Capítulo 5. Un buen susto
Mack
Pasó a ver a Tim. Lo examinó y vio que el niño incluso estaba comiendo bien. Lo iban a pasar a una habitación y así sus padres podrían estar con él. Volvieron a agradecerle la operación e incluso el niño le sonrió.
—Ya sabía que lo iba a hacer bien, doctor —le dijo el pequeño.
Él también le devolvió la sonrisa. Bendita inocencia que no sabía que tenía más probabilidades de morir que de vivir.
Se acercó al despacho de Lorelai, que estaba vacío, y acabó sentándose en el suelo, disgustado.
Siempre le había gustado ser médico, pero volver a ver la muerte de alguien tan inocente de cerca empezaba a pasarle factura.
Estiró las piernas en el suelo, sabiendo que aquello no era propio de él.
¿Qué le estaba pasando? ¿Era por Richard?
¿O es que su vida estaba pareciéndole vacía?
La puerta se abrió y entró ella. Se agachó enseguida a su lado.
—¿Te encuentras bien, Mack? Te tomaré la tensión.
—No, Lorelai, no es eso.
Se sentó a su lado. No tenía ganas de hablar, y ella lo respetó, pero que le cogiera de la mano y se quedara en el suelo le consoló más de lo que pensaba.
Al rato, ella se levantó, cogió su bolso y le extendió su mano para que se levantase. Recogieron a Fran que al verlos tan callados caminó en silencio hasta la casa.
—Podría prepararte un baño, Mack —dijo ella con duda.
—No, solo me ducharé. Además, le debo una partida a Fran. Estoy bien, Lorelai, fue algo pasajero.
Se marchó a dar una ducha y salió al comedor donde el chico había preparado el juego y lo miraba con esperanza. Mack le sonrió levemente y se sentó en el sillón, delante del tablero.
Lorelai le trajo una cerveza sin alcohol y un vaso de agua para su hijo, además de frutos secos tostados. Lo agradeció.
Mientras ella andaba haciendo la cena, jugaron la partida. Pero el niño estaba distraído.
—¿Te pasa algo? ¿Has dejado que te coma un alfil?
—No me he dado cuenta. Es que…
Miró hacia la cocina donde sonaba la música y bajó la voz.
—Fui a ver a Tim. Estaba muy pálido y lleno de cables.
—¿Te llevó tu madre?
El chico negó. —Dije que iba a ir al baño y me escapé. Conozco el hospital muy bien.
—No deberías haber ido. Todavía es pronto.
—Mamá no me dice nada, solo que está bien, pero no lo está. Parecía un… muñeco.
—Una operación así es bastante importante para un niño y cuesta recuperarse, pero lo hará. Su corazón es fuerte y funcionará.
—Porque tú se lo has arreglado. Una vez mamá y yo fuimos a un relojero para que mirase el reloj de mi papá. Con unas pinzas muy pequeñas arregló una tuerca. ¿Eso hiciste?
Sonrió sin poder evitarlo. Fran era muy tierno.
—Algo así. Soy como un relojero, así es.
—Yo también quiero ser médico, pero no sabía de qué. Ahora seré como tú.
Tragó saliva, emocionado. —Eres joven, y la verdad, puedes ser lo que quieras. Incluso intentar ganarme al ajedrez.
Fran se echó a reír y volvió a concentrarse en la partida. Mack la vio en el reflejo de la ventana. Lorelai estaba detrás, y se giró. Ella tenía lágrimas en los ojos. Luego hablaría con ella. Tal vez le había molestado que hablase así a su hijo.
Cenaron una ensalada y pollo asado y después de estudiar un rato, fueron a la cama. Priscilla se iba al día siguiente a su casa y Fran también volvía a clase. Lorelai le invitó a sentarse en el sofá. Ella recogió las piernas y se colocó en el mismo sofá, pero girada hacia él, mirándolo.
—No lo entiendo, Mack.
—Si te refieres a lo que le dije a tu hijo, disculpa si te ha molestado.
—Es justo lo que no entiendo. Cuando te conocí, me pareciste un tipo estirado y rígido. Pero esto —dijo señalándolo—, me deja descolocada.
—¿El qué? —preguntó él.
—Que seas tan… tierno. Joder. No puedo —dijo levantándose y se quedó apoyada en la chimenea. Mack se puso a su lado sin atreverse a tocarla.
—¿Qué he hecho?
—Que es demasiado. Y no puedo con ello. Te pido por favor que, si mañana vuelves a tu casa, solo hablemos de medicina. Y si tienes que quedarte, alójate en otro lugar.
—Siento si te he ofendido, Lorelai, no pretendía…
—No me has ofendido. Buenas noches, Mack.
Se marchó a su habitación dejándolo desconcertado. Empezaba a sentir algo por ella y no entendía nada. Pero al día siguiente, cuando vio que las constantes eran buenas, pasó por su despacho para decirle que se iba y como se había despedido de Fran esa mañana, se montó en el coche y se fue.
Se quedó varias horas mirando el mar, desde un lugar bastante bonito y acabó llegando a los Hamptons, se dio una ducha y como vio que estaban organizando una cena, bajó, cogió una cerveza y se acercó a los chicos.
