Capítulo 11. A veces hay buenas noticias #2
Entró y Sophie corrió hacia él. Normalmente solía darle un pequeño abrazo, pero esta vez, la cogió y la achuchó más fuerte.
—Ay, qué bien, abracitos del Doctor No —rio ella en su oído. Su madre se asomó, pero no hizo ningún gesto.
—Mack, que bien, llegas a punto para cenar. Sophie baja de tu hermano no le vayas a estropear la pierna.
Ella se deshizo de su abrazo, mirándolo preocupada. Le tocó la pierna con un dedo.
—¿Todavía te duele?
—Casi nada, tranquila. Voy a dejar las cosas en mi cuarto y salgo.
Se había traído también el maletín por si tenía que atender a Richard. Dejó todo y Leo salió de su habitación, le dio una palmada en la espalda.
—¿No estabais en el rodaje? Eso dijo mi madre.
—Sí y no. De hecho… me han pedido que hagamos algo en la casa, por la playa. Vienen mañana.
—No jodas, Leo. Nadie me dijo nada.
—No van a molestar, Mack. Solo tomarán un par de planos. Puedes salir, de personaje extra, si quieres.
—Paso.
Leo se echó a reír y Charlie salió de su habitación entonces. Llevaba un ojo morado, pero sonreía. Le dio un abrazo.
—¿Y eso?
—Nada, de la película, es algo movida. Sin más.
Leo se echó a reír y Charlie le dio un puñetazo. Vale, esos dos se traían algo entre manos. Pero en ese momento, le daba igual.
Salieron al comedor. Vio que Richard estaba sentado en el porche, mirando el paisaje y su madre le hizo una seña con la cabeza.
Salió a saludarlo y se quedó impactado. En solo un mes había perdido peso, todo el cabello y profundas ojeras enmarcaban sus ojos.
Se volvió hacia él y le sonrió. Él se colocó a su lado.
—Mack, qué alegría verte. ¿Te has enterado del rodaje? Tu madre no quiso decírtelo, ya sabes. Pensó que no vendrías.
—No pasa nada. ¿Cómo vas? Ya sé que es una pregunta…
—Sigo aquí. Podré ver un rato más a la familia. Está bien, Mack, ya sabes cómo son estas cosas.
—Agresivas. Duras. Terribles. ¿Tienes efectos secundarios?
—Ah, sí, varios de ellos. Aumentaron la dosis para limpiar bien la zona, ¿sabes?
—¿Porque han descubierto algo más? ¿Qué no nos habéis contado, Richard?
Él suspiró.
—No queríamos agobiaros. Hay alguna metástasis, sin más. Pero el tratamiento está funcionando, puedes preguntarle a mi médico.
—Por supuesto que lo haré, joder, Richard, que no somos unos críos. Que soy médico. Si es que tendría que haber vuelto antes —dijo disgustado. Richard puso la mano sobre la suya.
—De eso nada. Lo que no quiero es que ninguno de vosotros deje de hacer su rutina.
Bastante ha hecho tu madre al dejar la compañía y cada día siento que lo haya hecho, aunque egoístamente, tenerla a mi lado es lo mejor de mi vida en este momento —suspiró—, además, tu hermana los lleva a todos agarrados de las pelotas.
Sonrió y Mack soltó una pequeña risa. Richard acarició su mano.
—Mack, sabes que eres como un hijo para mí, aunque nunca quise ejercer de padre, sustituir al tuyo, pero te quiero de verdad, como a todos.
Sois la mejor familia que un hombre pueda tener y quisiera que fueras feliz.
A veces, nos preocupas. Después de todo lo que pasó.
—Richard —interrumpió con suavidad—, las relaciones no siempre funcionan, eso lo sabes. Te… te confieso que acabo de pasar por delante de su casa. Quería… hablar. Pero ya es tarde. Estaba acompañada por otro hombre y no parecía un amigo, sino alguien cercano. Ese tren ya pasó para mí.
Él asintió con gravedad y luego le miró con una leve sonrisa. —Pues espero que no dejes pasar el próximo, creo que la vida sin amor no merece la pena.
—Os tengo a todos vosotros, Richard y con el amor que me dais, no puedo decir que mi vida sea vacía. Y me encanta mi trabajo. Salvar a niños es la mejor recompensa que puedo obtener.
