra vez.
—Entiendo —escogió muy bien sus palabras—. Sin embargo, recuerdo que ese día te dije que era literatura un poco fuerte para ti, ¿no?
—No lo recuerdo… —mintió descaradamente.
—Indie, presta atención —la niña lo miró—. A tu madre y a mí nos encanta que tengas una nueva amiga…
—Rowan es una nena encantadora —añadió Claire—, tan inteligente como tú…
—Pero hablando muy en serio, creemos conveniente que comiencen su club con otro libro.
¿Qué me dices? —La chica no ocultó su decepción—.
¿Qué te parece si invitamos a Rowie el sábado y yo las ayudo a escoger algo mejor?
—A la pequeña le brillaron los ojos ante la posibilidad de que la chica Gallagher volviera a la librería ese día, en especial para los cuentacuentos—. ¿Aceptas el trato?
—¿De verdad puedo invitar a Rowan el sábado a los cuentacuentos?
—¡Claro! —ratificó Claire entusiasmada con la emoción de la niña—. Rowan puede venir cuando quiera, siempre que tenga permiso de sus padres.
—De su madre —aclaró Indie. Lucas y Claire la miraron con curiosidad—. Rowan no tiene papá —soltó llanamente y los de ella prestaron mucha atención—. Nunca lo conoció. Un día salió de casa y desapareció.
Los Harper se miraron a los ojos con gesto grave .
II
Emily agradeció que las calles de Willowbrook fuesen, en su mayoría, planas.
Al menos era un alivio que el Harmony Theatre quedase justo en el corazón de la ciudad, lo suficientemente lejos de los vecindarios que estaban en las faldas de la montaña que circundaba el valle.
Con la debida autorización de sus padres, llevó a Indie al teatro esa tarde de viernes, después de salir de la escuela, para que pudiese encontrarse con Rowan e invitarla a la actividad sabatina de la librería.
Detuvo su bicicleta frente a la fachada del viejo cine y su hermana bajó del asiento posterior de un salto.
Casi se lanza de cabeza en busca de su nueva amiga, pero la adolescente la contuvo:
—Hey, no te metas en problemas, Indie. —La niña la miró lo más atenta que pudo—. No molesten al señor Gallagher, ya sabes lo que sucedió la otra vez. Vendré por ti en un par de horas —miró su reloj de muñeca. Eran las 15:17—. No me hagas esperar y… ¡No quiero lloriqueos!
—Yo no lloriqueo —replicó indignada, cruzándose de brazos.
Emily alzó la vista y vio la silueta de Moira Gallagher salir del vestíbulo del cine con una sonrisa.
Los padres de Índigo se habían encargado de advertirle a Fiona que su hija quería ver a Rowan, en parte para hacerle una invitación, y que la enviarían un rato al cine esa tarde.
Ahora, con los adultos prevenidos, era menos probable que las pequeñas se metieran en problemas o, más aún, que los causaran.
La nena se emocionó al ver a la abuelita, pero mucho más al notar que la silueta de Rowan ya se divisaba en la entrada del cine. Se despidió de la hermana sin más dilaciones y a paso ligero fue a reunirse con su nueva amiga.