CAPÍTULO 2 #2
—Oye, los viernes, al salir, solemos ir a tomar unas tapas y unas copas, ¿te apuntas? —propuso Lucas.
Imaginé que Martín aún no les había comentado el tema de la cena de bienvenida, así que no iba a ser yo quien lo dijera, no era mi cometido.
—Claro. No hay problema.
—Genial. —Levantó el pulgar—. Me voy a currar antes de que aparezca la jefa. —Desapareció por el pasillo en dirección a la oficina.
—Yo también me voy. —Lo imitó Mónica.
Me bebí el resto del café que me quedaba en el vaso de un trago y salí de la estancia hacia mi puesto.
Me habían asignado una de las mesas que quedaban libres en la isla central.
Todas estaban unidas y, a la vez, separadas por pequeñas mamparas que ofrecían algo de intimidad.
En la parte derecha, bajo las ventanas, un sofá y varios sillones, alrededor de una mesa baja, ocupaban parte del espacio.
Supuse que hacía las veces de zona de descanso o algo parecido.
Me quité la americana y la colgué del respaldo de la silla. Pocos minutos después, llegaron los otros dos miembros del equipo: Isaac y Nuria. El día anterior, Lucas me dio acceso al sistema interno de la compañía y me dispuse a repasar las tres cuentas que Maya me entregó tras nuestra reunión.
Ella llegó pasadas las ocho y media, y se metió en su despacho con prisa, tras emitir un saludo general.
Desde mi posición tenía plena visibilidad de su escritorio y de cómo se movía por la estancia de forma frenética pero elegante.
Cada vez que alzaba los ojos hacia mi pantalla, de fondo, aparecía ella en mi punto de mira.
Tuve que hacer un esfuerzo por concentrarme en mi trabajo y no en su figura sentada tras la mesa.
—Me mola tu corbata. —Oí decir a Lucas.
Levanté la vista para cerciorarme de que se dirigía a mí. Era más que evidente; solo yo llevaba traje. Ellos cuatro vestían de manera informal, aunque sin parecerlo demasiado. Los tejanos y las camisetas eran sus aliados.
Lucas me miraba con una sonrisa en la boca.
—Gracias. Tu camiseta también es chula —contesté.
—¿Verdad? Mónica siempre me dice que soy un friki por llevarlas —bromeó.
—La de hoy es decente. Tiene otras mucho peores —me informó la chica al tiempo que ponía los ojos en blanco.
Sonreí por el buen rollo que desprendían. Isaac y Nuria se rieron por lo bajo sin hacer comentarios al respecto.
—Eh, sé que te encantan mis camisetas, pero aún más cómo me quedan.
—Por favor… —Mónica negó con la cabeza y desvió sus ojos hacia su pantalla.
—Chicos, en quince minutos nos vemos en la sala de reuniones. Ya tengo la respuesta de NQ a nuestra propuesta de campaña. —Maya se había asomado a la puerta de su despacho y nos hablaba con voz enérgica.
—Por fin —comentó Lucas.
Todos se levantaron de sus sillas casi a la vez y cogieron sus tablets .
Maya me había explicado la tarde anterior que ese era uno de los proyectos más importantes que tenían en ese momento e íbamos a trabajarlo duro.
Se trataba de la campaña de Navidad de una de las marcas deportivas más importantes del mundo, y nos habían elegido para crearla y dirigirla en España.
Estábamos a principios de septiembre, así que serían tres meses de locura. Ya sabía cómo funcionaban esos temas.
Nos sentamos alrededor de la mesa ovalada y Maya entró a nuestra espalda. Se quedó de pie frente a nosotros y colocó el proyector.
—¿No viene Martín? —preguntó Isaac.
—Está en una reunión de dirección. Ya le he informado. Me reuniré con él en cuanto pueda. Bien, empecemos —contestó Maya.
Durante más de una hora nos explicó la esencia de la marca, lo que pretendían con esa campaña y dio todos los detalles que había comentado con el director de Publicidad del cliente. Supe que se extendía en pormenores para que yo entendiera lo que necesitaban y lo que debíamos hacer. Lo agradecí.
Aunque trataba de atender lo máximo posible, mis ojos y mis pensamientos se iban de vez en cuando a su falda de tubo, de línea diplomática, que agarraba su cintura con precisión; a su blusa blanca sin mangas de escote en pico que se ceñía a su pecho cada vez que movía los brazos para indicarnos la importancia de cada diapositiva que nos mostraba.
A sus zapatos de tacón que elevaban sus piernas a una altura imposible.
A esos labios carnosos que había mordido con avaricia.
Me afané por apuntar todas las cuestiones importantes, comentarios sobre mi punto de vista para exponerlos a los demás y que nos reuniríamos cada mañana a las nueve para poner en común ideas y trabajo.
—¿Necesitas que te dé más detalles?
Levanté la vista de mi bloc de notas y vi que ya no quedaba nadie en la sala. Solo ella frente a mí.
—Creo que no. Revisaré lo que he anotado y mañana te informo —contesté con mis ojos en los suyos. Tenían un color ambiguo. No sabría decir si marrón con trazos verdes o verdes con trazos marrones.
—Comentad todo lo que se os ocurra entre vosotros. Esta campaña es importante y quiero que trabajéis como si fuerais solo uno.
—Claro. No hay problema.
—Le diré a Lucas que te configure una tablet , será más fácil para comunicarnos por correo y chat interno.
—De acuerdo. Gracias.
—¿Te has integrado bien? Son un poco… informales, pero tienen mucha capacidad para acoger a nuevos miembros.
—Sí. De momento, creo que encajaré.
—¿Como en el Tetris? —Señaló mi corbata.
—Como en el Tetris. —Sonreí.
Al parecer, había conseguido mi objetivo.
«Bien, Ander».