No me dejes cerrar los ojos Capítulo 14
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Capítulo 14

Sombras danzantes

Llegas a El Gato Amarillo cuando el sol se ha ocultado por completo.

Por afuera, algunas bancas en la acera y una sola puerta de entrada.

Te estacionas en la acera de enfrente y esperas oculto en las sombras.

El bar ha abierto sus puertas no hace mucho tiempo, todavía no está lleno y poco a poco llegan más y más jóvenes que le dan vida al lugar.

Al poco tiempo, Diana abre la puerta de copiloto y entra al auto.

—Vaya —dice Diana nostálgica—. ¿Recuerdas tener esa edad y solo querer divertirte?

Enciendes un cigarrillo.

—Están viviendo lo mejor de sus vidas… y no lo saben.

Diana aprieta los labios y asiente despacio, entonces se acerca a ti y te olfatea con cara de desagrado y frunce el ceño.

—Mierda, apestas, Hueman, ¿qué te pasó?

Suspiras.

—¿Qué descubriste? —pregunta ella al notar tu mirada.

Das una bocanada de humo.

—Fui al departamento del tipo que dio la fiesta en donde Melissa fue vista con vida por última vez; el lugar es lo más asqueroso y repugnante que haya visto en mi vida, de verdad, el olor que traigo encima —tiemblas un poco por los escalofríos al recordar el lugar—.

Lo que supe fue que Gun fue el que organizó aquella fiesta…

—¿Gun? —pregunta Diana, sorprendida—. ¿Estos tipos estarían dispuestos a testificar?

—Ni idea, pero no me arriesgaría a tanto; son un grupo de drogadictos que se la pasan dopados todo el tiempo… no hay forma en que un juez o un jurado les crea una sola palabra.

Ella guarda silencio y te mira.

—Hay… otra cosa…

Diana alza la mirada para verte.

—Gun, ese bastardo desagradable… ¿Has oído sobre los videos snuff ?

Ella niega con la cabeza.

—No, ¿qué son?

—Son videos en donde alguien graba cómo… —tragas saliva—, torturan o le hacen daño a otra persona hasta asesinarla… ¿Sabes a dónde voy con esto?

Ella abre los ojos como platos y asiente.

—La familia… no hay forma de que ellos sepan sobre esto.

—Tranquilo, Hueman, ni siquiera sabes si en realidad existe un video sobre Melissa.

Le clavas la mirada en silencio, su semblante se ensombrece.

—¿Lo hay? —pregunta, temerosa.

—No lo sé, pero esos tipos dijeron que Gun tiene todos estos videos en su computadora y que los vende al mejor postor… Enfermo, hijo de perra.

—Entonces, ¿qué esperamos? —pregunta Diana—. Acusemos a este hijo de puta, cateemos su casa y revisemos su computadora. Eso debería ser más que suficiente para encerrarlo.

—Pero estaríamos confiando a ojos cerrados en el dicho de un grupo de drogadictos, ¿qué pasa si cateamos su casa y no encontramos nada? Arruinaríamos todo. Además, quiero saber qué tan involucrado está el cabrón del tatuaje en el brazo en todo esto.

—De acuerdo —dice Diana resignada—. Solo espero que no nos quite mucho tiempo hacer todo esto que quieres.

—¿Qué? —preguntas con molestia—. ¿Tienes algo mejor que hacer?

Ella te ignora y, en ese momento, ves llegar a Jonathan al lugar. Camina despreocupado, fumando.

Le das un leve golpecito en el hombro a Diana para llamar su atención.

Lo ves dar la vuelta hacia la parte trasera del bar hasta perderlo de vista.

—Vamos —dices enseguida.

Bajan del auto y caminan hacia donde entró Jonathan.

Lo ven detrás de un contenedor verde de basura, sigue fumando y está en compañía de otros dos chicos que no reconoces.

—Hey, ¿me recuerdas? —saludas a Jonathan con una sonrisa cínica.

Él, que está de pie, se le congela la expresión al verte.

—¿Qué hacen, amigos? ¿Pasándola bien?

Los otros jóvenes que acompañan a Jonathan se sobresaltan y se ponen en pie.

—Tranquilos, no vengo aquí a arrestarlos; de hecho, vengo porque necesito hablar con un hombre que, asumo, es amigo suyo… tiene un tatuaje en el brazo, tez morena y complexión atlética. Sé que tiene algo que ver con Gun, y quiero que me digan qué.

Los chicos se miran nerviosos.

—¿Quieres hablar con Marco? —pregunta Jonathan.

—¿Marco? ¿Ese es su nombre?

Él asiente.

—¿Dónde está?

—No ha de tardar en llegar —responde uno de los jóvenes, a todas luces nervioso—. Siempre está aquí los viernes en la noche.

De repente, notas algo extraño a tus espaldas, justo por donde llegaron, detrás de la pared, un sujeto que viste una sudadera negra y pantalones para correr.

Está recargado sobre la pared, muy tranquilo.

Por la pose y la iluminación, no alcanzas a ver sus facciones, pero tu instinto te lo grita: es él.

—¡Hey! —le gritas—. Soy el detective Hueman, quiero hablar contigo —caminas hacia él.

En ese momento, Jonathan y los demás aprovechan que tu atención está en otro lado y se van corriendo.

—¡David! ¡Los otros dos! —grita Diana.

—Déjalos —respondes firme—. Este es el que importa.

Diana lo mira, preocupada y con la respiración agitada.

De pronto, el sujeto lanza algo hacia ti que cae cerca de Diana. Es una roca… pero tiene algo encima, algo extraño.

—Diana, ¿qué es eso?

Diana se acerca y recoge la roca.

—Es… oh, no —dice en voz baja.

—¿¡Qué mierda es?! —preguntas de nuevo, gritando.

—E… es una blusa… con manchas de sangre.

Te abalanzas a toda velocidad hacia el tipo, pero él reacciona rápido y se aleja.

Rodea el negocio y pasa de manera ágil entre las personas que rodean el bar buscando entrar. Tú las empujas con torpeza, aunque logras abrirte paso hasta llegar a la calle, donde él corre por la banqueta.

Al verlo correr por la calle, te das cuenta de que es rápido, de hecho, muy rápido. Se aleja de ti cada vez más, aun cuando estás corriendo con todas tus fuerzas.

Gira hacia la derecha y lo sigues, decidido a atraparlo, aunque las cosas no parezcan ir a tu favor.

El tipo avienta un bote de basura hacia el suelo para bloquear el paso, pero no te da mucho problema saltarlo y continuar con la persecución. Aceleras con las fuerzas y energía que te quedan, sin pensar en nada más que atraparlo, y ves que poco a poco te acercas más y más.

El tipo gira hacia un callejón; lo ves cada vez más cerca.

Estiras la mano y puedes sentir su sudadera en las puntas de tus dedos.

Ya lo tienes. Casi. De repente, voltea y, como si lo tuviera todo planeado, te da un contundente golpe en la cara y te desplomas de espaldas.

Caes en una oscuridad total y pierdes la conciencia.