No nacemos monstruos (288 Harmony Road 1) Capítulo 4
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Capítulo 4

I

Lucas Harper limpiaba minuciosamente la máquina de café en el preciso momento en el que vio a un auto mediano detenerse frente a su librería.

Giró la cabeza y notó con un poco de sorpresa que, una vez se apagaron las luces rojas de stop del vehículo, Emily, su hija mayor, bajó de él.

Frunció el ceño. Un par de segundos después vio a una mujer pelirroja descender del puesto del conductor, subir a la acera y, una vez en ella, abrir la puerta posterior para permitirle la salida a Índigo, que saltaba risueña con su mochila sobre sus hombros, y a una nena casi de su estatura, con su inconfundible cabello rubio irlandés.

—Claire…

—¿Sí? —Su esposa estaba limpiando y ordenando toda la sección de literatura infantil después de las actividades de los sábados por la tarde.

—¿Puedes venir un momento?

Las palabras de Lucas vinieron acompañadas de las campanillas de la puerta de la librería al abrirse.

Claire frunció el ceño con rareza al escuchar aquello.

La librería había cerrado ya hacía más de diez minutos, así que acabó de incorporarse y echó un vistazo por encima del librero del fondo.

La primera en entrar a la tienda fue Emily, seguida de su hermana menor.

Fiona sostuvo la puerta y, empujando con suavidad a Rowan por la espalda, la hizo pasar también.

—¡Llegamos! —anunciaron las hermanas con voz cantarina. La mayor dio un beso al padre y luego hizo lo mismo con mamá, para anunciar al instante que subiría a casa a cambiarse y a prepararse para la cena. Le echó un último vistazo a Fiona por ese día—. Gracias por traernos a casa, señora Gallagher.

Ella le devolvió un gesto cortés con la mano.

—Buenas noches —dijo la chica y se retiró subiendo la escalera de caracol del fondo.

—¡Papá, mamá! —lanzó Indie incontenible tras saludar a sus padres—. Ella es la mamá de Rowan —señaló— y ella es Rowan, la niña vampiro del teatro, que resulta que no es vampiro.

—¡Ah, vaya! —Claire rio, avergonzada. Por suerte para ella, notó que Fiona ya reía ante las ocurrencias de Indie.

Se limpió las manos en el delantal, luego de haber estado recogiendo los restos de pintura y de otras sustancias que dejaron los niños tras las manualidades de aquella tarde, y le extendió la mano a Fiona, risueña—.

Hola… Soy Claire, la madre de esta chiquilla traviesa que ve aquí —señaló con sus ojos a la nena de cabello negro, que se escurría por uno de los pasillos y allí, pícara como ninguna, le hacía señas a Rowan para que la siguiera.

La nena rubia alzó sus ojos rápidamente, notó que su madre estaba muy ocupada con los protocolos, presentándose ante los Harper, y en un segundo se escabulló con Indie detrás de los anaqueles repletos de libros.

—Gracias por traer a las niñas —Lucas le sonrió—. Emily nos había dicho que avisaría cuando vinieran de regreso, pero nunca nos imaginamos que usted se haría cargo.

—¡No me agradezca! —dijo extendiendo las manos con un gesto más bien tímido y peinando su cabello carmesí detrás de sus orejas—.

Una vez terminó la función, su hija me dijo que volverían caminando, pero no podía permitirlo.

No es que sea lejos… —De hecho, eran menos de cinco cuadras—, pero ya sabe.

Yo también soy madre de dos y cualquier precaución es poca tratándose de mis chicos.

—Absolutamente —ratificó Claire, agradecida.

Miró de soslayo la máquina de café—. ¿Quiere tomarse algo?

—Fiona se sorprendió un poco—. ¿Le parece bien un café, un chocolate?

También tenemos galletas recién horneadas —señaló el exhibidor de cristal sobre el mesón—.

Las hicimos hace poco, para la tarde de cuentos de los niños.

—¿No es molestia? —volvió a peinarse, nerviosa—. Además… —Reparó en las cosas que Lucas había estado usando para asear la máquina de café—. Veo que ya estaban recogiendo todo, yo…

—No es molestia —puntualizó él y comenzó a trabajar en la bebida—. Tome asiento —dijo sin mirarla y Fiona escuchó la válvula de vapor de aquel aparato quejarse un par de veces, mientras él ponía todo a punto.

Tras aceptarles con agrado un café, se sentó en uno de los taburetes y reparó en la tienda mientras los Harper se encargaban de sus inesperadas visitantes.

—¡Es hermoso este lugar! —reconoció encantada—. ¡Y pensar que no lo conocía!

El sonido proveniente del piano llamó su atención y tras una melodía juguetona, escucharon las risitas de Índigo y Rowan.

Trataban de cuchichear entre ellas, sin éxito.

Claire alzó la cabeza y afinó sus oídos.

Una seguidilla de notas volvió a sonar, acompañada de nuevas risas y de la vocecita de la nena de cabello negro, murmurando cosas inentendibles para los adultos.

