Capítulo 6. Sensaciones extrañas #2
Alexa llegó también.
—Lorelai, ven a cambiarte a tu despacho, te irá bien.
Asintió. Tenía el vestido lleno de sangre. La acompañó y se lavó en el baño y luego se puso uno de sus pijamas y se recogió el cabello. Después se acercó al quirófano. Troy estaba allí, mirando.
—¿Algo?
—Solo sé que le han seccionado la femoral. Pero pudiste hacer el torniquete a tiempo.
—Fue él quien me lo dijo.
—Mack siempre está en todo —dijo con una sonrisa triste. Al cabo del rato, el cirujano de guardia salió.
—Ha perdido bastante sangre, pero hemos cerrado sin problema. Un corte limpio. No ha afectado a la musculatura, o eso pensamos. Lo subiremos en breve.
—Informaré a la familia —dijo Troy—. ¿Me acompañas?
—Claro.
Entraron en la sala y todos se levantaron. También había una pareja más mayor, supuso que su madre y su padrastro, y una niña de unos diez años que había estado llorando, sin duda.
—Ha salido bien, familia —dijo Troy—. Como ha perdido mucha sangre, le costará un poco recuperarse, pero todo ha ido bien, de verdad.
—Tengo el mismo grupo —dijo el tal Charlie. Troy asintió y se lo llevó. Ella se iba a marchar, cuando su hermana se acercó.
—Gracias por hacerle el torniquete. Una chica llamada Alexa nos explicó.
—Él me dijo… que había sido la femoral.
—Entonces eres médico
—Sí, conocí a tu hermano cuando vino a operar a ese niño. Le salvó la vida.
La mujer más mayor se acercó a ella y le dio un abrazo suave.
—Gracias, jamás lo olvidaré.
—Es mi madre, Margot, y Richard, mi padrastro —presentó su hermana. Ella tragó saliva, apurada.
—Voy a ver cómo está y os informo en cuanto sepa algo.
—Gracias…
—Lorelai. Me llamo Lorelai.
Se despidió de ellos con pena. No sabía bien qué había pasado con esa pelea y por qué había sucedido, pero casi lo habían asesinado.
Un escalofrío le recorrió. Se acercó a cuidados intensivos y entró.
Una enfermera estaba limpiando el resto de la pierna.
Miró los monitores, parecía estable. Cuando la enfermera terminó, se la quedó mirando.
—Me quedo un rato.
—De acuerdo, doctora, avísame cuando te vayas.
Se sentó junto a él, tomándole de la mano.
Estaba tapado hasta mitad de pecho y lo arropó.
Sabía que era demasiado pronto para sentir algo por él, pero se le aceleraba el corazón cada vez que pensaba que le podría haber pasado algo grave.
Acarició su mano, y tomó una toalla húmeda para limpiar alguna salpicadura, también el rostro, con verdadera devoción.
No supo cuánto rato pasó, pero él gimió y ella acarició su mano con palabras tranquilizadoras. Él volvió a caer en la inconsciencia. Se giró al escuchar un sollozo, su madre los miraba detrás del cristal. Salió, algo azorada.
—Está bien, señora Donovan.
—Solo Margot, querida.
—¿Quieres pasar a verlo?
—¿Puedo?
—Sí, está estable. Es muy fuerte.
—Y tú lo estás cuidando con mucho afecto.
—Margot, yo… lo aprecio, nada más.
—Gracias entonces por apreciarlo, Lorelai.
Lo acompañó dentro y salió para darles un momento. Ella acarició con ternura el rostro de su hijo y lo tapó. Estuvo un rato hablando suave, hasta que la enfermera le avisó de que tenía que marcharse. Salió aguantando las lágrimas. Se veía una mujer valiente y entera.
La enfermera se la llevó y fueron pasando uno a uno a verlo. Pensaba que no había una familia que se quisiera tanto como la suya, pero se había equivocado. Ellos eran más y se amaban de verdad.
