Chapter 5 #3
—Sí me gustaría ir —disparé rápido, casi sin pensar.
El corazón me dio un vuelco. Me hacía muchísima ilusión ir a una fiesta con los mayores.
James nunca me había querido llevar, por mucho que le hubiera insistido y por muchos ojitos de perrito que le hubiera hecho; su respuesta siempre era un "NO" rotundo y condescendiente.
—No vas a venir, Emily. No es lugar para niñas como tú —repitió James, usando ese tono de hermano mayor que de repente me resultaba insoportable.
—¿Niñas como yo? ¿Qué quieres decir con eso? —le grité a James, cruzándome de brazos, desafiante—. Ya no soy una niña.
Me giré hacia Asher, ignorando a mi vecino por completo.
—¿Dónde es la fiesta? —le pregunté, y luego miré a James de reojo—. Porque voy a ir. Tú no me mandas.
—¡No tienes nada que hacer ahí! —me gritó James, furioso, perdiendo los papeles.
—Deja a la pequeña divertirse, hombre —intervino Asher, dándole una palmada perezosa en el hombro a James—. Hace falta sangre nueva.
—No. Y tú aléjate de ella —le advirtió James, apartándose del toque.
—Yo solo la he invitado a la fiesta —dijo Asher, encogiéndose de hombros, pero sus ojos seguían fijos en mí.
Ese chico... Asher. Me estaba mirando de verdad.
Que un chico de diecinueve años, con una presencia brutal y musculoso como solo veía en las series de televisión, me hablara y me invitara a una fiesta, me dejó literalmente alucinando.
Mi cerebro colapsó por un segundo. ¿Era posible que un chico mayor, con su físico increíble y su aura de peligro, se estuviera fijando en mí?
—Dame tu número, pequeña, y te paso la dirección —me dijo Asher, sacando un teléfono negro del bolsillo y guiñándome un ojo. El gesto fue letal.
—Sí, claro. Apunta —dije, sintiendo una oleada de poder tóxico y absoluto.
—He dicho que no vas, Emily —gruñó James, sujetándome del brazo con fuerza.
—Y yo he dicho que sí. Te guste o no, iré. Si quieres vamos juntos y me vigilas, o voy por mi cuenta —le espeté a James, zafándome de un tirón.
Asher me tendió su móvil, ignorando la tensión entre nosotros.
—Apúntalo tú.
Cogí el teléfono. Mis dedos rozaron los suyos, fríos y ásperos, y un escalofrío me recorrió entera. Apunté rápido mi número con manos temblorosas y le devolví el móvil.
—Listo. Nos vemos mañana.
Asher guardó el teléfono en el bolsillo. Se dio la vuelta y caminó hacia su moto. Antes de ponerse el casco, giró el cuello y me miró por encima del hombro.
—Nos vemos mañana... enana —arrastró la palabra.
Usó el apodo cariñoso y fraternal de James, pero en su boca sonó a otra cosa. Sonó mil veces mejor. Sonó a peligro.
Se puso el casco y la chaqueta de cuero que llevaba al hombro. A los pocos segundos, el rugido monstruoso de la moto destrozó el silencio de la calle residencial y el sonido se alejó rápidamente, perdiéndose en la distancia de la inmensa ciudad.
Me quedé allí, plantada sobre el asfalto gastado del parque, con un calor inmenso inundándome el pecho a pesar de que el aire seguía helado.
—Emily, ¿qué coño crees que haces?
La voz de James sonaba ronca, furiosa y, sobre todo, aterrorizada. Me agarró por el brazo, girándome hacia él con brusquedad.
—Ese tío no es para ti. Asher Black es un cabrón. ¡Mírate, joder! ¡Eres una cría! Los capullos como Asher Black no se fijan en chicas como tú para nada bueno, Emily. ¿Me entiendes? ¡Es un puto peligro!
Me zafé de su agarre de un tirón seco, sintiendo el orgullo herido ardiendo en mi pecho y empañando mi visión.
—¿Y por qué no se iba a fijar en mí? ¿Me estás diciendo que soy fea? ¿Que soy menos que las demás? Deja de tratarme como si fuera una maldita niña pequeña, James. Sé perfectamente lo que hago.
—Piensa lo que te dé la puta gana —escupió James, pasándose las manos por el pelo como si estuviera frente a un accidente inevitable, retrocediendo un paso —. Eres una cría ciega que no tiene ni puta idea de dónde se está metiendo. Aléjate de él. Te lo estoy advirtiendo.
