Capítulo 2 #2
De inmediato y con su dulzura característica, la mujer a su lado le hizo entender a Fiona que el libro que Rayburn estaba poniendo ante sus ojos era, nada más y nada menos, que la Edda prosaica .
—¿La qué…? —musitó mientras lo abría. Sus páginas no le decían nada.
Doyle explicó de inmediato que se trataba de un libro de mitología nórdica que, por su crudeza, no debería estar en manos de una niña de nueve años, acompañando su genuina preocupación de una anécdota que no había podido sacar de su cabeza.
Esta vez todo sucedió durante un debate en la clase de literatura, en la que la señora Doyle motivaba a sus chicos a explicar las razones por las cuales consideraban que Tom Sawyer [8] era un verdadero héroe.
Algunos de los compañeros de clase de Rowan explicaban sus argumentos con entusiasmo, otros no tanto, mientras ella permanecía ensimismada, con los ojos clavados debajo de su escritorio, leyendo con avidez el texto mitológico que tenía sobre sus piernas.
Al principio, su maestra creyó que aquello era un viejo ejemplar de la obra de Mark Twain y que solo le daba un breve repaso para intervenir en la clase, pero cuando la invitó a compartir su opinión con el resto de los chicos, lo que la pequeña le contestó la dejó perpleja:
—Ah, sí… —dijo al descuido, casi con aburrimiento—. Tom Sawyer… —La niña suspiró, obligada a sacar sus ojos del libro que la tenía tan entretenida, para ponerlos sobre el rostro sonriente y expectante de su maestra—. La verdad, no sé si Tom Sawyer es un verdadero héroe, señora Doyle.
—Bien… —contestó indulgente—. ¿Y qué te hace pensar así?
—Creo que lo que él hace no me parece tan valiente —pensó—. Los héroes de verdad no tienen miedo a morir, ¿sabe? —La maestra frunció el ceño—. Los guerreros nórdicos no tienen miedo a morir, porque saben que irán al Valhalla [9] si mueren en batalla. Creo que eso es un verdadero héroe.
—Vaya… —La maestra tuvo que disimular su desconcierto con una sonrisa—. Lo que dices es interesante, querida, pero piensa que no todos los héroes quieren meterse en problemas, mucho menos buscar la muerte…
—Pienso que preferiría vivir como un guerrero y no como Tom Sawyer.
Sí, es cierto, se escapa, tiene aventuras divertidas, pero…
—La niña sonrió a medias con una convicción que dejó a su maestra desconcertada—.
Pero creo que preferiría morir con honor e ir al Valhalla como recompensa…
¡Así al menos mi vida habr á valido la pena!
En ese instante, ante la anécdota que le refería la señora Doyle, Fiona tenía la misma expresión que debió haber mostrado la maestra de literatura ante las palabras de Rowan durante su clase, minutos antes de inspeccionar el libro que tenía la pequeña en sus manos y decomisarlo.
¿Cómo se suponía que debía interpretar semejante cosa? No lo sabía con exactitud, pero tanto la maestra como la directora estaban seriamente preocupadas por el bienestar de la pequeña.
Regresó a casa con la cabeza dándole vueltas.
¿Acaso su hija estaba pensando en alguna estupidez?
¿Podía Rowan tener algún tipo de pensamiento peligroso sin que ella lo supiera?
Tanto la señorita Rayburn como la señora Doyle le habían encomendado encarecidamente llevar a la chica a terapia tan pronto como le fuera posible.
Quizás la desaparición de su padre, crecer bajo esa sombra de ausencia, era un vacío que comenzaba a guiar a la niña por un laberinto emocional complejo, sin olvidar que la temida adolescencia se asomaba ya en el horizonte.
Cuando entró a casa, vio a Rowan sentada junto a la mesada de la cocina, con un tazón de cereales ante ella. Fiona respiró hondo, dejó su bolso cerca de la puerta y caminó despacio hacia la niña mientras veía cómo se servía la leche con cuidado.
—Hey… —susurró con afecto, aunque era indiscutible que en su voz había más preocupación que cariño.
—Hola —la nena no apartó los ojos de su plato en ningún momento.
—Así que… —Se sentó frente a ella del otro lado de la mesada—. Así que el Valhalla, ¿no?
Los ojos verdes profundos de la chiquilla se depositaron en el rostro de la madre de inmediato. Un poco de leche cayó fuera del plato, humedeciendo la servilleta.
—¿Me puedes explicar qué es todo eso de morir en batalla e ir al Valhalla o…? ¿O cómo se llame? —Cruzó los brazos sobre la mesada—. No me parece algo que una niña de tu edad deba pensar… ¡Mucho menos decir!
—Solo dije lo que creía, mamá. —Puso la garrafa de leche sobre el mueble, limpió un poco el líquido derramado valiéndose de más servilletas y tomó entre sus dedos la cuchara para disponerse a comer—.
La señora Doyle preguntó si pensábamos que Tom Sawyer era un héroe y…
—Suspiró—. Y la verdad es que solo me parece un holgazán que se escapa de la escuela y se mete en problemas… Creo que es un tonto.
—Rowan… —Fiona respiró hondo mientras masajeaba sus sienes con la punta de sus dedos.
