Capítulo 7
Paso a paso
La recepcionista del hospital les indica en qué habitación se encuentra Helena. Tocan a la puerta y Dave abre con el celular en la mano. Está en una llamada, así que les hace una seña con la cabeza para que pasen.
Entran y miran a Helena acostada en la cama. Tiene la cabeza vendada.
Te detienes justo frente a ella.
—Señora Gauss, ¿cómo se encuentra?
Ella alza la mirada, cansada.
—¿Cómo cree que estoy, detective, si unos brutos estuvieron a punto de asesinarme? Cinco puntadas me tuvieron que poner en la cabeza y, como si fuera poco, me dejaron una contusión, así que deberé pasar la noche en observación aquí.
—Entiendo que debe ser una situación desagradable, sobre todo por lo que están pasando… —haces una pausa para buscar con la mirada a Dave, pero sigue en el teléfono, así que te diriges a Helena—. Necesitamos hacerle un par de preguntas, ¿está bien?
—¿Para qué? —pregunta después de un incómodo silencio—. Mi niña está muerta… ¿Para qué seguir con esto, detective?
Miras a Diana y ella te devuelve la mirada.
—¿No quiere atrapar al responsable de esto? —pregunta Diana—. ¿Asegurarse de que pague por lo que hizo?
Ella baja la mirada.
—¿Y ustedes lo van a encontrar? —dice en casi un susurro cargado de tristeza.
—Sí, lo haremos —respondes con firmeza.
—Eso mismo me dijeron cuando reporté su desaparición, ¿saben?
—vuelve a alzar la mirada, desconsolada—, que la encontrarían sana y salva.
Que no dejarían de buscar hasta localizarla y, ¿qué pasó?
… Nada en absoluto. A los tres días dejaron de atender mis llamadas; cuando iba a la estación, me decían lo mismo: que estaban muy ocupados buscando al responsable…
que estaban a punto de atraparlo… pero no…
nunca estuvieron cerca de hacerlo, dudo que siquiera tuvieran una pista importante.
Aprietas los labios, sientes compasión por ella.
—¿Sabe, señora?, yo también tengo una hija, es una niña todavía —ella te mira extrañada, pero atenta a tus siguientes palabras—.
Puedo simpatizar con usted. Créame cuando le digo que no hay ningún lugar en donde esa persona pueda esconderse de mí…
de nosotros —dices señalando a Diana—, pero necesitamos herramientas, Helena.
Necesitamos tu ayuda para lograrlo. ¿Podemos tutearte?
La mujer rompe en llanto y asiente.
—Solo quiero dejar de pensar en esto… quiero llorarla en paz…
Asientes despacio con la cabeza. Diana se acerca a ella.
—Yo sé —dice en voz baja mientras le toca la mano—, pero ¿qué mejor manera de despedirte de tu hija que encerrando al bastardo que la lastimó? —Helena implora con la mirada y asiente.
—Está bien… responderé sus preguntas… —hace una breve pausa—, pero primero deben prometerme que en serio darán con el responsable, por favor…
—Claro —respondes de manera firme y Diana asiente—. Es una promesa.
Helena coge un pañuelo y se sopla la nariz.
—De acuerdo, hagan sus preguntas entonces.
—Sé que algunas ya las habrá contestado en su momento, pero creo que es importante que las responda otra vez, ¿de acuerdo?
Ella hace un ligero movimiento con la cabeza.
—Melissa fue vista por última ocasión en una fiesta, ¿recuerda si actuaba de manera diferente? Cualquier cosa que le haya parecido fuera de lo normal en ella
—No, no en realidad, estaba… tan brillante como cualquier otro día cuando se despidió de mí. Su amiga Penélope pasó por ella. Traía puestos unos jeans y una blusa que le regalé, una rosa… Se veía preciosa.
—¿En qué momento se dio cuenta de que estaba desaparecida?
—Hablé con ella, antes de irme a dormir, como a eso de la una de la noche, para preguntarle a qué hora pensaba llegar porque se estaba haciendo tarde y me preocupa…
me preocupaba —corrige con tristeza— que estuviera fuera hasta muy noche.
Me pidió permiso para pasar la noche en casa de su amiga Penélope, así que me tranquilicé y me fui a dormir.
Al día siguiente… ella no respondía mis mensajes, ni siquiera parecía haberlos recibido.
Me extrañó y empecé a asustarme porque nos mensajeábamos mucho.
Fue cuando no respondió mis llamadas que supe que algo estaba mal.
Revisé su ubicación en la aplicación de mi teléfono, pero su celular parecía apagado porque mostraba el lugar de la fiesta como su última ubicación.
—¿Qué hizo entonces?
—Hablé con Penélope, le pregunté por Melissa, pero…
—toma un segundo para componerse mientras la voz se le rompe—.
Me dijo que no estaba con ella, que se había quedado en la fiesta.
Marqué entonces a todos los contactos que tengo de Mely para preguntarles si la habían visto, pero la respuesta de todos fue la misma: la última vez que la vieron fue en la fiesta. Después llamé a la policía.
—¿Alguien se comunicó con ustedes para pedir rescate? —pregunta Diana mientras toma notas en una pequeña libreta.
Ella niega con la cabeza mientras se seca las lágrimas con las manos.
Miras a Dave de nuevo, pero ahora está con la mirada absorta en su teléfono.
—Helena, ¿el nombre Carlos le resulta conocido? Le conocen como Gun, un joven de alrededor de veinte años, delgado, con un tatuaje en la garganta de un ojo atravesado por un puñal, difícil de no ver.
—No, ¿quién es él? ¿Creen que él le hizo daño a mi Mely?
—Es muy pronto para decir cualquier cosa. Seguimos investigando.