—Indie… —dijo la madre en voz alta, sonriendo.

—¿Sí? —respondió la pequeña en un tono muy serio que contrastaba con sus murmullos. Era tan evidente que se estaba haciendo la desentendida. Desde donde estaban, ni la madre ni la hija podían verse las caras a causa de los libreros que se interponían entre ellas.

—No hagan desorden en el área de juegos. Acabo de terminar de limpiar y recoger todo, así que…

—¡No te preocupes, mamá! —La tranquilizó la pequeña y volvieron a escuchar una melodía en el piano, acompañada esta vez por la vocecita de Rowan.

—¿Qué hacen? —La curiosidad colmó a Fiona que, sonriendo también, miró la cara de Lucas y de Claire. Ya el padre servía el café y la madre le alargaba un platillo con un par de galletas que se veían deliciosas.

—Creo que Indie le cuenta un cuento —susurró Lucas, alcanzándole la taza a Fiona, también atento a lo que hacían las niñas. La pelirroja tomó el café entre sus manos, agradeció y se escucharon nuevas risitas.

La hija de Cormac se conmovió y los padres de Indie lo notaron de inmediato. Fiona se precipitó a estrujarse un poco el rostro, avergonzada.

—Lo siento, lo siento… Es que… —Suspiró.

¿Estaría bien compartirles a esos desconocidos todo lo que estaba sucediendo con su niña?

Bueno, a fin de cuentas, ellos también tenían una nena de nueve años, ¿no?

¿Qué de malo podía haber? Volv ió a respirar hondo y escogió muy bien sus palabras—.

Es que han sido semanas complicadas con Rowie…

—¿A qué se refiere? —Claire servía galletas también para las niñas, que seguían sumidas en su mundo, ausentes de todo lo que sucedía a su alrededor.

Su gesto de preocupación fue genuino. Lucas, por su parte, luego de preparar un chocolate para las pequeñas, volvía a retomar la limpieza de la máquina.

—Hace poco recibí una llamada de la directora de su escuela —Claire la miraba muy atenta—. Me sugirió llevar a la nena a terapia porque… —Volvió a tomar aire—, porque al parecer no se está relacionando con otros chicos de su edad. ¡No tiene amigos, en pocas palabras!

Esta vez las carcajadas de Rowan y de Índigo colmaron todo el lugar.

—¡Hasta ahora! —dijo Lucas con una sonrisa espléndida—. ¡Me parece que acaba de hacer una muy buena!

—Rowan no es una niña como cualquier otra —aclaró Fiona, con temor de que sus palabras fueran malinterpretadas.

—Créame que Índigo tampoco es una niña del montón —la tranquilizó Claire.

—Pero… —Fiona lo pensó una y mil veces antes de hablar más de la cuenta—.

Pero… Es la tercera vez en menos de dos meses que me llaman de la escuela.

—Lucas y Claire la miraban atentos, sin juicio.

Estaban acostumbrados a que algunos padres se desahogaran con ellos—.

Ha hecho comentarios que su profesor de historia considera transgresores, defendiendo a los apaches y a los comanches —ya los Harper reían— y…

¡Y hace poco dijo que Tom Sawyer era un héroe de pacotilla en comparación con los guerreros que iban al Valhalla!

—¡Señora Gallagher —dijo Lucas entusiasmado, entre risas—, su hija es un encanto! ¡Será mi invitada especial en mi próximo cuentacuentos de mitología nórdica!

—¿De verdad? —No se lo creía. ¿No se supone que en la escuela estaban armando un escándalo a propósito de los gustos literarios de la niña?

—¡Palabra!

—No se preocupe, Fiona —Claire ya salía de detrás del mostrador llevando una bandeja en sus manos con dos tazas de chocolate y galletas para las niñas—.

Yo también he recibido llamadas de la maestra de piano de Indie, preocupada porque no hace sus ejercicios en clase, llevándole la contraria al improvisar —para muestra de sus palabras, el piano volvía a sonar con una de las melodías que a la niña se le venían a la cabeza y que se le daba tan fácil ejecutar— y su maestra de matemáticas nos ha citado varias veces, porque la chica no muestra el más mínimo interés, pero cuando estudia en casa, con nosotros, tiene toda la asignatura más que dominada…

—Supongo que se aburren —dijo Lucas encogiéndose de hombros mientras limpiaba muy bien la rejilla de la cafetera—, qué sé yo, pero…

—Volteó a ver a Fiona, que se sentía aliviada y a gusto—.

Pierda cuidado… Cada vez que quiera, puede traer a Rowan…

—Las risas de las niñas colmaron de nuevo el lugar, con más fuerza que nunca.

—Créame: Indie se lo va a agradecer… —Claire le guiñó el ojo y se perdió con la bandeja detrás de uno de los anaqueles.

Desde donde estaba sentada, Fiona escuchó las exclamaciones de alegría de las niñas al recibir semejante merienda y suspiró aliviada. ¿Y si Rowan había encontrado su lugar en el mundo?