No me gusta el caos (hasta que llegaste tú) (Familia Cresswell-Donovan 2) Capítulo 15. Cuando la c pero bien
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Capítulo 15. Cuando la c pero bien

Mack

¿Por qué le había dicho eso? Había ido al hospital con unas personas que también se dirigían allí y ahora, cerca de las seis de la mañana, la ciudad se despertaba como si no hubiera ocurrido nada.

Un hombre había muerto, dos personas más estaban muy graves e incluso la agradable camarera, Stella, seguía en la UCI.

Y sí, eso le afectaba muchísimo, pero verla…

o haber sido tan bestia como para decirle eso…

Miró hacia el hospital y pensó en volver y disculparse.

Estaba dolido porque ella había pasado página muy rápido.

—Será eso. Que yo no la he olvidado, a pesar del poco tiempo.

Supuso que había calado demasiado en él. El móvil le sonó. Jacob.

—Hola.

—¿Qué sabes de Stella? ¿Y Ben?

—Ben se ha quedado en la sala de espera. Ella está mal, pero estable. Justo salía del hospital ahora.

—Vamos para allá en dos coches y así te vuelves a casa a dormir. Bella cogerá el tuyo.

—Gracias, Jacob.

Se quedó apoyado en una farola, todavía desconcertado. Su hermana y Jacob llegaron enseguida. Leo también iba con ellos.

Lo abrazaron al llegar.

—Ha sido horrible, ¿verdad? —preguntó Bella sin soltarle del abrazo.

—Algo así siempre lo es.

—Estás hecho polvo, ve a casa y descansa. Te informaremos.

Se metieron dentro y él se fue hacia casa. Su madre le preparó un café y unas tostadas. Charlie y el equipo habían desaparecido para rodar no sabía dónde. Sophie se abrazó a él.

—Eres mi héroe, Mack.

—No, no lo soy, pequeñaja, solo he hecho lo que he podido.

—Seguro que habrás ayudado a mucha gente.

—Sophie, tu hermano tiene que dormir en cuanto coma algo.

—Sí, mami. Me voy al estudio de Jacob.

La niña salió. Mack miró alrededor. Richard no estaba.

—¿Cómo va?

—Flojito, hijo. Si no estás muy cansado…

—Sí, pasaré a verlo ahora mismo.

—He pensado contratar a alguna enfermera local, aunque él parece reacio, pero cuando te vuelvas a casa, estaría más tranquila si pueden examinarlo cada poco.

—Haces muy bien.

Se tomó el último trago de café y fue a la habitación donde estaba echado. Se acercó a él. Se encontraba incorporado, viendo las noticias. Apagó la televisión cuando él se sentó a su lado. Tomó sus constantes.

—Mack, estás cansado, deberías dormir.

—No me cuesta nada, Richard.

—Ha sido terrible.

—Sí. Muchos heridos, algún muerto. Stella está bastante mal, pero estable.

—Es una joven encantadora. ¿Sabes que vino unos días a ayudar a tu madre?, aunque Martha volvió antes de lo previsto. Pero fue muy amable con todos.

—Y eso que lleva a raya a todos los clientes del bar.

—Sí, cierto. Por favor, ¿me informarás de cómo va?

—Desde luego. Voy a ver si puedo dormir un poco.

—¿La has visto? A Lorelai, digo.

—Sí —suspiró—, y la he fastidiado al máximo nivel. ¿Puedes creer que le pregunté si lo poco que habíamos tenido era verdad? ¿Si había sido cierto o…?

—¿Por dinero? —dijo Richard. Mack asintió pesaroso y su padrastro le tomó de la mano—. Cuando hay dinero en la familia, siempre existe esa posibilidad. Mucha gente se lo dijo a tu madre cuando se casó conmigo. Y luego se tuvieron que meter la lengua en el culo.

—¡Richard! Nunca te había escuchado hablar así.

Ambos sonrieron.

—Llega un momento y una edad en la que no te importa tanto lo que dirán. En tu caso, piensa que fue fruto del cansancio, quizá de la frustración o de no haber hablado ­—de verdad— con ella. Quizá puedas tener un momento.

—Está con alguien, ¿para qué serviría?

—Entre otras cosas, para tener la conciencia tranquila, Mack. Puede que esa chica esté con otra persona, pero yo vi cómo te miraba o cómo lo hacías tú. Y tus hermanos también me lo han contado. Ya sabes, aquí no hay secretos familiares… o no muchos.

Mack levantó la ceja. Él no les había contado nada de su tumor hasta casi tener que ponerse quimio, pero no dijo nada.

—El caso es que ya es tarde. Y sí, en algún momento hablaré con ella y me disculparé. Eso, si no me tira algo a la cabeza.

—Se enfadó.

—Oh, sí, salieron de su boca bastantes palabrotas. Pero me merecí cada una de ellas. Yo no soy así, Richard. No sé qué se me pasó por la cabeza.

—¿Te sentiste celoso?

Mack se quedó callado. Asintió lentamente. —Es posible. Celoso y estúpido por haberla dejado pasar. Cuando vine este fin de semana incluso pensé en… plantearme un traslado.

—Sí que estás enamorado, hijo. Pues inténtalo. Si está saliendo con alguien, no llevará mucho tiempo. Puede que tengas otra oportunidad.

—Después de hoy, lo dudo. Me voy a dormir. Descansa, Richard.

—Y tú, Mack.

Se echó en la cama, desnudo, ni tenía ganas de ponerse el pijama. Estaba agotado mental y físicamente y solo quería dormir.

Cuando se despertó, se escuchaba cierto jaleo. Cómo no. La hora de comer siempre era demasiado ruidosa en su casa. Se vistió después de ducharse y salió. Estaban todos. Miró a Jacob.

—Stella está mucho mejor. Quizá en una semana o diez días le darán el alta.

—Menos mal.

Bella le hizo sitio entre ella y Richard que parecía tener mejor cara. Buscó al que faltaba.

—Charlie sigue con el rodaje, aprovechando la playa y eso —dijo Leo—, nosotros solo hacíamos un cameo, pero el director ha dicho que le gustábamos. Bueno, sobre todo yo. Jacob es más bien un soso.

—¡Oye! —exclamó Bella y su gemelo le dio un amistoso puñetazo.

—Jacob canta tan bien como tú —protestó Sophie—. O mejor. Pero es verdad, actuando eres un poco soso.

Se echaron a reír y Jacob sonrió, resignado.

—Nunca pedí actuar, así que bueno.

Le pasaron la bandeja de verduras y se sirvió un plato pequeño.

No tenía demasiado hambre. Mientras comían, todos seguían hablando y metiéndose con Jacob.

Su madre intervenía, siempre defendiendo al que se convertía en diana, aunque él parecía tan tranquilo.

Richard los miraba con una sonrisa y pensó que le encantaría compartir estos momentos con ella.

Bajó la cabeza y se concentró en la comida.

Lo había estropeado tanto que era imposible del todo.