No me gusta el caos (hasta que llegaste tú) (Familia Cresswell-Donovan 2) Capítulo 13. Desastre
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Capítulo 13. Desastre

Mack

La noticia de la boda y el embarazo había revolucionado toda la casa y, si antes era ruidosa, en ese momento, todo era una locura. Además, un reducido equipo de la productora —según Charlie— no tardaría mucho en llegar.

Sentía ganas de salir corriendo. Pero al verlos tan emocionados, incluso Richard parecía tener mejor color, pensó que valía la pena. Y total, solo sería un fin de semana.

Se despertó a las siete con jaleo de risas en la cocina. No, si descansar no iba a descansar. No se pudo dar una ducha porque el baño estaba ocupado. Frustrado, se vistió y bajó a por un poco de café.

Su madre y Bella estaban mirando una tablet, seguro que organizando la boda. Charlie estaba a los fogones haciendo sus famosas tortitas y Jacob preparaba café. Leo entró con cara de sueño.

—Sois una familia insoportable. ¡Las siete de la mañana!

—Eso digo yo —contestó Mack buscando un café que Jacob le puso en la mano con una sonrisa.

—Ya sabes, madre e hija andan como locas preparando la boda, quieren que sea en dos semanas.

Bella lo miró con la ceja levantada y Charlie se echó a reír mientras dejaba las tortitas en la mesa. Su hermana cogió una con prisa y se la metió en la boca. Ronroneó.

—Hermano, mataría porque cada día me hicieras estas tortitas. Haz el favor de decirle tu secreto a Jacob. O si no vuestro sobrinito por partida doble saldrá con un antojo en la cara.

—¿En serio? —preguntó Sophie preocupada, que justo entraba en la cocina con su cuaderno. Su madre la abrazó.

—No, cariño. Tu hermana es muy exagerada.

—Pero Jacob tiene que aprender a hacer mis tortitas —insistió Bella.

—Claro que sí, amor, Charlie me va a dar la receta, ¿verdad?

—Si no queda otro remedio —dijo fingiendo que lo torturaban. Se echaron a reír.

Miró alrededor. Richard no había bajado. Se levantó y se acercó a la habitación. Él estaba descansando en la cama, con los ojos cerrados. Le tomó el pulso, estaba bastante débil. Fue a su habitación a por el maletín. Midió su tensión, estaba baja. Él abrió los ojos.

—Estoy bien, Mack. Solo… cansado.

—Tal vez te debería ver tu médico.

—No, no quiero fastidiar el día. De verdad, solo necesito descansar.

Volvió a tomarle las constantes. Su madre entró y se lo quedó mirando, preocupada.

—Son débiles, pero dentro de la normalidad. Pero Richard, no debes de ser cabezota y si te encuentras mal, iremos al hospital.

—Sí, de verdad. Esta noche no he dormido mucho, solo necesito un rato tranquilo.

—Vuelvo en un rato a verte —dijo Mack. Dejó el maletín en su cuarto y Jacob se acercó.

—Está mal, ¿no? —dijo pálido.

—Dentro de lo que cabe, aguanta, Jacob. No sé cuánto, eso es imposible de decir.

—Lo sé. Por eso… ya te imaginas.

—Lo sospechaba. Hacéis bien. Una boda y un bebé es justo lo que le hará animarse.

Jacob asintió, disgustado y Mack le dio un abrazo. —Venga, salgamos o mi hermana nos dejará sin tortitas.

Se fueron a la cocina y sus hermanos lo miraron, él asintió y respiraron aliviados. Aunque el ambiente no era tan alegre como el día anterior, consiguieron que Sophie no se diera cuenta, aunque, siendo como era una niña tan inteligente, dudaba mucho de que no lo hiciera.

Una furgoneta seguida de un pequeño camión y dos coches hicieron su entrada en el jardín. Charlie y Leo se levantaron para recibirlos.

—¡Ya han llegado! ¡El cine está en casa! —gritó Sophie y fue corriendo hacia la entrada.

Mack miró a Bella. Esta sonrió y se encogió de hombros.

—Será una experiencia. En realidad, tengo curiosidad por ver a nuestro hermano en acción.

—Lo sé, solo espero que no sea demasiado caótico.

—Siempre puedes retirarte a la buhardilla, Mack. Solo son dos días. Disfruta.

—Sí, supongo.

—Por lo demás, ¿estás bien?