Charlie la abrazó cuando le tocó pasar. Se extrañó, pero no le importó.
—Me quedo vigilando. Os aviso si hay cambios.
Le dieron un par de números y ella los anotó en su móvil. Ni siquiera se había dado cuenta de su bolso o la chaqueta hasta que Alexa se los dio. Había avisado a Vivi para que se quedara con Fran por una urgencia. No era la primera vez.
Volvió a entrar en la habitación. Mack respiraba tranquilo y le tomó de la mano.
—Dios mío, salva a este hombre. No se merece morir ni estar malo. No te lo lleves, te lo ruego. Virgen de Guadalupe, salva a este hombre…
Siguió un rato rezando en voz baja. Su abuela mejicana le había inculcado su religión y ella sentía que la Virgen siempre la guardaba.
Dieron las cuatro de la mañana. Charlie le envió un mensaje diciendo que algunos de su familia se retiraban, pero que él y Bella se iban a quedar en la sala y que por favor los avisase. Ella les aseguró que no se movería de allí.
Se sentó en la silla sin soltar su mano. Apoyó su rostro cerca de los dedos sin querer dormirse, pero el agotamiento le hizo cerrar los ojos hasta que alguien acarició su mejilla. Levantó la cabeza. Él sonreía.
—No me digas que… llevas aquí toda la noche —comentó en voz suave.
—Alguien tenía que vigilarte.
Miró la hora. Las seis y media.
—¿Cómo estás?
—Me duele la pierna.
Ella levantó la sábana y examinó los puntos. Parecían estar bien.
—Por aquí abajo todo correcto. ¿Puedes mover los dedos del pie?
Él lo hizo y ella pasó la mano por su pierna.
—No me fijé que eras tan peludo, Mack, aunque sean rubios.
Él soltó una risita.
—Imagino que mirabas otra cosa. ¿Mi familia?
—Todos bien, alguna contusión, nada grave. Si te parece, avisaré a Charlie.
—¿Ya sois amigos? —preguntó él algo serio.
—Están super preocupados, Mack.
Tecleó en el móvil y al poco entraron él y su hermana. Abrazaron a Mack y también a ella.
—¿A quién se le ocurre ponerse delante de una navaja? —riñó su hermana entre lágrimas.
—¿Qué pasó?
—Se los llevó el sheriff. Supongo que Bob no saldrá tan perjudicado y eso que le dio un par de puñetazos a Jacob, pero él se defendió. No se ha roto la mano, pero la tenía muy hinchada. Es que fue… un cerdo. Se metió con nosotros, nos llamó… nos insultó.
—Un cabrón —dijo Charlie enfadado. Lorelai los miró, sin entender y Bella se explicó.
—Salgo con el hijo de mi padrastro, que no tiene ninguna relación de sangre conmigo, pero ese hijo de puta dijo que si había incesto y alguna barbaridad más que no quiero ni repetir.
—Un impresentable —contestó Lorelai. Ellos asintieron—. O peor. Hay quien no deja vivir a los demás.
—Mamá viene para aquí, nos iremos a duchar y a dormir. Sophie no paraba de llorar. Luego, si puedes, estaría bien que le hicieras una videollamada para que sepa que estás bien.
—Claro, ¿mi móvil?
—Habrán dejado tus cosas en algún sitio, voy a buscarlas.
Se marchó para dejarlos a solas y preguntó en la recepción por las cosas de Mack. De paso, aprovechó para sacar un café de la máquina. Troy se acercó a ella con un par de bollos.
—He pasado y lo he visto bien. ¿Te quedaste toda la noche?
—Bueno, sí.
—Eso no lo hace solo una amiga —dijo mirándola con intención.
—Por favor, no empieces. Lo aprecio.
Troy le dio un bollo a ella.
—Le diré a Alexa que cambie tus citas, por si quieres quedarte con él. Aunque deberías descansar, Lorelai.
—Esta noche. Y gracias por las citas. Hoy era un día tranquilo, si no hay urgencias.
