No me gusta el caos (hasta que llegaste tú) (Familia Cresswell-Donovan 2) Capítulo 2. Mala opinión
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Capítulo 2. Mala opinión

Ruby

Sí, le había dado un empujón cuando el tipo, un actor de cerca de los sesenta, le tocó el culo con una mano y le puso la otra sobre el pecho. Lamentablemente, se había caído al suelo y aunque no se hizo nada, el cabreo de ese tipo y sus quejas a su jefe hizo que la despidieran.

Se lo explicó al director, pero claro ¿qué era mejor? ¿Perder a una maquilladora o al principal actor de la película? Resultado, ella estaba en la calle.

Había aguantado desde el principio sus insinuaciones, sus roces que primero pensó que fueron accidentales.

Sus invitaciones a pasar a su roulotte, sus proposiciones sexuales.

Eran solo palabras. Feas, asquerosas, pero con su físico, estaba acostumbrada.

No era su primera vez y puesto que ella siempre decía que no, acababan por dejarla en paz.

Solo que esta vez, Reinard Rubens estaba decidido a llevársela a la cama. Hasta el punto de que le había dicho que, si no se la chupaba, acabaría en la calle. Su amiga Valeria le dijo que debía haberlo grabado, pero en ese momento, no cayó en ello.

Y estaba más que jodida. Compartía un apartamento alquilado con dos chicas más, acababa de comprarse un coche de segunda mano y… definitivamente, no iba a pedirles dinero a su familia. Si se había ido de casa era para no seguir el negocio familiar. No. Eso no era lo suyo.

Le dieron la última paga. Eso le valdría para mes y medio de subsistencia. Cuando salió de hablar con el director, el actor se le acercó.

—¿Sabes? Voy a hablar con varios amigos de la zona para que no te contraten.

—¿Solo por no chupártela? Qué asco, debes dar bastante pena en la cama para que tengas que acosarme.

—En eso te equivocas, tengo una gran potencia sexual.

Ella se echó a reír. —Dime de lo que presumes… y sí, has conseguido que me despidan, pero tal vez yo haga algo también. Sabes que la fama se gana por las redes y el boca a boca. La mala, también.

—No harás tal cosa. Te destruiré.

—Pruébate.

Ella se marchó disgustada, casi temblando.

Ese hijo de puta la iba a joder de verdad.

Tenía demasiados contactos. Se fue a su casa y recogió las cosas, limpió las brochas y después su habitación.

Le contó todo a Valeria, que empezaba una película esos días.

Su novia había hecho varios cursos de arte con ella y se llevaban muy bien las tres.

Al segundo día, comprobó que él había hecho lo que prometía, joderle la vida.

No iba a llorar. Y lo malo, que algunos habían empezado a decir que ella había querido acostarse con él para conseguir trabajo y que haría lo que sea, incluso difamarlo.

Tuvo ganas de darle de hostias. Si… si lo veía su familia…

joder, qué hijo de puta. Tendría que irse a Los Ángeles. Tal vez en otro lugar.

A los dos días, Valeria le llamó para ir a su pequeña película.

Enseguida le llamó la directora de producción.

No era un gran sueldo, pero pagaría sus facturas durante cuatro meses.

Y no les importó lo que había pasado. Se personó en el rodaje enseguida.

Y lo vio. Alto, guapo hasta decir basta y atlético.

Tragó saliva, pero le daba igual. Estaba absolutamente vetado.

Cuando lo maquilló, colocarse cerca de él, comenzó a trastocarle. Es que, además olía bien. Joder. No.

Comenzó la escena. Se quedó atónita. Estaban haciéndolo sobre un mueble. Miró alrededor. Nadie se lo perdía. Algunas parecían enfebrecidas. Otros, ligeramente empalmados. Ella, húmeda. Y, además, la repitieron. El rostro de Charlie al fingir alcanzar el orgasmo era… brutal.

Una vez que acabaron, salió a tomar el aire. Hacía calor, pero más sentía dentro de ella. Consiguió tranquilizarse. Valeria se acercó a ella.

—¿Por qué has sido tan borde con él? Es un buen tío. De verdad. Nada que ver con otros actores con los que he trabajado.

—Es un actor, tiene el ego enorme. Y pensará que todas están para tirárselas.

—Estás muy equivocada. Charlie no es así. Es un tío simpático, familiar, con ganas de comerse el mundo. Sí, está bueno, y puede que eso sea más un problema que una ventaja. Deberías ser más amable. Anda, ve.

Con algo de resistencia, se acercó a la mesa donde él bebía agua. Llevaba una camiseta de manga corta y sus brazos musculados se marcaban bastante. A ella le gustaría ser esa botella para acabar en su boca. Joder. No. Mierda.

—Luego tengo que arreglarte el maquillaje. No sabía que me metía en una peli porno.

—Ha sido una escena más caliente, pero de estas no hay tantas.

—Ya. Lo que digas.

—Joder, Ruby. Dime qué te ha molestado porque, que yo sepa, ni siquiera me conoces.

—No eres tú específicamente. No suelo confraternizar con actores. Y menos, darles conversación.

Vio cómo sonreía y se molestó. Incluso cuando él adivinó que se iba a disculpar. Pero no podía.

Y sí, tenía que reconocer que él… parecía ser un tipo normal, como cualquiera de sus hermanos, pero no se fiaba.

Eso sí… verlo cada día en el rodaje, puede que le pasase factura. Si no hacía algo al respecto. Algo que podría ser muy malo o muy bueno. Vería.