Mack suspiró. Se habían quedado los dos solos en la cocina.

—Pasé por su casa, está con alguien. Imagino que ella no…

—No sentía lo que tú…

—Ni siquiera sé lo que yo sentía, Bella.

—Enamorarte es algo nuevo para ti. Mira que te lo advertí. Ella es una mujer maravillosa y te la han birlado en las narices.

—Quizá no estábamos hechos el uno para el otro. Estas cosas pasan.

—¿Me lo dices o me lo cuentas? Yo pensé que amaba a Edward, pero no era así. ¿Por qué los Cresswell somos tan complicados?

—Ni idea, pero si algún día te enteras, me lo dices.

Ella sonrió y le dio un abrazo. —Vamos a cotillear a ese grupo de gente del cine. Algo totalmente contrario a nuestro mundo.

—O a nuestro carácter —dijo Mack y ella se echó a reír. Salieron al patio donde estaban descargando focos, cámaras, etc. Un hombre vestido con una camisa de flores hablaba con Leo y Jacob, que ponía caras raras. Charlie aguantaba la risa. Sophie curioseaba todo.

Una chica pelirroja de cabello corto y bastante alta, andaba organizando una mesa para poner sus cosas de maquillaje. Todo, en el jardín trasero.

—Qué locura. En minutos lo que han organizado —comentó Bella mordiéndose el labio. Seguramente le hacía sentir incómoda, como a él.

—¿Y si huimos? Podemos ir a tomar un café en la ciudad, o a dar un paseo. Como doctor, te prescribo que te vendría bien estirar las piernas, por tu embarazo, claro —dijo Mack. Ella sonrió.

—Nos vamos ya, doctor.

Se cambiaron y salieron por la puerta caminando. Jacob la miró, pidiendo ayuda, pero ella sonrió, saludando con la mano, y se fue con su hermano del brazo. Ambos respiraron tranquilos mientras caminaban hacia la zona de la playa.

—Mejor playa, más tranquilos.

—Totalmente.

No les hacía falta hablar. Solo caminaban. Puesto que era pronto, no había tanta gente de vacaciones como en unas horas. Se descalzaron y metieron los pies en el agua, estaba fresca y limpia.

—¿Qué tal por la empresa?

—Muy bien. He contratado a una ayudante muy eficaz y puesto que en unos meses me tomaré un tiempo, me hará falta. —se mordió el labio y lo miró con duda—. Esto… Jacob contactó con el hermano de Lorelai. Hay una… exposición en unas semanas. Por si quieres venir.

—Bella, está con otro.

—Y eso no quita para que vengas. Es en la ciudad, hombre, ni siquiera tienes que venir aquí y quizá ella ni pueda acudir, si anda liada en el hospital. A Jacob le gustaría que vinieras. Él también va a exponer seis cuadros.

—¿Sabes que es chantaje emocional?

—Totalmente —dijo ella riéndose—, no te lo voy a negar. Está muy inspirado. Vive en mi casa todo el tiempo, pero conserva su loft solo para pintar. Así puede hacer cuadros de gran tamaño sin… sin mancharme nada.

Ambos rieron de nuevo.

—Me alegro de verte tan feliz, Bella. No estabas así con Edward.

—No. Por cierto, está saliendo con una mujer de Londres. Me llamó para decírmelo. Estaba muy feliz y de verdad que me alegro. Hay personas que no están destinadas para estar juntas, pero otras, aunque no lo vean, sí lo están.

Lo miró con intención y él bufó.

—¿En serio? ¿Para eso querías pasear?

—No, pero ha surgido el tema y sabes que no pierdo ocasión. Por cierto, como Richard no creo que… esté bien, me gustaría que tú pudieras acompañarme al altar. Si te parece.

Se volvió hacia ella emocionado y asintió.

—Claro que sí. Será un honor.

Se abrazaron. Si perdían al esposo de su madre iba a ser una horrible noticia.

—¿Y el embarazo? ¿Lo llevas bien? ¿Nauseas o algo así?

—Para nada. Es que ni me entero. Porque me hice la prueba, que si no ni lo notaría.

—Pero bajarás el ritmo.

—Que sí, ya te pareces a Jacob. Por eso he contratado a esta persona. Adoro la sensación de estar embarazada y de tener un hijo en mi vientre. No pensé, sinceramente te digo, que esto fuera a alegrarme tanto. Ojalá puedas ser padre, Mack.

