Capítulo 12. Un alivio
Lorelai
Abrió la puerta para encontrarse con Armando frente a ella. Se alegró de verlo, y todavía miró hacia atrás.
—Vengo solo y… legalmente. ¿Puedo pasar? Tengo mucho que contarte.
—Claro, adelante.
Se abrazaron y cuando Fran salió, él lo cogió en brazos con afecto. Puesto que estaba el niño, dejaron las explicaciones para cuando él se fue a la cama. Le hizo prometer que no se iría al día siguiente. Lorelai lo acostó y sirvió una cerveza a su cuñado. Ambos se sentaron en el sofá.
—Lo primero, gracias por todo. Me salvaste la vida.
—¿Qué pasó?
—Cuando llegué a casa de tu primo, me quedé allí, pero pensé que no debía callarme, estar huyendo para siempre.
No era justo ni para mí ni para ti. Los tipos que me perseguían podrían no sé, hacer algo.
Y sé lo que pasó en tu casa, tu primo me lo contó.
Así que, gracias a ciertos contactos, hablé con un departamento de la CIA.
Me llevaron a un sitio seguro, aunque pedí a tu primo que por favor te dijera que estaba bien y allí. No quería preocuparte.
—Joder, Armando. Sigue.
—Declaré contra esa gente. No te contaré más sobre el tema, pero los apresaron.
Me han quitado todos los antecedentes y me dijeron que no estaba en peligro.
Puedo tener trabajo en el lugar que quiera.
Y también algo de dinero para ir tirando de momento.
Te haré una transferencia por los cuatro mil. Sé que no andas bien de pasta.
—Te lo agradeceré. Lo pedí prestado y estaba ahorrando para devolverlo —suspiró—, son buenas noticias y lo importante es que has ayudado.
—Sí. Y poneros en peligro me hizo darme cuenta de lo injusta que ha sido la vida contigo y lo mal que me he comportado.
Perdiste a mi hermano y Fran se quedó sin ningún referente familiar.
Lorelai, quiero estar en vuestra vida, si me lo permites.
Buscaré un trabajo por la zona, alquilaré una casa y me gustaría, si quieres, ayudarte con él, enseñarle a tirar una bola de béisbol o pasear, nadar en la playa. .. Lo que tú me permitas.
—Es algo… sorprendente, pero sí, me gustaría que estuvieras presente en la vida de Fran, claro.
—Y cuidarte a ti, Lori. Trabajas mucho, no sé siquiera si tienes a alguien…
—No lo tengo.
—Y eso es porque solo trabajas y cuidas a Fran. Mi hermano se enfurecería conmigo por no hacer su trabajo. Quiero cuidarte a ti también. En lo que pueda.
Ella inspiró, aguantando las lágrimas. Él la tomó de la mano.
—No soy mi hermano, lo sé. Pero te pido por favor que me dejes entrar en vuestra vida.
Ella asintió sin ser capaz de aguantar más el llanto. Él la abrazó.
—Llevas un peso muy grande en tus hombros, Lori. No es justo. Y sé que puedes, no lo dudo, pero a veces viene bien apoyarse en alguien.
Asintió. —Pero tengo una habitación de sobra, puedes quedarte aquí el tiempo que quieras.
—Puede que me quede un poco, pero, la verdad, no quedaría bien traer alguna chica aquí —dijo con una sonrisa pícara—, o si tú quieres que venga alguien a pasar la noche. Así que me quedaré hasta que encuentre una casa para mí.
—A Fran le encantará que estés por aquí. Es verdad. Necesita… un hombre de referencia. Hay cosas que yo no puedo o no llego.
—Y trabajas mucho. Buscaré un trabajo que me dé tiempo libre y así te ayudaré con él.
—Es una gran noticia. Me alegro de verdad.
Varias semanas después, la convivencia se había hecho muy natural. Para ella, era como un hermano pequeño, Fran estaba feliz de la vida con su tío y había conseguido un trabajo para repartir suministros para las máquinas del hospital.
Sin embargo, cuando estaba en su consulta y miraba el baño, o la silla donde se sentó Mack, se sentía triste. Había organizado el despacho y no estaba tan caótico. Ni siquiera sabía por qué. Pero debía seguir su vida. Como fuera.
Esa mañana, avisó a Alexa de que la fiesta era por la noche.
Celebraban el cumpleaños de Fran en casa.
Armando había colocado guirnaldas luminosas por el patio, globos y mesas redondas con manteles blancos.
Invitaba a seis amigos con su familia y ella a Alexa.
Sospechaba que su ayudante le hacía ojitos a Armando, así que cuando se lo dijo, ella sonrió emocionada. Oh, sí, esos dos iban a acabar juntos.
El día se pasó rápido, al final. Tim vino a una revisión y le trajo un ramo de flores precioso. Ella los abrazó. Se encontraba muy bien de aspecto y de salud y sus padres habían recuperado el rostro relajado.
Al terminar, se llevó el ramo a casa. Armando ya había recogido a Fran y andaban preparando todo emocionados. Alexa llegó al poco, dijo que para ayudar, pero se fue directa a su primo. Viva el amor, claro.
Dejó el ramo en un jarrón y suspiró. No sabía cómo le iba al doctor, aunque Troy le dijo de pasada que ya se había incorporado al trabajo. Ella cambió de conversación y él no volvió a nombrarlo.
Armando probó las luces y Alexa aplaudió emocionada cuando se encendieron todas.
Él se había encargado de todos los gastos, lo que había sido un alivio.
Empezó a poner los globos por las mesas y Alexa puso música alegre.
Fran comenzó a saltar emocionado y un globo se le escapó hacia la parte delantera de la casa.
Corrió tras él, con miedo de que saliera a la calle.
Pero su cuñado ya lo había alcanzado y lo cogió en brazos entre risas. Ella se acercó y él la abrazó.
—Lori, esta fiesta va a ser la bomba —dijo riendo. Ella lo imitó.
—Gracias por todo, de verdad.
—Y hoy le preguntaré a Alexa si quiere salir conmigo… Formalmente. ¿Te parece bien?
—Por supuesto —contestó dándole un cariñoso abrazo, al que se unió su hijo.
—Pero no podéis decir nada, ¿vale? No me chaféis la sorpresa.
—Te lo juro, tío Armando —dijo el pequeño cruzando los dedos sobre el pecho.
Al poco, comenzaron a llegar los invitados con los regalos que iban poniendo en una mesa aparte.
Sacaron los aperitivos, los pasteles y con la música, todos bailaron y se divirtieron.
Ella se colocó en un lado, haciendo fotos.
Oh, sí. Esa vida en la que su hijo fuera feliz era perfecta.
Armando y Alexa estaban haciéndose carantoñas en un rincón y por el rostro de su ayudante, él ya se lo había pedido. Se alegraba por ellos.
En cuanto a su salud amorosa, sí, estaba casi en la UCI, pero no importaba. Tal vez algún día encontrase a alguien que la quisiera con su mochila, con su caos y con su vida, tal y como era.