Cormac, con sus carretes de película debajo del brazo, no pudo evitar escuchar a su hija y a su nieta mientras pasaba por allí rumbo a su sala de proyección.
Las miró con profunda atención—. Tom Sawyer es un niño —la señaló con sus manos—.
¡Tú eres una niña! Para los niños, ir a la tienda por un helado y cruzar la calle es una aventura —escrutó el rostro de su hija.
La mirada de ella estaba fija en el plato en el que los aros de avena flotaban sobre la leche—.
Para un niño, entrar al patio de atrás del vecino y robarse un par de frutas es…
¡Es una aventura! ¡Es un viaje lleno de peligro!
¡No la muerte! —Se exasperó un poco. Cormac frunció el ceño con rostro muy serio—. ¡Los niños no piensan en morir!
—Mamá… —Por fin se vieron a los ojos—. Créeme que nadie me recordará por ir a la tienda para comprar un helado o por robarle las frutas al vecino.
Fiona balbuceó un poco y Cormac tuvo que hacer un esfuerzo por no reír, aclarando suavemente su garganta .
—Rowan, la vida no se trata solo de batallas y muertes y esa cosa… —Dudó—. Val… Val…
—Valhalla.
—¡Eso! ¡La vida no se trata solo de eso!
—Señaló con un gesto elocuente a su padre, de pie a algunos metros de distancia de ellas—.
¡Mira a tu abuelo, por ejemplo! ¡Es todo un héroe y te diré por qué lo es!
—La niña la miró con suma atención—. Tu abuelo no es un héroe por pensar que debe morir con honor…
Tu abuelo es un héroe por todo lo que hace por nosotros.
Cada día hace exactamente lo que es necesario para que todos estemos bien, para que las personas de la ciudad se eduquen, o reflexionen o disfruten con cada una de esas películas que escoge con tanta dedicación…
Sostener este edificio, mantener lo mejor que puede ese teatro viejo para que siga siendo un espacio digno para ti, para todos… ¡Eso es ser un héroe! ¿O no lo ves?
La niña no articuló palabra. Fiona rompió a llorar, sobrepasada, y Cormac entendió que era momento de intervenir. Rowan sintió las manos firmes de su abuelo sobre sus hombros menudos y cómo apoyaba su contundente mentón en su cabecita.
—Pops… —susurró avergonzada, consciente de que, sin querer, estaba causando problemas.
—Mamá tiene razón, Rowie. Esos héroes del Valhalla están muy bien para las leyendas, pequeña, pero la vida real es otra cosa…
—Soltó los hombros de la chiquilla y apoyó sus brazos en la mesada para recostarse a su lado.
La niña miró sus ojos—. ¿Sabes qué, linda?
Nadie debería esperar a morir para ser importante…
—Fiona sollozaba con suavidad, escuchando con la misma atención a su padre—.
Si me lo preguntas, creo que lo que te hace inolvidable es lo que haces en vida, no lo que sucede después de tu muerte.
—Pero… —La niña miró a ambos adultos antes de hablar—. Pero esos héroes no querían fama… Solo honor.
—¿Y a qué precio? —A Fiona le fue inevitable pensar en Fernando Luna y prefirió callar. Cormac fue capaz de intuir el pensamiento que se le había cruzado por la mente.
—Lo que quiere decir tu madre, Rowie es que esta vida no se trata solo de luchar —Cormac le sonrió—. También hay que aprender a valorar las cosas pequeñas.
La niña permaneció pensativa. Miró por algunos segundos a su madre, absolutamente descompuesta, y aunque le costaba trabajo cambiar de parecer, al menos era capaz de comprender cuánto malestar había ocasionado con su perspectiva de la heroicidad.
—Lo siento —admitió al fin, arrepentida. Extendió su manito tomando la de su madre, que de inmediato la besó con una emoción desbordada—. No pensé que Tom Sawyer, con sus tonterías, podría también ser un héroe.
—Digamos que es un héroe en su justa medida… —El abuelo le sonrió, espléndido. Le tomó las mejillas con amor entre sus manos enormes—. ¡Y yo sí que te recordaré por siempre si vas ahora mismo a la tienda y me traes un tarro de helado de chocolate! ¿Qué me dices?
Fiona rio entre lágrimas al ver a la niña, entusiasmada, saltar de su silla dispuesta a emprender su viaje heroico hasta la esquina .
III
Sin embargo, aunque los dos primeros incidentes habían terminado bien, ya estaba allí, en la silla de madera que estaba justo frente a la puerta del despacho de la señorita Rayburn a punto de saber cuál era el motivo de la tercera llamada por ese año.
Escuchaba la voz de la directora de la escuela mitigada por las paredes, no podía entender con claridad lo que decía, pero parecía que se encontraba hablando por teléfono.
Fiona vio la hora por segunda o tercera vez desde que estaba allí, en un reflejo nervioso, e hizo un rápido recuento mental de los maestros de Rowan.
¿Quizás algún acto de rebeldía en la clase de deportes?
¿Tal vez un incidente relacionado con su maestra de matemáticas?
Suspiró y volvió a hundir el rostro entre las manos.
¿Por qué, si todo con Rory le resultaba tan fácil, sería su niña la experta en dar problemas?