No me quites la inocencia Chapter 20 #2
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Chapter 20 #2

Pero, sobre todo, lo odiaba porque él me hizo sentir vista .

En mi mundo invisible, él fue el único que pareció mirarme de verdad.

Lo habría querido como una loca. Lo sabía.

Lo habría querido en esta vida y en la siguiente.

Y en todas las que hubieran venido después.

Lo habría querido y lo habría perdonado por cualquier cosa.

Lo habría perdonado arriesgándome a que todos me juzgaran, si él me hubiera elegido, aunque solo fuera una puta vez.

Pero no me eligió.

Me puse de pie de golpe. La sangre me zumbaba en los oídos. La rabia, una rabia caliente, pura e incontrolable, estalló dentro de mí. No aguanté más. Lo miré fijamente y solté con toda la rabia que tenía dentro:

—La masculinidad no se mide por el número de mujeres que se te pasan por la cama.

Se hizo un silencio incómodo. El humo del cigarro de Asher flotó entre nosotros, pero no me detuve. Di un paso hacia él. Mi voz sonó más alta, cortando el aire.

—Sino en el número de días en el que la chica se queda a tu lado y te quiere, y sobre todo, es feliz. Si no lo consigues, no te puedes llamar hombre.

Asher me sostuvo la mirada sin inmutarse. Aplastó su cigarro con la bota y, con una voz cargada de cinismo y crueldad, disparó a matar:

—¿Eso es lo que le has dicho a Logan para convencerte de que tu último polvo ha significado algo, pequeña?

El mundo se congeló.

James, a mi espalda, se levantó de un salto, confundido y alarmado.

—¿Qué está diciendo, Emily? —preguntó James, con la voz ronca.

Pero yo no le respondí a James. Di otro paso hacia el banco, levanté la mano con todas mis fuerzas y le crucé la cara a Asher.

¡PLAS!

El sonido de la bofetada resonó como un trueno seco. La palma de mi mano me ardió al instante. La cabeza de Asher giró hacia un lado por el impacto. La marca roja de mis dedos no tardó ni dos segundos en aparecer en su mejilla pálida.

Se hizo un silencio sepulcral. Asher giró el rostro lentamente de vuelta hacia mí. No había rabia en sus ojos. Había algo mucho peor: una diversión sádica. Se pasó la lengua por el interior de la mejilla, saboreando el golpe.

—Oh, James... —dijo Asher, sin dejar de mirarme, pero hablando en voz alta para que todos escucharan—. Está claro que ella no te lo contará. Pero yo sí. Logan se ha tirado a tu inocente hermanita —soltó la bomba nuclear con una sonrisa perversa.

—Asher, cállate la puta boca...

James se quedó paralizado.

—Y yo también —remató Asher, clavando el último puñal—. Yo primero.

El grito de furia animal que salió de la garganta de James me desgarró los tímpanos.

Y entonces, todo fue un caos de violencia.

James se abalanzó sobre Asher. Su puño impactó de lleno en la mandíbula de Asher con un crujido sordo y repugnante.

Asher retrocedió un paso por el golpe, sangrando por el labio, pero se recuperó en milésimas de segundo.

Saltó hacia adelante como un puto resorte y le devolvió el golpe a James, un derechazo brutal en el pómulo que lo hizo tambalear.

—¡Parad! ¡Parad, joder! —grité, retrocediendo aterrorizada.

Se enzarzaron en una pelea salvaje, rodando por el suelo, soltando puñetazos llenos de rabia. Zane, Dylan y Mason reaccionaron y se tiraron encima de ellos, agarrándolos por los brazos, las camisetas, tirando con todas sus fuerzas para separarlos.

—¡Quietos, coño! —bramaba Mason, sujetando a Asher por el pecho, que seguía intentando zafarse con la respiración agitada, limpiándose la sangre del labio con el dorso de la mano. Dylan y Zane tenían a James inmovilizado, que respiraba como un toro furioso.

Asher me miró por encima del hombro de Mason, escupiendo un poco de sangre al césped. Sus ojos brillaban con una adrenalina maníaca.

—Y tú, enana... —jadeó Asher, con una sonrisa torcida—.

¿Amor eterno, felicidad y esas mierdas? Somos adultos, no creemos en los putos cuentos de hadas.

Si se quedan, se quedan. Si se van, o si las dejo, es porque no están a mi puta altura.

Si aún así se quedan, es elección suya. Yo nunca prometo quedarme.