—Y eso te honra, Mack, pero llegar a casa, que haya alguien, alguien que te ame como hombre, quizá tener hijos, eso es increíble.
—Lo es, lo he visto en vosotros. Quizá no esté hecho para ese tipo de vida. Y está bien.
Bella salió y se lanzó al cuello de Richard para saludarlo. Luego hizo algo similar con él.
—¿Te han abducido, señora CEO?
—No, tonto. Me quito la careta de directiva agresiva cuando llego a casa. Jacob se quejó de que lo mandase tanto.
Nos reímos los tres. —Vengo a llamaros para la cena. Estoy hambrienta.
Se metió dentro y ayudó a Richard a levantarse. Siempre había sido un hombre atlético y delgado, pero en ese momento, se apercibió de su fragilidad. Entraron en la cocina, donde todos se iban sentando. Otra vez estaban juntos y, por ese fin de semana, estaba bien, más que bien.
Martha había dejado hecha una ensalada de pasta y fruta, bastante original y Leo se levantó, con Charlie para llevar todo a la mesa. Él se sentó en su sitio, junto a Richard y a su lado, la Mini Villana andaba escribiendo en su diario. Se volvió hacia ella.
—¿Qué anotas ahora?
Ella lo miró con suficiencia.—. No anoto , escribo. Sigo con mi novela. ¿Crees que una novela se escribe en una semana? No y desde que estoy de vacaciones, ya he llenado dos libretas.
—Me gustaría leerlas.
Ella lo miró asombrada. —¿De verdad?
—En serio. Podría ayudarte si lo necesitas.
—Una opinión no estaría mal, cuando las repase, te las dejaré. Mamá me ha comprado un portátil para que lo pase todo a limpio.
—Es una buena idea, así puedes ordenar tus ideas.
—Sí, y un día publicaré el libro. Ya lo verás.
Él asintió. No lo dudaba. Sophie Donovan iba a ser la próxima escritora bestseller del New York Times, y solo con diez, no, se dijo, casi once años. La semana que viene era su cumpleaños.
Se pasaron las ensaladas y empanadas que había traído Charlie de una panadería local. Comían, reían y se contaban novedades. Él sonreía de vez en cuando. Debía reconocer que estar con ellos aliviaba el pesar que sentía dentro de su corazón.
—Familia —dijo Jacob carraspeando para llamar la atención, pero nadie le hizo caso. Bella se levantó.
—Familia, atentos —dijo con voz fuerte y todos se callaron. Ella sonrió y se volvió a sentar, cediendo la palabra a Jacob. Sonrió al verlos. Hacían una pareja increíble, en realidad.
—Querida familia —dijo Jacob sonriendo—. Hemos decidido casarnos este verano.
Charlie empezó a aullar y todos aplaudimos hasta que Bella pidió silencio.
—Hoy en día —empezó—, esto suele dar igual, pero nos hace ilusión casarnos aquí, esta vez nadie lo va a impedir —dijo mirando a Sophie con una sonrisa—, sobre todo porque queremos que el pequeño Donovan-Cresswell nazca en una casa donde viven sus dos padres.
Hubo un gran silencio. Todos se la quedaron mirando. Sin reaccionar. Ellos se tomaron de la mano y se miraron con una sonrisa. Sophie se levantó, tirando su cuaderno y su vaso.
—¿Qué? ¿Qué es eso? ¿Voy a tener un sobrino?
—Sí, estoy embarazada, Sophie.
Entonces se desató el caos. Todos gritaron, lloraron y tuvieron que levantarse para poder dar los abrazos pertinentes.
Bella sonreía, Jacob también, emocionados, su madre lloraba y Richard, que no se había levantado, no disimulaba las lágrimas.
No supo cuánto tiempo habían pasado abrazándose entre ellos, dando palmetadas a la espalda de Jacob que al final tuvo que prohibir que lo hicieran.
Sophie saltando y bailando con Charlie por la sala.
Risas y emoción a borbotones. Mack pensó que esto era lo que les hacía falta a la familia y estaba seguro de que…
, temiendo por Richard, habían adelantado sus planes. Los quiso a todos todavía más.