Chapter 16 #3
—He decidido disfrutar de la puta vida, James —le grité, poniéndome de pie—. No me quiero arrepentir de no haber hecho nada si me pasara algo mañana. Quiero vivir, joder.
James se levantó también, mirándome con una decepción profunda.
—A tu padre no le habría gustado verte así... —murmuró, asestando el golpe más bajo de todos.
El dolor me atravesó como una cuchilla fría. Sentí que me arrancaban el corazón a tirones.
—No menciones a mi padre —siseé, sintiendo que las lágrimas me picaban en los ojos—. No tienes ningún derecho a hablar de él. ¡Cállate la boca!
—¿Crees que le gustaría ver a su hija borracha perdida, fumada, a cuatro patas en la alfombra de un degenerado siendo la burla y el morbo de todos? —insistió James, implacable—. ¿Por qué lo haces, Emily? ¡Dímelo!
—¿Y tú por qué cojones lo haces? —chillé, señalando el cigarro en su mano y recordando los porros que fumaba con ellos—. ¡¿Acaso tú eres mejor, santo James?!
—¡Porque empecé porque me parecía divertido! Era una puta broma al principio. Y después... después se hizo parte de la rutina y ya no supe cómo parar —admitió, con una honestidad brutal que me desarmó por un segundo.
—¡Ahí lo tienes! —me defendí, retrocediendo un paso—. Me quiero divertir. Quiero saber que se siente. Fin de la historia.
—Tú eres una chica, Emily. A ti te pueden pasar muchísimas más cosas.
Ellos no tienen nada que perder. A ellos se la suda todo.
Sabes... —James bajó la voz, negando con la cabeza—.
Llegará un día en el que te arrepentirás de todas estas cosas.
En que querrás volver atrás en el tiempo solo para darte una hostia a ti misma e impedirlo.
Pero, ¿sabes qué? Que será demasiado tarde. Estarás rota.
—Prefiero arrepentirme de lo que hice que llorar pensando en lo que no tuve el valor de hacer —sentencié, escupiendo una frase de película barata para no darle la razón.
El rugido sincronizado de varios motores pesados reventando la quietud de la calle cortó nuestra discusión en seco.
Asher, Logan, Zane, Mark y las chicas entraron al parque cruzando la verja de hierro.
En el momento en que la figura alta de Asher, envuelto en su chaqueta negra, captó mi visión periférica, mi corazón dio un latigazo salvaje y comenzó a galopar.
Justo en ese maldito momento, el crujido metálico de la puerta del portal sonó a mi espalda.
Mi madre salía a la calle, vestida con su uniforme azul y con el bolso colgado al hombro.
Se detuvo en seco al verme allí, rodeada por un grupo de tíos enormes y llenos de tatuajes que olían a problemas a kilómetros de distancia.
—Emily, ven aquí un momento —me llamó, haciéndome un gesto con la mano para que me acercara.
Le pasé el cigarro rápidamente a James, escondiéndolo detrás de mi espalda en un pase torpe, y caminé rápido hacia mi madre, rogando que los demás no nos prestaran atención.
—¿Qué haces con estos chicos? —me preguntó en voz baja, pero con tono de alarma, en cuanto la tuve enfrente.
—Eh... Nada, mamá... —tartamudeé, sintiendo un sudor frío—. Estaba hablando con James y de repente han aparecido sus amigos. Nada más.
Mi madre miró a James, al que conocía y respetaba por ser el vecino tranquilo del bajo, y luego barrió con la mirada a los demás. Frunció el ceño con desconfianza.
—James es un buen chico —dijo mi madre, cruzándose de brazos—. Pero no me gustan un solo pelo las pintas de esos otros, Emily. Nada. Aléjate de ellos.
—Tranquila, mamá. No tengo absolutamente nada que ver con ellos —mentí, con una facilidad que me dio escalofríos—. Solo han venido a buscar a James.
—Está bien, cielo —suspiró mi madre, agotada, sin energía para discutir antes de empezar su turno de noche—. No te quedes mucho rato con ellos, ¿me oyes? Sube pronto. Me voy a trabajar. Te he dejado la cena preparada en el microondas. Te quiero mucho.
—Yo también, mamá. Que te sea leve.
En cuanto dobló la esquina, volví a acercarme al grupo, ignorando a James, y me integré en la manada como si nada hubiera pasado.
Logan, frotándose las manos, propuso ir a su casa a celebrar el inicio del verano, como de costumbre.
Eso decían los demás. Casi todas las fiestas se celebraban en su casa.
Todos estuvimos de acuerdo, así que nos pusimos en marcha.
El trayecto fue corto y, en cuanto cruzamos la puerta de su casa, el grupo se dispersó por el salón.
Zoe, que llevaba una bolsa de deporte colgada del hombro, se acercó a mí.
—Voy a cambiarme de ropa —dijo, mascando chicle de forma ruidosa—. ¿Me acompañas al baño de arriba mientras los demás preparan las bebidas?
Asentí, sorprendida de que me hablara con tanta normalidad.
Subimos las escaleras al primer piso de la casa de Logan.
Mientras Zoe se quitaba la camiseta y sacaba un vestido ajustado de su bolsa, empezamos a hablar de tonterías del instituto.
