No me quites la inocencia Chapter 7 #3
11%

Chapter 7 #3

—¡Joder con la hermanita! —carcajeó Logan, chocando los cinco con Mark—. ¡Brown, la pequeña te va a comer vivo!

Zoe soltó una carcajada limpia y divertida, sin maldad.

—Ay, James, no seas aburrido, coño.

Mantuve la barbilla alta, volviendo a mi sitio, aunque por dentro me sentía estúpida.

James se pasó ambas manos por la cara, frustrado, mirando al techo como si estuviera contando hasta diez para no explotar.

Giro final para romper la tensión.

La botella rodó, perdiendo fuerza, hasta detenerse. El cuello me apuntaba a mí. La base, a Asher.

Mis ojos se clavaron en él como imanes. Asher me sostuvo la mirada.

No parecía molesto por lo que acababa de pasar; parecía divertido.

Gateó por la alfombra lentamente, como un depredador acercándose a una presa que sabe que no va a huir.

Cuando llegó frente a mí, levantó una mano y me acarició la línea de la mandíbula con el pulgar.

Su tacto fue fuego puro derritiéndome la piel.

Se inclinó y me besó.

Zane había sido potente, sorprendente por la novedad de un beso adulto. Pero Asher... Asher fue wow.

No fue como Zane. Zane había sido desesperado, rápido, empujando su lengua contra mis dientes como si tuviera prisa. Asher fue distinto. No sé cómo explicarlo, pero no me dejó pensar. No me atropelló, simplemente... se hizo cargo.

Sus labios se movieron sobre los míos muy despacio, saboreando la mezcla del vodka y el tabaco que acabábamos de compartir.

Yo estaba rígida, sin saber qué hacer con mis manos, olvidándome de cómo se respiraba.

Pero a él le dio igual mi inexperiencia.

Me guio. Me hizo abrir la boca sin usar la fuerza, solo con la seguridad con la que movía la suya.

Su lengua rozó la mía, caliente, sabiendo a peligro, y el mundo exterior desapareció.

Me sentí diminuta, pero a la vez, por los segundos eternos que duró ese beso, sentí que era el puto centro del universo.

Flotaba en la bruma del alcohol y en el olor a menta de su aliento.

Me fallaron las rodillas y quise agarrarme a la tela de su camiseta negra para no caerme hacia atrás, deseando que no parara nunca.

Asher me estaba besando como si yo fuera exactamente lo que él quería.

Pero antes de que pudiera aferrarme a él, se separó. Me dejó allí, parpadeando, jadeando y con los labios hinchados, y volvió a su sitio con una calma gélida que me dejó completamente descolocada. Me había subido a las nubes y luego me había soltado sin avisar.

—Botella es para críos —anunció Logan de repente, pasándose una mano por el pelo sudado—. Verdad o atrevimiento. Y nada de niñerías de mierda.

El juego se volvió oscuro rápido. Confesiones sucias, chupitos dobles de tequila sin limón, manos que se colaban por debajo de las camisetas.

El alcohol me estaba nublando el cerebro, pero yo me obligaba a mantener los ojos abiertos, a reírme cuando las otras chicas se reían, desesperada por seguir perteneciendo al grupo y asegurarme la atención de Asher.

—Le toca a Emily —la voz de Mark sonó cargada de veneno. Me miró con esa sonrisa cruel que me ponía los pelos de punta—. ¿Verdad o atrevimiento, pequeña?

Miré a Asher, buscando apoyo, pero él solo me observaba, esperando ver qué hacía.

—Atrevimiento —dije. Mi voz sonó pastosa y arrastrada.

Mark amplió su sonrisa y se inclinó hacia delante. Sus ojos se clavaron descaradamente en mi escote.

—Atrevimiento... Vale. A ver, pequeña. Siéntate a horcajadas sobre Zane y muévete un poco sobre él. Danos un buen puto espectáculo. Queremos comprobar de cerca si, aparte de tener unas tetas increíbles para ser tan pequeña, también sabes usarlas.

La habitación estalló en aullidos y risas gruesas.

—Será pequeña, pero joder, mirad qué culo le hace ese vestido rojo —murmuró Dylan, chocando el vaso con Logan.

James se levantó de un salto, furioso.

—Te pasas tres pueblos, Mark. Es una puta cría, déjala en paz.

—Relájate, James —intervino Zoe desde el sofá. Su voz no era cortante, sino suave, casi conciliadora—. No la trates como a una niña. Ya es mayorcita para jugar si quiere, ¿verdad, Emily? No dejes que decidan por ti.

