Capítulo 4. Emociones compartidas
Lorelai
Se dirigió a su consulta tras tragar el último bocado.
El café todavía estaba caliente, así que lo dejó sobre la mesa.
Lo que había pasado la noche anterior… había sido increíble.
Pero no podía ser. Él trabajaba en la ciudad, vivía lejos y ni siquiera se había planteado tener algún tipo de relación.
Aun así… suspiró. Su enfermera le trajo el listado de pacientes. Revisó sus historiales, no había nada complicado, al menos, acabaría pronto para ir a ver a Tim.
Atendió febrículas, dolores de estómago y un esguince. Luego, casi a las doce, se pasó por la UCI. Todo parecía estar bien. Visitó a los padres del chico que tenían el rostro esperanzado y que volvieron a abrazarla. Se moría de hambre cuando salió y fue a ver a su hijo.
—Priscilla me trajo. Dijo que vinisteis al hospital. ¿Está bien Tim? ¿Puedo ir a verlo?
—Sí, cariño, está bien, pero no se puede visitar. Todavía tienen que pasar un par de días para que lo trasladen a la habitación. Paciencia.
—Menos mal que yo no me he puesto malo, ¿verdad?
—Sí, cariño, menos mal —dijo dándole un abrazo. El niño protestó.
—Me estás asfixiando, mami. Estoy bien, de verdad.
—Tienes razón. ¿Has comido?
—Sí, el doctor se pasó a verme y me dijo que igual esta noche me daba la revancha.
—¿Mack se pasó?
—Sí, iba a comer. Seguro que lo alcanzas.
—Vale, cariño, voy a comer algo, estoy hambrienta.
Le dio un beso y el chico se sentó con otros amigos y unos libros.
Siempre fue un niño tranquilo, algo tímido, y estar en el cole del hospital como lo llamaba él, le estaba ayudando a abrirse.
En cuanto se acabaran los días de vacaciones de primavera, volvería a su colegio, donde no estaba tan a gusto.
En cualquier caso, debía aprender a abrirse. Entró en la cafetería. Mack estaba en la fila con una bandeja, mirando las opciones, parecía pensar qué tomar. Cogió otra y se puso a su lado.
—Te recomiendo el estofado y la pasta.
—Muchos hidratos. Tomaré verdura.
Cogió la verdura y un filete a la plancha. Ella, pasta y estofado. Y de postre no fruta, sino un dulce. ¿Era por llevarle la contraria? Podría ser. Ambos se sentaron en una mesa donde daba el sol.
—¿Qué tal la mañana con el director? ¿Ha abusado de ti?
Él alzó la ceja y ella sonrió. Le gustaba provocarlo.
—Bueno, había varios casos complicados, pude aconsejarle, pero eran de adultos, no de niños. Aun así, estuvimos más de tres horas hablando del tema.
—Y luego te pasaste a ver a Fran.
—Bueno, me pillaba bien. Es un niño inteligente.
—Lo es. Está emocionado por lo de la revancha. Tal vez me la des a mí también.
Mack se atragantó con la comida y miró alrededor.
—¿Por qué te preocupas tanto? No pasa nada. Te diré que aquí hay varias parejas y otros que no son pareja, pero están juntos, o se acuestan. Y tan tranquilos.
—Cambiemos de tema. Tim está bien.
—Sí. Gracias a ti.
—Y a ti. Me quedaré hoy y mañana vuelvo a la casa familiar, pero si se encontrase mal, estoy a menos de dos horas. Me llamas y vuelvo.
—Sí, lo haré.
Mack miró su plato de pasta. Ella comprendió.
—¿Quieres que intercambiemos? Creo que me vendría bien algo de ensalada.
—De acuerdo.
Le pasó el plato y él el suyo. Comieron disfrutando del momento, en silencio. Aunque ella tenía preguntas, se dio cuenta de que él no era tan hablador. Observaba sus manos cortar y comer y todavía se le escapó un suspiro. Él la miró.
—Nada, solo que… me preguntaba qué hubiera sido de Tim si no estuvieras de vacaciones. Y por eso sé que las casualidades no existen. No sé si crees en Dios, Mack, pero yo sí y pienso que, de alguna forma, Él te trajo aquí.
—No acabo de… creer. Lo siento. Mi padre murió hace años y mi madre estuvo casi muerta en vida. Perdona. Pasaste por lo mismo —dijo él. Lorelai lo tomó de la mano.
—Sí, es cierto. Perder a tu esposo es duro, sobre todo cuando tienes hijos.
—Mis hermanos eran más pequeños y… tuve que…
ayudarla emocionalmente. Por suerte, no había problemas económicos, pero le costó salir de ese bache.
Al cabo de los años encontró a otro hombre, mi padrastro y sinceramente, es un buen hombre, solo que de nuevo…
está enfermo. No sé si mi madre podrá superar otra pérdida así.
Lorelai apretó su mano. —Las mujeres somos unas supervivientes, ya lo sabes. Ella lo superará. ¿Qué tiene?
—Cáncer, pero incluso a mí no ha querido comentarme nada. Como se casa mi hermana, lo dejaron para después de la boda. Lo está llevando un doctor de aquí.
—Podríamos preguntarle.
—No, respeto su decisión. Supongo que también necesitan procesarlo.
—Aprecias mucho a tu padrastro.
—Sí, Richard es un buen tipo. Un poco particular, algo caótico, creo. Es director de documentales y llegó con sus hijos gemelos. Nos llevamos bien los seis.
—¿Seis?
—Sí, cierto, tuvieron una niña por accidente, y creo que nunca ha sido alguien tan mimado. Nos pilló mayores a todos y se ha convertido en una pequeña tirana —dijo sonriendo. Ella acarició su mano. ¿Por qué le gustaba cada vez más?
Él la retiró. —Debería acercarme a ver a Tim.
—Y yo tengo pacientes. Nos vemos luego.
Lo vio marcharse, dejar la bandeja y salir de la cafetería. Ella suspiró y su ayudante, Alexa, se sentó a su lado.
—Te he visto hablar con el doctor Mackbueno. Le has cogido de la mano.
—¿Mack qué? Ah, sí. Me contaba que perdió a su padre.
—Oh, vaya. Lo siento. Parece serio.
—Y lo es. Serio y algo retraído, pero es un excelente cirujano. Lo que ha hecho por el niño… —dijo emocionada. Pensó que lo iba a perder. Su ayudante y amiga le tomó de la mano.
—Será mejor que volvamos. Tienes la consulta animada esta tarde.
Dejó la bandeja y salieron de la cafetería. En realidad, debía quitarse a ese hombre de la cabeza.