No me quites la inocencia Chapter 18
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Chapter 18

L os dos días siguientes se fundieron en una masa gris, densa y asfixiante, como si el tiempo mismo se hubiera estancado en el fondo de un pozo.

Mi habitación se había convertido en una cueva lúgubre donde las persianas permanecían bajadas, filtrando apenas un hilo de luz abrasadora del verano.

El aire olía a encierro, a sábanas sudadas y al humo rancio de los cigarrillos que fumaba a escondidas, asomando la cabeza por la ventana para que mi madre no me descubriera.

Estaba hundida en un cansancio crónico. Me pesaban los huesos.

Levantarme de la cama para ir al baño me parecía un esfuerzo titánico.

No me había cepillado el pelo, apenas comía las sobras frías que me dejaba mi madre, y el sabor agrio de la bilis y el tabaco se había instalado permanentemente en mi boca.

Estas dos noches había llorado hasta que me escocían los ojos, abrazada a la almohada, con la pantalla del móvil brillando en la oscuridad de mi cuarto.

Le había enviado a Asher decenas de mensajes.

Textos suplicantes, textos casuales, audios.

.. Cero respuestas. Su silencio era un cuchillo que se me clavaba un milímetro más profundo cada hora.

Esas noches, bajé al parque, maquillada como una puerta para tapar mis ojeras, solo para mendigar su atención.

Él estaba allí, pero actuaba como si yo fuera un fantasma.

Me ignoraba con una frialdad que me destrozaba.

En cambio, mi móvil vibraba por otras personas.

Amelia me había escrito casi mil mensajes.

Los leí todos de pasada. Me preguntaba dónde estaba, por qué no contestaba, si quería que fuéramos al cine.

Solo fui capaz de enviarle una línea seca: « No me apetece hablar ». No quería ver a nadie que no sea Asher.

La otra persona que no dejaba de hacer vibrar mi teléfono era Logan. Sus notificaciones aparecían como destellos constantes. « Qué bien te quedaba ese vestido el otro día .» « Deberíamos salir juntos. Me gusta tu presencia. » « Estás preciosa, Emily. »

Leía sus cumplidos con el ceño fruncido.

Una parte de mi cerebro, hambrienta de validación, empezaba a preguntarse si Logan tendría sentimientos reales por mí.

Si todo ese acoso constante era, en el fondo, una forma retorcida de demostrar que le importaba.

Él cada vez se me acercaba más en el parque, se sentaba a mi lado, me pasaba el porro antes que a nadie.

Me daba exactamente lo que Asher me negaba: atención. Y lo hacia delante de todos.

El miércoles, el grupo planeó ir a pasar el día a la piscina de la casa de Mason, que tenía un jardín inmenso. La idea de ponerme el bañador y que me vean todos los chicos me daba verguenza, pero la idea de no ir y perderme la oportunidad de ver a Asher era aún peor.

Rebusqué en mis cajones desordenados y saqué un bikini negro nuevo.

La parte de abajo era casi un tanga. Me lo puse, mirándome al espejo del baño.

Estaba más delgada. Los huesos de mis caderas se marcaban más que hace un mes.

Me convencí de que si Asher me veía así, si le enseñaba lo que se estaba perdiendo, volvería a mí.

Cuando llegué al jardín de Mason, el sol del mediodía me deslumbró. El olor a cloro, a césped recién cortado y a crema solar de coco inundaba el aire. La música sonaba desde unos altavoces enormes. Caminé hacia las tumbonas y me quite el vestido de rejilla que llevaba puesto por encima del bikini.

James estaba sentado en el borde de la piscina, con los pies en el agua. Al verme acercarme en aquel bikini, su rostro se descompuso. Negó con la cabeza, apretando la mandíbula con tanta fuerza que vi saltar el músculo de su mejilla.

—Podrías haber venido desnuda, ya que estás —me soltó, con la voz cargada de una mezcla de decepción y enfado.

Me crucé de brazos, sintiendo que la tela del bikini apenas me cubría nada, pero alcé la barbilla, a la defensiva.

—¿Qué pasa? Es un puto bikini, James. Todo el mundo lleva uno. Allison lleva uno casi igual.

—Tú no eres Allison. No es para tu edad, Emily —replicó él, mirándome a los ojos, negándose a mirar mi cuerpo expuesto—. Pareces... Joder, no pareces tú.

—Lo que tú digas —mascullé, dándole la espalda para no escuchar un sermón más.

—¿Crees que así vas a conseguir que te respeten? —insistió a mi espalda.

—No busco el respeto de nadie. Quiero pasarlo bien.

—Los hombres no buscan una relación seria con una mujer que enseña demasiado, Emily. Quieren algo exclusivo. No algo que ha visto ya todo el mundo. Para que lo sepas.

Sus palabras se clavaron como alfileres en mi nuca, pero las ignoré, lanzando mi toalla sobre una tumbona.

Mis ojos escanearon la superficie azul y cristalina.

Asher acababa de meterse en la piscina. El sol brillaba sobre su espalda ancha, resaltando la tinta oscura de sus tatuajes bajo el agua. Mi corazón dio un vuelco doloroso.

