No me gusta el caos (hasta que llegaste tú) (Familia Cresswell-Donovan 2) Capítulo 7. ¿Amigos o más?
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Capítulo 7. ¿Amigos o más?

Mack

Cuando salió Lorelai, su hermano se echó a reír. Lo miró molesto.

—Joder, tío, no te había visto tan pillado por nadie. A ver, está buena y seguro que es una gran médico, pero… qué pasada. Verás cuando se enteren los demás.

—Ni de coña, Charlie —contestó enfadado—. ¿Y no estabas durmiendo?

—¿Y perderme a mi hermano serio y callado hablar tiernamente con esa preciosa doctora? Jamás de la vida.

—Vale, tío.

—Os habéis acostado y no es una pregunta.

—No te importa. Lárgate.

—No, me toca turno. Eso es que sí. Ya era hora, hombre.

Si me alegro, de verdad que sí. Te mereces una mujer como ella.

Cuando vio que te herían, se lanzó hacia ti como un jugador de futbol y apartó a uno de los tíos de un empujón que ni te imaginas.

No le importó mancharse de sangre y se ha quedado contigo todo el tiempo.

Mamá está emocionada. Y todos, en realidad.

—¿Eso hizo?

—Si no está loca por ti, poco le falta, hermano. Eso no lo hacen las amigas ni las compañeras.

—El problema es que ella está aquí y yo en la ciudad. Aunque haya un par de horas…. Es complicado.

—El amor no es tan difícil, Mack. Mira si Bella y Jacob lo tenían chungo. Alguna solución habrá.

—Tampoco nos conocemos desde hace tanto tiempo…

—Y, sin embargo, ahí estáis. No creo en el amor rápido, pero a veces, ocurren milagros.

Mack cerró los ojos, cansado. ¿De verdad se había enamorado de Lorelai? ¿O ella de él? No lo veía posible. No tan… rápido.

—Iremos viendo, Charlie. No me agobies.

Entró el cirujano con el enfermero de turno y Charlie se salió de la habitación. Examinaron la herida y le quitaron por fin la incómoda sonda.

—Intenta levantarte despacio, Mack. Solo por ver que todo está bien. La fascia estaba ligeramente desgarrada al final, pero la cosí. Puede que cojees un par de días, pero deberías estar bien pronto.

—Gracias, has hecho un buen trabajo.

Pasó la tarde con sus hermanos desfilando por turnos. Incluso como estaba mucho mejor, trajeron a Sophie que se agarró a su cuello llorisqueando. Bella se quedó esa noche, y, aunque tuvo varios mensajes de Lorelai, estaba deseando verla al día siguiente.

Su hermana se estiró en el sillón. Eran las seis y media de la mañana.

—Me voy a por un café, enseguida vuelvo.

Mack se desperezó. El móvil le sonó. Ella.

Contéstame cuando te despiertes y dime cómo estás

Estoy bien, mi hermana se quedó esta noche, aunque no hacía falta

Déjate cuidar, cabezota

Y tú, ¿qué haces despierta?

No podía dormir, aunque me han informado de que estabas bien.

Estoy deseando verte

Y yo ir, pero tengo que esperar al menos hasta las diez que llevo a Fran a casa de su amigo

No te preocupes, ven cuando te sea posible. Y si no puedes… nada

Iré. Eso seguro. Cuídate.

Sí.

Estuvo a punto de decirle te quiero, pero se cortó en el último momento. Era demasiado pronto, pero se sentía muy natural. Suspiraba mirando el teléfono cuando Bella entró con un café.

—¿Escribiendo mensajes a tu novia?

—No es mi novia.

—Charlie ha dicho que sí. Y todos nos hemos puesto muy contentos.

Bufó.

—Charlie es un cotilla. Solo… nos estamos conociendo.

—Para estaros conociendo se ha quedado cuidándote mucho rato.

—Es médico.

—Pediatra, ya me he informado. Y aunque te comportes como un crío a veces, eres todo un hombrecito —dijo su hermana con una sonrisa—. ¿Va a venir?

—Sí —admitió él—, pero no la agobiéis al estilo Cresswell.

—No —contestó ella haciendo una cruz en su pecho y él alzó las cejas.

—No me creo nada.

—Y no lo hagas, hasta Sophie está preparando vuestra boda.

—¡Por dios, Isabella! Os estáis pasando. La asustaréis.

—Mmm, vale, en eso puede que tengas razón. Avisaré a los demás.

Él cerró los ojos, entre agobiado y resignado. Su familia era así. Un enfermero vino a ayudarle a ir al baño y a lavarse. La ducha por partes fue agradable, pero estaba deseando salir de allí.

Le trajeron algo de desayunar y se quedó sentado, esperando. Leo llegó y le chocó la mano a Bella, que le dio un abrazo y se marchó.

—De verdad que no necesito niñera.

—Ya sé que quieres que me largue porque va a venir tu novia, pero me apetece hablar con ella y saber qué intenciones tiene contigo.

—Eres bastante idiota, ¿lo sabías? —Eran especialistas en sacarlo de sus casillas.

Leo se echó a reír y se sentó en el sofá. Estuvieron hablando de todo un poco y apareció su madre, con Richard, Leo y Sophie. Esta lo abrazó de nuevo. Él miraba el móvil de vez en cuando, hasta que Richard se echó a reír.

—Esa chica te interesa de verdad.

—No empieces tú también.

—Quiero conocerla bien —dijo Sophie que estaba sentada a su lado—, háblame de ella.