El estómago me dio un vuelco de pánico. Zane ya se estaba echando hacia atrás, abriendo las piernas y palmeándose los muslos, invitándome a sentarme.

El mismo Zane que antes me había besado con deseo, ahora me miraba con hambre, esperando que le diera el gusto.

Era intimidante. Era demasiado. Por dentro, la niña de quince años gritaba pidiendo salir corriendo hacia la calle.

Pero miré a Asher. Sus ojos oscuros estaban fijos en mí, evaluándome. Si no lo hago, me dejará de lado. Si me rajo ahora, vuelvo a ser la cría invisible a la que James tiene que defender.

El terror seguía ahí, paralizándome las rodillas, pero el orgullo herido y la necesidad enfermiza, desesperada, de que Asher me viera como a una mujer tiraron de mí hacia adelante. Apagué mi cerebro. Apagué el miedo.

—No pasa nada, James —arrastré las palabras, forzando una sonrisa de superioridad que me tembló en la boca. Miré a Mark con un desprecio fingido—. Es solo un juego.

« Solo son unos segundos. Puedo fingir. Puedo hacerlo. Cierra los ojos y hazlo »

Me puse de pie. Mis piernas temblaban sobre los tacones, pero caminé los dos pasos que me separaban de Zane.

Podía escuchar las respiraciones pesadas de los tíos y sentir el peso físico de todas sus miradas clavadas en mi cuerpo.

Sentía la bilis subiéndome por la garganta, aterrorizada por lo que estaba a punto de hacer, pero la desesperación por pertenecer a su mundo, era mucho más fuerte que mi dignidad.

Llegué frente a Zane. Él sonrió, enseñando los dientes, y me agarró por las caderas con sus manos grandes, apretando los dedos contra la tela de mi vestido.

Levanté una pierna para pasarla por encima de él y sentarme a horcajadas sobre su regazo.

Iba a hacerlo. Iba a moverme sobre él para callarles la boca a todos y demostrarle a Asher que no era una niña.

Pero antes de que pudiera dejar caer mi peso sobre las piernas de Zane, unas manos rudas me agarraron por los brazos.

Fui levantada en el aire con un tirón tan brusco que perdí el equilibrio y choqué contra un pecho duro.

—¡Ya basta, me cago en la puta! —rugió James.

Su voz retumbó en las paredes. Me había arrancado de las manos de Zane y ahora me empujaba detrás de él, interponiendo su cuerpo entre los demás y yo.

Su pecho subía y bajaba con respiraciones agitadas, y tenía los puños tan apretados que los nudillos se le veían blancos que parecía a punto de reventarles la cara a todos y cada uno de los presentes.

La sala entera estalló, pero esta vez no en vítores, sino en quejas y risas de burla.

—¡Joder, Brown, cortas todo el puto rollo! —se quejó Zane, frustrado, dejándose caer hacia atrás en la alfombra—. Ya la tenía.

—Ay, el hermano mayor al rescate —se mofó Mark, dándole un trago a su cerveza—. Qué tierno eres. Llévala a la camita y léele un cuento, que la pequeña ya tiene sueño.

La humillación me prendió fuego por dentro. Me calcinó. James no me había salvado; me había aniquilado. Me había arrebatado la oportunidad de demostrar que podía ser como ellos.

—¡Suéltame, James! —grité, fuera de mí, dándole un empujón en la espalda, con los ojos llenos de lágrimas de rabia y alcohol—. ¡Quiero jugar! ¡Déjame en paz!

James se giró hacia mí. Sus ojos oscuros estaban llenos de una decepción tan profunda que me encogió el corazón, pero yo estaba demasiado furiosa y borracha para importarme.

—No tienes ni puta idea de lo que haces, Emily —escupió él, con la voz rota por la tensión, agarrándome de nuevo por el brazo con un agarre de hierro—. Nos vamos de aquí. Ahora mismo.

Empezó a arrastrarme hacia el pasillo. Yo pataleé, tropezando con mis propios tacones, intentando zafarme de su mano inquebrantable, pero era inútil. Antes de cruzar el umbral hacia la puerta principal, giré la cabeza por encima del hombro de James, desesperada.

Asher seguía sentado en su sitio. Me estaba mirando fijamente. No había movido un solo dedo para detenerme, ni para salvarme. Sus ojos oscuros brillaban en la penumbra, y en la comisura de sus labios descansaba esa sonrisa ladeada, perfecta y calculadora.