—Yo te aviso. Descansa, por favor.
—Sí, puesto que ya está despierto, imagino que querrá estar con su familia.
—O no —dijo él guiñándole el ojo.
Terminó el bollo y se dirigió con la bolsa a la habitación. La madre había llegado y estaba sentada con él, hablando. Los hermanos se habían marchado ya.
—Encontré tus cosas, por si quieres llamar a tu hermanita.
—Gracias, Lorelai —dijo él—. Quizá deberías descansar.
—Sí, claro. Luego vuelvo a verte.
—Mil gracias —dijo su madre emocionada.
Se fue a su despacho y llamó a su hijo. Estaba dando una vuelta por el parque con la niñera.
—Pásame a Vivi.
—Hola, no te preocupes, estamos bien.
—Lo sé, confío mucho en ti, cariño. Pero la cosa se ha complicado y posiblemente me quede aquí casi todo el día, si tú puedes quedarte con Fran.
—Puedo, desde luego. Vamos a ir a mi casa a por mis libros para estudiar, mientras él lee o ve la televisión, si te parece.
—Claro que sí. Intentaré ir por la tarde.
—Sin problema.
Se despidió de su hijo y le advirtió que se portase bien, aunque siempre lo hacía.
Era bastante obediente aunque a veces sacaba un lado rebelde.
Aprovechó para ducharse en su baño y fue a ver a Tim que tenía mejor aspecto.
Luego, comió algo y se acercó a la habitación de Mack.
Si por ella hubiera sido, se habría quedado todo el rato, pero no quería parecer… algo que no era.
Él estaba durmiendo y Charlie estaba sentado en el sofá, también dormido. Se acercó a Mack y tomó sus constantes, levantó la sábana para ver la herida y él se movió.
—¿Todo bien?
—Sí. ¿Cómo te encuentras?
—Mejor. Aquí mi hermano dormido ha donado sangre y dice que me pondrán de la suya, en lugar del banco de sangre. Me lo estará repitiendo por meses.
Ella sonrió.
—Lo importante es que te mejores. Menudo susto me diste.
Mack alargó la mano y rozó su dorso.
—Creo que me voy a quedar aquí una pequeña temporada, por si… quieres que nos veamos. Pero no te sientas obligada.
—Trabajo aquí —dijo ella sonriendo—, no podré evitar verte.
—O cuando me vaya a casa de mi madre… estoy muy cerca. Quizá necesite supervisión médica.
Él se veía dudoso, pero ella asintió.
—Es posible que… esto me complique la vida. Que me duela, Mack. Sobre todo, cuando te vayas.
—Nunca se sabe. Según dice el marido de mi madre, la vida te sorprende —suspiró y acarició su mano—. Me encantaría que me besaras, Lorelai. Sería un punto para mi recuperación.
Ella sonrió y miró a Charlie que seguía dormido. Se inclinó hacia él y le dio un suabe beso en los labios. Él la tomó de la cintura y metió la mano por debajo de la camiseta, erizando su piel. Ella se apartó, sonrojada.
—No deberías, doctorcito. Has perdido mucha sangre.
—Y ahora se ha ido toda a un mismo sitio.
Ella se llevó las manos a su rostro, aguantando la risa. Suspiró.
—Debo irme con Fran. ¿Le digo algo o prefieres no…?
—Lo que consideres, pero que no se preocupe. Estoy bien. Quizá en un par de días me den el alta, imagino.
—Mañana está invitado a casa de un amigo; podría pasar a verte.
—Me gustaría mucho.
—Y te enviaré algún mensaje.
—Tengo el móvil cargado.
—Bien. Entonces… me voy.
—¿Y uno de despedida?
Ella volvió a acercarse y lo besó de nuevo. Se fue con pena. Su hermano seguía durmiendo, pero ella solo querría echarse con él y abrazarlo. Mack le sonrió y con un suspiro, se marchó a casa.