—¿Todo bien? —le preguntó Charlie. Él asintió.
—Operación complicada, solo eso. Llevo un par de días durmiendo poco. Estoy agotado.
—Te vendrá bien quedarte aquí.
Se bebió de un trago la cerveza y fue a por otra.
Sabía que su hermano lo iba a mirar mal, pero ese día necesitaba que su mente se fuera a otro lugar.
Se sentó al lado de Richard, que parecía más pálido de lo habitual.
Le hizo un gesto a Sophie para que trajese su maletín y le tomó las constantes.
Eran débiles, pero casi normales. Sonrió a su madre.
—Tienes ojeras, cariño.
—Fue una operación difícil. Al menos, salió bien.
—Enhorabuena, eres un gran cirujano —dijo Richard dándole una suave palmada en la espalda.
La cena pasó sin que fuera consciente de ello. Estuvo callado casi todo el tiempo, pensando en qué narices había hecho para que ella lo desterrase de esa forma. Sabía que la cosa no estaba fácil, pero… que le dijera eso lo había descolocado. Invitó a sus hermanos a La Sirena.
Charlie le preguntó qué le pasaba, pero no pudo contestar. Solo quería beber, incluso aunque no estuviera acostumbrado. Cogieron las cervezas y se colocaron en la mesa mientras Jacob hablaba con la camarera.
—¿Nos vas a contar lo que te pasa? Joder, nos tienes preocupados —preguntó Charlie apartándole la cerveza casi acabada.
—Os pido que no me preguntéis más, por favor.
—Déjalo, Charlie —comento Jacob cuando volvió, y Leo empezó a contarles una anécdota de cuando viajó a un parque de atracciones, lo que les hizo reír y cambió el ambiente.
Cuando apareció el indeseable de Bob con una velada amenaza, acabaron por marcharse. Su cabeza se le iba. Hacía mucho que no se sentía así. Charlie lo tomó de la cintura y se apartó a un lado del camino. Necesitaba sacar la cerveza. Y al final salió toda. Charlie lo sujetó mientras vomitaba.
—Dios, Mack, ¿qué cojones te pasa?
—Ella… me ha echado. Lorelai. No sé qué ha pasado… —susurró.
—¿Quién? No te entiendo.
—Da igual. Vamos a casa.
Charlie lo acompañó hasta su cama y le ayudó a quitarse los zapatos. Se sentía como un gusano. Al final, pudo dormirse sin volver a vomitar.
Bajó a desayunar a la mañana siguiente, jurándose que no volvería a beber.
Miró el móvil. Ella le había mandado las constantes de Tim y eran buenas.
Se sentó a un lado con un café. Los gemelos hablaban en un rincón y el resto pululaba por la cocina.
Sophie se acercó a él, pero al ver que no le contestaba, volvió a sus cosas.
Tomó otro café mientras algunos de sus hermanos se dispersaban. Estaba al lado de Richard, cuando empezó a palidecer. Lo miró, alarmado.
—¡Joder! —soltó Mack cuando su padrastro se agarró el corazón.
—¡Richard! —gritó su madre. Él la apartó y echó al hombre en el suelo. Tomó sus constantes. Parecía un infarto—. Charlie, llama a una ambulancia.
Sophie empezó a llorar cuando él comenzó la reanimación. Se controló, ignorando los sollozos de su madre. Su peor pesadilla era esa. Otra vez no…
Escuchó el sonido de la ambulancia y los sanitarios entraron corriendo, apartándolos a todos. Le pusieron una vía y se lo llevaron en la camilla. Su madre y él subieron a la ambulancia.
Al menos, estaba vivo. Dio la mano a su madre que lo miraba aterrada, pero serena. Lo metieron en el hospital. En el de Lorelai. Ellos se quedaron en la sala de espera, abrazados.
Cuando llegó el resto, dejó a su madre con su hermano y salió a preguntar. La empleada de recepción lo reconoció y avisó a Troy, que llegó deprisa a verlo.
—¿Qué ha pasado?
—Mi padrastro, creo que ha sido un infarto.
—Tranquilo, la cardióloga es buenísima.
Se quedó un rato ahí, esperando y entonces apareció ella. Lo miró, sorprendida.
—Mi padrastro ha tenido un infarto —dijo y ella lo abrazó.
—Lo siento mucho. Dime si puedo hacer algo.
—Nada. No puedes hacer nada.
Ella asintió y se marchó hacia su consulta.
La cardióloga salió y le comentó que sí había sido un infarto y que podría pasar su esposa.
Fue a buscar a su madre y la llevó dentro.
Richard estaba monitorizado, y su madre se sentó junto a él, de la mano, acariciándola.
Miró la gráfica y luego se colocó junto a ella.
—¿Sabes? Creo que no me imaginaba volver a enamorarme. Y tampoco… me imaginaba volviendo a perder a un amor.
—El amor duele, mamá. Perder duele.
Ella se volvió y negó convencida.
