Capítulo 1. Retos
Charlie
Llamó a la puerta de la agencia donde lo representaban. Su agente, una mujer de unos cuarenta, muy agradable, lo recibió con una gran sonrisa.
—¡Charlie! ¡Qué bien verte!
—No digo que no me alegre también de verte, Louise, pero parecías tener prisa. Dame buenas noticias.
—Tengo un protagonista para ti. Y espera, antes de que te emociones, es una película de bajo presupuesto, una especie de musical raro. Lo sé. Es del casting que fuiste con tu hermanastro. Ya sabes que les encantaron los dos hermanos cantando.
—Pero leí la presentación, no parecía nada raro y… no era un musical.
—Lo sé, pero el director, Arthur Valentine, lo pensó de nuevo. Sé que será extraño, pero eres protagonista. Y es romántica. No está mal para empezar. ¿Tú sabes lo que las mujeres adoramos a alguien tan guapo como tú? Tendrás una legión de fans.
—Está muy bien, Louise, te lo agradezco, pero… quería hacer algo más serio, algo más… trascendente.
—Querido Charlie —dijo ella con voz algo más seria—.
Primero, no te conoce casi nadie, segundo, tienes un buen físico que deberíamos aprovechar y tercero y más importante, una buena película romántica nos puede hacer ganar mucho dinero y todavía mejor, si haces un buen papel, te abrirá puertas.
Hay muchos actores que comenzaron así. No hay nada deshonroso en hacerlo.
—¿Tengo que desnudarme?
—Entero, no, supongo que tendrás que enseñar algo de cuerpo. Pero no es erótica. Así que pecho, espalda, tal vez culo. Nada más.
Suspiró y asintió. —Vale, me parece bien. Tampoco es que tenga otra cosa.
—Eso es, Charlie. La industria es dura y más aquí en la ciudad. Tal vez en Los Ángeles tuvieras más oportunidades, pero oye, me alegro de que estés por aquí.
—Ya sabes que estoy aquí por mi familia.
—Nunca había visto a un hombre joven tan pendiente de ella. Eso es que eres una buena persona.
—O masoquista —dijo riéndose—, tendrías que conocerlos. Bueno, ya me vas informando. Y gracias por creer en mí.
—Sabes que sí. Eres un buen actor. Puede que demasiado atractivo —dijo riéndose—, pero lo conseguirás. Te llamo con lo que sea. Y contamos con tus hermanastros, ¿no?
—Con Leo seguro que sí. Jacob es más reacio pero seguro que se apunta.
Una semana más tarde, ya estaba en el rodaje.
Cuando hizo un pequeño papel en la otra película, estaban en uno de los grandes estudios, incluso a él, que estuvo menos de una semana, lo trataron como si fuera una estrella.
En ese, todos arrimaban el hombro y realmente no le importaba.
Aunque su madre le ayudaba cuando le apuraba el mes, había conseguido subsistir en la ciudad trabajando en cualquier cosa, desde descargar camiones hasta preparar hamburguesas.
Claro que no se lo había dicho a la familia, porque seguramente todos correrían a hacerle transferencias a su cuenta. Y no, eso no lo quería.
Entró en el set con una sonrisa. Ese día ya le tocaba. Había estado leyéndose el guion otra vez toda la noche y no solo se sabía su papel, sino el de la coprotagonista.
—¡Buenos días, Tom, Lauren! —exclamó. Los conocía a todos por su nombre. La gente apreciaba eso y por suerte, tenía buena memoria. Se acercó al director, parecía disgustado.
La encargada de producción miraba su teléfono mientras él refunfuñaba. Algo ocurría.
—¿Puedo ayudar? —dijo y el director se volvió.
—Nos hemos quedado sin maquilladora hoy mismo. La que teníamos ha sufrido un accidente. Nada grave, pero tiene rota la muñeca derecha y no podrá hacerlo.
