No me gusta el caos (hasta que llegaste tú) (Familia Cresswell-Donovan 2) Capítulo 6. Sensaciones extrañas
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Capítulo 6. Sensaciones extrañas

Lorelai

Se había portado fatal con Mack, pero lo cierto es que había empezado a sentir algo y no quería.

No, porque él tenía su vida en la ciudad, ella la suya allí y no eran compatibles.

¿Por qué no se creyó a sí misma cuando se dijo que era algo puntual?

¿Un polvo de nada? Incluso Fran estaba algo mustio.

Después del susto de su padrastro y al verlo otra vez, el corazón le había latido fuerte.

Tanto, que pensó que incluso él lo escucharía.

Apenas se acercó, si no fue para preguntar por el paciente, y se alegró cuando le dieron el alta.

Se estaba comportando como una adolescente y eso le cabreaba todavía más.

Caminaba por el pasillo hacia la cafetería cuando Troy la paró. Mientras hablaban, fueron juntos a por un café.

—¿Tim está bien?

—Evolucionando despacio, pero bien. Puede que en unos días lo demos de alta, pero sin prisa.

—Mack es un gran cirujano. Por lo de su padrastro se va a quedar unos días más por la zona y he querido aprovecharme e invitarle a revisar unos casos, por si… por si te interesa.

Se volvió deprisa y él sonrió levemente. Se sentaron con el café en la mesa.

—Me cae bien y también a mi hijo.

—Me dio otra sensación, Lorelai. Está soltero. Y tú.

—Troy, te pido que no ejerzas de casamentero y si lo haces para que lo retenga aquí es porque tienes una mente diabólica.

El compañero se echó a reír con una carcajada que resonó en la cafetería.

—Me has descubierto. No, es broma. Pero es un gran hombre que como has visto suele ser reservado e introspectivo. Cuando murió su padre, incluso siendo adolescente, se hizo cargo de la familia. Supongo que eso le marcó.

—Algo me contó. Que se muera un ser querido es terrible.

—Sé que lo sabes, Lorelai. Esta tarde vamos a ir con mi marido y algunos del hospital a tomar algo. Es viernes. ¿Te apetece?

—No sé. Mi prima Priscilla se ha ido, ¿qué hago con Fran?

—¿No tenías una niñera? Llámala. Te vendrá bien divertirte, mujer.

—Bueno, envíame la ubicación y si puedo, iré, pero no te prometo nada.

—Alexa viene también, sé que sois amigas.

—Hoy tenía fiesta y no la he visto, pero está bien. Veré.

Se despidió de Troy y se fue a su consulta. Mandó un mensaje a la canguro, una chica joven que vivía al lado y le respondió que encantada, que estaba ahorrando y necesitaba el dinero, así que recogió a Fran y se marcharon a casa.

—Voy a salir a dar una vuelta con los compañeros, ¿te importa? Sé que es noche de pizzas, pero vendrá Vivi.

—Vale, mami. También tienes que salir a divertirte con tus amigos. Es normal.

Se echó a reír y le revolvió el cabello. A veces se asombraba de las contestaciones de su hijo. Cuando vino la niñera, pidió las pizzas y se arregló. Le apetecía sentirse atractiva, no siempre con el pijama de doctora.

Buscó en su armario un vestido de tirantes, ese día hacía bastante calor. Estaba entre uno rosa más ajustado y otro verde más suelto. Fran entró a su habitación y se los quedó mirando. Ella volvió ambos hacia él.

—¿Qué opinas?

—Me gusta el rosa, te queda bien.

Vivi entró y coincidió con su hijo, así que se lo puso.

Marcaba sus curvas y como de tanto jaleo había adelgazado un poco, no le ajustaba tanto.

Luego, se maquilló los ojos sobre todo y se soltó el cabello.

Cogió una chaqueta finita y se subió en el coche.

El lugar era un pub a cuarenta minutos, que vaya si se habían ido lejos.

Aparcó y entró en el sitio. Troy y los demás, unos cuatro o cinco compañeros, incluida Alexa, se sentaban alrededor de una mesa alta. Su ayudante movió la mano para que fuera.

—¡Has venido! ¡Estás preciosa, Lorelai! —exclamó Troy.

—Bueno, de vez en cuando viene bien salir, lo reconozco, aunque sea con las mismas caras que ves todos los días.

Se echaron a reír y Troy fue a por unas cervezas sin alcohol la mayoría. Se sentó en la silla y Alexa empezó a contarle algo sobre su hermana. Luego, giró la cabeza y se quedó callada. Sonrió. La miró y después miró a Troy que estaba en la barra.

—¿Qué pasa?

—El doctor Mackbueno acaba de entrar por la puerta con un grupo de gente. Deberías saludarlo. Es tu colega. O podríamos invitarlos a unirse a nosotros.

—Alexa, por favor. Contente.

Ella se echó a reír de forma escandalosa. Esto olía a encerrona.

Miró de reojo a Troy que se acercaba al grupo. Mierda. Se giró para darle la espalda. Al poco, Alexa le sonrió y se giró hacia alguien.

—Mirad a quién he encontrado.

—Doctor Cresswell —dijo Alexa respetuosa. Lorelai suspiró. No le quedaba otra que girarse y saludar.

—Hola, Mack, ¿qué tal Richard?

—Eh, hola, Lorelai —dijo él mirándola serio—. Bien, despacio, pero recuperándose. ¿Tim?

—Lo mismo, despacio, pero luchando por vivir.

—Aha. Bueno estaba con mis hermanos… que igual podría presentarte a Jacob, por lo de tu hermano.

—¡Claro, llámalos y que se unan! —dijo Troy. Mack asintió y se volvió hacia la mesa. Alexa sonrió y le susurró.

