Capítulo 9. Algo pasa…
Mack
Estaba cansado de estar en el hospital, y eso que su familia no paraba de ir a visitarle. Con eso de que estaban de vacaciones, procuraban no dejarlo solo, hasta que al final había mandado a Charlie a la mierda.
Pasó una noche regular y la mañana también. No era un buen paciente, eso lo tenía claro. Las visitas de Lorelai le alegraban. Estaba deseando verla, pero ella tenía razón. ¿Cómo iban a mantener una relación a distancia? Con sus horarios…, ni siquiera encontrarían un momento para llamarse.
Y luego, ella… ¡su despacho era caótico! Y su casa… estaba mejor, pero quizá no encajasen en su vida diaria tan bien porque a él le gustaba demasiado el orden y tenerlo todo controlado, aunque debía reconocer que su mente volvía a ella todo el tiempo.
Troy pasó con el cirujano, le echaron un vistazo y le dijeron que al día siguiente ya podría irse a casa, con reposo. Leo entró en ese momento y le dijo que él y Charlie tenían que irse a algo del rodaje, pero que Jacob y Bella lo llevarían a casa por la mañana.
Lorelai entró en la habitación agitada, justo cuando los doctores se iban. Miró a Leo con duda y él comprendió.
—Me voy a por un café, vuelvo en unos quince minutos.
—¿Estás bien? Pensaba que ya estarías buscando a Fran.
—Envié a Vivi. Es que… siento tener que pedirte esto, y no sé siquiera si debo…
—¿Ocurre algo?
—Si te lo digo te voy a comprometer, y he tratado de pedirlos en el banco, pero no me los dan. Verás… necesito cuatro mil dólares. Y prefiero no contarte para qué.
—Tu cuñado —dijo él tensándose. Levantó las manos—. Está bien, no me has dicho nada.
Apretó la mandíbula. Quería pensar que… que esto era un apuro y no… algo premeditado.
—Le diré a Leo que los saque de mi cuenta. Supongo que los querrás en efectivo.
—Sí. Lo siento mucho, Mack, te juro que te los devolveré.
—Tranquila. ¿Para cuándo?
—Tengo que llevarlos mañana. Así que…
—Ya. Mejor ahora. Pásame el móvil por favor.
Envió un mensaje a Leo, y aunque él protestó, lo hizo. Ella fue a buscarlos y puesto que notó que Mack estaba serio, se fue con los cuatro mil. Leo se sentó junto a él.
—¿Qué coño pasa, Mack? ¿Es algo grave?
—No lo sé. Es raro. La verdad, estoy muy extrañado, pero prefiero no contarte nada.
—Te conozco lo suficiente como para saber que no eres un imbécil, o que te has encoñado de Lorelai, pero así de repente, cuatro mil dólares, aunque no sean tanto para ti…
—Ya. Vete a casa a dormir, puedo levantarme. Y estoy bien, Leo. Eso sí, no lo comentes, por favor. Sé lo que hago.
—Como quieras. Llámame si necesitas algo. Mañana salimos sobre las doce, pero mientras, estaremos por aquí, Mack. Para lo que sea.
—Lo sé.
Leo se marchó serio. Él se echó en la cama, pensativo. Pasaron las horas y ella no le envió ningún mensaje. Él tampoco. Por la mañana, se despertó tarde. No había dormido mucho. Desayunó y después, su hermana y Jacob aparecieron para recogerle. Le trajeron ropa y le ayudaron. Ella no había venido.
Se marcharon a casa. Bella intentó interrogarle, pero había vuelto a su estado normal de no hablar nada. Y era lo mejor. Cuando te abrías a la gente pasaban estas cosas.
Lo acompañaron a su habitación, y se dio una ducha primero y luego se echó en el sofá. No quería quedarse en la cama. Su madre y Richard se sentaron junto a él.
—¿Estás bien? Se te ve serio.
—Cansado de hospitales o, más bien, de ser paciente. No me gusta.
—Es latoso, pero al menos estás en casa —comentó Richard. Lo miró y sí, se le notaba cansado.
—¿Cuándo empiezas la quimio?
—En unos días. De momento me están dando algunas pastillas. Tranquilo, me encuentro bien.
Miró a su madre, tenía ojeras y el rostro demacrado. No, no se encontraba bien. Al menos, al estar de baja, podría vigilarlo un poco más.
—Te voy a traer un café.
—Eso sería genial, mamá. Casi no he tomado y tampoco es que fuera muy bueno.
Casi suspiró. Lo había probado de los labios de Lorelai. Sonrió a Richard que le tomó la mano.
—Estás muy serio, Mack. ¿Algo más que te preocupe?
—No. Solo necesitaba salir de ahí. Y volver a mi vida normal, la verdad.
—¿Y Lorelai?
—No lo sé, Richard. Somos muy distintos, ella vive aquí, yo en la ciudad. No lo veo muy sensato.
Él sonrió y le dio dos palmadas en la mano.
—El amor no es sensato, Mack. Jamás lo ha sido. ¿Ella no quiere continuar?
—Ni idea.
—Algo ha sucedido.
—Prefiero no comentarlo, Richard, ya no soy un crío.
—Sí, lo siento. Pero me tienes aquí si necesitas hablar, eso lo sabes.
—Lo sé —contestó con una pequeña sonrisa. Su madre volvió con el café y dos galletas.
—Las ha hecho Martha antes de irse de vacaciones. Tienen un par de semanas libres.
—No te preocupes, mamá, yo no te voy a dar trabajo.
—Va a venir una muchacha del pueblo a ayudarme, la casa es demasiado grande. Creo que la conoces, es Stella.
—Stella, ¿la del bar?