—No, Mack. El amor no duele. El amor llena, y las pérdidas son normales en la vida. Cada día está compuesto de ellas. ¿Es por eso por lo que no te comprometes con alguien y solo trabajas?
—Mamá, no es el momento.
—Te conozco, Mack Cresswell y sé cuándo evitas mis preguntas. Pero te respeto demasiado. Solo que cerrarse al amor puede que te evite una pérdida, pero no disfrutarás de la vida.
Richard se removió y ella lo miró. Empezó a abrir los ojos y sonrió.
—Bueno, por lo visto sigo aquí un rato más.
—Ay, cómo eres.
Se apartó un poco para darles ese momento y salió a la puerta. Se apoyó en la pared, con los ojos cerrados, cuando sintió un roce en el brazo. Lorelai.
—¿Cómo va?
—Bien, acaba de despertar. Gracias por preguntar.
—Quiero decirte que siento mucho cómo te hablé ayer. De verdad. Yo…
La cardióloga llegó en ese momento y entraron juntos.
Ella se fue. Y casi era mejor. Después de que todos pasaran a verlo, los mandó a casa.
Él se quedó un rato con su madre y ella le pidió que le trajera ropa y que, de paso, comiera algo.
Intentó animar a sus hermanos, pero quería decirles lo otro.
Estaban en el pasillo cuando la oncóloga, que se había acercado, le mostró el resto de su historial, incluido el tema del tumor.
—No sabemos si el infarto se lo ha causado las pastillas, así que ajustaremos la medicación, pero va a tener que operarse o bien aplicarle radiología, esperaremos a que su corazón se recupere del todo.
—¿Podemos esperar?
—Sí, he hablado con la cardióloga que lo lleva al ser un caso complicado. Lo vamos a valorar, pero no habrá problema en esperar un tiempo o tal vez comenzar con quimioterapia. Os iremos diciendo.
—Gracias.
Pasaron la noche allí, y a la mañana siguiente, puesto que estaba mucho mejor, el médico le permitió irse a casa. No vio a Lorelai, pero Troy sí salió a despedirse. También había examinado el caso y, en principio, no contemplaban la implantación de un stent.
Jacob, Edward y Leo llegaron con la furgoneta y Mack sacó a Richard con la silla de ruedas, a su pesar.
Antes de ponerla en marcha, Jacob confesó que amaba a Bella y que quería estar con ella.
Se sorprendió muchísimo, aunque los demás no lo parecían.
¿Era el único que no se había enterado de que estaban enamorados?
Miró a Jacob enfadado. No comprendía nada.
Llegaron a casa para hablar con toda la familia. Seguía molesto.
—Será fácil darte de hostias si te portas mal con mi hermana —dijo Mack, algo que les extrañó, pero luego se echó a reír al mirarle a la cara—. A ver, reconozco que es raro y lo que más me jode es que soy el único que no parecía saberlo.
Lo aceptó de verdad. Si su hermana era feliz, le bastaba.
Bella le dio un abrazo y se fue a dormir un rato.
Le iba a costar… porque él siempre había considerado a Jacob como un hermano, aunque era cierto que no compartían parentesco, pero no iba a ser fácil.
Con los días, empezaría a importarle menos, suponía.
Su madre lo cogió a solas.
—Mack, hemos decidido quedarnos aquí. A Richard lo atendieron muy bien en el hospital y nos gustaría que pudieras arreglarlo. Te aprecian.
—No habrá problemas, es un hospital pequeño pero eficiente. Si te quedas más tranquila, hablaré con Troy.
—Sí, me gustaría.
—Lo llamaré entonces.
Se marchó mientras el resto de su familia hablaban de Jacob y Bella.
En el fondo, había sido una buena distracción, sobre todo para Sophie.
Troy le aseguró que no había ningún tipo de problema y le preguntó si iba a quedarse más días, porque había otro caso al que le gustaría que le echara un vistazo.
—Te diré algo más tarde, ¿de acuerdo?
Colgó y llamó al jefe de su departamento.
—¿John? ¿Qué tal todo?
Le explicó las novedades. Aunque era el segundo del jefe, sabía que había otros buenos cirujanos pediátricos.
—Mira, te llamaba porque a mi padrastro le ha dado un infarto y, quiero tomarme al menos un par de semanas libres. ¿Te hago una faena?
—No, Mack, tómalas. Ya era hora. Aunque sea por un mal motivo, espero que también puedas descansar, aunque he escuchado que operaste hace poco. Me llegaron rumores.
—Algo puntual.
—Bueno, espero que Troy no quiera convencerte de que te quedes allí. En este hospital tienes muy buenas perspectivas. Recuerda que en dos años me retiro y eres mi candidato para ser el jefe del departamento.
—Gracias, John. Tranquilo. Pero me preocupa mi familia.
—Eso habla muy bien de ti. Cuenta conmigo para lo que necesites.
—Nos vemos.
Colgó aliviado. Suponía que no iba a ponerle trabas, pero, aun así, quería avisarle. Salió un rato a la piscina, para descansar y alguien se tiró en bomba a su lado, salpicándole entre risas. Sophie lo abrazó y esta vez sí se dejó. Amor sincero. Lo necesitaba.