Se zafó del agarre de Mason de un tirón agresivo. Arregló su camiseta, dio un paso hacia mí, acercándose tanto que pude oler la sangre metálica en su aliento. Me miró desde arriba, sonriendo lento, casi cruel.

—Los hombres como yo no se miden por quién se queda... sino por quién no consigue olvidarlos. No confundas lo que tú necesitas, con lo que soy.

Apreté los puños, temblando de pies a cabeza, pero alcé la barbilla. Las lágrimas amenazaban con salir, pero la rabia las evaporó.

—Tranquilo... —siseé, clavando mis ojos en los suyos con todo el odio del mundo—.

A ti no te olvidan. Te superan. Yo no necesito a alguien que me haga imposible olvidarlo, necesito a alguien que me haga imposible querer irme.

No necesito un hombre que me enseñe el dolor y la decepción en cada puto momento.

Creo que a ti tampoco te gustaría una mujer que haga las mismas acciones que tú haces.

Asher dejó escapar una carcajada seca, carente de cualquier calor.

—Joder, qué intensidad gastas. No, no me gustaría. Por eso no la elegiría jamás. Como te dije: No creo en los cuentos. Creo en la realidad, y la puta realidad es que tú vas a recordarte de mí mucho más tiempo del que yo me acuerde de ti.

Se inclinó un poco más, bajando la voz solo para mí, clavando la estocada final.

—Lástima que la vida no funcione según lo que necesitas, sino según lo que puedes sostener. Tú necesitas sentirte elegida todos los putos días para no hundirte. Yo no necesito elegir a nadie para seguir siendo yo.

El aire desapareció de mi alrededor. Me asfixiaba. La presión en el pecho era insoportable. No podía escucharlo más. No podía seguir mirando la cara de asco de Logan, ni la cara magullada y decepcionada de James.

Me di la media vuelta y salí caminando a paso rápido, casi corriendo, hacia la salida del parque. Quería desaparecer. Quería fundirme con el asfalto.

Caminé una manzana entera, cruzando la calle sin mirar, cuando el sonido inconfundible de unas botas pesadas a mis espaldas me hizo frenar en seco.

Me giré bruscamente.

—¿Por qué me sigues? —grité, con la voz quebrada. Lo sentí detrás de mí, como una sombra inevitable.

Asher estaba allí, con las manos en los bolsillos, la sangre seca en el labio y la mirada aburrida.

—Porque todavía no he terminado —respondió, con calma.

—¿Todavía no has terminado de destrozarme? —chillé, acercándome a él, empujándolo con ambas manos en el pecho. Él ni siquiera se movió; era un muro de piedra—. ¿Se puede más? ¡Dime!

—Tú intentaste dejarme en evidencia delante de todos —se justificó él, con frialdad.

—¡Da igual! —Grité, golpeando su pecho una vez más, dejando caer las primeras lágrimas de frustración—. Ya es imposible causarme más daño. ¿Sabes qué es lo peor de todo esto, Asher? Que no me diste nada. NADA. Nunca me diste una puta migaja de nada, y aún así, yo te lo di todo.

Asher ladeó la cabeza, mirándome como si fuera un bicho raro.

—Nadie te puso una pistola en la cabeza, Emily. ¿De qué cojones te quejas ahora? Todo lo que hiciste, lo hiciste tú sola.

—¡Tampoco me dijiste que no valía la pena! —solloce, rompiéndome por completo en medio de la calle—. Tú me hiciste sentir... me hiciste sentir que era especial.

—No jodas... —bufó Asher, rodando los ojos—. Sabías desde el minuto uno que soy un desastre. Sabías que no me quedo. Que no soy de nadie.

—¡Pensé que cambiarías! —confesé.

Asher soltó una risa irónica, mirándome con lástima.

—Claro, el puto clásico. El síndrome de la salvadora. Pues adivina qué, enana: no soy un puto proyecto de ciencias. Ni un puzzle que tienes que completar con tu amor.

—Pensé que tú también sentías... algo —murmuré, abrazándome a mí misma, sintiendo frío a pesar del calor del verano.

La expresión de Asher se endureció por completo, vaciándose de cualquier rastro de humanidad.

—No soy de los que sienten. Sabías que tarde o temprano iba a desaparecer. Te la jugaste y perdiste. Fin de la puta historia.

Me sequé las lágrimas de las mejillas con rabia.

—Eres un capullo.