—Sí, creo que le vendrán bien dos semanas de trabajo extra. Me dijo que pidió vacaciones en el bar, que se las debían, pero que estaba ahorrando para comprarse un coche o algo así.
—Es una chica muy trabajadora.
—Eso me parecía. Así que no hay problema, está todo cubierto. Tú descansa y ponte bien.
—Creo que me quedaré unos días aquí. Tengo que hablar con mi jefe de nuevo para darle una fecha aproximada.
—¿Y Lorelai? ¿Vendrá a verte? —preguntó, esta vez, su madre.
—Imagino. Las galletas están de muerte.
Ella alzo la ceja. No contaba con despistar a su madre, jamás lo había hecho, pero sí que respetaría su cambio de tema, así que hablaron de otras cosas, pasando la mañana mucho más agradable y distraída de lo que pensaba.
Bella y Jacob habían aprovechado para ir a la ciudad, y Leo y Charlie andaban por ahí preparando todo para marcharse, así que, cuando Richard se sentó en el porche y su madre se fue a la cocina, él se echó en el sofá a descansar. O a darle más vueltas a la cabeza.
¿Debía mandarle un mensaje o llamarla? Imaginó que se había enterado de que ya estaba de alta.
¿Y si le había pasado algo? Cogió el móvil.
No parecía activa en el servicio de mensajería.
Empezó a preocuparse. La llamó, pero saltó el contestador automático.
Envió un mensaje a Leo para que fuera al hospital y la buscasen. Él y Charlie fueron sin preguntar nada.
¿Se había metido en algún lío por su cuñado? Su madre le trajo una botella y un vaso y algo de comer y entonces llamaron a la puerta. Ella fue a abrir. Pasó con dos hombres trajeados y el rostro sorprendido.
—Mack, estos dos señores son del FBI. Quieren hablar contigo.
—Díganme.
—¿Sabe dónde está Lorelai Whitacker?
—No, y no me ha contestado a mis llamadas. ¿Está bien? ¿Le ha pasado algo?
—Es lo que no conocemos, pero usted sacó cuatro mil dólares y ella unos mil doscientos de su cuenta. ¿Le habló del hermano de su marido?
—¿A qué viene todo esto? Somos compañeros y…
—Salen juntos. No venga con tonterías, doctor Cresswell. Es prioritario encontrarla, podría estar en peligro. ¿Le dio ese dinero sin preguntar?
—Confío en ella. Y les juro que no tengo ni idea de dónde está.
—Avísenos si sabe algo.
Le dieron una tarjeta y se marcharon. Richard había entrado y ambos se sentaron delante de Mack.
—¿Qué pasa? ¿Dónde está ella?
—No tengo ni idea, mamá, pero empiezo a preocuparme.
—Hijo, si tenemos que llamar a mi abogado, lo hacemos.
—Puede ser. Pero de verdad que no sé dónde está. Y sí, me pidió el dinero. Quería ayudarla.
—Me parece muy correcto, Mack —dijo Richard algo preocupado—, si se puede, hay que ayudar.
—Pero… —comenzó su madre. La puerta de la casa se abrió y entraron Leo y Charlie. Fueron directos a Mack.
—Hoy no ha ido a trabajar, pidió un día de fiesta por temas personales y una tal Alexa me dijo que es raro que falte a su trabajo. ¿Qué ocurre, Mack? ¿Tiene que ver con lo de ayer?
—Ya lo saben, Leo. Gracias, de verdad. Ha venido el FBI.
Charlie silbó asombrado. —¿En qué está metida?
—Ella no, al parecer el hermano de su esposo fallecido, es lo único que supongo, no quiso contármelo.
—Es una chica muy inteligente —dijo su madre, hablando como abogada—. Si no te lo cuenta, no hay causa; solo espero que no se haya metido en ningún lío grave.
Pasó el día sin saber de ella y, por la tarde, cuando su madre volvió con Sophie, también entraron Fran con una joven, quizá su niñera.
—Perdonen que les moleste, mi nombre es Vivi y cuido a Fran. Lorelai me llamó para quedarme todo el día con su hijo, pero mañana tengo un examen. El chico me dijo que igual su madre igual había venido aquí, porque en el hospital no está.
—No, no sabemos muy bien dónde puede encontrarse, pero… Fran puede quedarse a dormir —dijo Mack mirando a su madre, que asintió. El niño parecía asustado y él abrió los brazos. Se acomodó temblando junto a él.
—Lo siento, de verdad. Puedo traer su ropa, pero es que mañana tengo muy mal día. Y Lorelai no me contesta.
—Tranquila, Vivi, ya nos conoces y él también. Sophie ayudará con lo que sea, ¿verdad, hija?
—Sí, puede dormir en la habitación de invitados. ¿Te la enseño?
El niño miró a Mack que asintió y se fue con Sophie de la mano. Vivi se acercó a él.
—Estoy muy preocupada de verdad. Ella nunca dejaría a su hijo.
—Tal vez debamos avisar al sheriff —comentó su madre.
—Es posible. O a esos agentes.
—Tengo que irme, les dejo mi teléfono. Incluso podría enviar a mi madre a por su ropa. Lo siento mucho, no sabía a quién acudir.
—Has hecho bien, no te preocupes.
Su madre acompañó a la chica fuera y se sentó con ambos. Tenían el rostro preocupado.
—Se me ocurre que podría llamar a Ben. Él fue policía.
—¿El socio de Jacob? Ah, sí, lo recuerdo. Se retiró por una lesión grave, o un disparo… nunca lo supe.
—Él podría ayudarnos discretamente —dijo Mack. Buscó en sus contactos y lo llamó. Dijo que estaría en menos de dos horas allí.
Bella y Jacob llegaron en ese momento y les pusieron al día.
—Esto suena mal, Mack —dijo Bella a su lado.
—Muy mal —dijo preocupado.