—Vaya, sí que es una faena. ¿Y no puede recomendaros a alguna compañera?
—En eso está Susan. No te preocupes, encontraremos a alguien. Hay muchos profesionales sin trabajo, claro que, aquí no podemos pagar mucho, ya sabes.
—Tranquilo, seguro que encuentras a alguien. Voy al vestuario y si hace falta, nos maquillamos entre nosotros.
—Hoy me temo que sí. No creo que encontremos a alguien tan rápido. Ve a tomarte un café. Lauren trajo pastas.
—Genial.
Se acercó a una mesa de camping que era el supuesto cáterin, pero no le importó.
Había termos con café y un par de bandejas de pastas caseras de Lauren.
Con ella intercambiaba recetas. La coprotagonista, Valeria, se acercó a él.
Era una mujer rubia, de agradables curvas que ya le dijo desde el primer día que tenía novia.
Hablaron de los besos y ella dijo que era una actriz de método y que no pasaba nada si le tenía que meter la lengua, lo que le sacó una carcajada.
—Buenos días, Charlie, ¿te has enterado?
—Sí, sin maquillaje. Qué putada.
—He llamado a una amiga, por ver si estaba libre. Se lo he dicho al director. Y si no puedo llamar a mi novia, que no es maquilladora, pero para hoy lo mismo nos vale. Ella es artista.
—Bueno, veremos si se consigue algo. ¿Quieres ensayar un rato?
—Claro, me parece bien, además hoy toca beso y no estoy acostumbrada a que un tío como tú me meta mano.
Se echaron a reír. —Seré sutil.
—Ah, de eso nada. Según el guion, tienes que ser sexualmente salvaje. Tranquilo, me parece bien. Si tuviera que asesinarte, tampoco me temblaría la mano.
Charlie se partía de risa con ella. Se terminaron el café y fueron al set donde habían montado una cama.
La escena era sobre el mueble de la habitación y tenían que simular un polvo.
Y sí, Valeria era preciosa, pero no se sentía atraído, y eso era muy bueno porque aunque era muy normal, no quería empalmarse en el rodaje.
Colocaron todo y el director les dio unas indicaciones de cómo quería que se desarrollase la escena.
—Vamos a ir grabando para ver los planos, pero no os preocupéis: esta toma no será la definitiva.
La muchacha que llevaba la claqueta los avisó. —Toma 1. Escena dormitorio 15b. Silencio, por favor.
—Acción —gritó el director. Todos se callaron.
Charlie entró por la puerta. Valeria estaba delante del espejo, maquillándose. Se puso detrás de ella, agarrándola de los brazos.
—Te echaba de menos —dijo en su cuello. Ella se estremeció.
—Pero no puedes estar aquí, no… debes.
La hizo volverse y la cogió en brazos para sentarla sobre el mueble. Ya habían calculado que le quedase justo en la cadera.
—Dime que no me deseas y me iré. Dime que… no me quieres.
—Puede que te desee, pero no te amo. No…
Entonces él la besó, pareciendo desesperado.
La agarró de las caderas y se la acercó.
Metió la mano por debajo de su falda y arrancó el tanga, que ya habían dejado suelto y se bajó la cremallera.
Luego, simuló que se la metía y ella gimió.
Durante unos minutos, fue sexo duro simulado, hasta que fingieron un orgasmo y ella se echó en sus brazos.
—Esto no puede ser. Vete, por favor. Vete para siempre.
Charlie puso su mejor cara de contrariedad, se subió la cremallera y con el rostro dolorido, se fue de la habitación.
—Corten —dijo el director. Charlie salió con una sonrisa.
—¿Ha ido bien?
—Joder que sí —dijo la directora de producción—. Más de uno soñará contigo o con ella… o con ambos.
Se echó a reír y ayudó a Valeria a bajar. Ella sonreía, con los labios hinchados del beso.
—Esperaremos a la maquilladora y luego volvemos a grabar. Tomaos un café o algo.