—Y un borracho, y un cabrón... Sí, todo eso —concedió Asher, encogiéndose de hombros—. Pero uno honesto. Nunca te he mentido. Nunca te vendí nada. Y seguramente estabas consciente de que no teníamos una puta mierda en común.

—No hizo falta que me vendieras nada —le espeté, mirándole con asco—. Jugaste a medias. Y eso es lo peor. Para lo inmensamente grande que es mi corazón, tú eres muy pequeño, Asher. Eres minúsculo.

Asher dio un paso atrás, dando por terminada la conversación.

—No me busques más. Que no estoy perdido —dijo, dándose la vuelta para marcharse—. Y si me encuentras, dame por desaparecido.

—¡Tranquilo, no lo haré! —le grité a su espalda—. ¡Y que me perdone el amor de mi vida porque fui tan imbécil de confundirlo contigo! ¡Que te den por culo, Asher!

Asher se detuvo, miró por encima de su hombro y me guiñó un ojo, exactamente igual como lo solía hacer, pero esta vez el gesto estaba cargado de veneno.

—Igualmente, enana. Puede que piense en ti cuando me tire a otra. No necesitáis espejos para ver que sois todas exactamente iguales.

Se dio la vuelta y se alejó caminando hacia su moto, dejándome allí, rota en mil pedazos y temblando sobre el asfalto caliente.

Empecé a caminar hacia mi casa. Mis pies se movían por inercia, pero yo estaba vacía por dentro. Derramaba lágrimas gruesas, silenciosas y saladas que me quemaban las mejillas.

No intentes darle agua a alguien que cree que no la necesita , pensé, sintiéndome estúpida.

Había sido una tonta redomada. Yo intentando explicarme, dándole vueltas a mis sentimientos, buscando las palabras exactas para que entendiera mi dolor.

.. y él... él estaba en otra cosa que no tenía nada que ver conmigo. Su mente era una caja fuerte cerrada.

Igual era verdad... No se le convence con razones a alguien que va de piedra por la vida. Y yo venga a insistir, a rogar, a llorar, como si pudieran ablandarle.

¡Qué ridículo! ¡Qué patética he sido!

Pero él era mi sueño. O eso creía. Peleé con todos los que estaban en mi contra, ignoré a James, mentí a mi madre, como una idiota ciega.

Él estaba vacío. Y aún así, me hacía sentir algo.

Entre risas y ganas de llorar, siempre me mantenía ahí, en el medio de la cuerda floja.

Yo quería reírme con él, beberme la puta vida a su lado, olvidarme de todos los problemas, pero al final solo me estaba perdiendo a mí misma en su oscuridad.

Yo no amaba para sufrir, pero mira qué bien me había salido la jugada.

Y ahora estaba intentando convencerme de que lo odiaba, con cada fibra de mi ser.

Repitiéndolo en mi cabeza. Lo odio, lo odio, lo odio.

Pero eso tampoco me salía bien. Él para mí fue especial, la primera sacudida real de mi vida.

Yo pensaba de verdad que para él era distinta.

Solo fui otra marca más en su lista de conquistas.

No me arrepiento de haber sentido tanto.

.. pero sí me arrepiento, y me asquea, haber sentido de más por alguien que ya había decidido no sentir nada por mí.

Y ahora me toca aprender —de una puta vez por todas— que no se puede construir nada estable con alguien que disfruta viviendo entre las llamas del caos.

Llegué al portal de mi edificio. Metí la llave temblando.

Quería beber hasta olvidar mi nombre. Quería llorar hasta secarme y fumar para reír sin sentido. Quería un mundo donde no hubiera sentimientos. Quería abrirme el pecho, arrancar todos los sentimientos con las manos desnudas y declararlos nulos.

Todo el mundo dice que " lo que no te mata, te hace más fuerte ".

Qué gran mentira. No creo en eso. Lo correcto sería: Lo que no te mató, te mató por dentro, te dejó hueca, y luego te resucitó convertida en algo mucho más oscuro.

Porque, aunque no te mate físicamente, aunque sigas respirando y caminando, te mata por dentro.

Destruye la persona que eras antes de conocerle.

Subí las escaleras lentamente. Me pesaba el cuerpo.

Pero supongo que es el precio. No puedes reírte de la tragedia si no sabes llorar de felicidad primero. No conoces el éxtasis absoluto sin haber pasado por la agonía más oscura. No sientes que vives de verdad sin amor.

Y, definitivamente, no existes sin desgracias.

Yo ahora existía.

Y estaba completamente desgraciada.