Capítulo 2 #5
—¿Ves esos dientes pequeños, Rowie? —La niña cabeceó un sí—.
Son muy importantes. Tienen que encajar perfectamente en las perforaciones de la película.
Si no está bien enhebrada, la imagen saltará o se romperá la cinta.
Y ahora, lo más relevante… —La nena vio a Rory girar el dial con precisión—.
El enfoque. Esto es un arte, hermanita. Hay que ajustarlo para cada película y a veces durante la proyección…
¡Por eso el abuelo no puede descuidar su trabajo ni un instante!
Porque si la temperatura de la sala cambia demasiado, de seguro hay que hacer ajustes durante la función.
Ambos hermanos se miraron a los ojos con una expresión de satisfacción. Cuando terminaron todo el ritual de la preparación, Rory bajó las luces. Rowan vio cómo el haz de luz atravesó la pequeña ventanilla de proyección, iluminando la pantalla vacía de la sala allá abajo.
—¿Qué vamos a ver? —preguntó Rowan de puntillas, con las manecitas apoyadas en el marco de la ventanilla y una mirada colmada de curiosidad.
—Algo especial… —Sonrió—. Pops tiene una copia restaurada de Nosferatu [12] y la pondrá en cartelera esta semana… ¿La conoces?
Rowan pensó un par de minutos alzando sus ojos a la derecha.
—¿La del vampiro feo con los colmillos graciosos que no se parece a los vampiros de ahora? —Rory soltó una carcajada ante semejante descripción.
—Exactamente.
La película comenzó a correr mientras los hermanos se acomodaban en un par de taburetes.
Rowan recordó de pronto a la niña desconocida, la misma a la que le había entregado algunos días atrás su novela sobre adolescentes que hacen un pacto con la muerte.
¿Volvería a verla algún día y recuperaría así su libro?
No lo sabía y se arrepintió de haber sido impulsiva al entregarle su preciada historia.
De un momento a otro, la figura espectral del Conde Orlok se deslizó por la pantalla, con sus dedos como garras y su sombra alargada.
—Rory…
—Dime.
—¿Por qué nadie se pregunta lo que sienten los vampiros?
Su hermano mayor la miró de reojo. ¿Así que esas eran las preguntas que inquietaban a sus maestros? Lo tomó con absoluta naturalidad.
—¿A qué te refieres?
—Todos lo ven como un monstruo y le temen, pero… Es un viejo feo y flacucho que vive siempre solo… No puede tocar a nadie, porque todo s corren… No puede amar a nadie, porque… ¿Quién se va a fijar en él con esos dientes graciosos y esas ojeras?
—Creo que no es tan bueno como crees, Rowie —susurró pensando que, en el fondo, se trataba de un asesino .
—Bueno, pero… ¿Quién podría ser bueno cuando nadie te quiere?
—Rory tuvo que reconocer que la niña tenía un punto—.
Yo sé que todo el mundo piensa que solo es un viejo loco, pero lo que yo veo ahí es un viejo solo y aburrido —lo miró de reojo—.
¡Tal vez está triste! —Rory guardó silencio, reflexionando sobre las palabras de su hermana—.
A veces, cuando veo estas películas que el abuelo proyecta, pienso que los monstruos en realidad son personas que nadie quiso entender.
—Como tú en la escuela —se miraron a los ojos—. ¿No es verdad? —Rowan lo miró, sorprendida por la comparación—. No eres un monstruo, Rowie —aclaró Rory con una sonrisa de malicia—, pero ahora entiendo por qué te pones de parte de los que nadie quiere.
—¿Tú también eras como yo, Rory? —La pequeña se inclinó un poco hacia él.
—Creo que sí. —Rory ajustó el foco del proyector. La corrección fue necesaria, aunque imperceptible—. Tal vez lo que necesitas es encontrar tu lugar… Yo lo hice —miró a su alrededor—. Aquí, aprendiendo todos los secretos de Pops… Ahora con mis nuevos amigos…
Un silencio cómplice se instaló entre ellos mientras observaban al conde Orlok merodeando siniestramente por los pasillos de su castillo.
—¿Sabes, Rowan? —Se miraron—. Creo que tienes razón… Creo que, después de todo, los monstruos nunca encontraron su lugar en el mundo.
—¿Como papá? —El chico abrió la boca, abismado. Sintió una conmoción inmediata—. ¿Crees que por eso papá nunca volvió? Tal vez allá afuera, solo, se convirtió en un monstruo y olvidó el camino de regreso a casa.
—¡No, no! —corrigió de inmediato y la niña notó cómo sus ojos se humedecieron—. Papá jamás, óyelo bien, Rowie, jamás fue un monstruo, ¿sabes?
La niña lo rodeó con sus brazos y lo abrazó con toda la fuerza que podía sacar de su pequeño cuerpecito de nueve años. Rory acarició su cabecita con amor.
—Oye, Rowie, si alguna vez sientes que necesitas escapar de todo, siempre puedes venir aquí —volvieron a verse a los ojos—.
Te enseñaré todo sobre esta máquina —miró a su alrededor—.
Pops no miente cuando dice que este lugar tiene su propia magia.
Aquí dentro te olvidas de todo lo que sucede afuera.
Rowan asintió, observando cómo los dedos de su hermano ajustaban con suavidad los controles del proyector, como si acariciaran las teclas de un instrumento musical, y pensó en la guitarra de su padre.
Por primera vez en mucho tiempo, sintió que alguien la veía, no como un problema que resolver, sino como una persona con una forma distinta de mirar el mundo.
—Gracias.