Me di la vuelta y caminé de regreso hacia la puerta trasera del edificio, dándole la espalda sin responder.
Sus palabras, cargadas de advertencias, rebotaban en mi cabeza, pero las bloqueé.
Está celoso , pensé, sonriendo para mis adentros mientras volvía a entrar al portal con olor a lejía.
Le jode que un tío de verdad me haya visto como a una mujer .
Esa noche, cuando volví a mi habitación y cerré la puerta con el máximo cuidado, el corazón me seguía latiendo desbocado. La adrenalina me bombeaba caliente por las venas. Me quité la chaqueta de un tirón, me quité los vaqueros y el top escotado y volví a ponerme el pijama.
Pero al respirar hondo, noté que el olor a cuero, asfalto y ese perfume caro de Asher se había quedado atrapado en mi piel y en el tejido de mi ropa. Olía a peligro y a mundo adulto.
Me tiré sobre el edredón, mirando las sombras en el techo de mi cuarto.
Yo era virgen. Nunca había tenido novio de verdad.
Nunca había sido tocada de verdad, nunca había sabido lo que era desear a alguien hasta que me doliera el cuerpo.
Había besado a unos cuantos chicos, sí, pero nunca había pasado de ahí.
No me sentía a gusto ni siquiera dejando que los chicos que me besaban me tocaran el culo.
Pero desde que Amelia empezó a salir con Josh y a restregarme por la cara cada día lo maravillosa que la hacía sentir, cómo la besaba, cómo la tocaba.
.. me hacía preguntarme a mí qué se sentiría al estar con un hombre adulto.
Qué se sentiría al ser tocada. Cómo me besaría alguien como él.
Cogí el móvil de la mesita de noche y abrí el chat con Amelia. Necesitaba decirlo en voz alta. Necesitaba demostrarle, con pruebas, que yo también existía en ese mundo de mayores que ella creía dominar.
Emily: ¿Estás despierta?
La pantalla brilló, iluminando mi cara en la oscuridad de mi cuarto.
Amelia: Sí. Hablando con Josh. ¿Qué pasa?
Me mordí el labio, reprimiendo una pequeña carcajada, sintiendo una chispa de triunfo absoluto floreciendo en medio de mi pecho.
Emily: Acaba de pasar una cosa de locos.
El indicador de escritura en la pantalla apareció al instante, parpadeando frenético.
Amelia: ¡¿QUÉ?! ¿Qué ha pasado? ¿James se te ha tirado por fin? ¡Cuéntamelo todo!
Mis pulgares volaron sobre el teclado, ágiles por la emoción.
Emily: No. Ha sido un amigo de James. Tiene diecinueve años. Moto deportiva negra, tatuajes en los brazos... Físicamente es increíble, parece de película. Y me acaba de invitar a una fiesta mañana.
La respuesta de Amelia tardó un poco más. Ella era la "espabilada" del grupo, la que ya no era virgen, la que alardeaba de saber descifrar cómo funcionaban los hombres. Si ella me validaba, es que lo que había pasado era tan real y tan grande como yo lo sentía.
Amelia: ¡Dios mío, Em! ¡Qué puto fuerte! ¿Diecinueve? ¡Eso es otro nivel! ¡Por fin vas a dejar de ser la monja del grupo!
Leí el mensaje a la luz azulada de la pantalla y una sonrisa inmensa se dibujó en mi cara. Amelia tenía toda la razón. Si un chico como Asher Black me había invitado a una fiesta después de escanearme de arriba abajo, era porque no me veía como a una cría.
Bloqueé la pantalla, sintiendo un cosquilleo cálido en el estómago.
Cerré los ojos y volví a ver esos ojos marrón verdoso recorriéndome el cuerpo sin prisa, como si ya me estuviera imaginando sin ropa.
No era solo guapo. Era… otra cosa. Por primera vez en dos años alguien me había mirado y no había visto a la pobre Emily huérfana, ni a la vecinita de James, ni a la niña buena de notas sobresalientes.
Asher me había mirado como si yo fuera fuego.
Y yo, idiota, quería quemarme. Me había enamorado.
Así, en menos de diez minutos. Como una estúpida.
Pero no me importaba. Por primera vez desde que mi padre murió, sentía algo más fuerte que el vacío.
Voy a conquistar a Asher Black.