—Pues es médico de niños, tiene un hijo de seis años, su papá falleció.

—Ah, vaya —dijo la niña entristecida.

—Pero es un niño muy inteligente, casi me gana al ajedrez.

—Eso es imposible, nadie en casa te gana —protestó su hermanita. Se echaron a reír.

—Pues es cierto, Sophie.

—¿Cómo se llama? ¿Podré conocerlo?

—Supongo que sí. Igual lo has visto en el colegio, va al mismo que tú.

—Pero es pequeño. Cuando lo vea en el cole lo saludaré.

—Me parece muy bien, cariño —dijo su madre.

Charlaron un rato más hasta que llegó ella. Llevaba una camiseta oscura, vaqueros y una coleta. Se sintió cohibida al entrar, pero Mack alzó su mano.

—Ya conoces a mi madre, a Richard y a… Sophie.

—Sí, me alegro de verlos de nuevo.

—Eres guapísima —dijo Sophie mirándola—, y médico como mi hermano, sois perfectos.

Se rieron y ella se quedó un poco cortada.

—Nos vamos a la cafetería —dijo Richard—, creo que tienen unos pasteles buenísimos. Vamos, chicas. Luego volvemos.

Se marcharon y ella se acercó a Mack, examinó la herida y los monitores.

—Estoy bien, de verdad. Igual mañana me dan el alta.

—No corras.

—Siento… mi hermana… bueno ahora todos creen que tú y yo… ya sabes.

—¿Salimos? —preguntó ella sentándose a su lado. Él le tomó la mano y asintió—. Bueno, no se equivocan tanto, creo. ¿Qué opinas?

—Que me encantaría salir contigo, Lorelai. Pero no sé cómo compatibilizar nuestras vidas.

—Ya. Yo también he estado pensando. Quizá debamos tomarlo con calma antes de tomar decisiones drásticas.

Él asintió, sin saber qué decir.

—Sí. ¿Podrías llamar a alguien? Necesito ir al baño.

—Por favor, yo te ayudaré. Vamos, que te vendrá bien caminar.

Lo ayudó a incorporarse y le puso las zapatillas. Mack la miraba con asombro. ¿De verdad podría ser alguien como ella? Se incorporó y apoyó la pierna. La sentía más o menos bien.

—Mira qué bien que sea más bajita que tú, te sirvo de bastón.

Él se echó a reír y se apoyó en su hombro.

Ella pasó la mano por su cintura y respiró más agitado.

Lo acompañó al baño y lo dejó un momento a solas.

Ni siquiera sabía cómo podría excitarse tan rápido solo por tenerla cerca.

Ni que fuera un adolescente. Después de usar el aseo, se lavó la cara y salió hacia la puerta.

Ella se colocó otra vez bajo su hombro y él se volvió, apoyándose en el marco de la puerta.

Se agachó para besarla, porque ya no podía aguantar más sin sentir sus labios.

Ella lo abrazó y la mano de él se disparó debajo de su camiseta, para rozar su piel. Lorelai jadeó y se apartó.

—No, muchacho, a la cama.

Mack sonrió y se dejó acompañar. Lo ayudó a subir y volvió a mirar la herida para comprobar que no se había abierto. Pero se encontró otra cosa. Ella lo miró asombrado. Él se encogió de hombros.

—Haces ese efecto en mí.

Escuchó que volvían sus padres y lo tapó. Él levantó la pierna buena y ella se sentó en la silla.

Su madre le dio un beso y luego pasaron los otros.

—Ya que estás tan bien atendido, nos vamos un rato. Esta tarde imagino que volverá Charlie. Gracias por cuidar a mi hijo, Lorelai.

—De nada, yo…

Richard la abrazó y también Sophie.

—Me gustaría conocer a tu hijo. Me ha dicho Mack que vamos al mismo cole. Al principio no me gustaba, pero ahora sí.

—Tal vez un día vengan a visitarnos, hermanita.

Ella asintió y apuntó algo en su cuaderno. Luego, se fueron. Lorelai se acercó a él.

—¿No vamos demasiado deprisa? No me importa presentarles a Fran, pero quizá…

—Lo conocerá en el colegio, de todas formas. No te imaginas cómo es Sophie. Hasta que no lo localice, no parará.

—Da miedo —dijo riéndose.

—Los hijos de Richard le pusieron el apodo de Mini Villana. Por lo visto, estaba en contra de la boda de mi hermana con su prometido, y ya ves, ahora está con Jacob.

—Parece una historia muy interesante —dijo ella.

—Si te sientas a mi lado y me das un beso, podría contártela.

—Eso parece chantaje, doctor Cresswell.

—Lo es, sin duda.

Se acercó y le dio otro beso, esta vez más profundo. Las manos de Mack volaron a su espalda y tuvo que apartarse, agitada.

—Espero poder estar bien pronto, Lorelai. O explotaré.

Ella sonrió y se colocó sentada junto a él, de la mano. Entonces, Mack comenzó a contarle la complicada historia familiar.

Ambos rieron, se emocionaron y compartieron la mañana. Ella fue a por dos cafés, comieron juntos hasta que llegó Charlie y ella se despidió.

—Tengo que ir a buscar a Fran. Mañana te veo entre consulta y consulta.

—Te esperaré aquí mismo —dijo él. Le dio un suave beso delante de su hermano que sonrió. Le iba a costar ciertas bromitas y lo cierto es que le importaba poco. Se estaba enamorando.