—Madre mía, ¿con qué han criado a estos hombres? Están buenísimos y hay dos repes —dijo riéndose—, aunque uno me da que está pillado. Ya vienen.

—Hola a todos —dijo un hombre que se daba un aire a Mack, pero algo más musculado—. Soy Charlie, hermano de Mack. Bella, hermana, y Jacob y Leo los hijos de nuestro padrastro.

Troy presentó a todos y se acomodaron enseguida alrededor.

—Jacob, su hermano pinta, por si… querías ver sus cuadros.

—Claro. Lorelai, ¿verdad? ¿Tienes alguna foto?

—Sí.

Notó que el tal Charlie se había llevado aparte a Mack y él se ponía serio y negaba, pero lo dejó pasar. Buscó en su móvil algunos de los cuadros de su hermano y Jacob los miró con interés.

—La verdad es que son originales, te daré mis datos o que te los pase Mack, si tienes su móvil y que me llame.

—¡Mil gracias!

Mack volvió a la mesa con su cerveza sin alcohol y se puso junto a ella, escuchando sin intervenir. Pero su piel estaba tan cerca que notaba su calor. O tal vez era ella la que se estaba abrasando. Lo miró de reojo. Seguía serio, pero tranquilo. Seguramente era su forma de ser.

—¿Quién se apunta a una partida de dardos? —exclamó Charlie. Varios se fueron y Alexa, que le había echado el ojo al tal Leo, los acompañó. Sin saber cómo, otros se fueron al billar y los dejaron solos. Se miraron y ella sonrió.

—¿Por qué me da que han huido de la mesa todos?

—Ya me acabo de dar cuenta. Me insistieron para salir de una forma exagerada. Supongo que hablaron Troy y Charlie. Qué capullos.

Ella se echó a reír y él la observó con una mirada apreciativa.

—Estás preciosa, Lorelai.

—Gracias, a ti te quedan muy bien las camisetas ajustadas.

—El capullo de mi hermano —suspiró.

—Oye. El otro día… Me porté fatal. Estaba asustada.

—¿Asustada? Jamás te haría algo, Lorelai, yo…

Ella puso la mano en su pecho, para pararlo.

—No iba por ahí, Mack. Estaba asustada porque me… me interesas y te vas a ir y yo… joder. Ya sabes. Preferí apartarte.

—¿Fue eso? —preguntó sorprendido—. Pensé que me había pasado de alguna manera y, aunque repasé nuestras conversaciones o lo… lo que hicimos, no encontraba qué te había molestado.

Ella sonrió. —¿Repasaste nuestras conversaciones?

—Tengo memoria episódica, es decir, recuerdo con facilidad conversaciones, hechos…, sobre todo cuando hay un componente… emocional por medio.

Charlie gritó y chocó las manos con Alexa y Jacob y Bella se dieron un beso. Formaban una bonita familia, aunque le pareció raro que… estuvieran juntos.

—Memoria episódica, ya veo.

—Me ayudó a aprender más rápido. Estudiaba hablando y, de esa forma, era capaz de recordar todo.

—Entonces, tienes altas capacidades.

—Me da igual el CI, Lorelai.

—Eso es un sí. Y te lo digo porque sospecho que Fran también tiene. Es complicado tratar a un niño superdotado, supongo. En el cole se retrae cuando preguntan, aunque sepa las respuestas.

—Los niños son crueles a veces. Yo también tuve mi momento regular.

Un ruido fuerte los hizo volverse. Mack bufó y se puso delante de ella, pero uno de sus hermanastros y no supo cual, se peleaba con un tipo grande y con un pañuelo en la cabeza.

—Joder, otra vez.

Mack salió a ayudar a sus hermanos y con Troy, apartaron a otros tres tipos que querían pelea.

—¡Quietos, joder! —exclamó una de las camareras, pero la empujaron y un hombre rubio con coleta la cogió en brazos y se la llevó de la pelea de forma muy protectora.

El tipo del pañuelo se estaba peleando creía que con Jacob y el otro gemelo se había puesto delante de la hermana. Mack intentó apartar a otro de los tipos, pero él le clavó algo en el muslo y cayó al suelo, con bastante sangre.

Ella corrió porque vio la importancia de la herida, empujó con su hombro al tipo hacia un lado y Troy le dio un puñetazo. Se acercó a Mack que taponaba la herida.

—La femoral, Lorelai.

—Mierda —dijo ella. Él le señaló su cinturón y se lo quitó en nada y lo puso en el muslo. Alguien le pasó una tela y apretó el muslo. Mack gruñó, mirándola. Estaba empapada de sangre.

—Lo siento… —dijo él a punto de desmayarse.

—No, Mack, no, joder. ¿Dónde está la ambulancia?

Alguien se llevó a los tipos de la pelea y los paramédicos vinieron para atenderle en el momento. Le pusieron gotero. Estaba casi inconsciente.

—Quédate conmigo, Mack, por favor —dijo ella y él abrió los ojos. El médico de urgencias había cortado la hemorragia temporalmente. Lo subieron a una camilla y ella miró al tal Charlie, que llevaba una herida en la cabeza. Le tendió la mano.

—Ven con él.

Se subió y le dio la mano. Él la miraba perdiendo la consciencia a ratos. Ella le hablaba suave y su hermano le tomaba de la otra mano. Llegaron al hospital y lo metieron directamente al quirófano. Ella se quedó parada y alguien la llevó a la sala.

Le dieron una toalla mojada y se limpió las manos. Troy llegó entonces con el resto de la familia.

—Voy a ver —dijo. Se quedó esperando, mientras los hermanos entraban.

—Espero que esos hijos de puta se pudran en la cárcel —dijo uno de ellos, no supo quién. Solo miraba por la puerta.