Caminé hacia el borde y me dejé caer al agua.

El contraste del frío me erizó la piel. Asher estaba en el otro extremo, hablando con Mark y Dylan.

Poquito a poco, intentando parecer casual, empecé a nadar hacia su zona.

El agua me llegaba por el pecho. Me acerqué, esperando que me mirara, que me sonriera, que me diera un poco de atención.

Pero cuando estuve a menos de dos metros, Asher se giró, me lanzó una mirada vacía, gélida, y nadó hacia la escalerilla opuesta, saliendo de la piscina sin decir una sola palabra.

El rechazo fue tan evidente, tan humillante, que sentí que el agua clorada se me metía en los pulmones. Me ahogaba. El nudo de mi garganta se cerró por completo. Salí de la piscina temblando, agarré mi móvil con los dedos mojados y le escribí desesperada.

Emily: Te espero en el baño de la piscina.

Caminé hacia la pequeña construcción de madera y me metí en el baño. Me apoyé contra el lavabo, temblando de frío y de ansiedad. Dos minutos eternos después, la puerta se abrió. Asher entró. Llevaba una toalla colgada al cuello. Me miró como si le molestara, como que no le dejaba disfrutar del día.

—¿Qué quieres ahora? —suspiró, cerrando la puerta sin echar el pestillo.

—Solo quiero estar contigo un rato —supliqué en un susurro, dando un paso hacia él, intentando agarrar su mano.

Asher dio un paso atrás, esquivándome limpiamente.

—Ahora no podemos, Emily. No es el momento. Me estás agobiando, joder.

—Ya... Ya nunca es el momento —se me quebró la voz. Las lágrimas que llevaba horas aguantando amenazaron con desbordarse—. Llevas tres días sin mirarme a la cara. ¿Qué te he hecho? Dime qué he hecho mal y te juro que lo arreglo.

—Ese es tu puto problema —escupió él, mirándome con frialdad—. Eres demasiado intensa. No has hecho nada, simplemente me aburro.

—¿Te aburres? —El pánico me arañó el pecho—. ¿Qué te pasa, Asher? ¿Estás... estás con Zoe? ¿Es eso?

Asher puso los ojos en blanco, cruzándose de brazos.

—No estoy con nadie. Y aunque lo estuviera, a ti qué más te da.

—¿Con nadie? —Un sollozo escapó de mis labios—. ¿Ahora soy... nadie para ti? Después de todo lo que...

—Mira, enana —me cortó, con una voz tan plana que me heló la sangre—. No soy de los que se atan. Te lo avisé. Si no puedes entender cómo funcionan las cosas... es mejor que lo dejemos aquí.

El silencio que siguió a sus palabras fue ensordecedor.

El zumbido constante de la depuradora de la piscina taladraba mis tímpanos, compitiendo con el rugido sordo de mi propia sangre.

Me estaba dejando. Me estaba descartando como a un envoltorio vacío.

Y ni siquiera parecía dolerle. Ni siquiera iba a luchar.

Algo dentro de mí, esa última cuerda que me mantenía atada a la cordura y a la esperanza, hizo clac . Se rompió.

—Bien —dije. Fue una sola sílaba, seca, hueca.

Pasé por su lado sin mirarle, empujé la puerta y salí de nuevo al sol cegador del mediodía. Caminé en línea recta. No sentía las piernas. No sentía nada excepto un dolor tan gigantesco que necesitaba anestesiarlo inmediatamente antes de que me matara.

Vi a Logan. Estaba apoyado en la barra exterior de madera, con una cerveza en la mano y el torso desnudo brillando por el agua.

Fui directa hacia él. No lo pensé. No evalué las consecuencias. Me planté frente a él, me puse de puntillas, agarré su nuca húmeda y le estampé los labios contra los míos. Lo besé con toda la desesperación y la rabia que me estaba pudriendo por dentro.

Logan se quedó rígido por un segundo, sorprendido, pero al instante su instinto tomó el control.

Me devolvió el beso con brutalidad. Sus manos grandes bajaron directamente hacia mi culo desnudo por el tanga, agarrándolo y apretándolo con fuerza, pegándome a su cuerpo.

Olía a cerveza y a tabaco. El olor a masculinidad.

—Joder, nena —gruñó Logan contra mis labios—. Sí que tenías ganas.

Me agarró por la cintura y nos tiramos al agua. Caímos con un fuerte chapoteo. El resto del día, Logan no se despegó de mí. Me manoseaba bajo el agua, frotándose contra mi pierna, intentando meter sus dedos por la tela de mi bikini.

—Pensaba que no te ibas a atrever nunca —me susurró al oído mientras nadábamos cerca del borde—. ¿Qué te ha hecho cambiar de opinión?

—A lo mejor no me conoces tanto —le desafié, forzando una sonrisa coqueta.

—Me muero por conocerte, Emily. Entera.

Lo aparté un par de veces, pero sin mucha convicción. Dejaba que me tocara para sentirme deseada por alguien. Para demostrarle a Asher — que nos miraba desde lejos con una indiferencia que me enloquecí a — que yo también podía jugar a ser fría y que otros me querían.