Me contó que ya había acabado el último curso, que pasaba de la universidad y que iba a empezar a trabajar de camarera en el bar de su prima esa misma semana.
Yo le confesé, con una timidez que mi plan era estudiar leyes y convertirme en abogada.
Zoe se acercó al espejo, destapó el rímel y empezó a aplicarse capas gruesas en las pestañas. A través del reflejo clavó sus ojos en mí.
—Y bueno, niña... ¿Qué te traes con Asher? —soltó de golpe.
El corazón me dio un vuelco.
—¿C-con Asher? —tartamudeé, sintiendo que me fallaban las piernas—. Na-nada... No me traigo nada.
Zoe se giró hacia mí, apoyando la cadera en el lavabo, mirándome con una ceja arqueada.
—No me jodas, Emily. He visto cómo le miras.
—Es solo... es solo un amigo de James... ¿Y tú? —pregunté, de verdad quería saber si hay algo entre ellos. Las imagenes de ellos dos besándose reaparecieron en mi cabeza.
Zoe soltó una carcajada seca, ajustándose el escote de su vestido nuevo.
—Nada. Él no quiere nada serio con nadie. Eso lo sabemos todas aquí. Así que... somos amigos con beneficios, supongo.
Tragué saliva, sintiendo que el suelo de baldosas se inclinaba bajo mis pies.
—Sí... eso dice James... que Asher solo piensa en lo que piensa —logré decir con un hilo de voz patético.
—Dilo. Sin miedo, pequeña —me animó Zoe, con una sonrisa cruda y descarada—. En follar. Solo le interesa meterla y largarse.
—Bueno... eso. Follar —repetí, sintiéndome la chica más patética e ilusa del planeta tierra.
Bajamos al salón. La fiesta ya estaba en pleno apogeo.
La música electrónica me reventaba los tímpanos.
La confirmación de Zoe sobre la naturaleza de Asher me había roto el último escudo de negación que me quedaba.
La única forma de apagar la voz de mi cabeza que me decía que James tenía razón, era ahogarla en alcohol.
Empecé a beber como si el alcohol fuera el antídoto.
Bebí un vaso de vodka con limón, luego uno de ron, luego rematé con un chupito de tequila.
Fumaba un cigarro tras otro, daba caladas a los porros que pasaban por el círculo.
Mi cuerpo era un contenedor de sustancias tóxicas que me hacían reír a carcajadas sin sentido.
Logan se acercó a mí. Aprovechando mi estado de embriaguez profunda, me agarró por la cintura y empezó a bailar conmigo al ritmo de la música pesada. Más que bailar, él me inmovilizó por la espalda y empezó a restregar su dureza evidente contra mis nalgas a través de mi falda del vestido.
El gesto me provocó una ola instantánea de náuseas calientes en el estómago. Intenté empujarlo, intenté alejarme, pero mi cabeza daba vueltas violentamente y su brazo musculoso era un cepo de acero bloqueándome el estómago.
—Sabes... —susurró Logan en mi oreja, mordiéndome el lóbulo, apestando a alcohol y a porro—. Para tener solo quince años, estás más buena que la mitad de las tías de dieciocho de esta sala.
—Gracias... Supongo —balbuceé, arrastrando las vocales. Estaba tan mareada que las luces de la sala dejaban estelas en mi visión. Intenté volver a separarme, arqueando la espalda, pero él solo apretó más su agarre.
—Tienes más tetas que Evelyn y muchísimo mejor culo que Chloe —siguió, arrastrando las palabras, pegándose más a mí.
—Las has comparado... —dije, sintiendo náuseas.
—No ha hecho falta. Es demasiado evidente —Logan se rio en mi cuello, y vi por el rabillo del ojo cómo me guiñaba el ojo—. ¿Tú te has fijado en nosotros? Así, en serio, dejando las tonterías. ¿Quién de nosotros te parece que está más bueno?
—¿Perdón? —dije, pestañeando despacio, perdiendo el equilibrio y tropezando hacia atrás, lo que solo sirvió para aplastarme más contra él.
—Con quién follarías de nosotros, si pudieras elegir —insistió, bajando la mano hacia la curva de mi cadera.
La imagen de Asher riéndose en el sofá con otra chica al otro lado del salón cruzó por mi mente borracha.
—Con ninguno —le espeté, con un hilo de voz, sintiendo que en cualquier momento iba a vomitar—. Con ninguno de vosotros, maldita sea. Sois asquerosos.
La sonrisa de Logan se torció, pero antes de que pudiera decir o hacerme nada más, una mano agarró mi brazo con una fuerza brutal, arrancándome del agarre de Logan de un solo tirón que casi me tira al suelo.
Era James. Su rostro estaba congestionado por la ira, los músculos de su cuello saltando bajo la piel, y sus ojos castaños echaban chispas literales de pura rabia homicida.
—Vamos a casa, Emily. Has tenido suficiente mierda por hoy —bramó James, temblando de rabia.
Sin soltarme, se giró hacia Logan, dándole un empujón fuerte en el pecho, haciéndole tambalearse hacia atrás—.
Y tú, puto capullo enfermo, vuelve a ponerle una puta mano encima y te juro por mi vida que te parto la cara a golpes aquí mismo.