No me gusta el caos (hasta que llegaste tú) (Familia Cresswell-Donovan 2) Capítulo 17. Cambios radicales
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Capítulo 17. Cambios radicales

Mack

Después de comer, se marchó a casa. Tenía que hablar con su jefe, que pronto sería su exjefe. Se estaba tirando a la piscina, lo sabía, pero ya no iba a pasar un solo día sin ella. Volvería, para recoger sus cosas y despedirse de todos, vender la casa de la ciudad y acondicionar la de aquí.

En realidad, ya había echado un vistazo al lugar casi cuando empezó a sentir algo por ella, pero hasta esa mañana no la había comprado.

Estaba a cinco minutos de la casa de Lorelai, a otros cinco del hospital y tenía un pequeño jardín, dos plantas y cinco habitaciones.

Era perfecta. Aparcó en casa y su madre salió a recibirlo.

—Hola. Eh… espero que no estés enfadado. Sophie pensó y yo la ayudé y… bueno, alguno de tus hermanos contribuyó.

—Mini Villana es tremenda. Metió a Fran en el equipo.

—Cierto. Creo que de mayor será presidenta del gobierno. —Ambos rieron. Su madre le tomó de las manos—. Al menos, salió bien.

—Sí, salió de maravilla, mamá. Le dije lo mucho que la quería y ella parece ser qué también.

—Claro que sí, hijo, eres maravilloso. Pasa, pasa, se lo contaremos a Richard que se animará.

—¿Los demás?

—Cada uno a sus cosas, pero ya se enterarán.

—No lo dudo —dijo él. Richard estaba en el porche, leyendo. Se sentó junto a él.

—Os traigo un café y una infusión para ti.

—Por tu cara veo que el plan salió bien.

—Sí. Salió bien. Vais a tener dos miembros más en la familia.

—No te imaginas cuánto me alegro, Mack. Es una mujer increíble.

—Lo sé. Fui bastante idiota para no darme cuenta.

—El resultado es lo que cuenta, y siempre viene bien una ayuda extra. Sophie es…

—Una pequeña manipuladora.

Ambos rieron. Su madre les trajo una bandeja con café para ellos dos y una infusión para Richard, además de unas galletas.

—Me voy a trasladar aquí, o sea, he comprado una casa cerca del hospital y cerca de ella. A poco de vosotros.

Su madre se emocionó y asintió, sin decir palabra.

—Eso no quiere decir que esté aquí metido todo el día. Tendré que trabajar en el hospital. Ya sabéis que Troy me ofreció un lugar.

—No te preocupes, Mack. Saber que estás tan cerca es suficiente —dijo su madre con un leve suspiro.

—Es una nueva vida, hijo, algo que te va a cambiar, pero a mejor. Menos estrés y más amor. Una buena elección.

—Lo sé y estoy seguro de ello. En realidad, vosotros me habéis ayudado mucho a valorar lo que es estar con alguien a quien amas. Es cuestión de prioridades.

—Lo es —dijo su madre—, y doy gracias al cielo porque te hayas dado cuenta pronto.

—Bueno, con ayuda. —Todos rieron. —Supongo que ha sido más precipitado de lo que yo suelo actuar, pero… no dejaré escapar este tren.

—Todos son noticias buenas —suspiró Richard—, espero no aguaros la fiesta, o la boda.

—No digas eso, cariño —dijo su madre aguantando las lágrimas.

—Soy muy feliz, Margot, y no me da miedo la muerte. No, porque sé que hice lo que pude. Lo que supe. Y ver a tus hijos y a los míos, a los nuestros, verte a ti… creo que no ha ido mal del todo.

—¡Por supuesto que no! —exclamó su madre y Mack supo que aguantaba las lágrimas—. Quise mucho al padre de Mack, pero a ti también, y lo sabes.

—Y me siento muy afortunado.

Mack se levantó para dejarlos pasar ese tiempo de calidad juntos y se dirigió a su habitación. Tal vez algún día Lorelai y él se casaran en ese lugar, y puede que incluso tuvieran algún bebé. Eso le gustaría. No quería precipitarse, pero en ese momento, lo quería todo con ella.

Y necesitaría un anillo, claro, pero no quería asustarla. Era mejor que se fueran acostumbrarlo a tenerlo en su vida. Se sentó en la cama y llamó a John, su jefe.

—Mack, ¿qué tal todo?

—De momento bien. En unos días iré para allá, pero será para despedirme. Y siento decírtelo por teléfono, pero así tienes más tiempo para encontrar un sustituto.

—¡Cómo! ¡No jodas, Mack! ¡Ese Troy te ha robado! —exclamó con una risa. Él también se echó a reír.

—En realidad no ha sido así. Me he enamorado, John, de una preciosa doctora del hospital y me quedo con ella. Al final, mi prioridad es estar con ella. Y lo siento porque estaba muy feliz con el equipo, pero ella es el amor de mi vida.

—Caramba, Mack. Esperaba mucho de ti, podrías haber sido un gran jefe de departamento. Pero te entiendo. Llevo cuarenta años con mi esposa y jamás cambiaría ni un solo día por estar con ella. Solo que… si hay un caso de tu especialidad, ¿podrás desplazarte?

—Cuenta con ello. De hecho, me gustaría mucho seguir en contacto y no lo he pensado todavía, en realidad, pero no me importaría ir de vez en cuando.

—Desde luego. Es una noticia mala para el departamento y sinceramente te echaremos mucho de menos, pero es muy buena para ti. Te felicito por haber encontrado el amor de verdad, Mack, porque si una mujer te apasiona más que tu profesión es porque es para ti.

—Así es. Gracias por todo, pero iré a veros en unos días.

—Entonces, nos vemos pronto. Cuídate mucho, Mack.

Colgó con una sensación alegre y a la vez extraña.

Pero no se arrepentía. Pronto, sus hermanos comenzaron a llegar para la cena, e incluso Charlie, que andaba todavía con el equipo de grabación.

Parecía que los tres estaban haciendo un concurso de palmadas en la espalda. Hasta que Bella los hizo parar.

—Ya está bien, ¿no? Sois de lo que no hay. Y tú, me alegro de que por fin hayas abierto los ojos al amor. Pero, hay un problema gordísimo.

Todos la miraron preocupados, su hermano, el que más. Ella sonrió malvada.

—Ya no serás el Doctor No, así que hay que buscarle otro apodo, chicos.

Se echaron a reír y Mack la abrazó. Leo y Jacob, con Sophie ya estaban susurrando y buscándole seguro algún tipo de apodo malévolo, Charlie sonreía, mirando distraído y Richard tomaba de la mano a su madre, mirándolos con amor. Así era la familia. Y bueno, era de lo más aceptable.