Caminaron hacia la mesa. Ambos se sirvieron otro café.
—¿Todo bien? ¿Incómodo?
—No te preocupes. Besas bien para ser un tío —dijo ella riendo—. Espero que no te empalmaras mucho.
—Un poco, la verdad, pero es llevable. Eres muy atractiva, y al final, esos movimientos, son los que son.
—Lo entiendo. Y no me molesta para nada.
Vieron entrar a una mujer alta y con el cabello corto, pelirroja. Valeria lo tomó del brazo, con un suspiro de alivio.
Ella se paró delante de ellos, cargada con su maletín y una maleta con ruedas. Cuando la vio, se abrazaron. Él sonrió.
—Mira, Ruby, él es Charlie, mi coprotagonista.
—Encantado —dijo él con una sonrisa. Ella lo miró con los labios en una línea fija.
—Vale. ¿Dónde está el director?
Charlie las vio marcharse, incluso Valeria lo miró y se encogió de hombros. No es que pretendiera caerle bien a todo el mundo… quizá estaba nerviosa por empezar de repente en un rodaje. Sí, sería eso.
El director pareció aliviado y la envió a un pequeño set donde tenía mesa, espejos y luces. Valeria pasó primero y luego él. Se sentó, sonriendo. Ella era preciosa, alta, con el cabello pelirrojo, corto, algo revuelto y ojos azules. Su rostro era pecoso y se veía atlética.
—Te advierto una cosa, por si acaso se te pasa por la cabeza. No estoy disponible ni para mirarme.
—Lo siento, no quería ofenderte. Cerraré los ojos y así no te miro.
Valeria, que estaba cerca, soltó una risa y ella frunció el ceño. Luego, empezó a maquillarlo suavemente.
—Gracias, Ruby.
Se levantó sin decir nada más. Repitieron la escena, tomando distintos planos y cuando acabaron, el director parecía satisfecho.
—Descanso para comer, el cáterin llega en minutos —dijo la directora de producción.
Charlie fue a por una botella de agua y notó que algunas mujeres lo miraban con deseo. Bueno, había cultivado su cuerpo y la genética también ayudaba, aunque eso no significase que le gustase que solo lo mirasen por su aspecto físico. Notó una presencia a su lado. Ella.
—Luego tengo que arreglarte el maquillaje. No sabía que me metía en una peli porno.
—Ha sido una escena más caliente, pero de estas no hay tantas.
—Ya. Lo que digas.
—Joder, Ruby. Dime qué te ha molestado porque, que yo sepa, ni siquiera me conoces.
—No eres tú específicamente. No suelo confraternizar con actores. Y menos, darles conversación.
Él sonrió. —Pues a mí me la estás dando.
—Ya me voy. Solo había venido porque Valeria ha dicho que eras un buen tío.
—O sea, te ibas a disculpar. Pues lo has hecho de puta madre —sonrió. Ella lo miró y se largó. Al poco, se acercó Valeria.
—Lo siento, Charlie, ella es así.
—Así, ¿cómo? ¿Antipática? ¿Maleducada? No sé, tampoco es que no le haya hecho nada salvo existir o tener una polla entre las piernas.
Ella soltó una carcajada. —No es eso. No tiene problema con los tíos, solo con algunos. Generalmente, actores.
—Pues ha elegido mal la profesión, Valeria. Porque si hay algo en una película, son actores.
Ella volvió a reírse.
—Anda, vamos a comer, que ha venido mi novia. Te la presento.
—Espero que no sea celosa.
—No, qué va.
Se marcharon y él miró de reojo a la pelirroja que estaba limpiando sus brochas.
Ella se volvió hacia él, con el ceño fruncido.
Le gustaría saber qué le pasaba a esa chica y si algún día sería amable con él.
Podría ser un reto. Sonrió. Oh, sí, en su familia estaban muy acostumbrados a ellos.
Y era tan competitivo como el resto. Sería divertido.