Ella te mira atenta y luego voltea a ver a su esposo, Dave, quien pareciera ensimismado con su teléfono; no está escribiendo, solo observa la pantalla con mucha atención.
Diana lo mira y hace un evidente gesto de desagrado. Le tocas el hombro de forma disimulada para que deje de hacerlo.
—¿Me podrían decir dónde fue la fiesta? —preguntas.
—Yo… ejem, no me acuerdo. Dave, ¿tú la recuerdas? —dice llamando a su esposo, pero él no la escucha, está entregado a su celular.
Le llama en un par de ocasiones más, sin éxito, hasta que Diana, molesta, se acerca a él y lo toca en el hombro de manera agresiva para llamar su atención.
—Hey, amigo —le dice de forma enérgica—, tu esposa te está llamando para que nos des información para poder hacerle justicia a Melissa, ¿o tienes cosas más importantes que hacer? No nos gustaría interrumpirte con nuestras preguntas.
—Yo… no… disculpa, no estaba poniendo atención.
—Evidentemente —dice irónica, hace una breve pausa para no decir nada de más—. Ahora, dime en dónde fue la fiesta a la que fue Melissa la noche que desapareció.
—Sí, ejem… creo que fue en la Calle Cardenal… no, no, ahí fue la venta importante… —dice Dave, angustiado por no recordar; se lleva las manos a la nuca.
—Hey, tranquilo, tómate tu tiempo, no es como que queramos arrestar a los malos —dice Diana en un tono sarcástico.
Miras nervioso la escena, pues te parece que Diana está caminando sobre hielo muy delgado al tratar así a Dave.
—Ya recordé, es avenida Madera número 308, esa es la dirección, es un edificio de departamentos —responde Helena para interceder por Dave.
Diana anota la dirección en su pequeña libreta.
—Gracias —responde mientras fulmina a Dave con la mirada y le da la espalda.
—Bueno, por favor, Helena, si recuerdas algo más, no dudes en llamarnos —dices y le alcanzas una tarjeta de presentación con tus datos.
Ella la coge y asiente con la cabeza.
Salen de la habitación y entran al ascensor.
—¿Qué demonios fue eso? —le preguntas molesto a Diana.
—¿Qué? —responde ella, restándole importancia—. No me digas que no tenías ganas de golpearlo; estaba metido en el celular como si nada hubiera pasado.
—Te lo estás tomando personal, Diana, eso no es bueno.
—Sí, sí, sí —dice ella haciendo un ademán con su mano para quitarle importancia—. No le hice ni dije nada que pueda reportar, solo fui un poco dura con él, eso fue todo.
—Se supone que somos un equipo, la próxima ocasión…
—Ya sé, ya sé, no habrá una próxima ocasión, no lo volveré a hacer.
Guardas silencio un par de segundos.
—No… la próxima vez que vayas a intentar algo así, debes avisarme antes para estar preparado, eso es todo.
Ella te mira sorprendida y suelta una risita.
—¿En serio?
Asientes con la cabeza.
—Tenemos que conversar con… —hace una breve pausa mientras mira sus notas— Penélope y ver si nos puede dar algo de utilidad.
—¿Puedes creer a ese tipo? —pregunta Diana, a todas luces molesta—. Su hija está muerta y a él parece no importarle.
—Hijastra —respondes mientras las puertas del ascensor se abren.
Ella chasquea la lengua.
—Por favor, desde el momento en el que se casó con Helena, la aceptó como su hija; no me vengas con esas cosas de hijastra.
—Bueno, tal vez él no lo vea así; no lo podemos señalar como culpable solo por eso.
—Es solo… —Diana hace una breve pausa mientras salen del hospital—. Si de algo estoy segura es de que estoy dispuesta a cualquier cosa para proteger a mi hijo… y ver esa reacción en él, no lo sé… me enfurece.
—Tal vez sea el shock por su muerte.
—Nah, estaba mensajeando en un grupo de ventas; a ese miserable solo le importa hacer dinero.
Diana se para justo y enciende un cigarrillo y te acerca uno, ofreciéndotelo. Lo tomas y también lo enciendes.
—¿Y tú? ¿No estarías dispuesto a hacer cualquier cosa por proteger a tus hijos?
Enarcas una ceja mientras la miras.
—Sí, desde luego que sí. Lo que fuera.
—¿Lo que fuera?
Asientes con la cabeza mientras inhalas el humo del cigarrillo.
—¿Algo ilegal?
Sorprendido, frunces el ceño.
—¿De qué hablas?
—Bueno, has dicho que estarías dispuesto a lo que fuera, ¿incluso si “lo que fuera” es ilegal?
La miras con detenimiento un par de segundos.
—Las leyes existen por una razón; ignorarlas de esa forma por lo general no termina bien.
Diana ríe.
—Entonces, lo que fuera mientras sea legal.
—¿Qué? ¿Tú romperías la ley sin más?
Diana vuelve a reír.
—Claro, mi hijo es todo lo que tengo. Nunca permitiría que algo malo le sucediera.
—¿Y qué si tu hijo cometiera algún crimen? ¿También lo protegerías?
La última pregunta que escapa de tu boca la escuchas como si fuera un susurro lejano, casi indistinguible.
Te duele la cabeza; todo te gira.
Todo se oscurece.
No puedes ver nada y te inunda un escalofrío de pánico.
Tu respiración y los latidos de tu corazón se agitan de golpe.
Cada bocanada de aire que buscas con desesperación es cada vez más violenta, como si se escapara de tus pulmones a cada segundo.
Pierdes la batalla mental por mantener el control y la oscuridad te envuelve por completo.
Escuchas una voz que se interrumpe por el intermitente, pero constante, tic-tac, tic-tac… Una voz que ya has escuchado antes.
—¿Lo resolviste? —dice detrás de ti.