—Quién sabe. Los hombres podemos ser padres hasta los setenta. Lo mismo encuentro a alguien a esa edad.

Bella soltó una carcajada y le dio un suave puñetazo.

—Ya sabes, no pierdas ninguna ocasión.

Volvieron hacia la casa, con la esperanza de que todo se hubiera tranquilizado.

Habían montado un pequeño set en el porche, cambiando algunas cosas de sitio y mientras ponían los focos, la maquilladora estaba luchando con el ojo morado de Charlie con el rostro serio.

Él estaba quieto, sin moverse y Leo y Jacob, cerca, sonreían.

El director se acercó a ellos, explicándoles lo que tenían que hacer. Jacob miró a Bella y ella solo lo saludó.

—No le vas a librar de esto, ¿a qué no? —dijo Mack. Ella sonrió.

—Ni de coña. Me encanta verlo así. Seré una de las mujeres más envidiadas del país. De hecho, creo que van a cantar algo.

—Lo que les faltaba a esos dos para creerse los reyes. Hasta Sophie está tomando notas.

—O dibujando, mírala qué concentrada está.

Alguien pidió silencio y entonces Charlie entró por un lado.

Llevaba una camiseta ajustada y parecía atormentado.

Buscaba a alguien. Entonces apareció Leo y se gritaron.

Luego Jacob intentó separarlos. Charlie pareció derrumbarse en el suelo.

Bella estaba llorando al verlo e incluso a él se le encogió el estómago.

Por fin, Jacob se agachó y empezó a tararear una canción, algo como para consolarlo.

Leo empezó a acompañarlo y ellos hicieron que Charlie se levantase, se uniera a ellos y finalmente se abrazasen.

Cortaron la escena y se prepararon para repetirla desde otro ángulo.

No tenía ni idea de qué iba la película, pero les había emocionado.

Mack miró a Bella sorprendido. —¿Nuestro hermano sabía cantar?

—Ni idea. No lo hace como ellos, pero no va mal. Asombroso.

Charlie y los gemelos pasaron de nuevo a maquillaje. Ninguno de los hermanos los molestó. Mack vio a su madre emocionada, mirando desde la ventana del piso superior, con Richard.

Después de varias horas que se les pasaron deprisa, un par de personas sacaron algo de comer. Charlie desapareció dentro por un rato, supusieron que para descansar.

Durante la tarde siguieron grabando en la casa, en la playa y lo mismo por la noche.

Pero Jacob y Leo ya estaban libres, así que les propusieron irse a tomar algo.

Mack dudó. Desde luego, la última vez que había ido a La Sirena no había sido una buena experiencia.

Pero esos tipos estaban en la cárcel, y él no era un cobarde, así que aceptó.

Caminaron los cuatro charlando sobre el rodaje, sobre la preciosa canción e incluso Bella les pidió que se la cantaran mientras caminaban. Mack se relajó. Cuando acabaron los dos aplaudieron.

—Joder, con los hermanitos, vaya voz. Y no sabíamos que Charlie también cantaba.

—No lo hace como nosotros —dijo Leo con una sonrisa arrogante—, pero no está mal. Y lo bueno es que el director quiere contar conmigo para más escenas.

—¿Y tus redes y eso? —preguntó Mack.

—Han aumentado mis seguidores. Voy poniendo fotos estratégicas y la gente está encantada. Eso a la productora le va bien.

—Todos ganan —dijo Bella—, y ahora, a tomarnos unas cervezas… sin alcohol.

Se metieron en el pub que estaba muy animado por el turismo, incluso con la lluvia torrencial que comenzó a caer y que casi los pilló. Ben estaba al final de la barra y se acercaron con una sonrisa. Le agradecía que la hubiera ayudado cuando ocurrió eso. Se abrazaron con verdadero afecto.

—¿Hablamos? —preguntó Mack y se retiraron un poco. Ben le dio una fuerte palmada.

—Te veo bien. ¿Cómo acabó la cosa?

—Solo acabó. No cogí el tren a tiempo. No importa si todo se solucionó.

—Creo que no te entiendo, Mack.

—Ella está con alguien, Ben.

—¿Lorelai?, creo que te confu…

Un ruido estruendoso se escuchó en interior del bar. Una pared se había derrumbado. Mack miró, buscando a sus hermanos. Por suerte, los tres estaban en la otra punta, pero Ben empalideció…

—¡Stella!