Chapter 15 #3
—¿Sobre qué, James? No tengo nada con Asher, si eso te preocupa. —mentí, aunque la mentira me supiera a ceniza en la boca.
James me miró con una intensidad oscura, dolida. Sus ojos bajaron por un segundo hacia mi vientre y luego volvieron a clavarse en mi cara.
—¿Cómo que ya no eres virgen? —preguntó directamente, sin rodeos—. ¿Desde cuándo, Em?
El calor de la vergüenza y el pánico me subió por el cuello.
—¿Eres mi puto ginecólogo para que tenga que darte explicaciones sobre mi vida sexual? —ataqué, levantando la barbilla, usando el veneno para cubrir el miedo.
—Emily, te pregunto en serio. Me importas, joder. Me preocupo por ti.
—Y yo te contesto en serio —le espeté—. ¿Por qué tendría que decirte nada? Es mi vida, mi cuerpo.
James dio un paso al frente, agarrándome suavemente de los hombros.
—Solo dime que Asher no tiene nada que ver. Mírame a los ojos y dímelo.
La imagen de Asher, desnudo, frío y distante tras haberme follado, parpadeó en mi mente. Tragué el nudo de mis miedos y mentí mirándolo directamente a sus ojos castaños, protegiendo el secreto de Asher por encima de la única amistad real que tenía.
—Asher no tiene nada que ver. Pasó hace tiempo con un chico de mi instituto. Fue algo rápido.
Los hombros de James se relajaron una fracción, dejando escapar un suspiro que no supe si era de alivio o de profunda decepción.
—Emily, ¿por qué lo has hecho así? —murmuró, soltándome con lentitud—. Para las chicas se supone que tiene que ser algo especial. Con alguien que te quiera, no algo rápido con un cualquiera de instituto.
Sí que fue con alguien que quería , pero él no tenía porque saberlo. Quería a Asher. Era mi primer novio y mi primer amor. No sé como en un tiempo tan corto me enamoré de él.
—No sé, James. No me pareció algo importante. Es solo sexo, no es el fin del mundo —mentí de nuevo, sintiendo cómo mi corazón se agrietaba un poco más—. Venga, vamos... No quiero seguir hablando sobre esto. Llegaremos tarde a la fiesta.
James asintió, derrotado, y me siguió fuera del bloque.
Cuando llegamos a la casa de Zane, la música electrónica ya hacía temblar las paredes. Entré buscando su presencia como un adicto buscando su dosis. Lo vi casi al instante. Asher estaba sentado en uno de los sillones del salón, con un vaso en la mano.
Y Zoe estaba otra vez muy arrimada a él, prácticamente sentada en el brazo de su sillón, susurrándole al oído y acariciándole la nuca. Y él, una vez más, no hacía nada por apartarla. Se reía de lo que ella le decía.
El ácido de los celos y la humillación me quemó el estómago. Quería gritar, quería romperle el vaso en la cabeza a ella, pero recordé su advertencia. « Mantener las apariencias ».
Si él podía jugar, yo también podía.
Fui directa a la cocina. Agarré un vaso grande de plástico y empecé a servirme.
Ron oscuro, un chorro largo de vodka, tequila.
No me importó el sabor. Necesitaba que mi cerebro se apagara, necesitaba que el dolor se durmiera y que naciera la falsa valentía.
Bebí el cóctel tóxico en tres tragos largos, ignorando el ardor que me hizo lagrimear los ojos.
Volví al salón. El mundo empezaba a dar vueltas lentas y pesadas. Vi a Logan apoyado contra la pared del pasillo, fumando un porro, riéndose con Dylan. Caminé hacia él, tambaleándome ligeramente sobre mis tacones.
—Pásame eso —le pedí, arrebatándole el porro de los dedos antes de que pudiera contestar.
Aspiré hondo, llenando mis pulmones de humo denso, y luego le devolví el canuto, apoyando mi mano en su pecho, riéndome de forma exagerada y estridente, asegurándome de mirar de reojo hacia donde estaba Asher.
Quería que me viera. Quería que sintiera la misma punzada de celos que me estaba devorando a mí.
Logan me miró, sorprendido al principio, pero su sonrisa se volvió sucia y depredadora al instante. Me rodeó la cintura con un brazo, pegándome a su cuerpo.
Vi a James acercarse rápidamente desde la otra punta de la sala.
—Emily, para, te estás pasando. Estás borracha —intentó agarrarme del brazo, con el ceño fruncido por la preocupación.
—¡Apártate, James! —le grité, dándole un empujón torpe—. ¡Déjame en paz, joder! ¡Vete a amargarle la noche a otra! ¡Déjame divertirme!
James apretó la mandíbula y retrocedió un paso, dándose la vuelta con frustración pura.
Logan aprovechó mi vulnerabilidad. Su mano subió desde mi cintura hasta mi pecho, apretando uno de mis senos a través de la tela del top. El asco me revolvió las entrañas, pero me obligué a no apartarlo inmediatamente. Su otra mano bajó hacia mi falda, intentando colarse por debajo de la tela.
El pánico rompió la bruma del alcohol. Lo frené en seco, agarrando su muñeca con fuerza. Lo miré y le esbocé una sonrisa fingida, coqueta, intentando salvar la situación sin montar un escándalo.
Logan se detuvo. Me miró a los ojos y su sonrisa se ensanchó, pero sus ojos eran fríos, calculadores. Se inclinó, rozando mi oreja con sus labios que sabían a humo.
—Sigues siendo virgen, ¿es eso? —me susurró, con un tono lleno de burla y superioridad—. Has mentido en el juego del otro día. Se te nota a leguas, niña.
Me quedé helada. Intentaba jugar el juego de los mayores y solo daba pena.
—No he mentido —susurré, con la voz temblorosa, empujando su pecho para separarme de él—. Solo que no quiero hacerlo contigo.
Me zafé de su agarre y me bajé torpemente de su espacio. A lo lejos, James había visto la escena completa. No dijo una palabra. Caminó hacia mí, me agarró de la mano con una firmeza que no admitía réplicas y me arrastró fuera de la fiesta.
No protesté. El alcohol me estaba revolviendo el estómago y mi cabeza era un caos de ruido, vergüenza y dolor.
Cuando James me dejó frente a la puerta de mi piso, no nos despedimos. Entré en casa, cerrando la puerta con pestillo, y me dejé caer al suelo del pasillo oscuro, apoyando la espalda contra la pared. El mundo daba vueltas a mi alrededor de forma nauseabunda.
Con manos torpes, rebusqué en mi bolso hasta sacar mi teléfono.
La pantalla brilló en la oscuridad. Desbloqueé el móvil, con el corazón latiendo a mil por hora, esperando ver sus reclamos, sus mensajes de celos por haberme visto tocando a Logan.
Quería sus celos, porque eso significaba que yo le importaba.
Nada.
Ni una notificación. Ni un mensaje de Asher.
Me quedé mirando la pantalla hasta que la luz se apagó, dejándome a oscuras. Una lágrima caliente se deslizó por mi mejilla, seguida de otra.
¿ Será que se ha enfadado conmigo ?, pensé, desesperada por encontrar una justificación, por echarme la culpa a mí misma. Estaba manteniendo las apariencias yo también, igual que él.
Era un juego...