Chapter 16 #2
Grité, mordiéndome el labio hasta hacerme sangre.
Dolió más. Desde ese ángulo sentía que entraba más profundo, embistiendo con una intensidad que me dejaba sin respiración.
La fricción era abrasadora, mecánica, dolorosa.
Apreté los ojos con fuerza, llorando en silencio contra las sábanas de la cama, repitiéndome una y otra vez que ese dolor era el puente que me conectaría a su corazón.
Cuando salimos de la habitación, unos quince minutos después, yo iba arreglándome el pelo con las manos temblorosas y caminando con cierta incomodidad.
Mark estaba en el salón, dándole un trago a su cerveza.
Me miró, evaluando mi estado, y negó con la cabeza en un gesto mudo de decepción que me hizo clavar la mirada en el suelo.
—Logan nos ha invitado a su casa —anunció Mark con sequedad—. Dice que tiene la casa sola hoy.
Caminamos hacia allá. En la calle, me mantenía a un par de pasos de distancia de Asher.
Estaba tan cerca de él que podía oler su perfume, pero a la vez, había un océano insalvable entre nosotros.
Tenía tantas ganas de cogerle la mano. Pasear como las parejas.
Pero sabía que no podíamos. No nos podía ver nadie.
Cuando entramos en el enorme salón de Logan, la música estaba a todo volumen. Y ahí estaba James. Estaba sentado en un sofá, bebiendo una cerveza. Cuando me vio entrar por la puerta, rodeada por Asher y Mark, su rostro palideció. La sorpresa y la furia se mezclaron en sus ojos.
Se levantó de golpe y caminó hacia mí, agarrándome del brazo para apartarme un poco del grupo.
—Emily, me dijiste que no tenías nada que ver con él —siseó entre dientes, su respiración agitada.
El pánico me atenazó, pero la mentira salió de mi boca fluida y automática.
—Y no tengo nada con él, James. No te he mentido. Me escribió para que viniera a la fiesta y nos hemos encontrado de camino en la calle. Eso es todo.
Me zafé de su agarre con un tirón, ignorando la decepción cruda en su rostro, y caminé rápidamente hacia donde estaba Logan.
—¡Hola! —le grité por encima de la música, dándole un beso sonoro en la mejilla con una confianza sobreactuada.
Logan me sonrió con su típica expresión chula y me tendió el porro gigante que estaba fumando.
Lo cogí sin dudarlo. Le di tres caladas bien profundas, una tras otra, sintiendo cómo el humo espeso me llenaba los pulmones y me adormecía el cerebro, apagando el dolor físico de mis muslos y el dolor mental.
James se acercó de nuevo, parándose a mi lado como una sombra acusadora.
—Emily, estás que no te reconozco —murmuró, mirando cómo expulsaba el humo—. ¿En qué coño te estás convirtiendo? Bebes más de la cuenta, fumas porros como si no hubiera un mañana, te acercas restregándote a todos los tíos... Pareces desesperada.
—Solo estoy divirtiéndome, James —le espeté, con una sonrisa amplia y vacía, arrastrando un poco las palabras—. Como tú. Como ellos. ¿Acaso está prohibido pasarlo bien?
—Tú tienes que cuidarte más. Eres una cría. Tu imagen será otra que la mía, la gente habla, Em.
—Relájate y diviértete, amargado —le dije, pasándole el porro con un gesto despectivo, dándole la espalda.
Allison, que estaba sentada en la alfombra con las piernas cruzadas, levantó la voz por encima del bajo de la música.
—¡Vamos a jugar a reto o verdad! —propuso, con los ojos brillando por el alcohol.
Nos sentamos en círculo. La tensión era palpable.
Los primeros retos fueron estúpidos, pero a medida que la botella de tequila iba bajando, la oscuridad del grupo empezó a salir a flote.
Allison creó unos cinco retos bastante picantes, y, de forma calculada, casi todos me implicaban a mí.
Era la sangre nueva, la chica nueva del grupo.
Mark, que todavía me miraba con ese resentimiento desde su apartamento, me dio mi primer reto.
—Te reto a que le beses a Asher la parte baja del abdomen. Justo encima del cinturón —dijo, desafiándome, probando mis límites frente a todos.
El rubor me subió a la cara, pero miré a Asher.
Él estaba reclinado hacia atrás, mirándome con expectación, disfrutando del espectáculo.
Gateé hacia él, me arrodillé, le levanté el borde de la camiseta negra y le besé la piel tensa y caliente bajo su ombligo.
El grupo aulló en aplausos. Yo me reí, una risa histérica, volviendo a mi sitio.
Luego, Zane señaló a Logan.
—Reto para Logan. Tócale el culo a Emily y apriétalo bien fuerte. Diez putos segundos.
Logan no lo dudó. Se acercó a mí con una sonrisa depredadora, deslizó su mano grande por mi vestido ligero y me agarró la nalga, apretando con fuerza, amasando mi carne a la vista de todos.
Miré a Asher, suplicando internamente que saltara, que lo golpeara, que demostrara que yo era suya .
Pero Asher solo le dio un trago a su bebida, imperturbable.
Pero el límite se cruzó cuando le tocó el turno a Logan de ponerme un reto.
—A ver, pequeña —dijo Logan, arrastrando las palabras—. Te reto a que te pongas a cuatro patas, al estilo perrito, en medio de la alfombra. Y que Asher se ponga detrás de ti, te sujete por el cuello, y miméis como si estuvierais follando. Con sonido y todo.
El silencio que cayó sobre la sala fue ensordecedor. Se me cortó la respiración. La humillación absoluta de lo que me estaba pidiendo me revolvió la bilis.
James se levantó de un salto, furioso, tirando su vaso al suelo.
—¡Logan, ¿qué cojones dices?! —bramó James, empujando a Logan por el hombro—.¡¿Eres consciente de la puta edad que tiene, enfermo de mierda?!
El pánico a que la fiesta se acabara, a que Asher me viera como la niña problemática a la que James tenía que defender, me hizo actuar por impulso, anulando mi propia dignidad.
—¿Qué pasa, James? —dije, riéndome de forma aguda, con el porro en la mano—. Relájate. No es como si me fuera a meter la polla de verdad delante de todos. Es solo un puto juego.
Zane soltó una carcajada rasposa desde el otro lado del círculo.
—Déjala, Brown. La chica ya ha dicho hace días que no es virgen. No le está pidiendo que haga nada que no sepa hacer ya.
James me miró, con el rostro descompuesto por el asco y el dolor puro.
—Emily, no me puedo creer que te estés rebajando tanto —susurró, con la voz quebrada—. Das pena. Algún día tu cerebro volverá a funcionar, y te vas a odiar por esto.
Se dio la vuelta y se alejó hacia la cocina, incapaz de seguir mirando.
Tragué saliva, obligando a mi cuerpo a moverse.
Me puse a cuatro patas sobre la alfombra rasposa.
Asher gateó detrás de mí. Su mano grande, la misma que me había acariciado horas antes, se cerró alrededor de mi nuca con fuerza.
Sentí la fricción de sus vaqueros contra mis nalgas mientras él imitaba el movimiento de una penetración agresiva.
El grupo aplaudía, silbaba, gritaba obscenidades.
Cerré los ojos, clavé las uñas en la alfombra y simulé reírme, fingiendo que me estaba divirtiendo, mientras por dentro me estaba muriendo de asco, de vergüenza y de un vacío tan grande que amenazaba con tragarme entera.
El último día de instituto llegó con el calor asfixiante de finales de junio. Las vacaciones de verano se abrían ante mí como un abismo sin fondo.
En la última hora, la profesora me entregó el boletín de notas frente a toda la clase.
Todo sobresalientes. Una línea perfecta de dieces impecables.
Me felicitó delante de todos, destacando mi brillantez y mi futuro prometedor.
Sonreí. Yo también me siento orgullosa. Me había dejado la piel estudiando, aguantando la presión, a pesar de que durante el último mes mi cerebro había estado secuestrado por el olor a tabaco y el perfume de Asher. Aun así, allí estaban mis dieces.
Cuando llegué a casa, le dejé las notas a mi madre sobre la mesa de la cocina. Ella las leyó y se llevó las manos a la boca, con los ojos brillando de lágrimas de puro orgullo.
—Oh, mi amor... —susurró, abrazándome con tanta fuerza que me hizo daño—. Eres mi mayor orgullo. Estoy tan orgullosa de ti, Emily. Todo mi esfuerzo vale la pena cuando veo lo buena e inteligente que eres.
« Buena ».
La palabra me quemó como ácido. Este último mes he sido de todo menos buena. Le devolví el abrazo, sintiéndome la traidora más grande de Nueva York.
Me cambié de ropa con movimientos mecánicos y bajé corriendo por las escaleras hacia el parque. Necesitaba nicotina con urgencia. Mis pulmones me pedían a gritos ese veneno familiar.
James estaba allí, sentado en su banco de siempre, mirando a la nada. Cuando me acerqué, no dijo nada, simplemente sacó su paquete, encendió un cigarro y me tendió otro. Lo cogí, sentándome a su lado.
—Aprobé todo —le informé, exhalando el primer chorro de humo gris y denso hacia el cielo del atardecer.
—No tenía dudas —respondió James, sin mirarme, con la voz plana—. Sé lo lista que eres, Emily. Tienes un cerebro brillante para los putos libros. Pero con los tíos no lo usas. Eres un desastre absoluto.
Puse los ojos en blanco, resoplando con irritación.
—¿Otra vez con el mismo sermón, James? Qué pesadez.
—No es para ti. Mírate, joder. Estás consumida. Quiero despertarte de la nube de humo y mentiras en la que estás viviendo —espetó, girándose hacia mí—. Tú me dices que no hay nada entre Asher y tú...
—Porque no hay nada entre nosotros —lo interrumpí, a la defensiva.
—Supongamos que me lo creo —concedió, con sarcasmo—. Pero te gustaría que lo hubiera. He visto cómo lo miras. He visto cómo te arrastras. ¿Y con Logan qué te traes? Dejando que te manosee frente a todos.
—¿Te jode que tus amigos me hagan caso? ¿Es eso? ¿Estás celoso?
—¡No me molesta que te hagan caso! —rugió James, frustrado—. Simplemente no me gustan sus putas atenciones, Emily. Los conozco. Sé cómo son y lo que buscan. Y te conozco a ti también... O eso creía. Cada día vas a peor. Caes más bajo. Estás perdiendo el control.